Francisco Albanese

Nuestra patria es hermosa. Llena de diversos paisajes, es muy probable que posea todos posibles escenarios naturales existentes. Me gusta hablar de mí mismo como un patriota, y cómo no, si me gusta el suelo donde vivo y trato de cuidarlo de la mejor manera posible. Hasta aquí, todo bien.

El problema es cuando buscamos definirnos copiando otras fórmulas, que ya sea en lo poético y en lo étnico suenan bien, pero no en nuestro caso. No es difícil encontrar en las expresiones de las Viejas Derechas y nacionalismos europeos, constantes referencias a la Patria, las que serían exactas, coherentes y lógicas, pero cuando éstas tratan de ser adaptadas  — o sencillamente copiadas — por grupos eurodescendientes asentados en América, se vuelven inexactas, incoherentes e ilógicas.

La Patria es algo necesario y es parte importante para los grupos humanos, pero, por sí sola, no es un factor suficiente para sentirse identificado, mucho menos en el caso de las reivindicaciones identitarias derivadas de las inmigraciones europeas.

Si bien, siendo estrictamente rigurosos, la Patria tampoco serviría para una identificación poética de los pueblos originarios de América (ya que éstos habrían derivado de migraciones asiáticas), hay que tener en cuenta que, en una línea de tiempo, el surgimiento de estas etnias americanas provenientes de razas asiáticas se sitúa mucho antes de la llegada de los inmigrantes europeos, por lo que la identificación podría admitir cierta flexibilidad, en ese caso.

Demagógicamente, podría apuntarse a un “renacer patrio”, pero sería eso, demagogia, y hacer constantes referencias a la patria, otorgando una connotación metafísica y cuasi-divina, da un aspecto trascendental a objetivos que muchas veces son bastante terrenales y comunes, y que al final terminan siendo funcionales al liberalismo y sus manifestaciones (multiculturalismo, destrucción de identidades) al dar importancia superlativa al suelo, ignorando las diferencias étnicas entre sus habitantes.

El patriotismo no tiene por qué ser algo negativo, pero hay que saber ponderar su importancia a la hora de definir, en caso contrario, terminamos jugando y perdiendo el mismo juego al que se supone que la patria trascendental hace frente: resistir los embates del globalismo defendiendo los bordes de las patrias americanas multiculturales es afirmar la consolidación del mismo globalismo a través del establecimiento de pequeñas unidades multiculturales que tienden a uniformarse, reflejo de un mundo multicultural que tiene a uniformarse también.

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