Repensando la inmigración

Francisco Javgzo

Hace algunos días, El Ciudadano publicó un artículo relacionado con la inmigración, el que seguramente fue un supositorio de merkén para los más apegados a los asuntos territoriales y sentimentales clásicos. Dicho artículo, contestaba a (o, mejor dicho, destruía) los prejuicios habituales sobre la inmigración, usando estadísticas y otros datos.

No rebatiré los puntos planteados en el artículo, puesto que los números son claros, aunque me gustaría hacer algunos alcances y, además, mirar desde mi perspectiva de descendiente de inmigrantes a algo que va más allá de un tema de nacer aquí o nacer allá. Tomaré alguno mitos.

Son demasiados los extranjeros en nuestro país. Nos están invadiendo.

350 mil inmigrantes viven actualmente en Chile, lo que sería suficiente para llenar una ciudad promedio. El tema de fondo es el ser inmigrante, puesto que acá en Chile basta que se nazca acá, o se regale la nacionalidad por gracia para ser parte del conglomerado. Desde una mirada poderosamente objetiva, y tomando en cuenta la historia de las movilidades de masas humanas, en Chile no hay 350 mil inmigrantes, sino millones. Incluso, los más originarios pudieron haber tenido cierto origen extranjero. Lo más gracioso es cuando los patrioteros de siempre hablar de aumentar la natalidad. Seamos sinceros: aumentar la natalidad es propio de mestizos, y de grupos humanos que sobreviven por número. Quienes -independiente si sean «nativos» o inmigrantes- pertenezcan a etnias de origen europeo, siempre darán preferencia a la calidad por sobre la cantidad, y no tendrán más hijos de los que pueden crecer bien. No se trata de llenar de críos de forma vulgar para que compitan con los hijos de los inmigrantes no blancos, se trata de que las etnias blancas nunca han sido numerosas. Si bien el tema transciende a un asunto netamente económico, lo cierto es que esto último juega un papel muy importante. ¿Parir y parir y pedir subsidios al Estado? Gracias, pero nosotros no.

Inmigración: 1 – Nacionalismo Clásico: 0.

Los inmigrantes que llegan al país son de bajo nivel educativo.

¿A alguien le importa el nivel educativo por sobre el origen étnico? Si es así, está mal. Es decir, si llega un miembro de ellos con un Premio Nobel bajo el brazo, ¿merecería estar con nosotros más que uno de nosotros sin premio, de bajo nivel educativo o sencillamente pobre? Yo apuesto por nosotros, pero en Chile no importa el origen bio-cultural del nosotros, sino que sencillamente el que el individuo nazca dentro de un límite, por eso cualquiera puede ser bienvenido si es que «aporta».

No podemos caer en un caso de eugenesia contra identidad, típico del patrioterismo clásico. «Traigamos buenos elementos, educados». Implícitamente, este pensamiento promueve el mestizaje y el multiculturalismo, que es lo que realmente tiene arruinado a este país, no la inmigración. En el nosotros del Ius sanguinis, tanto lo bueno como lo malo pertenece al mismo acervo, por lo que debemos hacernos cargo de todo. De eso se trata de ser una comunidad. Deshacerse de los elementos «malos», e importar los «buenos», es sistematizar al grupo humano, y con ello, destruir su identidad en pos de una mejoría.

Son responsables del aumento de la delincuencia.

Aquí hay un punto interesante, y si a alguien le causa molestia, es porque su sitio no está entre los partidarios de la identidad. Quizás la delincuencia no es tan alta en las estadísticas (y, por observación participante, sería lógico que los hechos delictuales perpetrados por extranjeros sean más numerosos en las zonas fronterizas, por razones obvias), aunque de todas maneras prefiero que sean delincuentes, antes que personas «de bien». Chile no sólo es un país multicultural, sino que sencillamente perdió la batalla contra el control migratorio. Asumiendo que la mayoría de los inmigrantes no son de origen europeo, ciertamente los prefiero de delincuentes y habitantes del ghetto, antes de ciudadanos de bien, integrados en la sociedad. El multiculturalismo es una porquería, el multiculturalismo no sirve, pero si no se ve el lado oscuro del multiculti, las masas no se percatan de la bomba de tiempo en la que están parados.

Por otro lado, si esos pocos que cometen delitos no lo hicieran, la gente no miraría mal al grupo completo, y con ello, la tasa de mestizaje aumentaría. Claro que esto es válido si los miembros del nosotros del Ius soli fueran los mismos del nosotros del Ius sanguinis. Si no, bueno, un poco de melanina a la ensalada genética puede que le dé un sabor a café.

