Lucian Tudor

Arthur Moeller van den Bruck: Bases para un Conservadurismo Revolucionario

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Lucian Tudor

Arthur Moeller van den Bruck fue uno de los más importantes, tal vez la figura más importante, de lo que se conoce como la “Revolución Conservadora” de principios del siglo XX en Alemania. Su influencia sobre el pensamiento conservador nacional alemán, a pesar de sus limitaciones, es profundo y duradero, y continua hasta el día de hoy. De hecho, puede haber algo de verdad en la mística declaración hecha por su esposa: “En el intento de responder la pregunta de quién fue Moeller van den Bruck, estás realmente hablando de una pregunta al destino de Alemania.”[1] Fue Moeller van den Bruck quien definió esencialmente la idea clave del conservadurismo revolucionario, una línea de pensamiento que haría eco a través de la historia alemana y llevaría incluso su influencia a un nivel internacional. Un examen de su vida y de su pensamiento filosófico es un examen de una de esas grandes fuerzas en el reino de las ideas que mueven a las naciones, y es por su valor intelectual que nuestro objetivo es realizar un examen tan sucinto. (más…)

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La Revolución Conservadora Alemana: Una Introducción

Lucian Tudor

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Este artículo corresponde al texto introductorio de Lucian Tudor para su libro From the German Conservative Revolution to the New Right.

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El Verdadero Dugin

Lucian Tudor

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Alexander Dugin es ya bien conocido en los círculos de “extrema Derecha” de todo el mundo — con esto nos referimos a nacionalistas, fascistas, tradicionalistas, conservadores culturales o nacionales, o nuevo-derechistas (también conocidos como identitarios). (más…)

CIPC #004 Lucian Tudor – From the German Conservative Revolution to the New Right

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“This is a valuable little book serving as an indispensable introduction into a voluminous work of hundreds of German Revolutionary Conservative thinkers and their contemporary followers.”

Dr. Tomislav Sunic (más…)

Relaciones étnicas y raciales: Estados étnicos, separatismo y mezcla

Artículo publicado originalmente como “Ethnic & Racial Relations: Ethnic States, Separatism, & Mixing”, por Lucian Tudor, en Counter-Currents. Traducción por A. Garrido.

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En nuestro ensayo anterior, “Raza, Identidad, Comunidad“[l], discutimos una serie de temas: lo más importante, los diversos niveles y relaciones de grupos étnicos y raciales, la cuestión de la comunicación cultural, la apertura y cierre, las relaciones entre raza y cultura, la necesidad de resistirse al mestizaje por el bien de la estabilidad etno-cultural, el error del individualismo y el valor del holismo social, y la importancia del sentido de comunidad para la identidad étnica y racial.

En el presente ensayo, no reiteraremos los puntos más importantes que ya hemos hecho, excepto aquellos que son relevantes para los asuntos tratados. El propósito de este ensayo es servir como una extensión del anterior y expandirse sobre ciertos puntos que no fueron suficientemente claros o adecuadamente cubiertos, y por lo tanto debe ser leído en el contexto del ensayo precedente. Aquí buscamos discutir el tópico de las relaciones sociales, culturales y políticas entre los grupos étnicos y raciales, el problema y variedades de mezcla social y biológica, y las prácticas y formas de separatismo étnico y racial.

Identidad e Interacción

Las particularidades e identidades particulares definen a los seres humanos; contrario a la ideología igualitaria y universalista, no se puede ser verdaderamente humano sin una pertenencia a un grupo particular, incluidos grupos religiosos, políticos, culturales y raciales. Por supuesto, pertenecer a un grupo y poseer una identificación conciente con esta pertenencia son dos cosas diferentes (así como podemos decir que hay un aspecto conciente e inconciente de la identidad). La Historia y observación muestran que las identidades étnicas, culturales y raciales llegan a ser y son despertadas por la conciencia e interacción con otros grupos étnicos y raciales. Como Alain de Benoist escribió: “Tanto el grupo y el individuo necesitan ser confrontados por ‘otros importantes’. Por lo tanto, es absurdo creer que la identidad sería mejor preservada sin esta confrontación; en realidad, es lo contrario: la confrontación hace posible la identidad. Otros sujetos hacen que un sujeto se convierta en tal. [2]

Así, la interacción con otros tipos de seres humanos es una parte esencial de la existencia humana, ya que obtienen su conciencia misma de ser quienes son por esta interacción. Por otra parte, como ya hemos mencionado en nuestro trabajo anterior (“Raza, Identidad, Comunidad”), las diversas culturas (en términos de grupos tanto pequeños como grandes) no sólo se desarrollan y enriquecen por desarrollo interno, sino también por interacción e intercambio de productos e ideas con otras culturas o pueblos. Es por estas razones que es justificado afirmar que “la originalidad y riqueza de las herencias humanas de este mundo se nutren por sus diferencias y cambios… “[3] como Pierre Krebs declaró, al igual que muchos otros autores de Nueva Derecha.

Por supuesto, reconocer el valor de la diversidad y las diferencias, y apreciar estas diferencias en otros pueblos y aprender de ellos, no significa que todos los pueblos del mundo puedan o deberían ser apreciados igualmente. Es, por supuesto, perfectamente natural que un pueblo encuentre que en algunos casos ciertos pueblos extranjeros sean poco atractivos, y se distancie a sí mismo de ellos. Es por esto que, aunque la diversidad es valiosa, la propaganda igualitaria y multiculturalista presente de que todas las culturas y grupos étnicos deben ser apreciados y aceptados igualmente, es simplemente errónea y absurda. Ningún pueblo sano muestra igual agrado por todos los demás, aunque sí es posible respetar a todos los pueblos extranjeros, incluso si no se aprecia a todos por igual. Es, por ejemplo, completamente natural que un Europeo pueda ser rechazado por la cultura de una tribu Africana pero que simultáneamente sienta admiración por la cultura Asiática Oriental, mientras otorga a cada pueblo un cierto nivel de respeto.

También es un hecho de la vida que sin barreras, sin cierto nivel de separación de otros pueblos, y sin un territorio específico en que vivir como pueblo distinto y relativamente homogéneo, un grupo étnico o racial desaparecería mediante la mezcla o asimilación en otros grupos. La extrema propaganda liberal-globalista moderna predica la completa apertura y mezcla entre culturas y pueblos; usar como su justificación ejemplos históricos de intercambios culturales, es falaz porque el diálogo cultural e interacción normales nunca implicó la completa apertura sino que siempre una limitada forma de interacción.

