Patricio Villenarazas tipo

Desde ya hace algún tiempo –corto por lo demás- que una nueva palabra se ha hecho popular entre los disconformes de Chile –así como “paradigma” entre los periodistas y “justicia social” entre los políticos-, y que poco a poco y paso a paso se ha incorporado en el diccionario de los llamados “fascistas” por el sector “progre” de la sociedad. Es una palabra que cada vez es más común ver que se asome en los comentarios de los filósofos y cientistas políticos de las redes sociales, en las palabras lanzadas megáfono en mano en alguna manifestación o que se encuentra presente en la pluma de aquellos que no se quedan sólo con lo que otros proporcionan para su lectura sino que también se han propuesto entregar algo para que aquellos que les sigan puedan nutrir sus mentes; dicho término, tan en boga, es “Identidad”.

Criollo, criollo, criollismo, criollo, criollo, criollismo… Perdón el espasmo, pero esa palabra ya retumba en mi mente al estar escribiendo sobre identitarismo en Chile y, tocando de paso, en América. Es que simplemente van de la mano. No se puede entender ni explicar el identitarismo en América y Chile sin pasar revista al término “criollo”. Su relación de amantes es innegable.

Toda literatura y toda manifestación de cultura originada en América y por tanto en Chile, aun cuando va dirigida a otros grupos étnicos o raciales, nace del legado lingüístico de los pueblos blancos o de las formas que hemos concebido como medios de expresión. Todo lo relacionado con la Identidad en este joven continente, necesariamente se entrecruza en algún punto con la herencia europoide y, por lo tanto, al ser el criollo la manifestación del hombre blanco en América, con nosotros y nuestros antepasados, ya que se sirven de las formas concebidas por nosotros para difundir su mensaje y perpetuarlo. Entre todos aquellos jóvenes, de distintas ideas pero en las que todas ellas convergen en la importancia que constituyen la herencia genética y el lugar de asentamiento para el desarrollo humano, el mensaje de otros jóvenes iguales que ellos, de latitudes tan lejanas como Francia por medio de Generation Identitaire, de Italia mediante agrupaciones como Casa Pound o por medio de partidos políticos como Amanecer Dorado en Grecia y Alianza Nacional en España, la idea de la defensa de la Identidad, de lo propio, de aquello que por herencia nos pertenece, ha calado hondo, para bien o para mal, en los constructos políticos de la juventud disidente. Dicho mensaje identitario se sacude de los heroicos pero polvorientos paños treintañeros que tanto gustan entre nosotros, de imágenes que nos pueden fascinar pero que son producto de un contexto distinto al que enfrentamos en la actualidad. Aquel mensaje Identitario deja de lado todo el lastre que hemos cargado por décadas y que ha significado, por lo menos en Europa, donde existe cierta posibilidad de triunfo en lo político, nuestro estancamiento, el repudio social, el poco impacto generado con nuestras acciones dentro de las comunidades que nos albergan, el fracaso… Inconscientemente, hemos caído en mantener, en muchos aspectos, la forma en desmedro del fondo, olvidando que son las ideas las que perduran y no los personajes ni los trajes que ellos ocupaban en su momento (sin desmerecer el importante rol que la estética y propaganda juegan en cada empresa que se comience).

El mensaje identitario ha llegado como una brisa fresca que abanica la cara de aquel que marchaba sin rumbo por un desierto árido, donde el destino de la caminata, en vez de acercarse, se alejaba; llega como un nuevo brío que ayudará a acelerar el paso hasta los frondosos y paradisíacos parajes de un próspero mañana.