Llenan las escuelas y le quitan los vacantes a nuestros hijos.

¿Alguien ha visto los programas educativos chilenos? Sus constantes apologías al mestizaje (no muy alejadas del nacionalismo clásico), al igualitarismo, a la inclusión y la integración, tarde o temprano terminarán haciendo que sean los mismos chilenos lo que exijan políticas de fronteras abiertas y es obvio, si cerrar o no cerrar fronteras y otorgar papeles o no de residencia se vuelven ideas inútiles cuando el caldo de cultivo completo está educado en la aceptación y sumisión al mundo globalizado. Y no han sido necesariamente los gobiernos de la Concertación los que han promovido esto, como le encantaría decir a los defensores de la derecha casposa y rancia.

Es cierto que otras banderas flamean en los colegios chilenos, pero ¿qué más se puede esperar si la misma bandera chilena representa los valores de inclusión y unidad? Que hoy flameen banderas de otros países en recintos que se suponen chilenos no es una ofensa, sino es coherente con la idea multiculti planteada poéticamente desde los mitos fundacionales.

Los inmigrantes no tienen derechos, ya que no son ciudadanos. No pueden quejarse.

¿A quién le importan los derechos? O sea, ¿basta que un inmigrante (que en realidad, es un colonizador no eurodescendiente) tenga sus «papeles al día» para dejar de ser blanco de los dardos de los defensores del suelo?

Legal, ilegal, regular, irregular. Todo eso da igual. Los inmigrantes no son el problema, sino que son un mero indicador de un problema mayor. Cuando hubo un input masivo de inmigrantes europeos durante el siglo XIX y XX, muchos de ellos no tenían papel alguno, y realmente poco les importaba el entramado jurídico. Tan poco como nos debe importar a nosotros. Un papel más o un papel menos son herramientas que validan la misma estructura que nos va dejando aislados y desamparados en «nuestro propio» país.

Citando a Alex Kurtagic, debemos comprender que «el debate sobre la inmigración es una pérdida de tiempo«. En una discusión, cualquier liberal medianamente educado puede destruir sin mucha dificultad los argumentos de cualquier patriotero. En su campo, no hay cómo ganarles. Pues es tiempo de sacarlos de su campo e invitarlos a contemplar la destrucción originada no por la inmigración per se, sino por el preciado multiculturalismo que tanto se empeñan en defender.

El boicot es una forma burguesa de protesta

Jack Donovan

Así que vas a negarte a comprar algo de la compañía x, incluso aunque te fuera de beneficio inmediato el hacerlo. (más…)

El nacionalismo es natural

Artículo publicado originalmente como «Nationalism Is Natural», por Allan C. Park, en Alternative Right.

El siguiente artículo aparecía en el sitio web Alternative Right, una excelente revista virtual que rompe las barricadas intelectuales y está dispuesta a ahondar en cualquier área de controversia sin temor. La recomiendo de todo corazón. – Dr. David Duke. Traducción por Sebastián Vera.

 

Comentario previo por el Dr. David DukeLas últimas investigaciones científicas muestran que la lealtad étnica está profundamente arraigada en nuestra composición biológica. Algunos podrán desacreditar este hecho, lamentablemente, pero es un hecho de la naturaleza y es natural en el más verdadero sentido de la palabra. Es por eso que el multiculturalismo, no importa cuánto se idealice con palabras como amor y solidaridad, inevitablemente lleva a la discordia, agitación, odio y a veces a la guerra civil y al genocidio. La ONU encargó un extenso estudio sobre guerras civiles y conflictos alrededor del mundo y descubrió que la gran mayoría de ellos tenían una raíz étnica. Si aceptamos que las diferencias humanas son innatas, naturales y hermosas, y aceptamos tal hecho en vez de tratar de ignorarlo o pasarlo por encima, habrá un mundo con lejos más harmonía, paz y verdadera hermandad. Cada pueblo debe tener el derecho a existir, a construir una sociedad sobre su propia y particular expresión de vida, alma y espíritu.

Estas diferencias no deberían ser lamentadas, sino celebradas. Las políticas de inmigración deben ser hechas con un entendimiento de esta fundamental realidad humana. Si no, estamos condenados a un mundo de guerra y antagonismo.