La apertura y mezcla totales eliminan las identidades porque los pueblos a través de estos procesos no solamente cambian, sino que pierden lo que son o se fusionan por completo con otros pueblos. Para citar a Benoist, “es la diversidad de la raza humana que crea su riqueza, así como es la diversidad la que hace posible la comunicación y le da valor. La diversidad de pueblos y culturas existe, sin embargo, solo porque, en el pasado, estos diversos pueblos y culturas estuvieron relativamente aislaos de los demás”. [4] La cultura se transforma con el tiempo debido a la creatividad y desarrollo interno, así como mediante la comunicación con otras culturas, pero el contacto con otras culturas siempre debe ser limitado e imperfecto, de lo contrario, la integridad misma de la cultura es socavada. Por lo tanto, “la Identidad no es lo que nunca cambia, sino, por el contrario, lo que permite cambiar constantemente sin renunciar a quien se
es”.[5]

El problema de la mezcla

Es necesario reconocer que la mezcla, tanto la forma social (así llamada “integración”) como la forma biológica (mestizaje), es un complicado problema humano. La mezcla ha ocurrido a través de toda la historia en una diversidad de formas y circunstancias, como un resultado de diferentes formas de estrecha interacción entre grupos étnicos y raciales diferentes. Por lo tanto, las interrogantes de por qué las mezclas ocurren y si se trata de un fenómeno normal y aceptable se presentan naturalmente a sí mismas, y deben ser respondidas con el adecuado nivel de sofisticación para que podamos derrotar a nuestros oponentes.

Primero, debe reconocerse que la mezcla entre dos pueblos diferentes que pertenecen a la misma raza es una cuestión distinta a una mezcla entre razas diferentes, e implica principios y circunstancias diferentes. Las etnias que pertenecen a un mismo tipo racial comparten el mismo antecedente biológico y espiritual, que sirve como fundamento mayor para la identidad que los conecta. En casos donde dos o más grupos étnicos del mismo tipo racial ya no viven separadamente y eligen mezclarse socialmente (a lo que inevitablemente le sigue el matrimonio mixto), es a menudo debido a que estos grupos – dentro de un tiempo y condiciones particulares – se han vuelto estrechamente conectados cultural y espiritualmente o porque ya no sienten que sus distinciones sean significativas.

Este fenómeno no puede ser considerado más anormal y erróneo que cuando dos grupos étnicos racialmente relacionados eligen separarse en lugar de mezclarse, porque ambos sucesos son bastante frecuentes en la historia y normalmente no tienen efectos negativos para la identidad (incluso si la identidad experimenta algún cambio en esto). Por ejemplo, muchos grupos étnicos europeos (los Ingleses, Franceses, los pueblos de los Balcanes, etc.) son el resultado de una mezcla inter-europea que ocurrió hace siglos, a pesar que de que ellos también tengan el derecho a separarse. Así, dentro de una raza, tanto la separación como la mezcla pueden considerarse fenómenos normales, dependiendo de las circunstancias y la naturaleza de los grupos étnicos en cuestión.

Por otro lado, entre diferentes razas, puede argumentarse que la mezcla es un fenómeno anormal porque las relaciones y efectos son diferentes; el estado de normalidad es desear la separación racial. Contrario a las afirmaciones de muchos propagandistas multiculturalistas igualitarios (significando aquí “multiculturalista” la creencia y práctica de la mezcla étnica), la identidad racial y el concepto de raza no es un fenómeno moderno, porque, como Benoist señaló, “la idea de raza es casi tan vieja como la humanidad misma”[6]. Por lo que es claro que reconocer la importancia de la raza y practicar separatismo racial tiene de hecho una base histórica e incluso universal; los seres humanos nunca estuvieron en una condición donde carecieran completamente de sentimientos raciales y se mezclaran libremente.

Las razones para la mezcla racial (social y, después de eso, biológica) a lo largo de la historia son complejas y difieren basadas en las circunstancias de que se trate. En algunos casos, se debió a un poderoso pueblo militante que conquistó a otro reproduciéndose forzosamente con las mujeres de los conquistados para asegurar su conquista mediante descendencia. En otros casos, como algunos autores han argumentado, es debido a la decadencia de un pueblo que perdió ciertas cualidades espirituales, su sentido de diferenciación, y su identidad racial, y como resultado ha elegido mezclarse con otros pueblos, incluso aquellos racialmente diferentes (estos otros tipos pueden ser pueblos inmigrantes o conquistados que antes vivían separados). Por supuesto, donde el mestizaje ocurre voluntariamente, ambas partes han renunciado a su identidad única[7]. Puede haber otras causas, y en cierto sentido el mestizaje racial es inevitable porque siempre está destinado a aparecer en ciertos tiempos y lugares donde razas diferentes entran en contacto (incluso si sólo en pequeña medida).

Sin embargo, siempre es importante reconocer y reafirmar que a pesar de su aparición a lo largo de la historia, por cualquier motivo o causa, la mezcla racial no es una regla. En realidad es bastante anormal, y que ocurra a lo largo de toda la historia no invalida este hecho. Debido a que la identidad, las características antropológicas y psicológicas básicas, y el carácter de los grupos étnicos y culturas son influenciados por el tipo racial, y debido a la dimensión espiritual y sociológica de la raza, la mezcla racial significa una intenso y profundo cambio, transformando completamente a una familia o, cuando ocurre a una escala mayor, a un pueblo. Esta idea no puede ser asociada al reduccionismo biológico, que debemos rechazar como falaz; a pesar de que la cultura, sociedad, e identidad cultural no puedan ser reducidas a la raza, y la raza sea solamente un factor entre muchos que les afecta, el antecedente racial sigue siendo indudablemente un factor importante.

Por lo tanto, ya que preservar su tipo racial significa mantener quiénes son, su identidad como pueblo, los pueblos están así históricamente obligados a resistir la mezcla racial y a separarse de otras razas. No es sólo por el bien de su supervivencia que están tan obligados, sino que también por el impulso primordial de vivir con su propia gente en comunidades. Como Krebs señaló, “la etología moderna estableció claramente la innata tendencia del hombre a identificarse con individuos que se le asemejan… “[8] Está, por otra parte, también el hecho de que, como Evola señaló, “la sangre y pureza étnica son factores que también son valorados en las civilizaciones tradicionales,” lo que significa que mantener el tipo racial físico es una práctica que tiene un valor meta- histórico. [9]

Deberíamos notar que, por supuesto, un pueblo que pasa por pequeñas cantidades de mezcla racial no pierde su identidad o su pertenencia a su tipo racial original. Por ejemplo, los pueblos Eslavos Orientales y pueblos Europeos del Sur que han soportado algún nivel de mestizaje históricamente aún pertenecen a la raza Blanca- Europea, tanto en términos de su tipo antropológico-físico general, así como de su identidad racial y étnica. La raza no se define por una pureza estricta, sino que por la posesión de una forma física general (las características antropológicas generales asociadas con una raza), la forma espiritual general asociada a ella, y el estilo cultural e identidad que está sociológicamente vinculada con la raza. [10]

También necesita mencionarse aquí que resistir a la mezcla de razas no es necesariamente un fenómeno “racista” (que significa supremacismo racial), porque poner valor en las diferencias raciales y practicar separatismo racial puede tomar y ha tomado formas no-racistas. Está claro que es extremadamente ingenuo y erróneo asociar todas las formas de separatismo racial con racismo y hostilidad interracial. [11]
Como Guillaume Faye escribió una vez:

