La morenidad no vende

Francisco Javgzo

Aclaración: para este artículo, se utiliza el término «moreno» para referirse a personas de tez marrón/olivácea, ignorando la connotación europea del término (persona blanca de pelo negro).

«Uy, si yo era tan rubio cuando nací
90% de la población chilena.-

«…fueron rubios y felices para toda la vida.»
El célebre pensador Micky Vainilla.-

 

Recientemente, la población ha demostrado su descontento, aunque no por una reivindicación de identidad (pues no la tiene), sino por un afán igualitario y políticamente correcto: la gente que se pide para los castings debe ser europea.

Si bien lo anterior excluye al menos al 70% de la población chilena, es el mismo 70% excluido el que demanda la presencia de estos estereotipos.

Si alguien quiere vender un producto, tiene que publicitarlo, hacerlo atractivo y crear un efecto magnético sobre las masas de consumidores, los que estarán felices de gastar lo que no tienen para poder adquirir los maravillosos e inútiles productos que las casas comerciales tienen para ofrecer a las hordas ignorantes. Situándonos en nuestra realidad (Chile), hay que notar que las masas consumistas ignorantes son, en su mayoría, mestizas.

El público que podemos encontrar en Chile, en una muestra aleatoria, sería algo como esto:

Rostros típicos de Chile.

Como puede observarse, de todos los rostros mostrados, sólo el tercero de la primera fila y el primero de la segunda fila pueden considerarse como «criollos» (caucásicos), mientras que el resto de los rostros caen en las categorías «indígenas» y «mestizos». Lo positivo de las proporciones de los grupos en la fotografía es su parecido a la realidad: los grupos criollo y originario son minorías, mientras que los rostros mestizos componen la mayoría.

Ahora bien, la publicidad en cualquier lado del mundo busca llegar a las masas, y la forma de llegar a éstas es que las mismas se vean reflejadas en los spots, afiches, pendones y toda la parafernalia comercial disponible para mostrar los productos.

En Chile, la publicidad se muestra (y, por tanto, muestra a Chile) así:

Como puede observarse, la realidad reflejada en la publicidad chilena no corresponde a una visión real, algo curioso, puesto que en un país donde desde las estructuras más altas del Estado, la educación, la política, el arte y, en general, todos los círculos que comprenden el cielo, purgatorio e infierno de la sociedad chilena, se habla de inclusión, integración, multiculturalismo y democracia, la publicidad se toma la atribución de auto-excluirse de la marea de la corrección política.

Mientras las clases altas chilenas (dominadas por un fuerte componente étnico europeo) intentan emular las costumbres y apariencias del bajo pueblo o de los pueblos indígenas (es decir, las clases y grupos «oprimidos», según su forma de ver las cosas), el bajo pueblo y los ciudadanos de ascendencia indígena (exceptuando claro, a aquéllos que han despertado cierta consciencia identitaria, e. g., Coordinadora Arauco-Malleco, Wallmapuwen, etc.), tratan por todos los medios de imitar los modelos occidentales, aun cuando, examinándolo en profundidad, muchos están traicionando sus raíces (luchan durante siglos contra el colonizador, para terminar hablando, vistiendo y comportándose como él).

No es de extrañar, pese al nulo reflejo estadístico de la población chilena por parte de los publicistas, que no se muestre ningún individuo moreno en esta visión idealizada de la realidad chilena: la morenidad no vende. Así de sencillo. ¿Podría alguien negarlo?

Siglos de dominación cultural europea por sobre las masas mestizas e indígenas han dejado su huella, y la publicidad, con su falta de cuoteo en los grupos étnicos a exhibir, se ha permitido mostrar una realidad paralela al cotidiano, donde puede verse a gente que de europeo tiene la vestimenta (pues compran en las mismas tiendas de retail donde eurodescendientes llaman a las masas mestizas a comprar productos hechos en China), pero cuyos rostros en nada se parecen a los rostros de catálogo.

La realidad es como es, y la necesidad de aparentar lo que no se es seguirá provocando esta esquizofrenia mestiza, en la que las masas mestizas apuestan por la auto-negación, el opacarse y el sentirse avergonzadas del legado de sus antepasados, en vez de sentir orgullo por una herencia antigua y que clava sus raíces antes del origen de este país.

¿Es Chile una sociedad racista?

Francisco Javgzo

Imagen típica de la publicidad chilena, y reflejo típico de la esquizofrenia de la realidad chilena.

