Francisco Javgzo

Cuando la Patria no nos define

Francisco Javgzo

Nuestra patria es hermosa. Llena de diversos paisajes, es muy probable que posea todos posibles escenarios naturales existentes. Me gusta hablar de mí mismo como un patriota, y cómo no, si me gusta el suelo donde vivo y trato de cuidarlo de la mejor manera posible. Hasta aquí, todo bien. (más…)

The Paleo Manifesto

Francisco Javgzo

Ya hice una revisión de Arqueofuturismo. Ahora es tiempo del paleofuturismo.

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La Nueva Derecha Criolla (III)

Francisco Javgzo

La Nueva Derecha Criolla frente a otras Nuevas Derechas (más…)

La Nueva Derecha Criolla (II)

Francisco Javgzo

La Nueva Derecha Criolla versus las Viejas Derechas del Cono Sur. (más…)

La Nueva Derecha Criolla (I)

Francisco Javgzo

Pese al rechazo de algunos cercanos a mi persona al concepto cuando lo hablo, no hago grandes esfuerzos en desestimar las ideas de Izquierda y Derecha. No las tomo como un valor absoluto, y por tanto creo que pueden ser tomadas como palabras vacías para ser llenadas de sentido. (más…)

Arqueofuturismo

Francisco Javgzo

Ya parecía algo extraño que siendo Guillaume Faye uno de los pensadores más citados en este espacio, no hubiera ninguna reseña de su obra — cada vez más llena de sentido — L’Archéofuturisme, que en español se traduciría como El Arqueofuturismo. (más…)

Cuando la causa justa es incorrecta

Francisco Javgzo

No hace mucho tiempo dije que las causas justas a nadie le importaban (incluso, hasta lo dije en inglés). En este mundo, hay miles de otras causas que tienen más peso que la tuya, por lo que puedes ponerte en una fila interminable y esperar a que sea tu momento. (más…)

Las buenas causas a nadie le importan

Francisco Javgzo

Si tú pensabas que tu causa era justa, que luchabas «por tus derechos», que tenías tanto derecho como cualquiera, y que, a raíz de lo justo de tu causa, ibas a recibir apoyo popular, haz de saber que estabas muy equivocado. (más…)

Diversificar es igualar hacia abajo

Francisco Javgzo

Algo casi omnipresente en las minorías, y cuasi obligatorio, es defenderse de los ataques de las mayorías, y no es raro ver reacciones violentas y brutales ante las presiones de las culturas hegemónicas o ante lo que se traduce como una ofensa al grupo, como lo fue, por mencionar un ejemplo, los incidentes en Ferguson, durante el año pasado.

Esta posición defensiva, más que ser lógica, es gatillada por disparadores irracionales que actúan como las defensas del organismo ante las amenazas externas, por lo que el objetivo subyacente a estas respuestas al ambiente es el de sobrevivir a cualquier costo.

En una sociedad donde la corrección política se hace transversal a todos sus círculos, la defensa instintiva, al volverse racional, civilizada, educada, termina transformando su clamor en un lloriqueo, sobre todo cuando sus peticiones son efectivamente escuchadas y se hace costumbre reclamar por lo que sea, como lo es el caso del Movimiento de Liberación Homosexual, cuyas demandas rayan en lo ridículo.

Congresista Tony Cárdenas.

Antes de la 87° entrega de los Academy Awards, u «Oscars», hemos podido atestiguar las denuncias y quejas de un congresista de origen «hispano» respecto a la poca diversidad exhibida en los nominados a los premios de la Academia para este año donde, sea cual sea la razón, dominaron los nominados de raza blanca.

Respecto a la falta de diversidad en los nominados, Cárdenas agregó en la carta que envió a Cheryl Boone Isaacs:

When we fail to include diverse, talented faces, reflecting both today and tomorrow’s America, we send a poor message to our youth and the world. We are not celebrating the diversity that makes this country unique.

Cuando fallamos al incluir rostros talentosos y diversos, reflejando a la América de hoy y mañana, enviamos un pobre mensaje a nuestra juventud y al mundo. No estamos celebrando la diversidad que hace único a este país.

Lo realmente triste de esta situación, es que la lucha por la diversidad continuamente se desvirtúa a sí misma al luchar por una «mayor diversidad» a través de una mera igualdad en cantidad, olvidando que la real diversidad, es decir, la diferencia, la desigualdad, aquélla que no es medible, está íntimamente relacionada con las cualidades, y éstas no pueden ser reducidas a una cuestión numérica.

Cuando una lucha por ser el mejor — en este caso, el mejor en su subsector de la industria cinematográfica — es impregnada de corrección política a través del cuoteo y la inclusión obligatoria, termina inevitablemente en la destrucción de la excelencia. La búsqueda cuantitativa de la igualdad termina por podrir la verdadera diversidad, pues ataca a la esencia de ésta, i.e., la calidad.

Peor aún, para los guerreros de la justicia social, buscar la diversidad a través de la igualdad no sólo hunde a la calidad en la nada sino, además, resta méritos a las minorías, al dar a entender que éstas deben valerse de una ayuda externa para poder competir. Y eso no habla muy bien de la lucha por la reivindicación.

Nullius mihi culpa

Francisco Javgzo

Una característica propia de una sociedad irresponsable y susceptible a los estragos causados por quienes procuran el poder central, es la de socializar y externalizar los fracasos, y la de capitalizar e internalizar los aciertos. Por esta razón, es muy común el atribuir los logros y triunfos a las «capacidades» (como si en esta sociedad se necesitaran capacidades) individuales, pero culpar a la sociedad in abstracto.

Es así como el bienestar económico, es esta sociedad, es claramente un logro del individuo, de su inteligencia, su astucia, sus competencias, de la carrera universitaria y la casa de estudios que eligió, de su esfuerzo, y de un montón de razones que dependen directamente de él y de sus decisiones.

Por otro lado, las fallas siempre son atribuidas al colectivo y hasta al pasado: «por eso estamos así», «es culpa de los españoles que nos conquistaron», «son los políticos que se roban todo», «si no hubiera sido por los milicos», «los comunistas están dejando la cagá«, «el capitalismo es culpable de la ruina de los pueblos», y así una lista interminable de responsables por las desgracias, que incluso incluyen a seres superiores que ni siquiera hay un atisbo de su existencia.

Por todo lo anterior, quiero librar de toda culpa a la Televisión, pues no es ésta quien ha imbecilizado a la sociedad, sino que es la sociedad la que ha imbecilizado a la televisión. Sin ir más lejos, la sociedad chilena se queja por la estupidez de la» Luli», como si no fuera la misma sociedad la que consume los programas basura que son puestos en el aire y llenan de millones de pesos los bolsillos de los, al parecer, no-tan-imbéciles en las pantallas de los hogares chilenos. Cuando Rocko’s Modern Life y The Ren & Stimpy Show fueron sacados del aire, dejé de ver televisión. Después de todo, nadie está obligado a ver la porquería que es exhibida.

¿Por qué habría de existir una mejor televisión, por qué la televisión habría de educar? Habiendo tantas maneras de auto-educarse, ¿por qué se responsabiliza a la televisión y, por tanto, a toda la industria que está atrás de ella, por la falta de educación que exhibe la sociedad? ¿Desde cuándo es responsabilidad de otros la educación del individuo? Tomen un libro.

Es fácil responsabilizar al Sistema de la ruina individual, sobre todo si con ello nos olvidamos, por un momento, que somos los principales causantes de nuestra propia ruina.