En efecto, así como es normal y legítimo para el Árabe, el Africano Negro, el Japonés desear seguir siendo ellos mismos, reconocer que un Africano es necesariamente un hombre negro o un asiático un hombre amarillo, es legítimo, natural y necesario reconocer el derecho del Europeo a rechazar el multirracialismo y a afirmarse a sí mismo como hombre blanco. Vincular esta posición con racismo es una fanfarronada inadmisible. Los verdaderos racistas son, por el contrario, aquellos que organizan en Europa el establecimiento de una sociedad multirracial. [12]

Prácticas del Separatismo

Evidentemente, el separatismo racial y étnico ha tomado una variedad de formas a lo largo de la historia. Una forma comúnmente reconocida es la creación de un sistema de clases o castas, separando a la gente en diferentes castas basadas en su origen racial (o, en un sistema análogo típico, basado en el origen étnico o cultural). La estructura de clases de separación racial, que usualmente es el resultado de la conquista, puede ser vista en numerosos casos a lo largo de la historia, incluida la civilización Clásica, en ciertas civilizaciones antiguas del Cercano Oriente, en India, y en muchas partes de América Central y del Sur después de la colonización Europea. El rasgo más negativo de esta práctica es obviamente que implica “racismo” y subyugación, aunque también tiene el efecto positivo de preservar los tipos raciales que se han formado, incluso después del mestizaje (los nuevos, tipos raciales mezclados; mulatos y mestizos), debido al hecho de que desalienta la mezcla de razas por separación de clases [13]

Otra forma de separatismo es lo que comúnmente se conoce como “nacionalismo” étnico, que tiene su base principal en la identidad etno-cultural, aunque muchas veces es acompañado por identidad racial donde existe contacto interracial. El nacionalismo es definido, en los términos más simples, como la creencia en que los grupos étnicos o nacionalidades (en sentido cultural) son la categoría clave de los seres humanos y que deberían vivir bajo sus propios estados independientes. Esto implica separación completa y total de los grupos étnicos en naciones separadas. El nacionalismo suele asociarse con chauvinismo étnico, hostilidad interétnica, imperialismo, e irredentismo, aunque es importante recordar que ha habido ciertas formas selectas de nacionalismo a lo largo de la historia que para nada fueron chauvinistas o imperialistas, por lo que es erróneo asumir que siempre adquiere estas características negativas.

Sin embargo, “nacionalismo” es un término problemático porque ha sido definido de maneras diferentes y a veces contradictorias. En un sentido muy genérico, nacionalismo significa simplemente el deseo de un pueblo de vivir separadamente de otros, bajo su propio estado y regido por líderes de su propio origen étnico; en esencia, un separatismo étnico y deseo de independencia básicos. En este sentido, el nacionalismo es una idea y práctica muy antigua, ya que en toda la historia uno puede encontrar casos donde un pueblo de un origen étnico particular deseó ser independiente del imperio de otro pueblo diferente y peleó por su independencia. Esto no es, sin embargo, la forma en que el nacionalismo siempre es definido, y además del hecho de que a veces es definido como necesariamente chauvinista, es también a menudo definido de cierta
manera que lo hace particularmente un fenómeno moderno.

Muchos autores Nueva Derecha así como Tradicionalistas han definido al nacionalismo como una forma de estado en que la “nación” es política o culturalmente absolutizada, a expensas de las pequeñas diferencias culturales locales o regionales, y considerando a otras naciones como completamente extrañas y de menor valor. Esta forma de “nacionalismo” es ejemplificada por el estado-nación y soberanía Jacobinos (ya que la Revolución Francesa fue la fuerza clave en iniciar el auge de esta forma de estado), y es identificada con la eliminación de las diferencias sub-étnicas dentro de sus fronteras y la consideración de las diferencias con otros pueblos o nacionalidades como absolutas. Naturalmente, esta forma de nacionalismo tiene la consecuencia de crear hostilidad y conflicto entre naciones por estas características ideológicas y políticas. [14]

Desde la perspectiva “Tradicionalista Radical”, ejemplificada por el pensamiento de Evola, el nacionalismo es una anomalía, una desviación de formas de estado válidas. Es considerado negativo, en primer lugar, porque esta forma de tradicionalismo considera la etnia y nacionalidad como cualidades secundarias en los seres humanos; aunque tienen algún nivel de importancia, no son válidas como elementos primarios en torno a los cuales organizar estados y liderazgo, que debería ser basado únicamente sobre valores de elitismo, aristocracia, y autoridad espiritual. El nacionalismo también contradice la práctica del Imperio – el estado imperial, que no es necesariamente imperialista – ya que el nacionalismo significa la absolutización de la “nación”,  mientras que el imperio tradicional es organizado como una supra-nacional unión federalista con una autoridad espiritual central. [15] De acuerdo a Evola,

El esquema de un imperio en un sentido verdadero y orgánico (que debe claramente ser distinguido de todo imperialismo, un fenómeno que debería ser considerado como una deplorable extensión del nacionalismo)… salvaguarda los principios de unidad y multiplicidad. En este mundo, los Estados individuales tienen el carácter de unidades orgánicas parciales, gravitando alrededor… de un principio de unidad, autoridad, y soberanía de una naturaleza diferente a la que es propia de cada Estado en particular… debido a su naturaleza super-ordenada, sería como dejar amplio espacio para las nacionalidades de acuerdo a su individualidad natural e histórica [16]

En el estado imperial, que Evola afirma es el verdadero modelo tradicional de estado, los grupos étnicos o nacionales están así separados federalmente; diferentes pueblos viven bajo el mismo estado y sirven al final a la misma autoridad monárquica, pero viven en partes separadas del reino o imperio. Para citar uno de sus trabajos clave: “la Edad Media [y también ciertas civilizaciones antiguas] conocieron nacionalidades pero no nacionalismos. La nacionalidad es un factor natural que abarca a un cierto grupo de características elementales comunes que se conservan tanto en la diferenciación y en la participación jerárquica, a las que no se oponen”[17]

Separatismo Identitario

La Nueva Derecha Europea y el Movimiento Identitario, este último estrechamente relacionado y derivado de la Nueva Derecha,[18] también aboga por la práctica del federalismo, a pesar de que sus pensadores tienen algunos desacuerdos con las reivindicaciones de los “Tradicionalistas Radicales” relativas a determinados principios especiales. El concepto “neoderechista” de federalismo implica la visión de una federación (o mejor, confederación, que expresa más claramente este tipo de federalismo descentralizado) que está basado sobre los principios de subsidiariedad, de concesión de autonomía a sus regiones, y de estructuras políticas locales y regionales sosteniendo el poder que se debe a ellos, mientras que la autoridad central gobierna principalmente cuando deben tomarse decisiones que afectan a todo el estado. Esta forma de estado y soberanía “implica pluralidad, autonomía, y el entrelazado de niveles de poder y autoridad”. [19] La subsidiariedad y permitir que decisiones sean tomadas en niveles inferiores son también rasgos del concepto Tradicionalista Radical del estado federalista, pero en contraste éstos afirman mucho más la importancia de la máxima autoridad de la soberanía (el gobernante central).