La reciente polémica futbolística por «dichos racistas» en contra de un jugador vuelve a abrir una antigua discusión: ¿Es Chile una sociedad racista?

Paradójicamente, las respuestas en las redes sociales han sido tan «racistas» como los dichos expresados desde las tribunas hacia la cancha.

Una pequeña muestra:

Rodrigo Vasquez
Lo peor es que el norte està lleno de indios incas….

Juan Linares Ruiz
Son continuas las manifestaciones racistas, es el síndrome de Hitler que padecen las razas mas puras del mundo…

Marcelo Di Peto
Claro, porque los chilenos son rubios…

Johnny Vargas
Ni que fueramos tan blancos los chilenos XD somos un chiste!! Defendemos a los mapuches y nos burlamos de los negros, súper consecuente Jajajja

 

De forma casi inconsciente, la sociedad tiene implantada en su mente una jerarquía del prejuicio, donde un gradiente de melanina define quién discrimina a quien. Así, el que tiene más melanina, pierde, y será discriminado por quien tenga menos. Además, es socialmente justificado (de buena o mala gana) que alguien más claro desprecie a alguien más oscuro, pero no viceversa. Por esta razón, siempre salen las voces del argumentum ad hominem atacando al atacante, invitándolo a un auto-examen colorimétrico, en vez de hacer una condena al hecho prejuicioso per se.

De lo anterior, se desprende que el racismo sería un tipo de dudoso privilegio blanco, donde un no-blanco no podría ser etiquetado de «racista», puesto que no estaría permitido que alguien oscuro despreciara a alguien claro. Lo gracioso que esto último no lo pienso yo desde mi perspectiva racista, sino una sociedad que crecientemente repite un discurso más y más inclusivo y tolerante («todos somos iguales»… pero sólo algunos pueden mirar en menos a otros).

Este racismo cromático, basado meramente en el color, i. e., no en la raza propiamente tal, es tan antiguo como odioso dentro de la cultura chilena del prejuicio, pero no es suficiente para acusar a la sociedad chilena de «racista».

El típico «yo soy racista contra los (grupo humano a elección)» no es suficiente para considerar al racismo como presente puesto que el hecho de ser racista contra es suficiente para quitar al racismo de la ecuación, puesto que «racismo» se está usando como un sinónimo para «prejuicio», por lo que alguien, si quisiera y lo sintiera, podría ser «racista» contra los gays, racista contra los «pobres», «racista» contra los Testigos de Jehová y así, hasta el infinito, y ninguna de esas aseveraciones tendría grado alguno de racismo.

Si a la palabra racismo se la aislara de las cargas prejuiciosas no raciales, aún no sería suficiente para acusar a la sociedad chilena, puesto que el racismo involucra un factor dependiente del uno, más que del otro. Llevando esta crítica a la modernidad por las vías de la modernidad y lo aceptado, habría que hacer revisión de lo que dice un diccionario sobre el racismo, más que hacer revisión de complejas teorías raciales políticamente incorrectas. La Real Academia Española dice:

racismo.
1. m. Exacerbación del sentido racial de un grupo étnico, especialmente cuando convive con otro u otros.
2. m. Doctrina antropológica o política basada en este sentimiento y que en ocasiones ha motivado la persecución de un grupo étnico considerado como inferior.

Más que una exaltación del sentido racial, en Chile podemos atestiguar una exaltación del sentido territorial, puesto que la diversidad racial y el mestizaje presente en Chile, impiden una autoafirmación racial suficiente como para situarse entre grupos. Por otro lado, el triunfo de una cosmovisión europea o, mejor dicho, de una hegemonía estética europea/occidental por sobre las mayorías mestizas, logró instalar cierto discurso pro-europeo, aun cuando la realidad racial y cultural no se ve reflejada en este discurso, creando una distorsión de la realidad que hace que el grueso de la población aspire a un ideal lejano. Respecto a esto, cito un párrafo de un interesante ensayo:

Se trata de travestis raciales, mestizofrénicos, o simplemente, mestizos e indígenas culturalmente colonizados.

La identificación que la población no-blanca de Chile siente con la imagen europea se aprecia de manera explícita en la publicidad comercial. No debe existir ningún fenómeno más pragmático y menos ideológico que el mercado actual: éste decide, hace y deshace según las utilidades que obtenga. [1]

Esta colonización cultural presente en Chile, es atacada en países como Perú, donde un realismo racial duro y definitivo (pese a que su discurso sea «anti-racista) puso en su lugar a los publicistas de una compañía de retail.

