Texto por Lucian Tudor.

Traducción por A. Garrido.

Enlace original en: Counter-Currents Publishing

 Los derechistas modernos que afirman la importancia de las diferencias raciales y abogan por el separatismo racial, especialmente los nacionalistas blancos, se enfrentan a una serie de desafíos filosóficos de los que necesitan estar concientes y listos para abordar. Es muy común confiar en presupuestos, asunciones, o implicancias sin estar preparados para responder a cuestiones más profundas o a complicaciones relacionadas con la interpretación de hechos e ideas.  Lo que se necesita en la Derecha moderna es una filosofía desarrollada de raza y cultura, de identidad y comunidad, la cual clarifique las cuestiones en juego y de profundidad a sus puntos de vista.

 Sin esta profundidad filosófica o intelectual apoyando su cosmovisión en sus mentes, serán menos y menos dispuestos a desafiar con éxito a sus oponentes y convencer a otros. Los recursos intelectuales para establecer esta profundidad ya han sido proporcionados por la “Revolución Conservadora” alemana y la “Nueva Derecha” europea, pero sus contribuciones e ideas aún no han sido completamente reconocidas o utilizadas. Esperamos llamar la atención sobre algunos problemas filosóficos básicos y la necesidad de estar conscientes de ellos y preparados para abordarlos. Por supuesto, no pretendemos investigar o hacer frente a todos los asuntos relacionados con estos temas con suficiente profundidad; más bien, nuestro propósito aquí es cumplir con el objetivo de simplemente difundir un conocimiento de las más típicas complicaciones implicadas.

 

Identidad Étnica y Cultura

Los seres humanos se definen por sus identidades particulares: la noción de una humanidad abstracta ante la cual toda particularidad no es importante carece de todo fundamento. Sin embargo, siempre es necesario tener en mente que la identidad per se es un tema complicado, que abarca tanto los detalles de la identidad individual o personal, así como varios tipos de grupos o identidades colectivas – ideológicas, políticas, religiosas, sociales, etc. La identidades grupales pueden también superponerse o entrar en conflicto entre sí (lo cual no elimina su validez), pueden ser voluntarias o involuntarias, y pueden ser heredadas o elegidas. No puede negarse que la identidad de una persona como parte de un grupo colectivo, incluso un grupo racial o étnico, tiene una dimensión subjetiva e involucra identificación conciente, al igual que no puede negarse que algunos tipos de identidad o aspectos de ellas son heredados e ineludibles[1].

Sin embargo, lo que aquí nos interesa en particular es el rol y función de la identidad étnica y racial, y la innegable relación entre estas dos formas de identidad colectiva. “Etnia” se ha vuelto una palabra con muchos significados, que abarca tanto grupos grandes como pequeños que son definidos por la posesión de ciertas características elementales comunes, especialmente en el campo de la cultura. Apropiadamente definida, una etnia significa un pueblo que se constituye (y así se define) como unidad cultural orgánica con un espíritu y continuidad histórica particulares. En muchos casos, el término “nación” o “nacionalidad” es sinónimo de etnia, aunque siempre es importante distinguir una “nación” en sentido etno-cultural de la idea de “nación cívica”.

Sin embargo, siempre hay que tener en cuenta que la cultura existe en múltiples niveles, lo que significa que la etnia o pueblo no es el único nivel en que opera la cultura; no es la única forma válida de unidad cultural. Es por esto que es válido hablar de grupos culturales abarcando múltiples etnias (por ejemplo, una cultura céltica general), una amplia cultura Occidental, o, aún más amplia, una cultura indoeuropea o europea general. Es por esta razón que Guillaume Faye tiene razón al afirmar la posición de que uno puede identificar grupos etno-culturales tanto locales como generales: “a cada europeo su propia patria, nacional o regional (elegida en base a afinidades emotivas íntimas) – y para todos los europeos la Gran Patria, esta tierra de pueblos íntimamente relacionados. La conciencia de pertenecer tanto a una “pequeña tierra nativa” como a una “gran patria” es muy difícil de comprender para los contemporáneos”[2].

