You gotta keep ‘em separated

La responsabilidad por la violencia y crisis en Ucrania se ha intentado encontrar en prácticamente todos los actores y factores concebibles. Hasta el momento, entre las causas propuestas las favoritas siguen siendo los intereses económicos y geopolíticos del Atlantismo y la Unión Europea, por un lado, y de la Federación Rusa, por el otro.

Que producto de tabúes políticos la causa última de este conflicto haya sido sólo muy tímidamente mencionada por los medios y la opinión pública, puede ser casi predecible. Pero que esto ocurra a tan sólo meses de cumplirse 100 años del inicio de la Primera Guerra Civil Europea, desencadenada nada menos que por la misma causa que hoy amenaza la estabilidad de Ucrania, Europa y el mundo, nos obliga a concluir inequívocamente dos cosas: primero, que el mundo nada ha aprendido en el último siglo, y segundo, que la historia es tan cíclica como la estupidez del hombre moderno.

Tanto entonces como hoy, la causa del conflicto ha sido la convivencia multiétnica dentro de un Estado fundado de espaldas a esta realidad. Lejos de radicar en cuestiones accesorias como la postura política frente Yanukóvich, Putin, Obama o la Unión Europea, la gran histórica división entre la población de Ucrania se encuentra entre ucranianos y rusos étnicos. La vitalidad de ambos bloques en conflicto sin duda es cortesía de las décadas de embrutecimiento y estimulación de los instintos bajo la órbita de la ex URSS.

El conflicto inter-étnico es el resultado – remoto o inmediato – de la negación de la realidad de la diversidad humana manifestada en la raza y la etnia; tarde o temprano este error ha terminado explotando en la cara de quienes, con diversas motivaciones, han sido promotores de proyectos suicidas.

A veces, personas ideológicamente cercanas a nuestras ideas, especialmente dentro del Nacionalismo Blanco, involuntariamente ignoran la importancia de las etnias europeas. (Si consideramos “nación” en su concepción pre-moderna, tanto etnia como nación significan lo mismo). Comprendo lo saludable de la mayoría de las iniciativas pan-europeístas y de situar la defensa racial en la cúspide de las prioridades, pero aún siendo indiscutible las buenas intenciones detrás de lemas como “our race is our nation”, temo que se distorsiona la forma de comprender la realidad. Está demás decir que nación y raza son conceptos fuertemente vinculados, donde el primero presupone al segundo, pero decir esto no es lo mismo que afirmar que “uno” es lo mismo que lo “otro”. Son conceptos diferentes cuya igualación puede conducir a errores no solamente teóricos

Sabemos que por su concepción igualitaria y homogeneizante, el Sistema y sus agrupaciones ideológicamente afines (sionistas, multiculturalistas, nacionalistas mesticistas, antifascistas, etc.) niegan a las etnias/naciones, pero esto último es un lujo que nuestra gente no puede darse. Puesto que sí aún procurando establecer el imperativo de la preservación racial europea por sobre cualquier otra división (algo noble) se termina ignorando o subvalorando el rol de las etnias/naciones, el resultado será la formación de un punto de vista divorciado de la realidad y la experiencia histórica.

Pensar que todos los pueblos europeos y euro-descendientes deban y efectivamente quieran convivir y experimentar un devenir conjunto por el sólo hecho de su composición genética compartida, implica exceso de ingenuidad. La negación de las etnias/naciones europeas ha sido justificada de múltiples formas, y el resultado nunca ha sido otro que el conflicto y la progresiva pérdida de la Identidad en alguno de los grupos involucrados.

Aún en proyectos racialmente homogéneos, la verdad de las etnias/naciones no logra ser controvertida. Quienes han apostado por lo contrario, han visto el fracaso ampliamente dentro del Siglo XX en casos como el Imperio Austro-Húngaro, Checoslovaquia, y Yugoslavia; y ya vamos teniendo nuestra primera experiencia sobre el tema en el Siglo XXI con el caso ucraniano.

Entre los pueblos europeos existe un parentesco indiscutible, una mayor predisposición a la convivencia mutua estable, y una facilidad para la integración individual voluntaria mucho mayor que respecto razas y etnias no-europeas. Pero para algunos, las etnias/naciones sólo son divisiones artificiales generadoras de genocidios fraticidas que interrumpen el avance hacia una completa y definitiva hermandad blanca mundial. Todo aquel que  no adhiera a alguna corriente de hippismo cristiano sabrá que no existe una clave para la paz humana permanente, ni siquiera a nivel intra-racial.

