Patriotismo/Nacionalismo o Identitarismo

Aarón Garrido

NextTime

La decimonónica y romántica (en sentido estricto) fórmula “Sangre & Suelo” representa bastante bien los principales factores que han intervenido en la génesis de las razas humanas. Por ejemplo, la raza blanca, como hoy la conocemos, existe gracias a la continuidad genética que permitieron los cruces intra-raciales (Sangre), pero también debido a que esto ocurrió por milenios en un contexto glaciar, que tuvo enorme influencia en su alimentación, desarrollo de aptitudes físicas, y adopción de una determinada ética. (más…)

Kratos en kratei

Francisco Javgzo

The apes in their cages surrounded by thorns
That are forcing us to live here

Sepultura, «From the past comes the storms«

Respecto a si en Chile se vive algún tipo de supremacismo, esto es, la vía iliberal donde un grupo humano se posiciona por sobre los demás (no necesariamente en desmedro del resto), la respuesta sería .

Ahora bien, si este supremacismo es de carácter racial, como bien podría pensar algún comunero mapuche al observar –desde lo rural– a la clase gobernante chilena, la respuesta sería no, debido a que si bien los gobernantes y la “plana mayor” de Chile corresponden a individuos de raza blanca, lo cierto es que la raza blanca está presente en todas las clases sociales (variando en las proporciones, claro), aun cuando los estrados medio y bajo no tengan mayor peso en la toma de decisiones de gran alcance, ni tampoco en sus organizaciones comunales (si es que éstas existiesen).

Aquí viene lo paradójico: los pilares del supremacismo en Chile descansan sobre una relación dialéctica entre liberalismo e iliberalismo, ya que es completamente iliberal (o anti-liberal) el posicionarse sobre otros e imponer la voluntad de un grupo por sobre la del resto (como ya hemos visto que hace el anti-liberal y autoritario Lobby LGBT), a la vez que la libertad para elegir el separatismo es propio del liberalismo.

La clase –digamos– dirigente, exhibe no sólo un sistema de cruzas e influencias que en nada ha variado desde el Renacimiento, sino que sencillamente se ha instaurado como un tipo de nobleza no-formal, pero no por ello menos real. En efecto, la facultad subyacente reivindicada por la clase dirigente de definir quien entra y quien no entra en sus círculos, es la misma capacidad que se le niega al resto de las personas de origen europeo en Chile, la misma capacidad que está bajo ataque bajo el bombardeo constante de la corrección política y sus sirvientes: los medios de comunicación masivos y el Estado.

Sin ningún tipo de reparo, han creado –de forma abstracta, claro– un país dentro del país, donde el país interior (el suyo) sobrevive a través de un uso sin remordimientos del sistema neoliberal del país exterior (la porquería que nos dejan para que nos callemos). Lo gracioso es que la estructura está diseñada para que el país multicultural exterior termine creyendo que necesita las migajas del país interior y, peor aún, creyendo que el país exterior es todo cuanto sus ojos ven.

Por ejemplo, a la lucha incansable (y hasta «nacionalista») por los recursos naturales presentes en Chile, se antepone un violento golpe de realidad: los recursos no sólo no pertenecen a las masas, sino que tampoco son necesarios para la subsistencia y, es más, la explotación de éstos va en desmedro de la sociedad y la naturaleza.

¿Alguien piensa que la explotación de litio puede que la levadura de la economía chilena se levante? Y si alguien piensa así, ¿puede alguien creer que se va a ver beneficiado en su individualidad gracias a la explotación de estos recursos? Actualmente, la minería en Chile, por conceptos de royalty, deja cifras que corresponden a las migajas de las migajas de las ganancias de la explotación minera, produciendo que esta misma explotación, con su inyección de recursos para un sector del país que no es mayoritario, provoca que el costo de la vida sea cada vez más alto, poniendo en peligro los trabajos más tradicionales, el desarrollo local y la pequeña y mediana empresa.

La supremacía iliberal se defiende, cínicamente, a través de argumentos liberales, obligando a aceptar la aplanadora de la estructura pública para proteger los intereses de privados (¿alguien podría explicar eso?). Mientras nadie vela por los particulares que día a día sufren por las alzas del metro, la misma estructura que se supone favorece la colectividad favorece a los privados (i.e., particulares) para que persigan a todos aquéllos que se las han ingeniado para sortear –de forma poco honesta, claro está– los callejones cuasi-monopólicos de los precios. Al mismo tiempo, y propio de la misma esquizofrenia, el Gobierno, como vil perro policía al servicio del país interior, lanza discursos por un país (exterior) mejor y más justo.