Investigadores europeos han demostrado que los instigadores de la gran empresa multicultural luchan contra la naturaleza. El New York Times informó sobre un estudio holandés que determinó científicamente que el etnocentrismo (la preferencia por el “grupo propio”) es natural, tanto química como biológicamente.
La hormona oxitocina ha sido llamada “la hormona del acurrucamiento”, porque el hipotálamo la libera durante la cópula sexual, amamantamiento y el parto, entre otros momentos. Este neuropéptido es conocido por crear un sentimiento de lazo con las niños, romance entre adultos y confianza entre la sociedad. Pero nuevas investigaciones han descubierto que la oxitocina asegura que los seres humanos extienden su simpatía dentro de claros límites étnicos.
El New York Times describe “El lado oscuro de la oxitocina, la hormona del amor”:

El amor y la confianza que promueve no son hacia el mundo en general, sino sólo hacia el grupo de una persona. Psicólogos que han tratado de especificar su función han concluido que es un agente del etnocentrismo.

El descubrimiento es el resultado de extensivas pruebas llevadas a cabo por un grupo de psicólogos holandeses liderados por el Dr. Carsten K.W De Dreu de la Universidad de Amsterdam. Su artículo “La oxitocina promueve el etnocentrismo humano” fue publicado en internet hace pocos días. “El Etnocentrismo es una parte muy básica de los humanos, no es algo que podamos cambiar con la educación”, concluyó De Dreu.

 

El equipo hizo que hombres holandeses inhalaran una bocanada de oxitocina o de placebo 40 minutos antes de enfrascarse en una serie de pruebas diseñadas para medir sus sentimientos hacia miembros del grupo propio y del grupo ajeno, “nosotros” y “ellos”. Los psicólogos les pidieron que respondieran presionando un botón cuando vieran un par de nombres, encontrando que los que habían recibido oxitocina respondieron más ágilmente cuando se incluía un nombre holandés antes que uno árabe o alemán. La duda reflejaba una aversión hacia el grupo ajeno.

 

Luego, el grupo tomó dos pruebas de dilema moral, diciéndoseles que podrían salvar la vida de muchas personas haciendo que una fuese arrollada por un tren. Los psicólogos variaron el nombre de la víctima artificial entre apellidos holandeses, alemanes y árabes. Como el New York Times lo dice, “Los sujetos que habían tomado oxitocina estaban más gustosos a sacrificar a los Mohammeds que a los Maartens.”
Los investigadores apuntaron que esto no era causado por una incrementada hostilidad hacia las minorías, sino que por una mayor lealtad hacia su propio grupo étnico, pero reconocieron el rol de la hormona en incitar un instinto protector cuando alguien se sentía amenazado por un miembro de un grupo ajeno, así como de otra etnia.
Este estudio se construyó sobre experimentos que el Dr. Dreu realizó y analizó en junio del año 2010. “Nuestro estudio muestra que la oxitocina no sólo juega un rol en modular la cooperación y la benevolencia, sino que también en provocar agresión.”, declaró De Dreu. A través de 3 pruebas, concluyó que la gente estaba menos presta a compartir recursos financieros con aquellos que pertenecían a un grupo ajeno. En una actualización del dilema del prisionero, los estudiantes que recibieron oxitocina se negaron a cooperar con miembros de un grupo ajeno debido al miedo de que otro grupo quebrara el acuerdo y los despojara de su parentela. A mayor amenaza de daño, más dispuesto estaba el grupo a atacar a los foráneos para protegerse.
Dar a los soldados una dosis de oxitocina “podría hacerlos más cooperativos hacia sus camaradas, estando dispuesto incluso a sacrificarse”, sostuvo De Dreu, “pero ha de hacerlos más tendientes a lanzar un ataque contra el ejército oponente, siendo un aumento en la escala del conflicto la consecuencia más probable.”
Significativamente, la misma prueba no encontró que la aumentada solidaridad étnica condujera a ofensivas no provocadas. Incluso cuando se ofrecían mayores recompensas por dañar a aquellos que no los habían atacado, el grupo se resistió. De Dreu escribe, “Los
resultados muestran que la oxitocina conduce a una respuesta defensiva que promueve la confianza y cooperación dentro del grupo, y una defensiva, no ofensiva, agresión hacia los grupos rivales.”
Así que, a pesar de la caricatura del blanco consciente racialmente que liquida a sus vecinos, la realidad biológica es que la solidaridad étnica promueve la cohesión, el altruismo y la protección para los de su propio tipo.
Lo mejor que el Times pudo reseñar a vía de refutación es al Dr. Bruno B. Averbeck, “un experto en procesos emocionales cerebrales del National Institute of Mental Health” (Instituto Nacional de Salud Mental). Él da una hipótesis sobre que los efectos de la oxitocina sólo se aplican en los casos en que los individuos no tienen información sobre el grupo ajeno y, una vez que los grupos ajenos son entidades conocidas, el cerebro puede basarse en un juicio considerado en vez de inclinaciones naturales, subliminales y biológicas. Expresó sorpresa cuando confrontó los hechos. “Es sorprendente que este neurotransmisor pueda afectar tan específicamente a estas conductas sociales”, sostuvo.