El uso de insultos relacionados con el color (la forma más básica del prejuicio racial) pese a su odiosidad, sin embargo, no es suficiente para catalogar de «racista». ¿Cómo podría existir racismo, es decir, la exacerbación del sentido racial, en una sociedad cuya mayoría rinde culto a los cuerpos de las inmigrantes de raza negra con la que, incluso, no tiene reparos en tener descendencia? Este comportamiento se asemeja mucho al de Donald Sterling, al que se le etiqueta de «racista» por sus dichos, al mismo tiempo que él mismo no hace defensa de su sentido racial. Una imagen dice más que mil palabras.

Dueño blanco y «racista» de los Clippers con su novia no-blanca.

Ante la pregunta ¿Es Chile una sociedad racista?, un rotundo «No» sería la respuesta, pues ante la falta de un grupo homogéneo sobre el cual basar sentimientos de afirmación y exacerbación racial, no podría existir racismo alguno; mientras que una sociedad multicultural de prejuicio, odiosidades y desintegración serían el reflejo de una condición que se supone (para las mentes liberales) tendría que ser la solución al problema que es en si mismo: el odio resultante del multiculturalismo no se soluciona con más multiculturalismo.

Los ideales de Thermidor se destruyen bajo la realidad desprendida de Thermidor.

Notas.

1. Garrido, A. «Entre raza y clase social: Hacia la etnogénesis criolla

¿Por qué no se van?

Francisco Javgzo

Bóers

Nuestro deber es definirnos primero como herederos de la memoria Europea, aunque puede que vivamos fuera de Europa; en Australia, Chile y Estados Unidos, o en otro planeta. Uno debe admitir que todos nosotros “buenos europeos” en el sentido nietzscheano de la palabra, podemos cambiar nuestra religión, nuestros hábitos, nuestras opiniones políticas, nuestra tierra, nuestro territorio, nuestra nacionalidad e incluso nuestros pasaportes.
Pero nunca podremos escapar de nuestra herencia europea.

Tomislav Sunic, “L’occidentalisme contre l’Europe.”

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Maestros de la venganza

Francisco Javgzo

Maestros de la venganza, maestros de la revancha
Incitadores del caos, mensajeros de la rabia (más…)

A dialogue with Lucian Tudor

Sebastián Vera

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La destrucción de lo establecido como terrorismo

Francisco Javgzo

Se nos había quedado algo en el tintero, respecto al Proyecto de Nueva Ley Antiterrorista.

Si usted entra al sitio web del Ministerio de Justicia, se topará con una noticia titulada Ministros del Interior y Justicia entregan a Comisión de Constitución del Senado Proyecto de Nueva Ley Antiterrorista. De ésta, extraigo el siguiente párrafo. Las negritas son mías:

La nueva ley contempla hasta tres años para las indagaciones y el Ministerio Público deberá guardar secreto de la investigación. También, incorpora las figuras de “asociación criminal terrorista” –cuya finalidad sea cometer crímenes de lesa humanidad y genocidio- y “delincuencia terrorista”, al tiempo que persigue crímenes cuyo propósito sea “socavar o destruir el orden institucional democrático, imponer exigencias a la autoridad política o arrancar decisiones de ésta”.

No estando familiarizado en lo absoluto con el derecho, ni la ley, ni mucho menos con el respeto a las normas (exceptuando los semáforos), no me es muy difícil de imaginar lo grave que es para cualquier estructura que se desacaten las reglas que ayudan a normar dicha estructura, sobre todo si se trata de una estructura coercitiva que deba ser impuesta sobre el individuo.

Si «terrorismo» se utilizaba para designar a las actividades violentas que, con o sin el afán de perseguir un objetivo claro, sembraban terror sobre la población o sobre un sector de ésta, lo cierto es que el terrorismo tiene siempre una direccionalidad bottom-up, jamás top-down, y cómo no, si es desde las estructuras que funcionan top-down que se hacen las acusaciones de terrorismo.