¿Dialéctica liberal/iliberal, o esquizofrenia interior/exterior?

El odio como manifestación de la inferioridad

Francisco Javgzo

El ser humano que se siente inferior siempre responde y se rige mediante el odio. El que se siente pobre y desdichado, direccionará sus frustraciones contra lo que considere enemigo, y se sumirá en un combate que supera la razón, mezclando un presente de resentimiento con respuestas instintivas y básicas de defensa, siendo el odio la dinamita de descompresión de la inferioridad.

El pobre odiará al rico porque lo culpará de su desgracia actual, el antisemita odiará al judío de una forma muy parecida a la del comunista, pues verá en él a la fuente de su desgracia. En algún lado, otros odiarán a los comunistas porque temerán a ser despojados de sus pertenencias.

El ser humano que se sienta por sobre otros, no tendrá odio, sino desprecio a lo que no considerará a su altura. Tanto odio como desprecio parten de una condición fundamental de desigualdad, aunque el primero está destinado desde abajo hacia arriba, y el segundo desde arriba hacia abajo.

El fracaso de los movimientos de masas que tratan de apostar a alternativas nacionalistas, patriotas o cualquiera que parte de una identificación nosotros/ellos, comienza desde el momento en que eligen fundamentos vacíos para justificar su existencia, dando más importancia al ellos que al nosotros. Por ejemplo, un movimiento que nazca a partir del odio contra extranjeros, perderá su razón de ser cuando los extranjeros se vayan, por lo que no se justificará su permanencia en el tiempo, porque, como movimiento, era un fin en sí mismo.

Ser anti algo en un clásico de las tendencias modernistas, y es esta misma condición la que hace que estas tendencias no tengan ni pies ni cabeza. En ese sentido, los grupos odiados tienen todo por ganar, puesto que al no estar sujetos ni justificados por el odio, su existencia tendrá una razón de ser mayor a la de los grupos de odio. Un grupo de extranjeros de una nacionalidad o comunidad determinada, bajo el ataque de los grupos de odio, reforzarán más los lazos que los unen, y darán mayor prioridad a eso que los une más que a eso que los separa, puesto que, para ellos, se vuelve una cuestión de supervivencia.

En los grupos bajo ataque, el odiar al que odia se vuelve menos importante que el amar al semejante, pues en la unión de estos estará la fortaleza que no se tiene como individuo, apostando a una especie de amor por lo propio: viendo reflejado el mismo rostro y los mismos valores en los miembros de la comunidad, el individuo extrapolará su instinto de supervivencia aún más allá de las fronteras del odio que exhiben sus enemigos.

La unión en el odio está condenada a fracasar, porque todo lo que tienen por defender del nosotros está en función de ellos y por lo que tienen por perder frente a ellos, mientras que ellos viven por ellos, y cada paso que avanzan sobre el nosotros es un paso que ganan para ellos, para nadie más.

Liberalismo: expectativa y realidad

Francisco Javgzo

After all, “liberal education” is not supposed to mean education by a bunch of dogmatic liberals who all think alike. Liberal education is an education that expands the horizons of students by exposing them to a variety of different viewpoints.

Greg Johnson, The Persecution of Kevin MacDonald

Poniéndome el parche antes de la herida, debo decir que no soy liberal, aunque eso no me impide reconocer algunas de las bondades que puede presentar el liberalismo, y es que el liberalismo, debido a su énfasis en la individualidad y el individualismo, debería proporcionar y garantizar un caldo de cultivo perfecto para toda libertad de pensamiento, donde no debería existir ninguna fuerza externa que manipule las libertades individuales.

Además, el liberalismo debiera garantizar el derecho inviolable a la libertad de expresión, pues no debiera existir ninguna macroestructura por sobre el individuo que le niegue a éste el libre ejercicio de la identificación y reivindicación de las ideas con las que se sienta cómodo.

De un país que fuera auténticamente liberal, deberíamos esperar que proliferaran en completa libertad todo tipo de alternativas y opciones, estén en pro de algo, o en contra de algo. De esta manera, cualquier iniciativa totalitaria, nazi, comunista, fascista, democrática, cristiana, atea, reggae, abortista, gay, reggaetonera, etc., podría tener sus facciones a favor como en contra, y todo con permiso garantizado y validado por la simple existencia de la libertad individual.

En Chile sabemos que no hay tal libertad.

Que el MOVILH pueda hacer de las suyas dentro del marco de la legalidad, expresarse y creer en lo que creen, es un ejemplo vivo de un país liberal. Que nadie pueda hacer nada, decir nada contra el MOVILH y que, inclusive, existan programas gubernamentales diseñados para cambiar la mentalidad de las personas para que defiendan lo que el Lobby LGBT quiere, es lo más anti-liberal y totalitario que puede haber.

