Artículo 10. Son chilenos:
1º. Los nacidos en el territorio de Chile, con excepción de los hijos de extranjeros que se encuentren en Chile en servicio de su Gobierno, y de los hijos de extranjeros transeúntes, todos los que, sin embargo, podrán optar por la nacionalidad chilena;
2º. Los hijos de padre o madre chilenos, nacidos en territorio extranjero. Con todo, se requerirá que alguno de sus ascendientes en línea recta de primer o segundo grado, haya adquirido la nacionalidad chilena en virtud de lo establecido en los números
1º, 3º ó 4º;
3º. Los extranjeros que obtuvieren carta de nacionalización en conformidad a la ley.
4º. Los que obtuvieren especial gracia de nacionalización por ley.

CONSTITUCIÓN POLÍTICA DE LA REPÚBLICA DE CHILE

 

El chauvinismo chileno basado en Ius Soli es un clásico del mal gusto sudamericano, y no es de extrañar que sea mantenido, exhibido y cultivado por la fracción más ignorante de la población. Respecto a esto último, es decir, la ignorancia, tampoco podemos caer en dicotomías facilonas clásicas del marxismo cultural. Según esa Izquierda, si “chauvinista” es sinónimo de “ignorante”, entonces “aperturista-globalista” será sinónimo de “culto y pensante”. Como nosotros no seguimos un “nacionalismo” pasado en Ius Soli (i.e., patrioterismo chauvinista), entonces no podemos hacer mayor diferencia en cuanto a la pertenencia territorial, lo que no significa que no hacemos diferencias, sino sólo que los parámetros de corte son distintos.

Nuestra visión del nacionalismo, tal como la del patrioterismo, se basa en el reconocimiento del “nosotros y ellos“, algo fácil de entender incluso para aquél que sólo ha leído los textos escolares básicos. La diferencia, para nosotros, se basa en el cómo definimos el nosotros, y cómo definimos el ellos. El nacionalismo clásico moderno, i.e., Ius Soli, basa su nosotros en la pertenencia territorial justificada en mitos fundacionales, manifestándose de forma burda en la preferencia por las cosas, gente, costumbres, idiosincrasia, etc. presentes en interior de la franja física-política de lo que separa al nosotros territorial del ellos territorial. El borde exterior de esta franja definirá claramente al ellos.

No hay mucho que cuestionar respecto a esta separación, puesto que es fuerte, es clara, y es muy precisa: el ser humano es o no es del nosotros, y si no pertenece al nosotros, por descarte pertenecerá al ellos. Lo contradictorio de esta ideología, es que su rechazo a la inmigración legal o ilegal se basa en que el ellos no es como nosotros porque no nació dentro de la franja donde nace el nosotros, entonces, no es tan bueno como nosotros. La solución a este problema es simple: basta que un hijo del ellos nazca en el borde interior de la franja que define territorialmente al nosotros, sea en la calle, en una clínica, en una fonda y hasta en el baño de un hospital.

El primer verso de la canción “Us and Them” de Pink Floyd resume perfectamente el peso cualitativo real del nacionalismo Ius Soli:

Us and them, and after all we’re only ordinary men.

(Nosotros y ellos, a final de cuentas, sólo somos hombres ordinarios.)

 

Un grupo de ellos (Ius sanguinis) protestando contra ellos (Ius soli). En lo hereditario, no guardan mayor diferencia entre sí.

Nuestro nacionalismo o, mejor dicho, nuestra ideología de pertenencia humana, se basa en la desigualdad, en lo cualitativo y, algo cruelmente, en lo inevitable e inmutable. Nuestro nosotros no es mejor que ellos sencillamente por ser y mucho menos por estar (ya vimos que bastaba nacer en este lado del estar para ser del nosotros), sino que es sencillamente diferente, y esa diferencia transciende la barrera que divide el nosotros territorial del ellos territorial: podemos encontrar elementos del nosotros en la tierra del ellos territorial, a su vez que podemos encontrar elementos del ellos en el borde interior del nosotros territorial. Para nuestro nosotros, el ellos es aquél que no pertenezca por lo inmutable a nosotros, sin importar dónde haya nacido, pues aunque haya nacido cerca de nosotros, en nuestras mismas casas y junto a nosotros, si sus ancestros no eran de nosotros, él tampoco podrá serlo. Nuestras cualidades como grupo humano perteneciente al nosotros no están dictadas por leyes humanas ni por constitución alguna, sino que por la naturaleza misma.

La izquierda moderna, pulverizadora, atomizante y alienante, triunfa a través de la igualación de todo, pues promueve el peor chauvinismo de todos: no es el apego territorial de los modernistas ni el apego étnico-cultural de los premodernos, sino es el apego a todo y a nada, es el apego al Yo por sobre todo, con el fin de borrar todo rastro de pertenencia que involucre un nosotros y ellos. Para esta Izquierda (que también se manifiesta a través de la “Derecha”), todos debemos ser nosotros,. Unos nos quieren ver a todos como habitantes de una aldea global dominada por una gran mancha café donde no exista identidad ni diferencia, y otros no ven a todos como mano de obra vulgar, indistintamente de nuestro origen.

Tanto chauvinismo, Ius Soli, como individualismo y res nullius están basados en nada, y todos ellos son enemigos no sólo de las identidades humanas, sino también de la inteligencia y el buen gusto. En lo ideológico, ésta es la diferencia entre nosotros y ellos.

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