El terrorismo top-down, que no necesariamente es implícito (hay quienes no tienen mayor reparo en ejercerlo y demostrarlo), se manifiesta a través de formalidades que parecen hermosas en la mente humana: orden, orden establecido, paz, orden institucional democrático. De esta manera, y gracias a un gradiente de poder detentado, es siempre el individuo, grupo, facción que desafía al orden establecido el que puede ser tratado como «terrorista», jamás el Gobierno o Estado que ejerza medidas que infundan terror, así como el terror top-down para combatir el terror bottom-up se vuelve una medida necesaria y justificada por la población, por lo que se le desprende de su condición «terrorista».

Si «terrorismo» se utilizaba para designar a las actividades violentas que, con o sin el afán de perseguir un objetivo claro, sembraban terror sobre la población o sobre un sector de ésta, ahora ya no es necesario sembrar el terror, sino que basta con socavar el orden institucional democrático. Esta máxima, inofensiva para algunos (sobre todo para aquellos conservadores que están felices y satisfechos con el orden establecido, i.e., conservadores del liberalismo), esconde bajo su sombra una trampa, cual «efecto paraguas»: no se explicita que sea la violencia el método de demanda ante la autoridad (el clásico monopolio de la violencia por parte del Estado), sino que apunta a un ambiguo término «crímenes», que puede incluir cuantas acciones sean consideradas como tales en función del tiempo.

Si lo que ayer era legal (o, mejor dicho, no era ilegal), mañana perfectamente puede ser ilegal.

Si la Democracia se ha vuelto la verdad absoluta y la regla con que todo se mide, significa que la Democracia es lo establecido. Si la Democracia es la verdad y también lo establecido, entonces cuestionar dicha verdad puede dejar en tela de juicio su condición de absoluto, y de esta manera, puede ser amenazada su estabilidad. No es necesario atentar sólo físicamente contra el orden establecido para socavarlo, también hay formas más «sutiles» de causar efervescencia, o sencillamente de demostrar el descontento frente al orden establecido.

¿Quién asegura que los paros y huelgas no vayan a ser considerados como terrorismo en un futuro no muy lejano?

¿Quién asegura que un espacio cibernético como éste no vaya a ser considerado como terrorista en el futuro, debido a que nos manifestamos en contra del multiculturalismo y multirracialismo fomentado por el orden institucional democrático?

La libertad está en proceso de extinción. Esperemos que el Estado tenga reales razones para temer.

Un diálogo con Lucian Tudor

PENSAMIENTOS Y REFLEXIONES SOBRE EL FUTURO DE NUESTRA LUCHA.

Preguntas y traducción por S. Vera. Originalmente publicado en Identitas, vol 2.

Lucian Tudor es un autor de origen rumano, residente en Estados Unidos y que se ha hecho conocido en el mundo de las ideas identitarias y de la Nueva Derecha, debido a sus directos y frescos comentarios y artículos acerca del desarrollo de ideas identitarias blancas alrededor del mundo, pero particularmente por el interés y las acertadas referencias que realiza respecto de la viabilidad y situación de movimientos en América Latina que reivindican el legado racial y cultural europeo.  Autodidacta en materias política y contribuidor habitual de Counter-Currents, dio sus primeros pasos como autor a través de los autores pertenecientes a la Revolución Conservadora alemana de finales del siglo XIX y principios del XX, para derivar finalmente sosteniendo ideas relativas a la pertenencia étnica y a la prevalencia de la identidad racial por sobre los añejos y ficticios conceptos jacobinos de “Estado” y “nación”. (más…)

Negación 3PT

Francisco Javgzo

Ya en un espacio más «dicharachero» como éste como en uno más serio como en nuestros textos creados como think tank, hemos analizado, contrastado, refutado y hasta desdeñado algunas conexiones entre el nacionalismo clásico y el identitarismo, las ideas de tercera posición (entendiendo como tal, para este artículo, a esa mezcolanza extraña que se produce al profesar una vorágine de tercerposicionismos que finalmente se manifiestan como nutzismo, aunque en realidad es de todo un poco, ergo, nada) frente a nuestra realidad, el oxímoron «nacionalista» liberal y, últimamente, la relación entre el nacionalismo clásico y el separatismo, hijos ambos del pensamiento liberal, con el fin de hundir al nacionalismo clásico en el olvido.

Ahora es el turno del nacionalismo clásico sudamericano para que sea olvidado por la tercera posición.

Ya refutamos antes la aplicabilidad de la tercera posición en nuestra realidad-país, debido a un irrenunciable requisito étnico-biológico que está ausente, ahora es el momento de visibilizar la incoherencia del nacionalismo comprendido por la tercera posición, y el nacionalismo comprendido por el liberalismo (nacionalismo clásico).

