Francisco Albanese

Imagen típica de la publicidad chilena, y reflejo típico de la esquizofrenia de la realidad chilena.

La reciente polémica futbolística por “dichos racistas” en contra de un jugador vuelve a abrir una antigua discusión: ¿Es Chile una sociedad racista?

Paradójicamente, las respuestas en las redes sociales han sido tan “racistas” como los dichos expresados desde las tribunas hacia la cancha.

Una pequeña muestra:

Rodrigo Vasquez
Lo peor es que el norte està lleno de indios incas….

Juan Linares Ruiz
Son continuas las manifestaciones racistas, es el síndrome de Hitler que padecen las razas mas puras del mundo…

Marcelo Di Peto
Claro, porque los chilenos son rubios…

Johnny Vargas
Ni que fueramos tan blancos los chilenos XD somos un chiste!! Defendemos a los mapuches y nos burlamos de los negros, súper consecuente Jajajja

 

De forma casi inconsciente, la sociedad tiene implantada en su mente una jerarquía del prejuicio, donde un gradiente de melanina define quién discrimina a quien. Así, el que tiene más melanina, pierde, y será discriminado por quien tenga menos. Además, es socialmente justificado (de buena o mala gana) que alguien más claro desprecie a alguien más oscuro, pero no viceversa. Por esta razón, siempre salen las voces del argumentum ad hominem atacando al atacante, invitándolo a un auto-examen colorimétrico, en vez de hacer una condena al hecho prejuicioso per se.

De lo anterior, se desprende que el racismo sería un tipo de dudoso privilegio blanco, donde un no-blanco no podría ser etiquetado de “racista”, puesto que no estaría permitido que alguien oscuro despreciara a alguien claro. Lo gracioso que esto último no lo pienso yo desde mi perspectiva racista, sino una sociedad que crecientemente repite un discurso más y más inclusivo y tolerante (“todos somos iguales”… pero sólo algunos pueden mirar en menos a otros).

Este racismo cromático, basado meramente en el color, i. e., no en la raza propiamente tal, es tan antiguo como odioso dentro de la cultura chilena del prejuicio, pero no es suficiente para acusar a la sociedad chilena de “racista”.

El típico “yo soy racista contra los (grupo humano a elección)” no es suficiente para considerar al racismo como presente puesto que el hecho de ser racista contra es suficiente para quitar al racismo de la ecuación, puesto que “racismo” se está usando como un sinónimo para “prejuicio”, por lo que alguien, si quisiera y lo sintiera, podría ser “racista” contra los gays, racista contra los “pobres”, “racista” contra los Testigos de Jehová y así, hasta el infinito, y ninguna de esas aseveraciones tendría grado alguno de racismo.

Si a la palabra racismo se la aislara de las cargas prejuiciosas no raciales, aún no sería suficiente para acusar a la sociedad chilena, puesto que el racismo involucra un factor dependiente del uno, más que del otro. Llevando esta crítica a la modernidad por las vías de la modernidad y lo aceptado, habría que hacer revisión de lo que dice un diccionario sobre el racismo, más que hacer revisión de complejas teorías raciales políticamente incorrectas. La Real Academia Española dice:

racismo.
1. m. Exacerbación del sentido racial de un grupo étnico, especialmente cuando convive con otro u otros.
2. m. Doctrina antropológica o política basada en este sentimiento y que en ocasiones ha motivado la persecución de un grupo étnico considerado como inferior.

Más que una exaltación del sentido racial, en Chile podemos atestiguar una exaltación del sentido territorial, puesto que la diversidad racial y el mestizaje presente en Chile, impiden una autoafirmación racial suficiente como para situarse entre grupos. Por otro lado, el triunfo de una cosmovisión europea o, mejor dicho, de una hegemonía estética europea/occidental por sobre las mayorías mestizas, logró instalar cierto discurso pro-europeo, aun cuando la realidad racial y cultural no se ve reflejada en este discurso, creando una distorsión de la realidad que hace que el grueso de la población aspire a un ideal lejano. Respecto a esto, cito un párrafo de un interesante ensayo:

Se trata de travestis raciales, mestizofrénicos, o simplemente, mestizos e indígenas culturalmente colonizados.

La identificación que la población no-blanca de Chile siente con la imagen europea se aprecia de manera explícita en la publicidad comercial. No debe existir ningún fenómeno más pragmático y menos ideológico que el mercado actual: éste decide, hace y deshace según las utilidades que obtenga. [1]

Esta colonización cultural presente en Chile, es atacada en países como Perú, donde un realismo racial duro y definitivo (pese a que su discurso sea “anti-racista) puso en su lugar a los publicistas de una compañía de retail.

El uso de insultos relacionados con el color (la forma más básica del prejuicio racial) pese a su odiosidad, sin embargo, no es suficiente para catalogar de “racista”. ¿Cómo podría existir racismo, es decir, la exacerbación del sentido racial, en una sociedad cuya mayoría rinde culto a los cuerpos de las inmigrantes de raza negra con la que, incluso, no tiene reparos en tener descendencia? Este comportamiento se asemeja mucho al de Donald Sterling, al que se le etiqueta de “racista” por sus dichos, al mismo tiempo que él mismo no hace defensa de su sentido racial. Una imagen dice más que mil palabras.

Dueño blanco y “racista” de los Clippers con su novia no-blanca.

Ante la pregunta ¿Es Chile una sociedad racista?, un rotundo “No” sería la respuesta, pues ante la falta de un grupo homogéneo sobre el cual basar sentimientos de afirmación y exacerbación racial, no podría existir racismo alguno; mientras que una sociedad multicultural de prejuicio, odiosidades y desintegración serían el reflejo de una condición que se supone (para las mentes liberales) tendría que ser la solución al problema que es en si mismo: el odio resultante del multiculturalismo no se soluciona con más multiculturalismo.

Los ideales de Thermidor se destruyen bajo la realidad desprendida de Thermidor.

Notas.

1. Garrido, A. “Entre raza y clase social: Hacia la etnogénesis criolla.”

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