 

Este nuevo descubrimiento científico muestra que la causa del etnocentrismo es estructurada e inevitable. Los disidentes de la diversidad pueden no haber conocido el ímpetu neurológico del que solamente honestos observadores han conocido sus límites, en una constante universal. Luchando en contra del funcionamiento de la biología humana, el multiculturalismo promueve el régimen anti-racista de rigor en las cosmopolitas sociedades occidentales a través del adoctrinamiento escolar, propaganda televisiva y entrenamiento sensitivo. La oxitocina puede activar el Sub-Racismo descrito por Colin Liddell.

 

Los resultados del Dr. De Dreu sugieren que la causa multiétnica está perdida, porque gente de todas las razas las rechaza a un nivel subconsciente y químico. Una cantidad expansiva de grupos minoritarios disminuyen el altruismo, provocan desconfianza, y hacen que las diferencias sociales se profundicen y se hagan permanentes. Promover el contacto interracial significa promover conflictos.
El Dr. De Dreu cree que este instinto se desarrolló durante la evolución. Sostuvo, “En el ambiente ancestral era muy importante para la gente detectar en otros si estos tenían un compromiso a largo plazo con el grupo.” Esto se hace más verdadero hoy, cuando los ciudadanos en Occidente se encuentran rodeados cada vez más por grupos étnicos minoritarios altamente cohesivos y relativamente impermeables, que esgrimen motivos de quejas históricas contra ellos. La oxitocina trabaja para ambos lados.
Parece ser que la única manera de prevenir una conflagración racial es usar nuestros cerebros.

Confesiones de un patriota odioso

Francisco Javgzo

Si hubiera vivido en 1810 y hubiera sido algo así como una persona blanca e influyente, hubiera hecho lo imposible por participar de la Primera Junta de Gobierno.

Y cómo no, hasta el día de hoy suena ridículo jurarle fidelidad a un rey que si está encarcelado no es precisamente por ser fuerte, y que tampoco me consta que fuera lo suficientemente poderoso en su mismisidad como para venir a mandarme. ¿Jerarquía? Sí, quizás la respetaría si fuera desde un punto natural, pero definitivamente no respetaría a alguien que de designio divino tiene poco y nada, y, puesto que no creo en Cristo, difícil me parece que haya bajado de una nube para decirle a un tipo que él es el depositario del derecho divino para mandar a un montón de cabrones.

Al rey tribal podría –como dicen mis amigos argentinos– bancarlo, pero el rey perfumado y elegante no podría siquiera inspirarme para mantener la seriedad al ver su real sello impreso en esperma de vela.

Era el advenimiento de la era del populacho, de la colectividad, de la revancha disfrazada de justicia social, de las masas de gente con conciencia de clase destruyéndolo todo, y por otro lado, el pálido recuerdo de un mandato que aunque de naturaleza decadente (desde el punto de vista de los estadios de evolución de las civilizaciones), glorioso y concreción misma del poder bélico, daba sus últimos estertores.

Hubiera sido patriota, sí, porque hubiera sido independentista en lo económico, pues si al rey no se le veía nunca por estos lares, ridículo me parecía tener que pagar los impuestos que me exigía la corona, y es muy probable que me juntara con otros amigos vestidos de indios a tirar el té en el Río Mapocho.

Y hasta ahí hubiera llegado mi independentismo.

Para qué mentir y decir «no, hubiera sido un realista descarnado y hubiera luchado por eliminar de raíz todo germen republicano» si, para qué estamos con cosas, en ese tiempo no existían las bolas de cristal para predecir el futuro, y aún existiendo, es probable que hubiera militado en algún grupo de carácter ilustrado y agnóstico. Es muy probable que hubiera sido producto de mi época, y por muy reaccionario que sea hoy, en esa época hubiera sido revolucionario. Obvio: ser reaccionario hoy es defender ideales ancestrales, pero como lo revolucionario hoy es tiene el asqueroso olor a añejo que deja el perfume de liberalismo conservador, lo reaccionario hoy tiene el espíritu tira-piedras que tenía lo revolucionario en 1810.