Respecto a la idea de nación, el identitarismo/Nueva Derecha y la tercera posición (entendamos como tal, el nazifascismo genérico, excluyendo las ideas que no comulgan con lo étnico) concuerdan que debe existir una realidad sanguínea, conditio sine qua non es posible que exista una nación en lo absoluto. De esta manera, es usual que a este tipo de nacionalismo, para diferenciarlo de su homólogo liberal, se le llame «etnonacionalismo», nombre que veremos más frecuentemente en los movimientos indianistas.

Ahora bien, no es necesario profundizar mucho para encontrar que la batería ideológica del Tercer Reich y el Fascismo italiano no sólo era contraria al liberalismo, sino también a sus creaciones, incluyendo la concepción de Nación y Estado modernos:

con igual claridad se perfilan los contornos de una nueva organización de Europa: unos contornos que ya no siguen las fronteras que les asignaba una concepción nacionalista. [1]

Para la tercera posición, la nacionalidad no es el contrato voluntario que da forma y origen a la nacionalidad jurídica del liberalismo, pues el vínculo existe desde el momento de la concepción del individuo o incluso antes, pues obedece a un conjunto de factores biológicos y culturales que terminan en la concepción del individuo, por lo que la línea divisoria entre el ser y el no ser de la nacionalidad está marcado por un fuerte componente que no admite travestismo: banderas, fronteras, constituciones y marcos jurídicos pueden mutar tantas veces como el individuo quiera, basta sólo moverse; mientras que la etno-realidad del individuo es algo actual, innegable e irrenunciable.

Desde este ángulo, es sencillamente incompatible conjugar una idea liberal (la del nacionalismo) con la tercera posición (el nacionalismo étnico). Por dar un ejemplo burdo, si un tercerposicionismo chileno, aunado bajo la bandera chilena y la defensa del territorio chileno como valor irrenunciable y un tercerposicionismo argentino, aunado bajo la bandera argentina y la defensa del territorio argentino como valor irrenunciable, pese a tener la misma etnia, se vieran enfrentados por una disputa territorial, podrían ocurrir las siguientes situaciones:

A. Cada ismo se decanta en favor de su territorio y su Estado-Nación, prevaleciendo entonces su parte liberal, ergo, su idea etnonacionalista no vale nada;

B. Cada ismo se decanta en favor de su etnia, prevaleciendo entonces su parte iliberal, ergo, su idea de nacionalismo clásico y su aparataje simbólico no vale nada.

Podrá parecer incorregiblemente excluyente, pero lo cierto es que las síntesis forzadas entre liberalismo-iliberalismo conducen, tarde o temprano, a la autodestrucción y desmembramiento del leivmotiv mismo de los tercerposicionismos. Y es que, simplemente, ambas ideas no son sólo esquizoides de unir, sino que también son contrarias.

Si antes descartamos explícitamente una síntesis entre nacionalismo clásico e identitarismo/NR, ahora, además, queda en manifiesto la contradicción entre las leyes de Thermidor y las leyes de la Sangre.

Los padres de la Patria quisieron un país libre donde todo aquél que quisiera entrar y defender los valores y símbolos patrios, fuera considerado no sólo amigo, sino que uno de nosotros, por lo que las discriminadoras (pues se es o no se es) ideas de la tercera posición se vuelven las más grandes blasfemias ante la sombra proyectada desde el pasado.

La sola justificación de que uno (etnonacionalismo) es un derivado del anterior (nacionalismo clásico) no sólo hace llorar sangre a los próceres de uno u otro lado, sino que finalmente terminará por condenar a quien defiende tal potpurrí, a un abismo de tropiezos ideológicos y de formas que constantemente se repelen con el fondo.

1. «Idea y aspecto del imperio». Cuaderno de la SS. N°7. 1943

Nacionalismo es Separatismo

Francisco Javgzo

El nacionalismo moderno es un derivado y consecuencia del pensamiento liberal, donde la nacionalidad se reduce a un mero contrato unilateral donde el individuo decide el tiempo de su pertenencia a una institución intangible, aunque manifiesta a través del territorio y los alcances de éste.

Todos los estados soberanos de América, quiéranlo aceptar algunas personas o no, son producto del pensamiento liberal, manifestado a través de la exacerbación de la libertad que deviene en el separatismo, esto es, la decisión individual en el colectivo de pertenecer o no pertenecer.