Junto con apoyar una concepción en parte diferente de la soberanía y la autoridad de los Tradicionalistas Radicales, los Identitarios y Neoderechistas también apoyan la práctica de una forma participativa y orgánica de democracia como forma de estado ideal (que, debe ser notado, sigue siendo compatible con el respeto a la autoridad y jerarquía). Esta idea de hecho tiene una base histórica porque, como Benoist señaló, “los gobiernos con tendencias democráticas han aparecido a lo largo de la historia… Ya sea en Roma, en la Iliada, en la India Védica o entre los Hititas, ya en una fecha muy tempana encontramos la existencia de asambleas populares tanto para organización militar como civil. Por otra parte, en la sociedad Indo-Europea el Rey era generalmente elegido. . .”[20]

Por otra parte, los Neoderechistas e Identitarios afirman fuertemente el valor de las diferencias e identidades étnicas, culturales y raciales, y por lo tanto, de acuerdo a esta concepción, la democracia orgánica coincide con el reconocimiento y respecto por las diferencias étnicas. [21] Debido a que la democracia orgánica, significando verdadera democracia, se basa en el respeto por las diferencias étnicas, Benoist afirma con razón que:

La democracia significa el poder de la gente, que es decir el poder de una comunidad orgánica que se ha desarrollado históricamente en el contexto de una o más estructuras políticas determinadas – por ejemplo una ciudad, nación, o imperio… Todo sistema político que requiera la desintegración o la nivelación de pueblos para operar – o la erosión de la conciencia de pertenencia a una comunidad popular orgánica de los individuos – debe ser considerada como no democrático. [22]

La Nueva Derecha defiende la idea de respetar las identidades de grupos étnicos o sub-étnicos locales y regionales más pequeños, así como reconocer la importancia de relaciones y unidades étnicas y culturales más grandes. Así, por ejemplo, ser un Bretón, un Francés, y un Europeo Blanco, [23] todo tiene importancia y cada nivel de identidad y pertenencia tiene valor en una relación jerárquica. Los grupos etno-culturales de todos los niveles y tipos tienen el derecho a vivir con libertad y separadamente de otros en diferentes estados y territorios. La Nueva Derecha reconoce que hay casos donde la completa separación estatal para un pueblo es apropiada (similar a la idea más simple y genérica de “nacionalismo”), pero también hay casos donde el sistema de estado federal en que cada pueblo tiene su propia región autónoma en qué vivir, es más práctico o deseable. [24]

Podría decirse que la visión Neoderechista o Identitaria no es la más deseable, pero también que es la más realista en el mundo moderno porque ofrece la solución más equilibrada a los problemas actuales y al caos étnico-racial. En un mundo donde los sentimientos democráticos se han vuelto permanentes entre la mayoría de los pueblos, ofrece una democracia orgánica participativa para reemplazar a las corruptas democracias liberales actualmente dominantes. Donde hay países compuestos por múltiples etnias que no están en condiciones de dividirse enteramente (nacionalismo completo), ofrece la idea de una federación de regiones autónomas. Finalmente, en un mundo donde los grupos étnicos y raciales son amenazados de ser desintegrados por la “integración multiculturalista” y la mezcla, ofrece una pacífica y justa solución de separación territorial, la creación de comunidades étnicas no-mezcladas, y cooperación entre diferentes razas y pueblos del mundo para lograr esta visión.

Notas.

[1] Lucian Tudor, “Race, Identity, Community,” 6 August 2013, Counter-Currents//North American New Right.

[2] Alain de Benoist, “On Identity,” Telos, no. 128 (Summer 2004), p. 39.

[3] Pierre Krebs, Fighting for the Essence (London: Arktos, 2012), p. 89.

[4] Alain de Benoist, “What is Racism?” Telos, no. 114 (Winter 1999), pp. 46-47.

[5] Benoist, “On Identity,” p. 41.

[6] Vale la pena mencionar aquí que existen ciertos historiadores mainstream que han admitido y estudiado la historia de los sentimientos raciales desde tiempos antiguos (en civilizaciones Occidentales y de Medioriente, específicamente). Entre sus trabajos se incluyen Benjamín Isaac, The Invention of Racism in Classical Antiquity (Princeton: Princeton University Press, 2004) y Miriam Eliav-Feldon, Benjamín Isaac, & Joseph Ziegler, eds., The Origins of Racism in the West (Cambridge: Cambridge University Press, 2009). A pesar de la inclinación igualitaria y hostilidad al racialismo que estos autores puedan revelar en sus trabajos, aún tienen valor de investigación para nosotros por los datos históricos que ellos proveen.

[7] Ver por ejemplo los capítulos “Life and Death of Civilizations” y “The Decline of Superior Races” de Julius Evola, Revolt Against the Modern World (Rochester: Inner Traditions, 1995) and Krebs, Fighting for the Essence, pp. 23 ff. & 79 ff.

[8] Ibid.,p. 25.

[9] Evola, Revolt Against the Modern World, p. 57. Sobre esta material, ver también el capítulo “The Beauty and the Beast: Race and Racism in Europe” in Tomislav Sunic, Postmortem Report: Cultural Examinations from Postmodernity (Shamley Green, UK: The Paligenesis Project, 2010).

[10] Numerosos autores Nueva Derecha ya han escrito mucho más sobre esta materia. Para la perspectiva Nacionalista Blanca en particular, ver especialmente a Ted Sallis, “Racial Purity, Ethnic Genetic Interests, & the Cobb Case,” 18 November 2013. Para la perspectiva Nueva Derecha, ver, por ejemplo, las publicaciones “Miscegenation” and “Race, Racism, Anti-Racism” de Guillaume Faye, Why We Fight: Manifestó of the European Resistance (London: Arktos, 2011), pp. 194 ff. & 227 ff.; Comentarios de Benoist en su “What is Racism?”; Tomislav Sunic, “Ethnic Identity versus White Identity: Differences between the U.S. and Europe,” The Occidental Quarterly, vol. 12, no. 4 (Winter 2012/13); Los artículos de Sebastian J. Lorenz, ed., Elementos: Revista de Metapolítica para una Civilización Europea, No. 47, “Elogio de la Diferencia, Diferencialismo versus Racismo” (May 28, 2013),

[11] Ver las citas de Faye, Benoist, Sunic, y Lorenz en la anterior nota 10.

[12] Guillaume Faye, “La Sociedad Multirracial,” July 13, 2007, Guillaume Faye Archive. Note que este artículo fue republicado e impreso por Escritos por Europa (Barcelona: Titania, 2008).

[13] Sobre la cuestión de ejemplos históricos, ver nuestras citas anteriores de The Invention of Racism in Classical Antiquity y The Origins of Racism in the West de Isaac. Tratando sobre la base racial del sistema de castas Hindú, ver por ejemplo el prefacio de Arvind Sharma, Classical Hindu Thought: An Introduction (Oxford: Oxford University Press, 2000), y Alain Daniélou, India: A Civilization of Differences: The Ancient Tradition of Universal Tolerance (Rochester: Inner Traditions, 2003), el Segundo argumentado que el sistema de castas no es realmente “racista” sino que un ordenamiento racial natural. Sobre los sistemas de castas/clases basados en la raza en América Central y del Sur, un recurso típico es Magnus Mórner, Race Mixture in the History of Latin America (Boston: Little, Brown, 1967). Existen, por supuesto, otros numerosos recursos académicos sobre esta materia.