Sin lugar a dudas que la palabra Identidad y el identitarismo –como corriente de pensamiento- han llegado para quedarse en Chile, pero así como la mayoría de las cosas que llega a estas lejanas tierras, al igual como ocurre en el juego infantil del teléfono, la idea se ha desvirtuado en el camino, produciendo el nacimiento de sectores “identitarios” donde la Identidad –motor central de la idea- es lo que menos detentan sus defensores. Es que resulta realmente difícil hablar de Identidad en un país huacho como el nuestro, en un continente no reconocido por sus padres, donde siempre se nos ha enseñado que el mestizaje es generalizado y que nadie se ha salvado de su condena (salvo, según los latinoamericanistas, los sectores indígenas). El Estado chileno, aplicando la lógica de la Chilean way, ha optado por la solución más fácil para un tema tan complejo como es el racial. El Estado chileno ha decidido, luego de un análisis y estudio digno de Homero Simpson, para evitarse largas noches de onanismo mental, etiquetarnos a todos bajo el cliché término “chileno”. Para cualquier persona con dos dedos de frente, dicha clasificación inmediatamente tiende a generar ciertas preguntas como ¿quién es chileno?, ¿qué implica ser chileno?, ¿el chileno se hace o se nace?, entre muchas otras consultas que no vale la pena señalar porque no vienen al caso. Pero volvamos al punto, ese que nos muestra a sujetos salidos de la licuadora multirracial y multicultural levantando el identitarismo como estandarte de lucha. Acá, el imperativo categórico de Kant no tiene cabida, porque la lucha sin sentido, la lucha errada, la lucha por una Identidad extraña por el mero hecho de que “Hay que luchar porque se debe luchar” jamás será justificable y es de un sinsentido abismal. Es por ello que partiremos analizando algunos términos que han nacido del estudio realizado por otros identitarios chilenos y que buscan dar luces a un proceso sombrío que espera ver pronto la luz al fondo del túnel.

Términos a saber:

– Criollo: del latín “criare”, criar. Término utilizado durante la época colonial latinoamericana para referirse a los hijos de españoles nacidos en América y a los hijos de estos. Posteriormente, se utilizó para denominar a los descendientes de todos los europeos. Actualmente, se utiliza para designar a toda persona de raza blanca en Latinoamérica. Se hace extensivo también a todo legado de la cultura europea en Centro y Sudamérica.

– Identidad: conjunto de características adaptativas bio-psico-culturales que integran al ser humano y lo vinculan a sus semejantes. La Identidad es expresión de la Naturaleza al interior del ser de cada persona. Ella surge como efecto de la constante interacción entre comunidad humana (sangre, herencia genética) y entorno (suelo) a lo largo de su devenir vital. Cada Identidad hunde sus raíces en la biología, psique y cultura de un respectivo grupo humano, permitiendo la adaptación a entornos adversos y la cohesión entre quienes la comparten. En otras palabras, la Identidad, junto con integrar cualidades tendientes a la supervivencia colectiva, agrupa y diferencia entre seres humanos. Comprende un doble aspecto: uno objetivo, relativo a la cercanía fenotípica, y por ende genotípica, con los flujos migratorios europeos llegados a América; y otro subjetivo, referido al apego y sentimiento de pertenencia con el legado cultural europeo en el continente americano. Se la considera el único vínculo unificador que ha permitido a los pueblos enfrentar y superar sus constantes desafíos. En efecto, de una nacionalidad jurídica es posible desprenderse cambiándola por otra; de una ideología es posible decepcionarse y mudar; de un partido político o sindicato es posible desafiliarse; de una clase social es posible desvincularse por incremento o pérdida de poder económico; de una religión es posible adjurar. Todos estos vínculos artificiales se encuentran sujetos al capricho humano, y todos serán rotos en el momento en que la Modernidad colapse.

– Identitarismo: corriente del nacionalismo europeísta que surgió a finales del siglo XX, diferenciándose en términos ideológicos y doctrinarios de los movimientos nacionales tradicionales, aproximándose por consiguiente, en términos comparativos, a la corriente völkish alemana de inicios del siglo XX. Promueve el etno-diferencialismo, un concepto que rechaza el universalismo homogeneizador y que promueve la preservación de los pueblos y de sus respectivas culturas, con vista a un desenvolvimiento basado en el derecho a las diferencias y en el derecho de los pueblos a disponer de sí mismos. Al ser un pensamiento etno-centrista, el identitarismo en muchas ocasiones se contrapone a las fronteras políticas de los Estados modernos, existiendo por este motivo algunas contradicciones irreductibles con el patriotismo, entendido este concepto en su acepción chauvinista y burguesa.