De esta manera, fruto del pensamiento liberal, es que las élites decidieron desvincularse de España y el Reino Unido, por dar ejemplos. Probablemente, no hubo una separación inmediatamente territorial, ya que los estados separatistas estaban ubicados en otro continente, pero el hecho de desentenderse jurídicamente de una institución mayor marca una gesta de separatismo.

Los nacionalistas clásicos, es decir, cimentados en fundamentos ideológicos liberales, generalmente tienden a defender la idea del nacionalismo concreto, que vendría a ser la nación (jurídica, claro, pues es un contrato unilateral que mantiene el individuo con el país) como hecho consumado, o sea, la nación formada. Antes de eso, el que se considerará posteriormente como nacionalista, dentro del marco del colonialismo se autoconsiderará como patriota, puesto que defiende el suelo donde habita como el ideal supremo por defender. Ya que dentro del marco jurídico no se considera como independiente hasta que exista una aceptación/reconocimiento bilateral, el patriota no proclamará su nación hasta que la independencia sea un hecho. Esto, debido a que el liberalismo reconoce la nacionalidad como hecho externo, no como realidad interna, a pesar de que el individuo pudo haberse reconocido como perteneciente a tal nacionalidad al margen de ser o no visibilizado por otras instituciones jurídicas (Estados).

Anterior al nacionalismo moderno, entonces, está el Separatismo, pues antes de que se formara la nueva nación jurídica, estaba la voluntad de no pertenecer a la nación establecida, y esa voluntad se manifiesta en el deseo de romper el vínculo, i.e., intenciones separatistas. Una generación de nacionalistas, entonces, estuvo precedida por generaciones de separatistas.

Curiosa es la relación dialógica de amor/odio entre Nacionalismo y Separatismo. El Separatismo es la manifestación de una voluntariedad de individuos de no pertenecer a algo, para pertenecer a otra cosa, para luego instituirse como algo formal y establecido (la nación jurídica), mientras que para el Nacionalismo no existe amenaza más grande que la del Separatismo.

Para el Nacionalismo, el surgimiento del Separatismo hace descargar todo el anti-liberalismo que porta algo que, por esencia, es liberal, pues si por acuerdos es que las masas (comandadas, obviamente, por élites) decidieron pertenecer a algo, lo lógico sería que con el mismo sistema de pensamiento se permitiera el término del acuerdo si es que un grupo así lo decidiera, algo que, como hemos atestiguado, no ocurre.

De esta manera, es común que nacionalistas locales apoyen a nacionalistas de otros lados en su lucha contra los grupos separatistas (sean catalanes, sean mapuches, sean ucranianos ruso-parlantes), puesto que estos grupos encarnan la ruptura de su idea de unión, pese a que también hayan surgido desde una idea rupturista.

Lo débil del nacionalismo clásico respecto al separatismo es que, una vez este último se ha consolidado como Estado independiente y con un nacionalismo propio, pasa a ser reconocido por el mismo nacionalismo que alguna vez lo vetó. Estas incongruencias ideológicas del nacionalismo clásico son las mismas que causarán su ruina como idea, que se mantendrá como una eterna relación dialógica de autonegación y autoafirmación, conducentes a una anulación de la transcendencia de lo «nacional» en favor de lo individual.

Anders Breivik & Intereses Genéticos vs. Intereses Genotípicos

Artículo publicado originalmente como “Anders Breivik & Genetic vs. Phenotypic Interests”, por Ted Sallis, en Counter-Currents. Traducción por A. Garrido.

El actor turco Kivanc Tatlitug

Los lectores deben ser concientes de que tengo un fuerte interés en el concepto de “intereses étnico genéticos” tal como lo formula el Dr. Frank Salter, y detalla en su magnífico libro, On Genetic Interests, que considero un “deber” leer para cualquier nacionalista étnico o racial informado. He discutido este concepto en varios foros, y un sumario consiso puede ser encontrado aquí.

A veces hay confusión sobre lo que realmente son los “intereses genéticos”, incluyendo a gente que confunde intereses genéticos con intereses fenotípicos. Por ejemplo, ver los comentarios aquí, particularmente éste (estoy seguro de que a Greg no le importará que use su comentario como un ejemplo ilustrador):

Greg Johnson

 July 27, 2011 – 7:52 pm | Permalink

Buenas preguntas.