Si hubiera sabido en qué iba a degenerar la reivindicación libertaria-independentista dos siglos después, probablemente hubiera envenenado a todos los de la Junta, aunque poco y nada hubiera cambiado en el futuro: en ambos bandos eran criollos los que estaban al mando, ninguno de los cuales se preocupó de lo realmente importante y que fue lo que nos hubiera condenado a la destrucción sin importar si hubiera ganado el bando realista o el patriota: el pecado original de Chile no fue expiado jamás, y la justificación eterna del multiculturalismo de la «nación chilena» para unos y la capitanía general de otros, iba a terminar por corroer cualquier intento de orden que se quisiera establecer desde una jerarquía decadente y sin visión de futuro.

Conoce al nuevo jefe, igual que al viejo jefe.

Los maestros absolutos del rock dándonos cátedra de lo significativo que fue la Primera Junta de Gobierno.

La multicultura de la basura

Francisco Javgzo

Si alguien ha llegado hasta aquí, no es por mera curiosidad. Curiosidad sería ver un volante pegado en la calle y ver superficialmente la página.

Si alguien llegó hasta aquí, es porque sabe en su interior que hay algo mal con su exterior, y sabe que hay algo que no ajusta. Sabe, o al menos, sospecha, que la sociedad multicultural como tal, no funciona.

No hay que ir demasiado lejos para poder dar testimonio, y tampoco tenemos que tener mayor formación académica para percatarnos de ciertas cosas que acontecen a nuestros alrededores. No es tan difícil, de hecho, basta sólo caminar unos pasos y salir de la casa.

Abramos las puertas de nuestras casas y veamos la realidad: vivimos en medio de un basurero. La sociedad multicultural es un basurero. No quiero dejar que mi coprolalia me supere (recordemos que ya antes comparé la corrección política con una chaqueta llena de mierda, la democracia chilena con un duopolio de excrementos y nuestra realidad con un gallinero), pero aquí no hay una comparación, sino definitivamente una igualación. Las calles están cubiertas con papeles y restos de comida, cajas de todo tipo, condones usados, toallas higiénicas, botellas, latas, colillas de cigarro, y todo desecho imaginable. No es una exageración, es lo que puede verse en la mayoría de las calles de las ciudades y pueblos chilenos.

En mis viajes al extranjero y recorridos por comunidades indígenas mucho más pobres en comparación a nuestros estándares, me ha tocado ver muchas pobrezas y carencias, pero no así basura. Por otro lado, no sería en absoluto mentira el afirmar que las ciudades más limpias del sur de Chile sean aquéllas pobladas en su mayoría por gente de origen europeo. Claramente, existen diferencias socioeconómicas profundas entre estos ejemplos, pero sale a relucir un elemento en común: ambos ejemplos presentan sino una uniformidad racial, una dominancia racial casi total respecto de los otros grupos humanos con los que hipotéticamente podrían compartir espacio.

En caso de que la pobreza económica fuera sinónimo de falta de cultura cívica, i.e., tirar un papel al piso, tal como sucede en los sectores más pobres del país, podríamos esperar que comunidades de etnias indígenas estuvieran tan sucias como los sectores mencionados anteriormente, cosa que no sucede.

La presencia de dominancia mestiza o de ninguna dominancia en absoluto, pero sí mucha heterogeneidad, i.e., gente de muchos grupos humanos distintos cohabitando, sin formarse barrios de grupos en particular (juntos y, además, revueltos), marca una tendencia notable en los sectores más sucios, pudiendo establecerse una correlación bastante incorrecta políticamente hablando: la baja claridad de pertenencia a una identidad étnica en particular es directamente proporcional a la cantidad de basura presente en los lugares donde estas poblaciones habitan.

Bien, hasta aquí tenemos el qué, pero aún no tenemos el por qué.

Solemos vivir en basureros urbanos o, al menos, en lugares muy sucios, pese a que se ha implementado un sinnúmero de programas de educación ambiental, de disposición de la basura y de cultura cívica. Cosas básicas, ni siquiera hablamos de reciclaje ni producción limpia. Usualmente, deberíamos esperar que los programas que se han guiado a la infancia y primeros estadios de vida tengan que surtir algún efecto en el tiempo, y bajo esta excusa terminamos justificando la suciedad pues «aún no se ha internalizado el problema.» Ahora, siendo objetivos, los niños que fueron intervenidos cuando se implementaron los primeros programas ya son adultos, y no son precisamente ejemplos de cultura cívica o de ciudadanos de barrios sin suciedad. Digamos que se asemejan más a las imágenes que siguen a continuación.

¿Cuál es el problema con los planes de educación ambiental, entonces?