Referente a lo expuesto sobre el concepto “criollo”… sí lector, no ha leído mal, está todo perfecto, no se espante, el término criollo efectivamente se utiliza para definir, por lo menos en la actualidad, a las personas de raza blanca en Latinoamérica, no al mestizo (como se suele hacer en Chile y Brasil), no a aquél que tiene uno que otro apellido español o europeo, ni a todo aquel que hable la lengua castellana. El término “criollo” se ha transformado en el sustrato del identitarismo latinoamericano para los eurodescencientes y en la manifestación del nacionalismo blanco en Latinoamérica. El término Criollo deja de manifiesto nuestra vinculación sanguínea con nuestros hermanos europeos pero, a su vez, nos diferencia, nos genera una carga e Identidad distinta, debido a nuestro desarrollo territorial diverso al desarrollado en la Vieja Europa. Ya no somos europeos, somos Criollos, hijos de la sangre europea y el suelo americano. Aunque muchos lo puedan pensar así, “criollo” no es sinónimo de raigambre cultural (para lástima de algunos). Si bien la cultura debiese ser manifestación del desarrollo racial de un pueblo, también puede ser creada o asimilada como ocurre en la actualidad, por lo que la cultura no se puede transformar en el punto que demarque la diferencia entre las distintas comunidades que conforman a la población de Chile y América. El punto de diferenciación entre las distintas comunidades debe ser la raza y la etnia que genera el sustrato cultural al que uno adscriba, no al revés. Y dicha lucha cultural debe estar en sintonía con lo biológico. Por más que algunas personas se sientan identificados con el legado europoide en el suelo americano, con sus costumbres y tradiciones, con sus valores, con su precristiana espiritualidad, si dichos sujetos no poseen la vinculación fenotípica, y por tanto genotípica, con lo que se entiende por blanco o europoide, por más que sea un paladín por la reivindicación cultural europea, custodio de sus más preciados tesoros históricos e incluso un luchador contra el silencioso genocidio blanco, jamás, jamás de los jamases podrá ser considerado criollo. Criollo se nace, aun cuando se desconozca dicha calidad, no se hace ni es una categoría que se gane por meritocracia. Así como en todo, existen criollos que valen la pena y otros que son un verdadero asco, pero quien posee en sus venas sangre europea y es fruto del suelo americano será siempre criollo, aunque se niegue a sí mismo, no así quien lo pueda desear con todas sus fuerzas pero debería nacer de otros padres para conseguirlo. En cuanto a la definición de Identidad (el identitarismo se explica sólo al comprender el concepto de Identidad), esta deja en claro que lo que prima a la hora de comprender qué implica la Identidad criolla no es un apego a determinada cultura –sin menospreciar la importancia que tiene el legado cultural-, lo que prima es la vinculación entre comunidad humana (sangre y herencia genética) y entorno (suelo). De lo anterior, nace la imposibilidad latente de conformar grupos supuestamente identitarios que sólo abogan por la defensa cultural europea en América, sin ser ellos –sus miembros- herederos biológicos de dicho legado. El comprender que la cultura es el motor central de la concepción identitaria ha degenerado, como es de costumbre en nuestro país, fruto de malas copias (“… la copia feliz del Edén…”) en movimientos “identitarios” donde lo que menos existe es, precisamente, Identidad. ¿Cómo se puede luchar por la Identidad y el identitarismo si uno no es portador de una herencia clara y definida? En Chile siempre se encuentra la manera de hacer encajar las cosas, acomodándolas a la realidad de sus paladines… Nuestros ancestros han encontrado su espacio vital en América. Se abrieron paso por sus indómitas parajes a punta de trabajo, han escrito sobre las maravillas de este continente y Chile, su nueva tierra, y, en muchos casos, han muerto defendiendo el suelo que les brindó cobijo cuando, por distintos motivos, debieron dejar atrás su Europa materna para buscar nuevos rumbos en un continente tan lejano y distinto como es el americano. Desconocer aquello es traicionar la memoria de todos nuestros ancestros que han hecho posible nuestra existencia en estos lindes. Es por lo anterior que debemos acabar con ese deseo que muchos blancos americanos albergan de seguir considerándose europeos por el mero hecho de ser portadores de su sangre, ya que el desarrollo en el suelo americano y la meya que eso ha generado en nosotros, no puede ser desconocido, al contrario, debe ser reconocido, cautelado, ensalzado y potenciado por todos aquellos que forman parte de la comunidad criolla.