[14] Ver Alain de Benoist, “Nationalism: Phenomenology & Critique,” 16 de Mayo de 2012, Counter-Currents//Vo rf/z American New Right; Michael O ‘Meara, New Culture, New Right: Anti-Liberalism in Postmodern Europe, 2nda edición (London: Arktos, 2013), pp. 228 ff.; Edgar Julius Jung, “People, Race, Reich,” in Europa: Germán Conservative Foreign Policy 1870-1940, ed. & trans. Alexander Jacob (Lanham, Md., USA: University Press of America, 2002); la visión general de la posición de Evola en el capítulo “Nations, Nationalism, Empire and Europe” de Paul Furlong, Social and Political Thought of Julius Evola (Abingdon & New York: Routledge, 2011).

[15] Ver Alain de Benoist, “The Idea of Empire,” Telos, no. 98-99 (December 1993), pp. 81-98.

[16] Julius Evola, Men Among the Ruins: Postwar Reflections of a Radical Traditionalist (Rochester: Inner Traditions, 2002), p. 277.

[17] Evola, Revolt Against the Modern World, pp. 338-39.

[18] El Identitarismo está fundado sobre las ideas de intelectuales de la Nueva Derecha como Alain de Benoist, Guillaume Faye, Tomislav Sunic, Pierre Krebs, Dominique Venner, and Pierre Vial, quienes a veces se designan a sí mismos como “Identitarios”. Sim embargo, deberíamos también notar que algunas de las ideas básicas del Movimiento Identitario pueden ser encontradas en We Are Generation Identity (London: Arktos, 2013), aunque en sí mismo este breve manifiesto puede ser insuficiente.

[19] Alain de Benoist, “What is Sovereignty?” Telos, no. 116 (Summer 1999), p. 114. Ver también Benoist, “The First Federalist: Johannes Althusius,” Telos, no. 118 (Winter 2000), pp. 25-58, y los artículos de Sebastian J. Lorenz, ed., Elementos: Revista de Metapolítica para una Civilización Europea, No. 37, “Federalismo Poliárquico Neoalthusiano” (November 28, 2012), http://urkultur-imperiumeuropa.blogspot.eom/2012/ll/elementos-n-37-federalismo-poliarquico.html

[20] Alain de Benoist, The Problem of Democracy (London: Arktos Media, 2011), pp. 14-15. Deberíamos notar que este libro es uno de los recursos más esenciales sobre el tema de la democracia, por la idea de una democracia orgánica participativa basada en la etnia y por defender la idea de democracia como sistema político.

[21] Ver capítulo I. “The Ancients and the Moderns” en Ibid.

[22] Benoist, Problem of Democracy, p. 103.

[23] Cuando nos referimos a más amplia, más abarcadora identidad cultural de Europeos, es mejor referirse a una cultura “Europea” general que a una cultura “Indo Europea” porque no todos los pueblos Europeos Blancos son completamente Indo Europeos, y claramente hay y ha habido pueblos no-Indoeuropeos en Europa que son del mismo tipo racial y cultural general que los pueblos Indoeuropeos (ejemplos modernos bien conocidos incluyen a fineses, húngaros, estonios, livionianos y vascos, aunque también hubo numerosos pueblos blancos pre-Indoeuropeos en tiempos antiguos que han desaparecidos a través de la mezcla con Indoeuropeos).

[24] Junto con nuestras citas anteriores del ensayo sobre la soberanía, imperio y federalismo de Benoist, ver también las publicaciones de Faye “Empire, Imperial Federation” y “Democracy, Democratism, Organic Democracy” en Why We Fight, pp. 130-32 y 111-14.

Raza, identidad, comunidad

Texto por Lucian Tudor.

Traducción por A. Garrido.

Enlace original en: Counter-Currents Publishing

 Los derechistas modernos que afirman la importancia de las diferencias raciales y abogan por el separatismo racial, especialmente los nacionalistas blancos, se enfrentan a una serie de desafíos filosóficos de los que necesitan estar concientes y listos para abordar. Es muy común confiar en presupuestos, asunciones, o implicancias sin estar preparados para responder a cuestiones más profundas o a complicaciones relacionadas con la interpretación de hechos e ideas.  Lo que se necesita en la Derecha moderna es una filosofía desarrollada de raza y cultura, de identidad y comunidad, la cual clarifique las cuestiones en juego y de profundidad a sus puntos de vista.

 Sin esta profundidad filosófica o intelectual apoyando su cosmovisión en sus mentes, serán menos y menos dispuestos a desafiar con éxito a sus oponentes y convencer a otros. Los recursos intelectuales para establecer esta profundidad ya han sido proporcionados por la “Revolución Conservadora” alemana y la “Nueva Derecha” europea, pero sus contribuciones e ideas aún no han sido completamente reconocidas o utilizadas. Esperamos llamar la atención sobre algunos problemas filosóficos básicos y la necesidad de estar conscientes de ellos y preparados para abordarlos. Por supuesto, no pretendemos investigar o hacer frente a todos los asuntos relacionados con estos temas con suficiente profundidad; más bien, nuestro propósito aquí es cumplir con el objetivo de simplemente difundir un conocimiento de las más típicas complicaciones implicadas.

 

Identidad Étnica y Cultura

Los seres humanos se definen por sus identidades particulares: la noción de una humanidad abstracta ante la cual toda particularidad no es importante carece de todo fundamento. Sin embargo, siempre es necesario tener en mente que la identidad per se es un tema complicado, que abarca tanto los detalles de la identidad individual o personal, así como varios tipos de grupos o identidades colectivas – ideológicas, políticas, religiosas, sociales, etc. La identidades grupales pueden también superponerse o entrar en conflicto entre sí (lo cual no elimina su validez), pueden ser voluntarias o involuntarias, y pueden ser heredadas o elegidas. No puede negarse que la identidad de una persona como parte de un grupo colectivo, incluso un grupo racial o étnico, tiene una dimensión subjetiva e involucra identificación conciente, al igual que no puede negarse que algunos tipos de identidad o aspectos de ellas son heredados e ineludibles[1].

Sin embargo, lo que aquí nos interesa en particular es el rol y función de la identidad étnica y racial, y la innegable relación entre estas dos formas de identidad colectiva. “Etnia” se ha vuelto una palabra con muchos significados, que abarca tanto grupos grandes como pequeños que son definidos por la posesión de ciertas características elementales comunes, especialmente en el campo de la cultura. Apropiadamente definida, una etnia significa un pueblo que se constituye (y así se define) como unidad cultural orgánica con un espíritu y continuidad histórica particulares. En muchos casos, el término “nación” o “nacionalidad” es sinónimo de etnia, aunque siempre es importante distinguir una “nación” en sentido etno-cultural de la idea de “nación cívica”.