Los grupos etarios no están equivocados, y de hecho, son los correctos, pues los estadios tempranos de la vida son ideales para cultivar las conductas y formas que queremos que se vean reflejadas en los individuos adultos. El problema es que la implementación de programas no puede tener una arista étnico/racial, salvo sólo si los lugares más limpios fueran el reflejo de las comunidades indígenas que tanto gustan a la gente de izquierda, misma gente que no teme a destruir estas mismas comunidades mediante el mestizaje y la imposición de sus vicios occidentales (o interculturalismo, como les gusta llamarlo).

El sentimiento de pertenencia a una comunidad, si no hay conciencia respecto a la amenaza que enfrenta la propia identidad (e.g., un refugiado tutsi), puede desarrollarse en el caso de vivir entre medio de semejantes, y verse uno mismo reflejado en los rostros de los demás, de la misma forma que los niños ven sus rostros en las caras de sus parientes y amigos. Aunque mitos liberales quieran imponernos que «todos tienen dos ojos, una nariz y una boca», igualando  a todos los seres, lo cierto es que los niños no temen a discriminar a la hora de elegir a sus amigos, dejándose llevar por el instinto. Este sentido de pertenencia es menos conciente que el sentido de pertenencia de una identidad amenazada o minoritaria (prácticamente, no hay una necesidad de reconocer un nosotros y un ellos, pues sólo se contempla el nosotros), pero se traduce en sentimientos de cercanía instintiva, algo así como una hermandad, una verdadera comunidad.

La idea de comunidad involucra metas, valores y objetivos en común, así como también responsabilidades en común. El verse reflejado en el resto, hace que el ser responda ante un estímulo que afecte a la comunidad como si fuera propio. Lo que impacta en su comunidad, impacta en el individuo; botar basura en el lugar donde vive la comunidad, es botar basura en el lugar donde vive una parte del individuo, es afear el entorno, su entorno. Comunidades eurodescendientes y comunidades indígenas presentan un sentido de responsabilidad para con el resto, trascendiendo nivel socioeconómico, etario, etc., por lo que no es de extrañar que sus barrios y ciudades sean más limpios que los del resto de la sociedad.

La idea de comunidad para la sociedad multicultural (liberal o no) se ha visto reducida a una mera comprensión de la sociedad en su conjunto, confinada dentro de un espacio físico o territorio, donde el solo hecho de pertenecer a ese suelo es suficiente para ser considerado parte de la comunidad. El gran problema de la pertenencia al suelo, sin una pertenencia sanguínea al grupo humano que está sobre el sustrato, es que todo el entorno se transforma en res nullius, esto es, «cosa de nadie». Es de todos, ergo, es de nadie. Pertenece a todos, le pertenece a nadie. Puede ensuciarse, puesto que como es un bien público, es cosa del público el mantenerlo limpio, «no es cosa mía».

Mientras no se supere el multiculturalismo y la atomización de la sociedad en islas de individualismo, difícilmente se podrá superar el tema de la basura. Chile no es la «cultura de la basura», sino la multicultura de la basura. De la misma manera, los programas de educación ambiental estarán condenados a fallar mientras sigan estando elaborados basándose en una visión igualitaria y homogenizante del mundo, construidos desde el desarraigo de las identidades en pro de un mundo uniforme y sin diversidad.

Ius Soli: hombres ordinarios

Francisco Javgzo

Artículo 10. Son chilenos:
1º. Los nacidos en el territorio de Chile, con excepción de los hijos de extranjeros que se encuentren en Chile en servicio de su Gobierno, y de los hijos de extranjeros transeúntes, todos los que, sin embargo, podrán optar por la nacionalidad chilena;
2º. Los hijos de padre o madre chilenos, nacidos en territorio extranjero. Con todo, se requerirá que alguno de sus ascendientes en línea recta de primer o segundo grado, haya adquirido la nacionalidad chilena en virtud de lo establecido en los números
1º, 3º ó 4º;
3º. Los extranjeros que obtuvieren carta de nacionalización en conformidad a la ley.
4º. Los que obtuvieren especial gracia de nacionalización por ley.

CONSTITUCIÓN POLÍTICA DE LA REPÚBLICA DE CHILE

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Diez ideas prematuras

Conceptos por Guillaume Faye. Glosario elaborado por Michael O’Meara a partir de Pourquoi nous combattons y Archéofuturisme. Traducción por Francisco Albanese. Artículo publicado con permiso de Guillaume Faye y Counter-Currents Publishing.

EUROPA está en guerra, pero no lo sabe… Está ocupada y colonizada por los pueblos del sur y económica, estratégica y culturalmente subyugada por el Nuevo Orden de los Estados Unidos… Es el enfermo del mundo.