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Ya aclarados conceptos claves para entender qué implica lo criollo y la Identidad, está más que claro que el identitarismo deberá enfrentar variados escollos durante su naciente desarrollo en estas australes tierras; escollos que no solamente provendrán de nuestra población inculta en temas étnico/raciales y la presión del Sistema que mira con malos ojos el estudio de estas áreas del pensamiento que se alejan de su lógica homogeneizadora, al encontrarse en las antípodas de la misma, sino que también de parte de la propia gente que dice militar en nuestras filas y que no logran comprender el avance que implica el identitarismo como alternativa a lo ya existente o que, lisa y llanamente, de parte de aquellos que abrazan la causa identitaria criolla sin poder formar en las huestes de la misma. A mi parecer, las principales piedras en el camino con las que debe y deberá lidiar el ideario identitario son las siguientes:

– La ignorancia de la población referente a asuntos étnico/raciales: En Chile se parte de la lógica de que solamente existe un grupo racial “puro” en el país –Indígenas-, mientras todo el resto se encontraría, por consiguiente, dentro de una masa mestiza, compuesta por resabios europoides, mongoloides y, en menor cantidad, aportes semitas y negroides. Lo anterior ha provocado que la población común nazca y se desarrolle con la falsa idea de que si no son indígenas son mestizos. No existe otra alternativa según la lógica gubernamental y sus planes de estudio, incrustados, por medio de sus textos educacionales, en el proceso formativo de todos los habitantes de esta angosta y larga faja de tierra. En el ámbito referente a la población dedicada a las áreas de estudio que pueden tocar esta temática, como son la antropología, psicología, sociología, historia, genética, entre otras, si bien se han realizado estudios tendientes a desentramar la madeja racial de nuestro joven país, si bien sus estudios suelen desmentir categóricamente la idea de la “nación mestizada e indígena” que ha impuesto el Estado, soliendo señalar que la población indígena no llega ni al 10%, mientras que la población eurodescencientes suele ser contabilizada como un tercio de los habitantes del país y que gran parte del resto mestizado tiene un aporte europoide superior al 70%, el impacto de dichos estudios abarca exclusiva y excluyentemente al mundo académico y uno que otro “pelagato” (como nosotros) interesados por conocer, debido a la importancia que reviste el asunto, la verdadera composición biológica de nuestra sociedad. Los resultados de los distintos estudios efectuados en nuestro país, siempre terminan confirmando lo que todos nosotros sabemos, que Chile no es un país indígena (lamentable para los amantes de los delirios latinoamericanistas) ni un país blanco (escucho los sollozos de todos aquellos sesgados que juran vivir en la Letonia del fin del mundo). Chile es un país mestizo y multinacional (si lo vemos desde la tribuna que nos señala que la nación es producto de la homogeneidad racial y no consecuencia de una mera lógica contractualista), atrapado por los tentáculos del Estado que ha optado por indicarnos que somos simplemente chilenos, morados, azules, rosas, da igual, simplemente chilenos… Es por lo anterior que como Identitarios, tendremos la difícil tarea de educar a la población en torno a los asuntos étnico/raciales; hacerles comprender que nuestro país es fruto de distintas naciones que convergen en su territorio; que ellos tienen la tarea de llegar a sus casas, mirarse en el espejo y reconocer a qué grupo pertenecen y, así mismo, comprender la importancia que los asuntos raciales implican para el correcto desarrollo y la adecuada comprensión de cualquier comunidad humana. La imposición de la idea “Identidad” es la primera meta que debemos alcanzar. Una vez que dicho concepto sea vox populi, podremos desgranar el choclo (como se dice en buen chileno) y separar las aguas, enfocándonos en quienes realmente nos importan, que son los nuestros, aquellas personas hijas de la sangre europea y el suelo americano. Para lograr dicha meta, no es malo mirar a quienes no son depositarios de nuestra estima pero de los que sí podemos reconocer que han hecho las cosas bien al momento de implantar un mensaje dentro de la sociedad. Es así como debemos aprender de las tácticas ocupadas por las comunidades indígenas que han logrado arrebatar a sus personas de las garras del Sistema, las que han decidido dejar todas las comodidades que él ofrece con el objetivo de partir a la lucha por la supervivencia de su sangre y la recuperación de sus tierras. Si bien no ha sido un corto camino para lograr lo anterior, dicho camino ya se encuentra bastante compactado, lo que ha generalizado que el mensaje indigenista (principalmente pro-mapuche) haya calado hondo en la población, ya sean biológicamente parte de dicho grupo étnico o no. Igualmente debemos aprender de la labor desarrollada por los grupos seguidores del marxismo cultural, que han sembrado muy bien su semilla en la conciencia de las masas. Ideas como abrir las fronteras para que venga el que quiera, que todos los humanos son iguales, que las únicas diferencias que existen son las de clase, que la historia del pueblo blanco es una historia negra que jamás podrá generar orgullo mas si rechazo y condena, son sólo algunos de los planteamientos que dichos justicieros sociales han implantado en la mente de las masas ávidas de algo en lo cual creer. Para acabar con dicha ignorancia, paso a paso debemos ir conversando en cada lugar donde tengamos la posibilidad sobre la importancia que los asuntos raciales revisten para el desarrollo de cualquier comunidad, quitarle la carga negativa que han impuesto sobre la palabra “raza”. Cada oportunidad que tengamos, debe transformarse en la instancia para concientizar a la población, para mostrarles la realidad de nuestro país y que logren comprender que no todos somos indígenas ni mestizos y que muchos de ellos forman parte del pueblo criollo.