Sin embargo, siempre hay que tener en cuenta que la cultura existe en múltiples niveles, lo que significa que la etnia o pueblo no es el único nivel en que opera la cultura; no es la única forma válida de unidad cultural. Es por esto que es válido hablar de grupos culturales abarcando múltiples etnias (por ejemplo, una cultura céltica general), una amplia cultura Occidental, o, aún más amplia, una cultura indoeuropea o europea general. Es por esta razón que Guillaume Faye tiene razón al afirmar la posición de que uno puede identificar grupos etno-culturales tanto locales como generales: “a cada europeo su propia patria, nacional o regional (elegida en base a afinidades emotivas íntimas) – y para todos los europeos la Gran Patria, esta tierra de pueblos íntimamente relacionados. La conciencia de pertenecer tanto a una “pequeña tierra nativa” como a una “gran patria” es muy difícil de comprender para los contemporáneos”[2].

Cada entidad cultural está además en contacto, y a veces conectada, con otras entidades culturales. Aunque las culturas existen separadamente de otras, no pueden ser consideradas como formando universos diferentes, y normalmente se involucran en contacto e intercambian ideas entre sí. Cada intercambio resulta en la apropiación – o mejor, re-apropiación – de las creaciones culturales de otro grupo en una nueva manera basada en el particular espíritu local de un pueblo.

Los diferentes grupos étnicos de Europa por lo general se han involucrado en un “diálogo cultural” entre sí a través de su historia, a menudo extrayendo ideas, objetos y prácticas culturales de otros grupos o de culturas pasadas. Los europeos también han intercambiado ciertas creaciones culturales con pueblos no-europeos. A pesar de que este “diálogo” naturalmente ocurrió en una forma muy selectiva y limitada por el carácter extranjero de estos pueblos. Así, uno puede, como Hans Freyer ha hecho, simplemente hablar de una “Historia-mundial de Europa”, y simultáneamente defender el hecho de que los europeos siempre han mantenido su unicidad y particularidad[3].

Este hecho, por supuesto, trae la pregunta sobre la apertura a otras culturas, y siendo así o no, es válido para un grupo cultural ser completamente abierto, o completamente cerrado a otros. Por un lado, liberales y globalistas abogan por la completa apertura, mientras que por otro (aunque no todos), los derechistas abogan por el cierre total. En realidad, ni el cierre completo ni la apertura completa son estados normales o saludables, sino que en lugar de una comunicación selectiva con barreras parciales (no absolutas). Es un hecho que, como Alain de Benoist señaló, la “diversidad de pueblos y culturas existe…sólo porque, en el pasado, estos diversos pueblos y culturas estuvieron relativamente aislados unos de otros”, y así para mantener su existencia como culturas diferentes, “la comunicación puede sólo ser imperfecta. Sin esta imperfección, perdería su raison d’être y su propia posibilidad de existir[4].

 

Cuestiones raciales

La cuestión de la raza está estrechamente ligada con la de la etnicidad, lo que por lo tanto también vincula la identidad racial con la identidad étnica. No es satisfactorio meramente señalar la realidad de la raza, ya que los oponentes pueden argumentar que su realidad es insignificante; uno debe afirmar su importancia y función. La raza es, por supuesto, principalmente un tipo biológico, definido por ciertos rasgos físico-antropológicos y ciertas sutiles características del carácter que se heredan.

Evidentemente hay también muchos desacuerdos sobre clasificación racial, por lo que uno debe siempre estar preparado para defender su punto de vista particular sobre tipología racial. Sólo mencionaremos que creemos que, contrario a ciertos científicos que insistieron en afirmar la primacía de sub-grupos raciales entre europeos, los pueblos europeos como un todo, debido a su estrecha relación, forman principalmente una general raza “blanca” o europea. La existencia de este tipo racial común entre todos los grupos étnicos europeos forma un vínculo entre ellos y les permite relacionarse mejor entre sí (en maneras que seguramente no podrían relacionarse con pueblos no-blancos). Este hecho ciertamente no elimina las diferencias entre grupos europeos, pero negar el parentesco racial de los pueblos europeos es similar y tan incorrecto como negar la existencia de una cultura y tipo general europeos[5].

Sin embargo, también necesita mencionarse que la raza no debiera ser vista en un sentido biológico simplista, ya que tiene una importante e innegable función sociológica. La raza tiene una dimensión espiritual, impregnando a la sociedad y a la cultura, debido al hecho de que el tipo racial es también definido por su estilo de expresión. La raza es una fuerza “que se ha depositado a sí misma en la existencia corporal y psíquica del hombre, y que confiere una norma intrínseca sobre todas las expresiones de una cultura, desde las más altas, hasta las más individuales creaciones”[6]. Esto no significa que la cultura y la sociedad puedan ser reducidas a la raza, lo cual sería un reduccionismo biológico falaz, ya que muchos cambios culturales y sociales ocurren independientemente de la raza y a causa de múltiples factores. Sin embargo, está claro que el tipo racial es una influencia importante en la naturaleza de la cultura y la sociedad (que pueden a su vez transmitir una influencia recíproca en la raza), incluso si se trata de una influencia entre varias otras[7].

Así, para citar a Nicolas Lahovary, “la primera explicación [de la historia] es generalmente encontrada en la naturaleza de un ser humano y su deriva, en todos los casos en donde él actúa como ser colectivo, desde la naturaleza de su pueblo. Esto último, a su vez, depende de la raza que imprime su sello sobre él”[8]. Por lo tanto, de esto es evidente que cualquier nivel significativo de mestizaje racial que transforme la estructura básica de un tipo racial, transforma también el tipo étnico; un cambio racial concreto en el origen racial provoca un cambio fundamental en la identidad. La noción de que la cultura y etnicidad pueden existir totalmente independientes de la raza, puede así ser vista como ingenua o infundada; el tipo ento-cultural y la identidad están fuertemente influenciados por la raza, incluso por el sólo fenotipo racial, con la que mantiene una asociación psicológica.

El problema del mestizaje, sin embargo, no se resuelve fácilmente. Cualquiera que crea en la importancia de las diferencias raciales y en la separación de los grupos raciales[9] debe estar preparado para desafiar el argumento “multiculturalista” de que el mestizaje es aceptable y normal debido a su incidencia a lo largo de toda la historia. Sin tocar las razones de la ocurrencia del mestizaje, debemos recordar a nuestros lectores que es necesario argumentar, sobre la base de principios raciales y valores que sostengan un valor meta-histórico, que el mestizaje, a pesar de su presencia a través de la historia, es una desviación de la normalidad, no una expresión de ella. El mantenimiento de la estabilidad en los tipos raciales fue considerado como norma en las sociedades más tradicionales[10].

Del mismo modo, la noción de que el mestizaje es beneficioso y produce transformaciones positivas (y es por tanto deseable) es por supuesto completamente carente de fundamentos, no sólo porque la mezcla de razas es usualmente asociada con cambios negativos, sino que también porque es completamente innecesario para transformaciones positivas, mientras que tales transformaciones a menudo ocurren dentro de poblaciones homogéneas.

Es necesario enfatizar, en este sentido, que evocar la mera supervivencia o preservación biológica racial – como es comúnmente hecho por los nacionalistas blancos – nunca es en si mismo argumento suficiente contra el multiculturalismo (o, más precisamente, multirracialismo). Siempre debe sostenerse que incluso si, teóricamente, la raza blanca o europea pudiera sobrevivir en presencia del multiculturalismo rampante y el multirracialismo, la sociedad multirracial seguiría siendo problemática.