Sintetizando un poco la idea, tenemos:

Expectativa del Liberalismo: sistema basado en la libertad del individuo para expresarse, asociarse, pensar, etc.

Realidad del Liberalismo: sistema basado en la libertad del individuo para expresarse, asociarse, pensar, etc. siempre y cuando sus ideas sean amigables con los valores de Izquierda.

Entonces, de lo que se supone que debe ser un sistema que materialice la Libertad como el bien más preciado, no nos queda más que una dictadura despótica cimentada sobre una batería de valores que son considerados como el bien. De esta manera, el espectro de la tolerancia se ve estrechado dentro de lo que se considera bueno, y todo lo que se considera malo, i.e., valores no amigables con la Izquierda, quedan proscritos, invisibilizados y sacados del marco de la legalidad.

Si alguien, luego de la noticia sobre Nicolás y sus dos papás reaccionó mal y con intolerancia, lo cierto es que, desde una perspectiva liberal, está en su justo derecho, tanto como el MOVILH estaría en su derecho a producir dicho cuento. Pero ya vemos que al materializar lo que estaba  en la expectativa para llevarlo a la realidad, muchos terminaron perdiendo su libertad en el camino, en el nombre de la misma.

La igualdad como distopía

Francisco Javgzo

“How in the hell could a man enjoy being awakened at 8:30 a.m. by an alarm clock, leap out of bed, dress, force-feed, shit, piss, brush teeth and hair, and fight traffic to get to a place where essentially you made lots of money for somebody else and were asked to be grateful for the opportunity to do so? ”

? Charles Bukowski, Factotum

El Dador de Recuerdos («The Giver»), dirigida por Phillip Noyce, es una película basada en la novela distópica escrita originalmente por Lois Lowry, del mismo nombre. Desgraciadamente, no he leído el texto original, por lo que me limitaré sólo a comentar la película.

Un futuro post-algo (no cuesta mucho imaginar que se trata de algún evento apocalíptico o bélico) da origen a una comunidad aparentemente perfecta, donde no existe la guerra, ni el dolor, ni el sufrimiento, ni ninguna de las cosas que han aquejado a la humanidad desde el amanecer de los tiempos.

La película es presentada en blanco y negro, pero a medida que avanza van apareciendo colores, lo cual tiene una razón: la comunidad, en su búqueda de un mundo mejor y más pacífico donde no exista la envidia y la codicia, ha suprimido la diferencia y con ello, las cualidades que hacen la diferencia en las cosas. Han dejado atrás el afán de poseer lo ajeno y su consecuencia -la competencia,  la violencia y la guerra- a través de la creación de un mundo plano en el que no existe ningún tipo de grupo, tribu, raza ni individualidad, siendo entronizada la Igualdad y la sistematización de esta sociedad perfecta: naces, creces, la Comunidad te encomienda una labor según tus capacidades y habilidades, y luego, cuando eres viejo y después de una vida útil al servicio de la Comunidad, eres liberado.

Para los progresistas más interesados en las cuestiones semánticas, una pregunta nace: ¿cómo puede ser una distopía una sociedad basada en la igualdad y la no violencia?

En esta utopía distorsionada, no hay mayor diferencia entre la belleza y la fealdad, puesto que como impera la Igualdad, no existe la diferencia ni los matices, ni siquiera las dicotomías, sino que sólo una gran y plana totalidad llena todos los aspectos de la vida de la Comunidad, en la que tampoco hay insatisfacción ni descontento, pues todas las formalidades son estrictamente observadas y cumplidas.

Sí, la Comunidad logró un sistema perfecto, cordial, basado en las buenas relaciones y súmamente óptimo en cuanto al funcionamiento de la sociedad, pero el costo fue alto: anulando las emociones (esa oscuridad caótica primigenia que infunde imperfección) han vuelto la vida en una maquinaria, deshumanizando al ser humano. No existe el odio que conduce a la violencia a la que la Comunidad teme, pero tampoco existe el amor, pues una cosa no es sin la otra. En esta sociedad, ha suprimido «el caos del amor  loco» (citando a Alejandro Jodorowsky en «El Incal»).

¿Y qué es el equilibrio sino un balance entre el caos? La Comunidad perfecta es una manifestación del desequilibrio absoluto, de la destrucción de la individualidad en nombre del «bien mayor», que en realidad es una distorsión. ¿Cómo puede existir comunidad (i.e., una unión de individuos basada en valores en común) si es que la individualidad ha sido relegada al abismo del olvido y las cosas peligrosas?