– La condena por parte del Estado chileno, al ser un engranaje más de la lógica homogeneizadora del Sistema global: Ni el Estado chileno ni el gobierno global quieren tener que ver o lidiar con grupos de personas que tienen como factor aglutinante sus orígenes raciales o étnicos. Esto siempre derivará, para ellos, para quienes nos quieren encasillar mediante simples gentilicios nacidos de la lógica contractualista, en problemas y dificultades. El único contacto que mantiene y mantendrá el Estado con comunidades de este tipo es exclusivamente con aquellas que, traicionado a su pueblo, han decidido pactar con el ente opresor que se ha encargado de destruir a su propia gente. Es así como el identitarismo se enfrenta a la problemática que significan las leyes mordaza, como son aquellas referentes a la discriminación. ¿Cómo hacer para que nuestro discurso no sea encasillado por el Estado como un mensaje racista y de odio, cuando todo aquello que tiene algún tufillo a orgullo blanco siempre es considerado de dicha forma? Bueno, eso será un asunto de estrategia en el que deberemos ser inmensamente cautelosos, en cuanto a la forma y fondo en que desarrollamos la idea. Pero el primer paso ya lo hemos dado, ya hemos comenzado a dar esta caminata por la pedregosa ruta que representa la lucha identitaria contra la idea igualitaria del Sistema. Hemos comenzado a dar nuestros primeros pasos, confiados que el trabajo y la dedicación nos harán alzar un día la espada al cielo en señal de victoria, en honor a nuestros ancestros que han emprendidos contiendas muchos más importantes y trascendentes que la nuestra.