No creo que la mayoría de los paquistaníes se convertirían, pero eso no viene al caso realmente. Incluso si uno se convirtiera, ¿Realmente Breivik pensaría que ahora pertenece a Noruega? Él podría ser forzado por la lógica de su propio pensamiento. Pero como racista primero, último y siempre, la conversión no importa para mí. Para mí, la sangre es más espesa que el agua bendita.

En cuanto a los musulmanes, ésta es una buena pregunta. He conocido a Musulmanes Turcos y Bosnios que se ven tan Nórdicos como Breivik. Pero tengo un problema con que se muden a un país como Noruega, simplemente porque creo que el aumento de la diversidad religiosa es casi tan malo como el de la diversidad racial. Sigue creando conflicto en la sociedad, a pesar de que no pueda realmente socavar los intereses genéticos nórdicos.

 

Si algún Turco o Bosnio Musulmán que luzca como Anders Behring Breivik no tuviera directa influencia en el impacto negativo, la tendrían sobre los intereses étnico genéticos Noruegos/Nórdicos. Lo que importa es el genoma distintivo; los intereses étnico genéticos son, al final y no sorprendentemente, sobre genes, y no sólo ese pequeño subconjunto de genes que codifican la apariencia física.

 

En general, los costos para los intereses étnico genéticos están relacionados con la distancia genética, con los mayores impactos negativos siendo de las más grandes distancias (y, por supuesto, los más grandes números). Crudamente planteado, comenzando con Noruega, la distancia genética puede verse como: Suecia > Alemania/Inglaterra > Francia > España > Italia > Grecia > Turquía > Naciones Árabes/Noráfrica > Chinos > Nigerianos – con los Suecos siendo los más similares y los Nigerianos los más diferentes.

 

De hecho, un Turko o Bosnio determinado puede verse como un gemelo idéntico de Breivik, pero todavía sería más genéticamente distante de él, y del típico Noruego, que, por ejemplo, Sean Connery, Rudy Giuliani, etc.

 

En On Genetic Interests, Salter discute sobre intereses genéticos vs. Intereses fenotípicos. Como los genes son replicadores, el “esfuerzo” del fenotipo es hacia la replicación genética, y la conducta adaptativa se define en términos de aumentar la información genética distintiva, son intereses genéticos los intereses fundamentales. Es útil citar a Salter aquí (OGI, pg24) (énfasis añadido):

 

La vida es el interés fundamental, aunque todos estemos destinados a morir. Los fenotipos – organismos unidos por información suministrada por genes más el ambiente – son mortales. Las causas de la vida están en el proceso evolutivo transgeneracional que se remonta a tres billones de años hasta la primera entidad auto-replicante. De ello se desprende que los intereses fundamentales no residen en la supervivencia individual, sino que en la reproducción de la información usada por el organismo para construirse a sí mismo.

 

Es información – información genética – que subraya el interés fundamental para organismos evolucionados tales como los seres humanos. Esta información es de todo el genoma (distintivo), no sólo de ese subconjunto de genes que se codifican para la apariencia física. Independientemente de cómo se vea un Musulmán Turco o Bosnio, su contribución a los intereses genéticos de otros se basará en sus genomas distintivos, y no sólo en el aspecto físico como objeto de evaluación fenotípica.

No hay nada malo con tener intereses fenotípicos como interés secundario en el propio “portafolio”; sin embargo, no hay que confundir estos intereses con los intereses genéticos.  Tampoco sería adaptativo dar a los intereses fenotípicos prioridad sobre los intereses genéticos, ya que la coincidencia fenotípica es posible incluso en el contexto de distancia genética significativa, y la similitud fenotípica puede a veces ser mayor en “no-parientes” que en “parientes”. He escrito anteriormente sobre el tema de los “cornudos raciales”, que se aplica en tales casos, ver aquí y aquí. Otro problema de basar intereses genéticos en otra cosa que genes concretos es que puede invocarse “elitismo cognitivo” – CI, etc. – como la (única) medida fenotípica de interés, y afirmar que cualquier Asiático del Este o Sur con alto CI es aceptable independiente de su verdadera procedencia racial/genética.