ARQUEOFUTURISMO: El espíritu que da cuenta de que el futuro se erige desde un resurgimiento de los valores ancestrales y que las nociones de la modernidad y el tradicionalismo necesitan ser dialécticamente superadas. Confrontar el futuro, especialmente hoy, dicta un retorno a una mentalidad arcaica que es premoderna, no-igualitaria y no-humanista, a una mentalidad que restaure los valores ancestrales y aquéllos del orden social… Por esto, el futuro no es la ni la negación de la tradición ni la de la memoria histórica de un pueblo, sino su metamorfosis y, en última instancia, su crecimiento y regeneración.

IDENTIDAD: Característica de la humanidad es la diversidad y singularidad de sus pueblos y culturas. Toda homogeneización es sinónimo de muerte y esclerosis… La identidad étnica y la identidad cultural forman un bloque, pero la identidad biológica es fundamental, pues sin ella la cultura y la civilización son imposibles de sostener… La identidad nunca está congelada. Sigue siendo la misma sólo que en evolucionando, reconciliando, siendo y transformándose.

BIOPOLÍTICA: Un proyecto político responde a los imperativos biológicos y demográficos de su gente… La Biopolítica está guiada por el principio de que la calidad biológica de un pueblo es esencial para su supervivencia y el bienestar.

SELECCIÓN: El proceso colectivo, basado en la competencia, que reduce o elimina a los débiles y selecciona a los fuertes y capaces. Selección implica tanto la evolución natural de las especies como el desarrollo histórico de una cultura y civilización… La sociedad contemporánea previene una selección justa y en su lugar impone una salvaje e injusta basada en la ley de la selva.

INTERREGNUM: El período entre el final de una civilización y el posible nacimiento de otra. Actualmente estamos viviendo un interregnum, un trágico momento histórico cuando todo está en llamas y todo, como un Fénix, podría levantarse renacido de sus cenizas.

GUERRA CIVIL ÉTNICA: Sólo el estallido de una guerra resolverá los problemas creados por la actual colonización, africanización e islamización de Europa. Sólo de espaldas a la pared es que un pueblo es estimulado para idear soluciones que en otros tiempos serían impensables.

REVOLUCIÓN: El cambio violento de una situación política que sigue a una crisis profunda y es obra de una «minoría activa»…. Una verdadera revolución es una metamorfosis, es decir, un cambio radical de todos los valores. El único revolucionario de la época moderna es Nietzsche… y no Marx, quien buscó simplemente otra forma de sociedad burguesa… Durante mucho tiempo hemos pasado el punto de no retorno, donde es posible detener la descomposición prevalente con reformas políticas moderadas.

ARISTOCRACIA: Una verdadera aristocracia encarna la esencia de su pueblo, al que sirve con valentía, desinterés, modestia, gusto, sencillez y estatura. Recrear una nueva aristocracia es la eterna tarea de cada proyecto revolucionario… La creación de tal aristocracia es posible sólo mediante la guerra, que es la más despiadada de fuerzas selectivas.

VOLUNTAD DE PODER: La tendencia de toda vida a perpetuarse, a asegurar su supervivencia y a mejorar su dominación, su superioridad y sus capacidades creativas… La voluntad de poder acepta que la vida es una lucha, una lucha eterna por la supremacía, la interminable lucha para mejorar y perfeccionarse uno mismo, el rechazo absoluto del nihilismo, lo contrario del relativismo contemporáneo… Es la fuerza de la vida y de la historia. No es simplemente el imperativo ecológico de la dominación, sino de la supervivencia y la continuidad. Un pueblo o una civilización que abandona su Voluntad de Poder inevitablemente perece.

Sionismo 1.0 contra Sionismo 2.0

Francisco Javgzo

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Como no soy ningún puritano ni mojigato, puedo decir las cosas como son y sin temor de alejar a la gente, ya que tengo poco y nada que perder: me caen mal los judíos. Los encuentro chamullentos, charlatanes, flojos y creo que son capaces de inventar las más intrincadas bases teóricas y postulados exo y esotéricos con tal de no tomar jamás una pala para trabajar como lo hace gran parte de la humanidad a pie. (más…)

The Dharma Manifesto

Francisco Javgzo

 

A principios de este año, recibí por el correo postal The Dharma Manifesto con una dedicatoria de su autor Sri Dharma Pravartaka Acharya, libro que me había interesado debido a una afinidad personal con la India Védica y el estudio y comprensión de las religiones.  (más…)

Alternativa Vertical

Publicado originalmente como «Alternative Vertical», en Alternative Right. Traducción por F.A.