El tipo racial puede sólo vivir y prosperar cuando es capaz de expresarse, de vivir de acuerdo con su propio ser interno y naturaleza, en una sociedad homogénea sin interferencia psicológica y sociológica de la presencia inmediata de otras razas. Así como un único tipo cultural y espíritu no pueden sobrevivir cuando están completamente fusionados con otras culturas, un único estilo racial expresivo se incumple y es alterado en una sociedad multirracial: le niega a una raza su completa realización en su propia manera de ser. Esto significa que el ser racial sólo se manifiesta verdaderamente a sí mismo en una comunidad homogénea, y se distorsiona o daña por la mezcla social (la “integración” de diferentes razas). Además, como señaló Benoist, a la mezcla puede oponerse no sólo por razones biológicas sino que también por razones socio-culturales:

De hecho, la hostilidad al mestizaje puede ser muy bien inspirada por consideraciones culturales o religiosas… Por otra parte, es bien sabido que en sociedades donde hay muchos matrimonios interraciales, el estatus social de estas parejas casadas depende, en gran medida, de su cercanía con el fenotipo racial dominante – todo lo cual impacta en el matrimonio y en la selección genética[11].

 

La Importancia de la Comunidad

Como insinué previamente, la identidad racial y étnica sólo encuentran su significado y validez completas en la presencia de un sentido de comunidad espiritual orgánica. Por supuesto, la similitud en tipo racial y étnico entre las personas contribuye a su sentido de comunidad orgánica, pero esto último a su vez también influencia las identidades colectivas basadas en lo primero. Este tipo de comunidad mencionado aquí puede ser entendido mejor distinguiendo la idea de comunidad (Gemeinschaft) de la de sociedad (Gesellschaft), como en la terminología de Ferdinand Tönnies[12].

Una verdadera comunidad existe donde un grupo de personas tiene un sentido orgánico de pertenencia y solidaridad, con la existencia de lazos psicológicos entre sí, mientras que una sociedad es una mera masa o colección de individuos esencialmente desconectados. En la sociedad, los lazos entre individuos son superficiales y mecánicos (de allí su naturaleza transitoria). Por otro lado, en la comunidad orgánica, en palabras de Othmar Spann, “los individuos ya no pueden ser considerados como entidades autosuficientes e independientes; la energía de su ser es inherente en su interconexión espiritual, en el todo…”[13].

Esto está en contraste con el individualismo liberal – el cual, en teoría, significa considerar la sociedad como nada más que una suma de sus partes, y, en la vida social, significa el sentimiento fundamental de separación entre individuos. La visión holística tradicional de la sociedad sostiene que el estado normal del orden social humano es así la comunidad espiritual y no la sociedad individualista, que la comunidad es superior al individuo. Esto, por supuesto, no conduce al totalitarismo ni niega la importancia de la personalidad individual, la cual se da valor dentro del contexto de la vida de la comunidad[14]. Por el contrario, el holismo rechaza el individualismo como una perversión de la vida social y una desviación negativa, como opuesta a ser una condición normal.

El individualismo resulta en la atomización de la vida social, en la desintegración del sentimiento de comunidad y el sentido de lazos espirituales. Por supuesto, el sentido de comunidad nunca es completamente perdido, ya que es inherente a todas las sociedades humanas, pero puede ser debilitado o dañado, siendo las consecuencias que un activo sentido del bien común e interdependencia entre todos los miembros de la comunidad se deteriore o desaparezca por completo[15]. Esto significa, en definitiva, apartarse de la comunidad orgánica hacia la sociedad moderna. Para citar a Edgar Julius Jung, en una descripción que es incluso más válida hoy de lo que fue en su tiempo, “la suma de los hombres con iguales derechos forma la moderna sociedad [Occidental]. Sin el espíritu de verdadera comunidad, sin la unión interior, viven uno al lado del otro en una tonta malevolencia. La cortesía formal y la humanidad mal animada oculta la envidia extenuante, aversión, y falta de alegría…”[16].

En consecuencia, como Tomislav Sunic escribió, la sociedad individualista de “los países liberales gradualmente conduce a la alienación social, la obsesión con la privacidad y el individualismo, y lo más importante, al desarraigo étnico y nacional o Entwurzelung”[17]. En otras palabras, las identidades colectivas – tales como las identidades étnicas y raciales – son desestabilizadas o disueltas en una atomizada sociedad individualista  debido a la carencia de sentimiento comunitario y solidaridad de las personas. Sin sentido orgánico de comunidad y ni lazos espirituales, los pueblos son desintegrados y transformados en una masa de individuos. La identidad racial y étnica ya no puede tener el significado que alguna vez tuvo en las formas sociales pasadas.

Sin embargo, un retorno a la comunidad siempre es posible; la ausencia de forma social no es una condición permanente. Por lo tanto es claro que una de las tareas claves de la Derecha moderna es la batalla por la restauración de la comunidad viviente, para validar las identidades colectivas. Es asimismo, una necesidad intelectual reafirmar constantemente la visión holística que valora la comunidad espiritual orgánica y rechaza el individualismo como un error. El hecho de no hacerlo puede sólo significar un fracaso en llevar a cabo en la mayor medida las propias ideas, defender completamente la propia cosmovisión. Con los valores fundamentales de raza, etnia, y tradición debe siempre incluirse la comunidad, la cual los une a todos en una unidad superior. Como Freyer escribió una vez:

El hombre es libre cuando es libre en su Volk, y cuando es libre en su reino. El hombre es libre cuando es parte de una voluntad colectiva concreta, que toma responsabilidad de su historia. Sólo la realidad puede decidir si dicha voluntad colectiva existirá, una voluntad que una a los hombres y dote su existencia privada de significado histórico[18].

 

Observaciones finales

Para concluir esta discusión, deseamos volver a enfatizar ciertos puntos esenciales arriba argumentados con el propósito de la claridad:

(1)                Las etnias existen como entidades culturales distintas, aunque los grupos culturales y étnicos existan tanto a un nivel menor como más extenso, por lo que uno puede hablar tanto de pueblos europeos como de un solo pueblo europeo.

(2)                Las culturas generalmente se comunican entre sí e intercambian creaciones; normalmente no están completamente cerradas a otras culturas. Bajo condiciones normales esta comunicación no elimina su unicidad y existencia como culturas separadas debido a la naturalmente selectiva y limitada naturaleza del diálogo cultural; sólo la apertura completa, la cual es anormal, elimina la particularidad.

 (3)                El tipo racial tiene una función sociológica importante, dejando su marca sobre cultura y etnicidad. La raza es un factor en la identidad étnica; cambiar el antecedente racial de una etnia también cambia su carácter e identidad. La supervivencia de una identidad etno-cultural así depende de resistir la mezcla de razas, que transforma negativamente al tipo racial.