Tal vez, el fenotipo está siendo utilizado por algunos como un sustituto de los genes, pero la identificación étnica parecería ser mejor. Hay por supuesto una correlación aproximada entre distancias genéticas y fenotípicas, y esta correlación aumenta mientras ambas distancias se hacen más grandes. Por ejemplo, un cachalote es tanto genética y fenotípicamente muy divergente de un humano. Un Nigeriano es tanto genética y fenotípicamente muy divergente de un Noruego. Todo esto es obvio. Pero lo contrario es cierto; mientras las distancias genéticas y fenotípicas se contraen, la relación entre las dos métricas se vuelve más borrosa y concidencias/desajustes pueden ocurrir. Puede ser cierto que un Turco se parezca a Breivik más que un Noruego, pero el Noruego sería más genéticamente cercano a Breivik que al Turco. Extraños pueden parecer hermanos más que lo que hermanos se parecen entre sí. Mientras más similares – genética y fenotípicamente – son dos grupos, mayor es la posibilidad de discordancia entre genotipo y fenotipo. Una comparación Nigeriano/Noruego es fácil. El tema de los “Turcos Nórdicos” comparados a Noruegos es más difícil.

Por supuesto, es posible que un “Turco Nórdico” sea más genéticamente cercano a Breivik que un “Turco de medioriente”, sin embargo, esta premisa necesita ser formal y empíricamente evaluada mediante análisis genéticos. Aunque fuese cierto, esto no significa que el “Turco Nórdico” no perjudique los intereses genéticos Noruegos, sólo que el daño hecho sería comparativamente menor que el del “Turco de medioriente”.

Por último, la adaptatividad está basada en relaciones de parentesco (y el parentesco étnico cuenta también como el parentesco familiar), y el fenotipo es sólo una secundaria cruda medida de parentesco. Ciertamente, si ninguna otra información existe más que el fenotipo, uno debe ir con la información al alcance, y hacer una estimación aproximada basada en el fenotipo. Pero, usualmente, las personas por lo menos conocen su propia ascendencia étnica y normalmente son concientes de la ascendencia étnica de otros. Lo cierto, es que la afiliación étnica puede también dar resultados ligeramente aberrantes cuando se miran distinciones más finas (e.g. un determinado Alemán puede estar más genéticamente relacionado con un Francés que con otro Alemán), pero la coincidencia de parentesco usualmente ocurre sólo entre etnias altamente relacionadas. En ausencia de datos genéticos fiables a nivel individual, la afiliación étnica puede servir como un sustituto aproximado, tal vez modificado por consideraciones fenotípicas.

Por lo tanto, para resumir:

 

  1. Si alguien quiere ante todo hacer hincapié en el fenotipo, es un interés perfectamente legítimo, pero no es directamente un interés genético. Pueden haber coincidencias entre intereses fenotípicos y genéticos, pero no son uno y lo mismo, y debemos evitar confundir los dos.

 

  1. Favorecer no-parientes (relativos) sobre parientes (relativos) basándose en el fenotipo es una opción que alguna gente podrá querer hacer, por ejemplo, considere éste comentario de Greg Johnson sobre “The Racial Makeup of the Turks” de Andrew Hamilton:

Además, mientras el Turco promedio representa una negativa reserva de intereses genéticos para el Inglés promedio, cuando miras a los individuos, conozco a un montón de Ingleses que habrían sido mejorados si uno de sus padres fuera uno de los actores Turcos o Bosnios representados aquí, salvo quizás por el último, a quién escogí porque claramente tiene un poco de sangre Asiática.

Por supuesto que tienen el derecho a hacerlo. Sin embargo, tal favorecimiento de no-parientes sobre parientes no es adaptativo en sentido biológico, a menos que uno pueda demostrar que tal favoritismo mejora los intereses genéticos netos mediante funciones y formas físicas perfeccionadas que compensan la pérdida de intereses genéticos brutos, y/o si los no-parientes actúan de tal manera para proveer dicha compensación. Pero en términos generales, el sentimiento citado directamente arriba daría lugar a un comportamiento de mala adaptación si se lleva hasta sus últimas consecuencias en todos los casos.

 

Por lo tanto, desde una perspectiva más amplia, ciertamente uno puede estar preocupado sobre el fenotipo como un legítimo interés en sí mismo. Sin embargo, uno no puede, y no debería, combinar fenotipo con intereses genéticos en la medida ejemplificada por la primera cita de Greg, arriba. Si quieres hacer hincapié en el fenotipo, bien, entonces debate sobre intereses fenotípicos; sin embargo, si vas a mencionar específicamente intereses genéticos, entonces debes concentrarte en genes y parentesco. No confundir los dos.