En escritos anteriores, he planteado la peligrosidad del res nullius, donde lo que es cosa de todos, se vuelve cosa de nadie. En esta distopía existe una supresión absoluta de la individualidad y una exaltación de la comunidad (o, mejor dicho, la sociedad), creando un mundo demente y deshumanizado, desequilibrado, donde lo límbico y lo neocortical son reducidos a meros recuerdos del pasado para estos Golems modernos (aunque ninguno recuerda nada, por algo existe un «Receptor de recuerdos», que es el encargado de llevar todos los recuerdos de la memoria colectiva de eras anteriores y humanas). Por otro lado, nuestro mundo, nuestro Occidente, ha degenerado en una distopía no muy distante a una deshumanización por res nullius (recordemos tan sólo «El Mundo Feliz» del que nos hablara en su momento Aldous Huxley): existe una supresión absoluta de la comunidad y una exaltación de la individualidad a través de una distorsión de la realidad, donde la aldea global es presentada como una «Comunidad Global», que de comunidad tiene poco y nada. En la distopía en la que vivimos, tampoco existe el equilibrio, y la vida se ha vuelto un festín de emociones vacías y metas que llevan al ser humano a un olvido y «superación» de su animalidad: estamos en presencia de una máquina totalitaria deshumanizante (el Liberalismo) como elemento supresor de las verdaderas libertades personales, falsificadora de la realidad.

Mirando nuestro alrededor y nuestra alienada individualidad, podemos percatarnos el «mundo feliz» no está tan distante como lo pensamos alguna vez.

¿Qué más da?

Sebastián Vera

Me enoja el hecho de que dentro de la consulta ciudadana desarrollada en la ciudad de Santiago se incluya dentro de las opciones el cambio de nombre del cerro Santa Lucía y me enoja aún más el hecho de que esa posibilidad pueda verdaderamente concretarse, pero siempre las cosas, antes de masturbar la mente imaginando  sangrientas vendettas, hay que evaluarlas con la mente lo más fría posible. (más…)

Choque de civilizaciones y leyenda gris

Francisco Javgzo

En un intento de disimular la realidad, las voces que buscan dar tintes poéticos al pasado para legitimar el futuro, en un intento por conciliar el Encuentro de Dos Mundos, decidieron denominar al 12 de Octubre como el «Día de la Raza». Probablemente, en su origen hispano, dicha denominación sí cargaba con aspectos de identificación.

Las expresiones y significados no son siempre universales, y lo que en Iberia podía entenderse como la presencia de una misma raza tanto en la península como al otro lado del mar, en América venía a tener un nuevo significado. Y es que del choque de una cultura contra varias, así como la interacción entre dos razas, podía originar cualquier cosa menos una raza, pero -desde la corrección política- se insiste constantemente en la originación de una nueva raza a partir del choque de civilizaciones. O eso, o la invasión sangrienta y genocida.

Como buen apegado a la objetividad descarnada y dura, la historia la acepto tal como es, y me cuesta hacer juicios en retrospectiva porque es inútil y porque, además, es sumamente tendencioso.

Analizaré la siguiente imagen, con la que concuerdo y no concuerdo.

Si América fue o no descubierta, depende de la mirada del observador. Probablemente, los que ya vivían en América descubrieron Europa cuando los navegantes llegaron a la orilla, de la misma forma, América sí fue descubierta por el mundo, quitando el velo que estaba más allá del horizonte. De la oscuridad del desconocimiento, a la luz del imaginario. Otros pueblos europeos estuvieron antes en América, pero ninguno de ellos mostró América al resto del mundo, por lo que no hubo un descubrimiento del velo. Sí, claro, en América existía conocimiento, y cultura, y todo eso que la Izquierda nos dice siempre, pero yo no lo he puesto en duda.

Denominar «invasión» al proceso de colonización también es una cuestión de perspectiva. Yo mismo utilizo dicha expresión cuando me veo rodeado de colonizadores negros. Al «jugar de local», obviamente le daré una connotación negativa al alóctono.

El saqueo es propio del ser humano y, siendo más exacto, del hombre. El saqueo y la destrucción, como símbolos del triunfo, son más antiguos que cualquier ideología izquierdista llorona y rasga-vestiduras que podamos conocer. ¿Alguien imagina el desastre de Curalaba sin mapuches incendiando todo y destruyendo todo lo del invasor/colonizador que encuentran a su paso? ¿Alguien puede imaginar a los griegos entrado a Troya, si no es a sangre y fuego, para luego irse dejando atrás la ciudad en llamas?