Pero sí lo que se quiere es disminuir el derramamiento de sangre, o por lo menos atenuar los conflictos inevitables entre pueblos europeos, lo primero que debiese hacerse es aceptar que las etnias/naciones guardan un tremendo potencial que ni en nombre de las mejores intenciones debiese ser ignorado. Dicho potencial contiene el germen tanto de la unión intra-étnica y la solidaridad inter-étnica, así como de la destrucción entre etnias y el desangramiento entre pares raciales. El rostro más desagradable de las divisiones étnicas/nacionales se ha dejado ver justamente cuando se ha querido que un pueblo europeo gobierne sobre otro; cuando se ha propuesto que un pueblo europeo sea forzado a la integración de otro; o derechamente cuando un pueblo se ha dispuesto a violar la identidad local para romanizar, castellanizar, germanizar, eslavizar, anglosajonizar, etc. a otro.

El caso ucraniano es otro de los mensajes – cada vez más explícitos, aunque también más brutales – que la Naturaleza envía a las generaciones actuales para que comprendan que ha llegado el tiempo de reorganizar mapas e historias a la luz de la Identidad. Es ella la que invita a los escépticos para que miren a su entorno, local y global, y se enfrenten al grado de compromiso, lealtad, resistencia y violencia que la Identidad –eje central de toda etnia/nación – tanto ayer como hoy ha sido capaz de generar.

 

 

 

¿Qué es ser criollo?

Patricio Villenarazas tipo

Desde ya hace algún tiempo –corto por lo demás- que una nueva palabra se ha hecho popular entre los disconformes de Chile –así como “paradigma” entre los periodistas y “justicia social” entre los políticos-, y que poco a poco y paso a paso se ha incorporado en el diccionario de los llamados “fascistas” por el sector “progre” de la sociedad. Es una palabra que cada vez es más común ver que se asome en los comentarios de los filósofos y cientistas políticos de las redes sociales, en las palabras lanzadas megáfono en mano en alguna manifestación o que se encuentra presente en la pluma de aquellos que no se quedan sólo con lo que otros proporcionan para su lectura sino que también se han propuesto entregar algo para que aquellos que les sigan puedan nutrir sus mentes; dicho término, tan en boga, es “Identidad”. (más…)

Margaret A. Murray «El dios de los brujos»

Sebastián Vera

Este libro llegó a mis manos de parte de un amigo con el que tengo muchos intereses en común,  dentro de los cuales se encuentran las religiones paganas,  pero más específicamente aún,  el hecho de que algunas de estas creencias se mantuvieron con el correr del tiempo,  incluso después de la entrada del cristianismo,  no siendo raro encontrar aún resabios de ellas. (más…)

Razas y diferencias físicas – William Robertson

Razas y Diferencias Fisicas by Fuerza Nacional-Identitaria

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De la Cordillera al Aleph: Conversando con Juan Pablo Vitali

Seamos reduccionistas: hablar de criollismo es hablar de Juan Pablo Vitali. Platense de nacimiento, columnista incansable sobre el ser y sentir criollo, narrador y poeta por una necesidad superior (el arte mismo) y declarado anti-moderno. Escritor obligatorio para todo aquél que se identifique con la herencia europea en América, sus escritos pueden hallarse en El Manifiesto, Tribuna de Europa, Ciudad de los Césares y, últimamente, en nuestra página web.

Sobre su reciente “De pie sobre las ruinas”, el cono sur, Borges, literatura y otros temas, Vitali es inquirido por Francisco Albanese. (más…)

M. d’Obrheravt «Mitología Ibérica»

Sebastián Vera

Un amigo que recomendó este libro y, a decir verdad, ,e dejé llevar completamente por su título. Pensé en leerlo creyendo que era un tratado sistemático y serio sobre mitología de la península ibérica (zona del Mediterráneo también habitada por los celtas), pero no fue así. (más…)

Welf Herfurth «A life in the Political Wilderness»

Francisco Javgzo y Sebastián Vera

Welf Herfurth. «A Life in the Political Wilderness». Finis Mundi Press, 2011. 240 pp. (en inglés). (más…)

Against Homo Equalis and Modern Conservatism: A dialogue with Alex Kurtagic

AGAINST THE HOMO EQUALIS AND MODERN CONSERVATISM.

Questions by Sebastián Vera. Originally published on Identitas, vol 1.

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Considering the debate about immigration not as the defeat of a certain political faction (in our case, both Left and Right liberals), but the defeat of apolitical philosophy or worldview, do you consider easier or harder to stop the phenomenon in countries where immigration coming from more coloured countries in South America, and Africa, has grown into considerable levels just a few years ago? (más…)

La contradicción mercurial

 

El siguiente artículo es un aporte de nuestro amigo y poeta criollo, Juan Pablo Vitali (Argentina).