(4)                El mestizaje racial, sin embargo, no puede ser impugnado meramente evocando la noción de preservación, sino que debe hacerse por principio. La mezcla de razas debe ser rechazada como una desviación del orden social normal; se requiere homogeneidad racial para la estabilidad etno-cultural.

(5)                Finalmente, la identidad racial y étnica encuentran significado sólo cuando existe un sentido de pertenencia a una comunidad espiritual, que es en sí aumentada por la homogeneidad étnica y racial. En sociedades liberales individualistas donde el sentido original de comunidad orgánica está debilitado, los lazos étnicos e identidades también lo están.

 

Lo que hemos dispuesto aquí por el momento es meramente una introducción a algunos conceptos esenciales de la Nueva Derecha europea. Al escribir este ensayo, esperamos ver que estos conceptos sean utilizados más frecuentemente para que no sólo los argumentos de los nacionalistas blancos mejoren, sino para que también sean mejor entendidos. El camino hacia adelante – hacia el cambio de la realidad social y la superación del liberalismo, igualitarismo, y multiculturalismo – existe primero en el reino del pensamiento, en la habilidad de desafiar exitosamente la ideología dominante en el plano intelectual. Entonces, y sólo entonces, la hegemonía del liberalismo comenzará a colapsar.

 

[1] Para una discusión más profunda – aunque algo insatisfactoria con ciertos temas (particularmente raza y etnicidad) – del problema de la identidad, ver  Alain de Benoist, “On Identity,” Telos, Vol. 2004, No. 128 (Summer 2004), pp. 9–64. http://www.alaindebenoist.com/pdf/on_identity.pdf.

[2] [2] Guillaume Faye, Why We Fight: Manifesto of the European Resistance (London: Arktos, 2011), p. 143. Ver también Benoist, “On Identity,” pp. 46–51.

[3] [3] Ver la vision general de Hans Freyer’s Weltgeschichte Europas in Jerry Z. Muller, The Other God That Failed: Hans Freyer and the Deradicalization of German Conservatism (Princeton: Princeton University Press, 1988), pp. 330 ff.

[4] Alain de Benoist, “What is Racism?” Telos, Vol. 1999, No. 114 (Winter 1999), pp. 46–47. http://www.alaindebenoist.com/pdf/what_is_racism.pdf. Sobre la cuestión de la apertura cultural, ver también Benoist, “Confronting Globalization,” Telos, Vol. 1996, No. 108, (Summer 1996), pp. 117–37. http://www.alaindebenoist.com/pdf/confronting_globalization.pdf.

[5] Para una discusión sobre la unidad y parentesco racial y cultural de todos los europeos, ver por ejemplo los comentarios en Michael O’Meara, New Culture, New Right: Anti-Liberalism in Postmodern Europe, 2nd edition (London: Arktos, 2013), pp. 236 ff. Esta posición también ha sido sostenida por muchos otros autores de Nueva Derecha (incluyendo a Alain de Benoist, Guillaume Faye, Pierre Krebs, Dominique Venner, Pierre Vial, etc.).

[6] Hans Freyer, “Tradition und Revolution im Weltbild,” Europäische Revue 10 (1934), pp. 74–75. Quoted in Muller, The Other God That Failed, p. 263.

[7] Otra fuente que los lectores pueden remitirse en esta materia es Michael O’Meara, “Race, Culture, and Anarchy,” The Occidental Quarterly, Vol. 9, No. 2 (Summer 2009), pp. 35–64. http://toqonline.com/archives/v9n2/TOQv9n2OMeara.pdf.

[8] Nicolas Lahovary, Les peuples européens: leur passé ethnologique et leurs parentés réciproques,d’après les dernières recherches sanguines et anthropologiques (Neuchâtel: Éditions de la Baconnière, 1946), p. 35. Quoted in Pierre Krebs, Fighting for the Essence (London: Arktos, 2012), p. 21, n. 13.

[9] Una posición que, no hace falta decir, no es equivalente a “racismo” (cuya característica distintiva es la creencia en la superioridad racial y jerarquía, no meramente la creencia de que las razas son diferentes y deberían vivir separadas), como ha señalado Alain de Benoist entre otros autores de Nueva Derecha.

[10] Ver por ejemplo: los capítulos “Life and Death of Civilizations” y “The Decline of Superior Races” de Julius Evola, Revolt Against the Modern World, trans. Guido Stucco (Rochester: Inner Traditions, 1995); los comentarios en Guillaume Faye, Archeofuturism: European Visions of the Post-Catastrophic Age (London: Arktos Media, 2010); el capítulo “The Beauty and the Beast: Race and Racism in Europe” in Tomislav Sunic, Postmortem Report: Cultural Examinations from Postmodernity (Shamley Green, UK: The Paligenesis Project, 2010).

[11] Benoist, “What is Racism?,” p. 34.

[12] Ver Ferdinand Tönnies, Community and Society (London and New York: Courier Dover Publications, 2002). Para una buena vision general sobre las ideas de Tönnies, ver Alain de Benoist y Tomislav Sunic, “Gemeinschaft and Gesellschaft: A Sociological View of the Decay of Modern Society,” Mankind Quarterly, Vol. 34, No. 3 (1994). http://home.alphalink.com.au/~radnat/debenoist/alain6.html.

[13] Othmar Spann, Types of Economic Theory (London: Routledge, 2012), p. 61.

[14] Como O’Meara indica, “enfatizar los componentes sociales del individualismo de ninguna manera implica una hostilidad al personalismo o una inclinación hacia un colectivismo sin rostro” (New Culture, New Right, pp. 113–14, n. 31), significando que el rechazo al individualismo y la valoración de la comunidad sobre el individuo no implica un colectivismo absoluto e ilimitado. Muchos otros escritores asociados a la Revolución Conservadora así como a la Nueva Derecha han señalado esto también.

[15]Debe dejarse claro que esto no significa que cada persona individual que sea individualista sea necesariamente una persona inmoral, o una persona de mala clase. Como Edgar Julius Jung indicó, “él [el individualista] puede ser, personalmente, también un hombre esforzándose por el bien; él puede incluso observar y mantener la moral (mores) existente. Pero él ya no tiene la conexión viva con el significado de esta moral. (The Rule of the Inferiour, vol. I [Lewiston, NY: Edwin Mellen Press, 1995], p. 53). Así uno puede aún sostener que el individualismo esencialmente significa la “separación” de la comunidad, el debilitamiento de los lazos y solidaridad que son esenciales para la existencia de la verdadera comunidad. Como Jung escribió, “el espíritu de la comunidad sin una conexión sentimentalmente-orientada con la comunidad, sin un estándar de valores supraindividualista [sobre el individuo], es una ilusión”. (Ibid., p. 134).

[16] Ibid., p. 271.

[17] Tomislav Sunic, Against Democracy and Equality: The European New Right, 3rd edition (London: Arktos, 2010), p. 128.

[18] Hans Freyer, Revolution von Rechts (Jena: Eugen Diederich, 1931), p. 69. Citado en Hajo Funke and y Yale Neaman, The Ideology of the Radical Right in Germany: Past and Present (Minneapolis: Institute of International Studies, College of Liberal Arts, 1991), p. 5.