Sí, muchos conquistadores estaban ávidos de oro, aunque en esos tiempos era de lo más normal estar ávido de algo. De oro, de mujeres, de conquistar, de aplastar. Ahí (en el tiempo), es decir, aquí (en el espacio), donde la corona y el gobierno no mandaban más que en lo nominal, es donde nació el libertarismo y el europeo pudo volver a la esencia de los bosques, volver a los tiempos donde el único derecho humano era el luchar por sobrevivir. Una tierra habitada, pero ajena, impulsaba las reacciones a la defensiva y, muchas veces, a la ofensiva. Agentes externos llegando en oleadas impulsaban las reacciones a la defensiva y, muchas veces, a la ofensiva. C’est la nature qui a raison.

Sí, es cierto: en América existían civilizaciones. Habían imperios enormes, y complejos entramados sociales, sistemas jurídicos y avances tecnológicos. En América, probablemente, había muchísimo más conocimiento respecto a materias astronómicas que en Europa. Cuando los defensores de los pueblos autóctonos, así como las voces de la Izquierda, claman por una América civilizada pre-colombina, tienen razón. Pero hay algo que hay que hacer notar desde la búsqueda de la objetividad y la verdad sin adornos: en América existían civilizaciones, y con ello la violencia, el abuso, la imposición, la esclavitud, el genocidio, el imperialismo y tantos otros sustantivos que desde la Academia nos dicen que son propios de Europeos, jamás de pueblos originarios. América no era una tierra de salvajes incivilizados, sino una tierra de salvajes civilizados, no muy distinta a Europa en estadio evolutivo.

La acción europea, muchas veces destructiva, sanguinaria y cruel, fue una realidad, ¡pero qué va!, la Historia es como es, no como la Izquierda quiere que sea. Ni leyenda negra, ni leyenda blanca. Siendo más exactos, el proceso de Descubrimiento/Visibilización, Conquista/Sometimiento y Colonización/Invasión (para todos los gustos) de América se asemeja más a una leyenda gris, pues no es la inocente historia que quieren proclamar algunos, ni la sangrienta saga que quieren retratar otros.

La diversidad en América es un hecho, y nada se saca con llorar sobre la leche (sangre) derramada. Estamos aquí, vinimos para quedarnos. No negamos el pasado, y si nuestros ancestros cometieron actos no muy aprobables, lo aceptamos. No somos unos cínicos para reivindicar lo bueno sin lo malo, si, a pesar de todo, somos herederos de toda la Historia, no de las cosas que sean «lindas».

Somos más concientes de la importancia de la supervivencia de los pueblos, y por ello nos rebelamos ante las leyendas que hablan de un pasado atroz y también ante un pasado paradisíaco, pero, además, nos rebelamos contra los mitos instaurados desde las cúpulas de poder, los mismos mitos que hablan del popurrí de identidades presentes en América como si del surgimiento de una raza nueva se tratase.

Somos los hijos de la sangre europea nacidos en suelo americano. Acepten nuestra presencia o esperen nuestra resistencia.

Repensando la inmigración

Francisco Javgzo

Hace algunos días, El Ciudadano publicó un artículo relacionado con la inmigración, el que seguramente fue un supositorio de merkén para los más apegados a los asuntos territoriales y sentimentales clásicos. Dicho artículo, contestaba a (o, mejor dicho, destruía) los prejuicios habituales sobre la inmigración, usando estadísticas y otros datos.

No rebatiré los puntos planteados en el artículo, puesto que los números son claros, aunque me gustaría hacer algunos alcances y, además, mirar desde mi perspectiva de descendiente de inmigrantes a algo que va más allá de un tema de nacer aquí o nacer allá. Tomaré alguno mitos.

Son demasiados los extranjeros en nuestro país. Nos están invadiendo.

350 mil inmigrantes viven actualmente en Chile, lo que sería suficiente para llenar una ciudad promedio. El tema de fondo es el ser inmigrante, puesto que acá en Chile basta que se nazca acá, o se regale la nacionalidad por gracia para ser parte del conglomerado. Desde una mirada poderosamente objetiva, y tomando en cuenta la historia de las movilidades de masas humanas, en Chile no hay 350 mil inmigrantes, sino millones. Incluso, los más originarios pudieron haber tenido cierto origen extranjero. Lo más gracioso es cuando los patrioteros de siempre hablar de aumentar la natalidad. Seamos sinceros: aumentar la natalidad es propio de mestizos, y de grupos humanos que sobreviven por número. Quienes -independiente si sean «nativos» o inmigrantes- pertenezcan a etnias de origen europeo, siempre darán preferencia a la calidad por sobre la cantidad, y no tendrán más hijos de los que pueden crecer bien. No se trata de llenar de críos de forma vulgar para que compitan con los hijos de los inmigrantes no blancos, se trata de que las etnias blancas nunca han sido numerosas. Si bien el tema transciende a un asunto netamente económico, lo cierto es que esto último juega un papel muy importante. ¿Parir y parir y pedir subsidios al Estado? Gracias, pero nosotros no.