El solve et coagula de los separatismos es algo sumamente confuso. Disolver para generar qué cosa, sería la pregunta. Cuando las Provincias Unidas del Río de La Plata se disolvieron, se generaron varios países que en realidad empequeñecieron un proyecto continental sobre una base federal, semejante a la de la de los EEUU antes del triunfo yanqui en la guerra de secesión. Los grandes espacios difícilmente tengan una constitución unitaria.

Cuando veo que sobre la base de antiguas “nacionalidades” o “regiones” se agita el separatismo en Cataluña o en el norte de Italia, la pregunta inmediata es la misma, separarse para qué cosa. Mis viejos reflejos buscan entonces de inmediato el gran proyecto continental, ese gran proyecto que justifique proponer semejante cosa, que justifique desagregar las unidades históricas correspondientes a una época para entrar en otra.

A su vez me pregunto por qué perjudican las actuales naciones española o italiana el desarrollo político futuro del norte de Italia o de Cataluña. Se sabe que las regiones que buscan autonomía tienen una situación económica mejor que el resto de sus connacionales, pero eso no es la política. De hecho la forma como se mide la economía y quiénes la miden es la quintaesencia del sistema. Habría que analizar también si nada le deben esas regiones a sus connacionales menos favorecidos.

En un mundo que concentra poder, hay dos posibilidades para abordar el separatismo. La primera es que realmente este sea parte de un proyecto superior, con un sentido de imperium, con un contenido sacro, elevado, trascendente. La otra posibilidad es que como sucursales favorecidas (al menos por el momento) por el nuevo orden mundial, los separatistas se vean a sí mismos como los “empleados del mes” de McDonald. Empleados del mes o del año, chicos ejemplares a los que les va bien porque “sirven” más que los demás, son más lindos y quieren ser la cara “blanca” de un sistema que devasta todos los tópicos de lo que podría llamarse una identidad europea.  Racismo de barrio en un mundo global.

Debo decir que hasta ahora el gran proyecto no se divisa. Y en el caso de Cataluña sobre todo, la gerencia del proyecto conjuga muy bien con todas las características ideológicas de las empresas políticas y económicas globales.

Cuando se quebró el proyecto nacional americano, se quebró a través de las naciones unitarias a la medida del capitalismo y del comercio inglés. En ese caso fueron las naciones a medida los verdugos de un gran proyecto federal. Los estados provincias fueron manipulados por el poder anglosajón creando estados nacionales de una medida y estructura más o menos manejable. Manejable es una palabra adecuada para todo este tema. Ciertamente las regiones europeas separatistas no están articuladas en torno a una Europa soberana, sino todo lo contrario. Y si la soberanía no tiene otro remedio desde que el mundo es mundo que poseer un poder militar, Europa se aleja entonces cada vez más de su soberanía. De hecho un ejército catalán o “Liganordista” suenan a chiste.

Cualquier separatismo que no proponga un proyecto de unas dimensiones coherentes es irrisorio. De hecho los criollos eurodescendientes de Sudamérica podemos discutir nuestro rol relativo en el proyecto continental, pero no el proyecto continental en sí.  De otro modo nos convertiríamos en pequeñas empresas al servicio de un poder global omnímodo que quizá nos utilice un tiempo a su antojo, hasta agotarnos y descartar  nuestro abyecto servilismo.

La defensa de la identidad también puede ser algo pequeño y manipulado. Si esa identidad no sirve para grandes proyectos, no tiene ningún destino más que servir al gran poder concentrado. En Sudamérica hay barrios cerrados con un puesto de control en la entrada. En Europa hay grupos separatistas. No hay mucha diferencia entre unos y otros. Quizá el PBI de cada barrio, pero nada más. Las mismas cosas que dicen unos las dicen otros. De hecho las he oído personalmente en ambos sitios. Es demasiada casualidad.

Que las calles estén limpias, el pasto cortado y el dinero de los bancos circule más, no es ciertamente el gran logro de una raza. Una raza cansada y decadente por cierto. Y embrutecida además, porque si los italianos del norte no reconocen la cultura que se desarrolló en Sicilia o los catalanes la de Castilla, no merecen ser abanderados de una estirpe a la que de ese modo demuestran no pertenecer.

Las razones para una Muerte Voluntaria

Dominique Venner

El siguiente texto corresponde a la nota suicida de Dominique Venner. (más…)