Al principio, lo aguantas porque está ahí, pero después de un rato te empieza a hinchar las bolas y se hace más y más irritante: Izquierda – esto, Derecha – lo otro, Nueva Izquierda – esto, Derecha Alternativa-lo otro, blá, blá, blá, etc. etc., ad infinitum – y un bostezo eterno.

Todo empieza en la Convención Nacional Francesa (o algo así) en los días de la Revolución –Googléenlo; no me jodan – cuando, supongo yo, que todos los revoltosos se sentaron en el lado izquierdo de la sala (¿pero cuál izquierda, su izquierda o la izquierda del acomodador?) y todos los giles amables con debilidad por el rey se sentaron a la derecha.

Vi algo parecido cuando enseñaba en una disfuncional escuela pública mixta japonesa. Todos los muchachos se sentaron cerca de la puerta y todas las niñas se sentaron junto a las ventanas. Para los niños, la puerta representaba la «libertad» y un valor agregado de pocos segundos fuera de la sala cuando sonaba la campana. Para las niñas, las ventanas eran una importante fuente de iluminación para ser utilizada en complejas operaciones de maquillaje que a veces continuaban durante las clases, en escritorios que eran demasiado pequeños para sus parafernalia cosmética y sus textos escolares.

¡Ahora recién me doy cuenta, desde mi punto de vista, que el lado derecho estaba cerca de la luz y el lado izquierdo, cerca de los waters!

Sospecho que la Convención Nacional Francesa (o lo que sea), que nos legó estos sagrados términos – Izquierda y Derecha – era bastante parecido a esto. Quizás los aristócratas con su paradójica mezcla de piel espinillenta y sifilítica y vanidad empolvada rechazaron las ventanas, mientras que los letrados burgueses que condujeron la revolución prefirieron sentarse en la luz para así poder estudiar profundamente a Voltaire y Rousseau entre los debates sobre el precio del pastel

Cualesquiera sean los hechos exactos, estoy bastante seguro que la génesis de estos términos no fue exactamente constructivo o significativo.

¿Por qué fueron pescados y por qué han subsistido durante dos siglos? Probablemente, se deba a una combinación del enorme «poder blando» de La France y la principalmente tradicional fuerza derechista de hábito ciego y tonto, pero también creo que, en realidad, cada lado ha desarrollado el gusto por su denominación lateralista.

Los Derechistas están felices de estar “en la Derecha” y tener adscrita la idea de un torpe siniestrismo a sus oponentes; mientras que los Izquierdistas gustan del sentido del peligro, de lo salvaje, impredecible y la discapacidad leve que su denominación lateralista connota y evoca. También un montón de ellos son probablemente zurdos, que se radicalizaron a temprana edad debido a las manillas de las puertas (tal es la trivialidad de la orientación política de la mayoría de las personas).

De cualquier manera, los términos Izquierda y Derecha han servido extremadamente mal al mundo de la política e ideología, y han conducido a una interminable confusión política. Examina la historia de los Nacionalsocialistas, la Unión Soviética, los Neo-Cons, la China comunista con toques fascistas, y el Partido Conservador Británico para ver cuán fácil es confundir los términos Izquierda y Derecha. Tal confusión es inevitable porque no hay nada intrínsecamente distinto  o cualitativo sobre lo que son sencillamente términos relativos (quién se queda, quién tiene la razón/ quién es Izquierda, quién es Derecha).

Pienso que una solución a este antiguo problema puede encontrarse al cambiar a un vector menos relativo y que tiene su base en las verdades externas de las matemáticas, es decir, los conceptos de VERTICAL y HORIZONTAL. Al reemplazar a “la Derecha” con “lo Vertical” y a “la Izquierda” con “lo Horizontal”, un triunfo enorme ha sido alcanzado en la claridad. Si el Ala Derecha tiene una esencia en que la mayoría puede concordar, es la jerarquía, desigualdad natural, meritocracia, y aspiración a lo sagrado, en otras palabras, un sentido de lo vertical. Asimismo, la esencia de la Izquierda, cuando no está transformando en una camarilla revolucionaria elitista preparada para la conquista militar heroica, ha tenido un igualitarismo omnímodo y una tendencia anti-jerárquica, esencialmente un valor horizontal.

Así que confinemos a la Izquierda y la Derecha en el basurero de la historia, donde pertenecen, y en vez de eso comencemos a pensar VERTICALMENTE y HORIZONTALMENTE. Ustedes saben que tiene sentido.