Inmigración: 1 – Nacionalismo Clásico: 0.

Los inmigrantes que llegan al país son de bajo nivel educativo.

¿A alguien le importa el nivel educativo por sobre el origen étnico? Si es así, está mal. Es decir, si llega un miembro de ellos con un Premio Nobel bajo el brazo, ¿merecería estar con nosotros más que uno de nosotros sin premio, de bajo nivel educativo o sencillamente pobre? Yo apuesto por nosotros, pero en Chile no importa el origen bio-cultural del nosotros, sino que sencillamente el que el individuo nazca dentro de un límite, por eso cualquiera puede ser bienvenido si es que «aporta».

No podemos caer en un caso de eugenesia contra identidad, típico del patrioterismo clásico. «Traigamos buenos elementos, educados». Implícitamente, este pensamiento promueve el mestizaje y el multiculturalismo, que es lo que realmente tiene arruinado a este país, no la inmigración. En el nosotros del Ius sanguinis, tanto lo bueno como lo malo pertenece al mismo acervo, por lo que debemos hacernos cargo de todo. De eso se trata de ser una comunidad. Deshacerse de los elementos «malos», e importar los «buenos», es sistematizar al grupo humano, y con ello, destruir su identidad en pos de una mejoría.

Son responsables del aumento de la delincuencia.

Aquí hay un punto interesante, y si a alguien le causa molestia, es porque su sitio no está entre los partidarios de la identidad. Quizás la delincuencia no es tan alta en las estadísticas (y, por observación participante, sería lógico que los hechos delictuales perpetrados por extranjeros sean más numerosos en las zonas fronterizas, por razones obvias), aunque de todas maneras prefiero que sean delincuentes, antes que personas «de bien». Chile no sólo es un país multicultural, sino que sencillamente perdió la batalla contra el control migratorio. Asumiendo que la mayoría de los inmigrantes no son de origen europeo, ciertamente los prefiero de delincuentes y habitantes del ghetto, antes de ciudadanos de bien, integrados en la sociedad. El multiculturalismo es una porquería, el multiculturalismo no sirve, pero si no se ve el lado oscuro del multiculti, las masas no se percatan de la bomba de tiempo en la que están parados.

Por otro lado, si esos pocos que cometen delitos no lo hicieran, la gente no miraría mal al grupo completo, y con ello, la tasa de mestizaje aumentaría. Claro que esto es válido si los miembros del nosotros del Ius soli fueran los mismos del nosotros del Ius sanguinis. Si no, bueno, un poco de melanina a la ensalada genética puede que le dé un sabor a café.

Llenan las escuelas y le quitan los vacantes a nuestros hijos.

¿Alguien ha visto los programas educativos chilenos? Sus constantes apologías al mestizaje (no muy alejadas del nacionalismo clásico), al igualitarismo, a la inclusión y la integración, tarde o temprano terminarán haciendo que sean los mismos chilenos lo que exijan políticas de fronteras abiertas y es obvio, si cerrar o no cerrar fronteras y otorgar papeles o no de residencia se vuelven ideas inútiles cuando el caldo de cultivo completo está educado en la aceptación y sumisión al mundo globalizado. Y no han sido necesariamente los gobiernos de la Concertación los que han promovido esto, como le encantaría decir a los defensores de la derecha casposa y rancia.

Es cierto que otras banderas flamean en los colegios chilenos, pero ¿qué más se puede esperar si la misma bandera chilena representa los valores de inclusión y unidad? Que hoy flameen banderas de otros países en recintos que se suponen chilenos no es una ofensa, sino es coherente con la idea multiculti planteada poéticamente desde los mitos fundacionales.

Los inmigrantes no tienen derechos, ya que no son ciudadanos. No pueden quejarse.

¿A quién le importan los derechos? O sea, ¿basta que un inmigrante (que en realidad, es un colonizador no eurodescendiente) tenga sus «papeles al día» para dejar de ser blanco de los dardos de los defensores del suelo?

Legal, ilegal, regular, irregular. Todo eso da igual. Los inmigrantes no son el problema, sino que son un mero indicador de un problema mayor. Cuando hubo un input masivo de inmigrantes europeos durante el siglo XIX y XX, muchos de ellos no tenían papel alguno, y realmente poco les importaba el entramado jurídico. Tan poco como nos debe importar a nosotros. Un papel más o un papel menos son herramientas que validan la misma estructura que nos va dejando aislados y desamparados en «nuestro propio» país.