No tememos a sus cárceles ni a su condena social. Más allá de que todos seamos estudiantes o ya nos hayamos recibido como profesionales, la meta en nuestras vidas (hablo por aquellos que participan en este círculo de estudios) nunca ha sido ser destacados en lo académico si eso implica negarnos, el poderío económico o la aceptación social, nuestra meta siempre ha sido ser consecuentes con aquellos que creemos, luchar por ello y por el bienestar de los nuestros. Nosotros ya hemos dado el primer paso y esperamos que el resto lo haga. Nosotros ya nos hemos mirado al espejo y hemos dicho: soy blanco, soy americano. Europa es un lejano recuerdo del ayer. Hoy es América nuestra tierra y nuestro hogar, hoy son mis hermanos de acá a los primeros que debo defender. Hoy debo luchar por el legado de mis ancestros. No olvidar de donde vengo ni de donde soy, pero mirar hacia el futuro… Hoy nos hemos visto con los ojos de la sangre y hemos podido decir con orgullo ¡soy criollo!.

– Lograr el reconocimiento por parte de los Criollos de su condición: Sin lugar a dudas que es la principal tarea que nos debemos proponer todos aquellos que ya hemos escuchado el llamado de nuestra sangre, Al haber el Estado tomado la decisión de encasillarnos a todos como chilenos, salvo ante el caso de los pueblos indígenas (a pesar de que no tengan un reconocimiento jurídico constitucional), suele suceder que vemos a personas claramente criollas que se consideran mestizas e incluso indígenas, que creen que la única raza existente es la humana o que, simplemente, no tienen idea de lo que son porque no les interesa saber. Esto no sólo provoca que deambulen como zombies por la vida. También dicho hecho genera que su legado cultural no les interese y por tanto no lo protejan, abrazando culturas ajenas a la propia, que en ocasiones pueden llegar a ser depositarias de mensajes fuertemente anti blancos. Pero, aunque sabemos la importancia que implica el rescatar el legado cultural europeo y criollo, el principal efecto negativo derivado de la falta de reconocimiento racial por parte de los blancos americanos es que muchos terminan en la trinchera de aquellos que satanizan y combaten la Identidad europea y criolla o siendo parte de relaciones interraciales que concluyen con el nacimiento de nuevos mestizos, haciendo aún más precaria nuestra situación demográfica. Lograr el acercamiento de los blancos chilenos a nuestra línea de pensamiento es fundamental para que, con el conocimiento de la idea y la limpieza de la imagen del hombre blanco mediante la presentación de los hechos que oculta la historia oficial, llegue el momento que tomen la decisión de aceptarse como parte de nuestro pueblo y dejen de ser unas ovejas perdidas en los pastizales. Si no logramos que aquellos hermanos raciales se acepten, todo el trabajo que podamos efectuar será simplemente estéril. Hoy necesitamos a todos y cada uno de nuestros hombres y mujeres para dar la batalla por nuestra supervivencia. Cosas importantes pero accesorias como es el modelo político que nos guiaría en un futuro, el sistema económico que seguiremos, entre otros temas, pierden relevancia cuando hablamos de sobrevivir y, necesariamente, deben pasar a segundo plano, porque si desaparecemos, ya nada de ello tendrá importancia. Así como dice un conocido aforismo jurídico “lo accesorio sigue la suerte de lo principal”; la religión, la política, la economía desaparecerá para nosotros si nosotros, como comunidad racial, dejamos de existir.