Citando a Alex Kurtagic, debemos comprender que «el debate sobre la inmigración es una pérdida de tiempo«. En una discusión, cualquier liberal medianamente educado puede destruir sin mucha dificultad los argumentos de cualquier patriotero. En su campo, no hay cómo ganarles. Pues es tiempo de sacarlos de su campo e invitarlos a contemplar la destrucción originada no por la inmigración per se, sino por el preciado multiculturalismo que tanto se empeñan en defender.

El boicot es una forma burguesa de protesta

Jack Donovan

Así que vas a negarte a comprar algo de la compañía x, incluso aunque te fuera de beneficio inmediato el hacerlo. (más…)

El nacionalismo es natural

Artículo publicado originalmente como «Nationalism Is Natural», por Allan C. Park, en Alternative Right.

El siguiente artículo aparecía en el sitio web Alternative Right, una excelente revista virtual que rompe las barricadas intelectuales y está dispuesta a ahondar en cualquier área de controversia sin temor. La recomiendo de todo corazón. – Dr. David Duke. Traducción por Sebastián Vera.

 

Comentario previo por el Dr. David DukeLas últimas investigaciones científicas muestran que la lealtad étnica está profundamente arraigada en nuestra composición biológica. Algunos podrán desacreditar este hecho, lamentablemente, pero es un hecho de la naturaleza y es natural en el más verdadero sentido de la palabra. Es por eso que el multiculturalismo, no importa cuánto se idealice con palabras como amor y solidaridad, inevitablemente lleva a la discordia, agitación, odio y a veces a la guerra civil y al genocidio. La ONU encargó un extenso estudio sobre guerras civiles y conflictos alrededor del mundo y descubrió que la gran mayoría de ellos tenían una raíz étnica. Si aceptamos que las diferencias humanas son innatas, naturales y hermosas, y aceptamos tal hecho en vez de tratar de ignorarlo o pasarlo por encima, habrá un mundo con lejos más harmonía, paz y verdadera hermandad. Cada pueblo debe tener el derecho a existir, a construir una sociedad sobre su propia y particular expresión de vida, alma y espíritu.

Estas diferencias no deberían ser lamentadas, sino celebradas. Las políticas de inmigración deben ser hechas con un entendimiento de esta fundamental realidad humana. Si no, estamos condenados a un mundo de guerra y antagonismo.

Investigadores europeos han demostrado que los instigadores de la gran empresa multicultural luchan contra la naturaleza. El New York Times informó sobre un estudio holandés que determinó científicamente que el etnocentrismo (la preferencia por el “grupo propio”) es natural, tanto química como biológicamente.
La hormona oxitocina ha sido llamada “la hormona del acurrucamiento”, porque el hipotálamo la libera durante la cópula sexual, amamantamiento y el parto, entre otros momentos. Este neuropéptido es conocido por crear un sentimiento de lazo con las niños, romance entre adultos y confianza entre la sociedad. Pero nuevas investigaciones han descubierto que la oxitocina asegura que los seres humanos extienden su simpatía dentro de claros límites étnicos.
El New York Times describe “El lado oscuro de la oxitocina, la hormona del amor”:

El amor y la confianza que promueve no son hacia el mundo en general, sino sólo hacia el grupo de una persona. Psicólogos que han tratado de especificar su función han concluido que es un agente del etnocentrismo.

El descubrimiento es el resultado de extensivas pruebas llevadas a cabo por un grupo de psicólogos holandeses liderados por el Dr. Carsten K.W De Dreu de la Universidad de Amsterdam. Su artículo “La oxitocina promueve el etnocentrismo humano” fue publicado en internet hace pocos días. “El Etnocentrismo es una parte muy básica de los humanos, no es algo que podamos cambiar con la educación”, concluyó De Dreu.

 

El equipo hizo que hombres holandeses inhalaran una bocanada de oxitocina o de placebo 40 minutos antes de enfrascarse en una serie de pruebas diseñadas para medir sus sentimientos hacia miembros del grupo propio y del grupo ajeno, “nosotros” y “ellos”. Los psicólogos les pidieron que respondieran presionando un botón cuando vieran un par de nombres, encontrando que los que habían recibido oxitocina respondieron más ágilmente cuando se incluía un nombre holandés antes que uno árabe o alemán. La duda reflejaba una aversión hacia el grupo ajeno.

 

Luego, el grupo tomó dos pruebas de dilema moral, diciéndoseles que podrían salvar la vida de muchas personas haciendo que una fuese arrollada por un tren. Los psicólogos variaron el nombre de la víctima artificial entre apellidos holandeses, alemanes y árabes. Como el New York Times lo dice, “Los sujetos que habían tomado oxitocina estaban más gustosos a sacrificar a los Mohammeds que a los Maartens.”
Los investigadores apuntaron que esto no era causado por una incrementada hostilidad hacia las minorías, sino que por una mayor lealtad hacia su propio grupo étnico, pero reconocieron el rol de la hormona en incitar un instinto protector cuando alguien se sentía amenazado por un miembro de un grupo ajeno, así como de otra etnia.
Este estudio se construyó sobre experimentos que el Dr. Dreu realizó y analizó en junio del año 2010. “Nuestro estudio muestra que la oxitocina no sólo juega un rol en modular la cooperación y la benevolencia, sino que también en provocar agresión.”, declaró De Dreu. A través de 3 pruebas, concluyó que la gente estaba menos presta a compartir recursos financieros con aquellos que pertenecían a un grupo ajeno. En una actualización del dilema del prisionero, los estudiantes que recibieron oxitocina se negaron a cooperar con miembros de un grupo ajeno debido al miedo de que otro grupo quebrara el acuerdo y los despojara de su parentela. A mayor amenaza de daño, más dispuesto estaba el grupo a atacar a los foráneos para protegerse.
Dar a los soldados una dosis de oxitocina “podría hacerlos más cooperativos hacia sus camaradas, estando dispuesto incluso a sacrificarse”, sostuvo De Dreu, “pero ha de hacerlos más tendientes a lanzar un ataque contra el ejército oponente, siendo un aumento en la escala del conflicto la consecuencia más probable.”
Significativamente, la misma prueba no encontró que la aumentada solidaridad étnica condujera a ofensivas no provocadas. Incluso cuando se ofrecían mayores recompensas por dañar a aquellos que no los habían atacado, el grupo se resistió. De Dreu escribe, “Los
resultados muestran que la oxitocina conduce a una respuesta defensiva que promueve la confianza y cooperación dentro del grupo, y una defensiva, no ofensiva, agresión hacia los grupos rivales.”
Así que, a pesar de la caricatura del blanco consciente racialmente que liquida a sus vecinos, la realidad biológica es que la solidaridad étnica promueve la cohesión, el altruismo y la protección para los de su propio tipo.
Lo mejor que el Times pudo reseñar a vía de refutación es al Dr. Bruno B. Averbeck, “un experto en procesos emocionales cerebrales del National Institute of Mental Health” (Instituto Nacional de Salud Mental). Él da una hipótesis sobre que los efectos de la oxitocina sólo se aplican en los casos en que los individuos no tienen información sobre el grupo ajeno y, una vez que los grupos ajenos son entidades conocidas, el cerebro puede basarse en un juicio considerado en vez de inclinaciones naturales, subliminales y biológicas. Expresó sorpresa cuando confrontó los hechos. “Es sorprendente que este neurotransmisor pueda afectar tan específicamente a estas conductas sociales”, sostuvo.

 

Este nuevo descubrimiento científico muestra que la causa del etnocentrismo es estructurada e inevitable. Los disidentes de la diversidad pueden no haber conocido el ímpetu neurológico del que solamente honestos observadores han conocido sus límites, en una constante universal. Luchando en contra del funcionamiento de la biología humana, el multiculturalismo promueve el régimen anti-racista de rigor en las cosmopolitas sociedades occidentales a través del adoctrinamiento escolar, propaganda televisiva y entrenamiento sensitivo. La oxitocina puede activar el Sub-Racismo descrito por Colin Liddell.

 

Los resultados del Dr. De Dreu sugieren que la causa multiétnica está perdida, porque gente de todas las razas las rechaza a un nivel subconsciente y químico. Una cantidad expansiva de grupos minoritarios disminuyen el altruismo, provocan desconfianza, y hacen que las diferencias sociales se profundicen y se hagan permanentes. Promover el contacto interracial significa promover conflictos.
El Dr. De Dreu cree que este instinto se desarrolló durante la evolución. Sostuvo, “En el ambiente ancestral era muy importante para la gente detectar en otros si estos tenían un compromiso a largo plazo con el grupo.” Esto se hace más verdadero hoy, cuando los ciudadanos en Occidente se encuentran rodeados cada vez más por grupos étnicos minoritarios altamente cohesivos y relativamente impermeables, que esgrimen motivos de quejas históricas contra ellos. La oxitocina trabaja para ambos lados.
Parece ser que la única manera de prevenir una conflagración racial es usar nuestros cerebros.