– Los identitarios sin Identidad que han aparecido en nuestro país: La lucha identitaria es una contienda global contra la política homogeneizadora impulsada por los poderes fácticos mundiales, en eso estamos todos de acuerdo. Cada pueblo y comunidad debe luchar por la supervivencia de los suyos y lo suyo, el problema se genera cuando “identitarios” luchan por una Identidad diferente a la propia, que no concuerda con su herencia biológica. Es que ya he dicho que la cultura no es la que genera la Identidad, es la sangre y el suelo quien la origina. En Chile, como en cualquier otro país del mundo, todos pueden luchar a través de la vía identitaria, siempre y cuando cada uno lo haga desde la trinchera que le corresponde. Acá, en nuestro austral país y en el resto de América, nosotros los criollos, no queremos a gente no blanca ocupando nuestros emblemas y siendo parte de nuestra lucha. Si quieren marchar desde la trinchera indígena, que lo hagan a nuestro lado y juntos no paremos hasta conseguir que el Estado reconozca que nuestro país tiene un origen multinacional. Sin lugar a dudas que de identitarios indígenas, conscientes de su origen racial y étnico y amantes de su tierra, tenemos mucho que aprender, sobre todo en lo que respecta a estrategia, ¿pero de qué nos pueden servir mestizos o indígenas hablando de Europa y su legado en América a través de lo criollo? Nada, absolutamente nada.

He de aprender mucho en el camino, he de cometer un sin número de errores, pero prefiero golpearme mil y una vez antes de quedarme sin hacer nada por mi gente y por mi nueva tierra, aquella que ha sido trabajada y sembrada por mis ancestros. Si bien desde bastante joven he seguido la cosmovisión nacionalsocialista, con el pesar de mi ser, he logrado comprender que ella no es bienvenida en el ser “nacional” chileno, no así el identitarismo que nos brinda la alternativa a los criollos a desarrollar nuestra realidad en países multinacionales como es el caso de Chile. Nunca he traicionado aquello en que desde bastante pequeño creo, pero la lucha no está para egoísmos personales que nos impidan avanzar. El identitarismo es ahora la herramienta mediante la cual realizo un llamado a todos mis compatriotas criollos y a todos aquellos que se encuentren dispersos por este continente. Les digo, desde el austral Chile, que no están solos, que más allá de las diferencias ideológicas que podamos tener, todos somos blancos, todos son americanos, todos somos criollos, y todos estamos amenazados de muerte. Nos encontramos entre la espada y la pared, luchamos o luchamos, no existe otra opción. Luego, cuando nuestra subsistencia esté asegurada, nos preocuparemos del modelo ideológico que nos organizará. Ahora, en estos duros momentos, lucharé al lado de cualquier hermano blanco, decente, orgulloso de su legado racial, territorial, cultural… identitario. Nosotros, criollos todos, hemos decidido luchar. Al igual como lo hicieron los conquistadores españoles, al igual como lo hicieron los colonos alemanes, italianos, ingleses, croatas, franceses, entre otros, hemos decidido combatir. En los tiempos actuales, el pesimismo y la desidia no tienen cabida en nuestras filas, al igual que la ridícula postura esotérica de aquellos que dan todo por perdido y aguardar el comienzo de un nuevo ciclo. Ahora necesitamos cojones y ovarios bien puestos, no niñatos escondidos en las faldas de sus computadores, luchadores de internet que dedican su vida a despotricar contra todo y vaciar su verborrea contra todo intento de salir adelante, de realizar una verdadera contienda racial en tierras americanas. Tal vez no tengamos los fusiles para defender nuestra existencia, pero sí tenemos nuestras plumas, nuestras guitarras, nuestras manos y nuestra voluntad de luchar, sobrevivir y crecer que utilizaremos como metralla contra los muros del Sistema, que cada vez se cierran más a nuestro alrededor. Si el destino de Europa, de seguir los europeos inertes antes la destrucción de su tierra y su gente, es desaparecer, por muy terrible y doloroso que sea para todos nosotros, es el sello que ellos mismos le han colocado a su futuro, al no ser capaz de recurrir a su memoria ancestral y a sus instintos, a levantarse en armas contra el enemigo externo e interno. Si los europeos propician y consiguen la destrucción de Europa gracias a su pusilánime actitud, allá ellos, nosotros no dejaremos que nuestra sangre se pierda en estas tierras y lucharemos por preservarla. Si Europa decide combatir por su existencia, allá nos tendrán peleando a su lado, como ya lo hemos hecho en el pasado, pero si deciden el camino del suicidio, no por ser hermanos de sangre colocaremos también la pistola en nuestra boca. Nosotros lucharemos hasta el final.

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