Cada entidad cultural está además en contacto, y a veces conectada, con otras entidades culturales. Aunque las culturas existen separadamente de otras, no pueden ser consideradas como formando universos diferentes, y normalmente se involucran en contacto e intercambian ideas entre sí. Cada intercambio resulta en la apropiación – o mejor, re-apropiación – de las creaciones culturales de otro grupo en una nueva manera basada en el particular espíritu local de un pueblo.

Los diferentes grupos étnicos de Europa por lo general se han involucrado en un “diálogo cultural” entre sí a través de su historia, a menudo extrayendo ideas, objetos y prácticas culturales de otros grupos o de culturas pasadas. Los europeos también han intercambiado ciertas creaciones culturales con pueblos no-europeos. A pesar de que este “diálogo” naturalmente ocurrió en una forma muy selectiva y limitada por el carácter extranjero de estos pueblos. Así, uno puede, como Hans Freyer ha hecho, simplemente hablar de una “Historia-mundial de Europa”, y simultáneamente defender el hecho de que los europeos siempre han mantenido su unicidad y particularidad[3].

Este hecho, por supuesto, trae la pregunta sobre la apertura a otras culturas, y siendo así o no, es válido para un grupo cultural ser completamente abierto, o completamente cerrado a otros. Por un lado, liberales y globalistas abogan por la completa apertura, mientras que por otro (aunque no todos), los derechistas abogan por el cierre total. En realidad, ni el cierre completo ni la apertura completa son estados normales o saludables, sino que en lugar de una comunicación selectiva con barreras parciales (no absolutas). Es un hecho que, como Alain de Benoist señaló, la “diversidad de pueblos y culturas existe…sólo porque, en el pasado, estos diversos pueblos y culturas estuvieron relativamente aislados unos de otros”, y así para mantener su existencia como culturas diferentes, “la comunicación puede sólo ser imperfecta. Sin esta imperfección, perdería su raison d’être y su propia posibilidad de existir[4].

 

Cuestiones raciales

La cuestión de la raza está estrechamente ligada con la de la etnicidad, lo que por lo tanto también vincula la identidad racial con la identidad étnica. No es satisfactorio meramente señalar la realidad de la raza, ya que los oponentes pueden argumentar que su realidad es insignificante; uno debe afirmar su importancia y función. La raza es, por supuesto, principalmente un tipo biológico, definido por ciertos rasgos físico-antropológicos y ciertas sutiles características del carácter que se heredan.

Evidentemente hay también muchos desacuerdos sobre clasificación racial, por lo que uno debe siempre estar preparado para defender su punto de vista particular sobre tipología racial. Sólo mencionaremos que creemos que, contrario a ciertos científicos que insistieron en afirmar la primacía de sub-grupos raciales entre europeos, los pueblos europeos como un todo, debido a su estrecha relación, forman principalmente una general raza “blanca” o europea. La existencia de este tipo racial común entre todos los grupos étnicos europeos forma un vínculo entre ellos y les permite relacionarse mejor entre sí (en maneras que seguramente no podrían relacionarse con pueblos no-blancos). Este hecho ciertamente no elimina las diferencias entre grupos europeos, pero negar el parentesco racial de los pueblos europeos es similar y tan incorrecto como negar la existencia de una cultura y tipo general europeos[5].

Sin embargo, también necesita mencionarse que la raza no debiera ser vista en un sentido biológico simplista, ya que tiene una importante e innegable función sociológica. La raza tiene una dimensión espiritual, impregnando a la sociedad y a la cultura, debido al hecho de que el tipo racial es también definido por su estilo de expresión. La raza es una fuerza “que se ha depositado a sí misma en la existencia corporal y psíquica del hombre, y que confiere una norma intrínseca sobre todas las expresiones de una cultura, desde las más altas, hasta las más individuales creaciones”[6]. Esto no significa que la cultura y la sociedad puedan ser reducidas a la raza, lo cual sería un reduccionismo biológico falaz, ya que muchos cambios culturales y sociales ocurren independientemente de la raza y a causa de múltiples factores. Sin embargo, está claro que el tipo racial es una influencia importante en la naturaleza de la cultura y la sociedad (que pueden a su vez transmitir una influencia recíproca en la raza), incluso si se trata de una influencia entre varias otras[7].

Así, para citar a Nicolas Lahovary, “la primera explicación [de la historia] es generalmente encontrada en la naturaleza de un ser humano y su deriva, en todos los casos en donde él actúa como ser colectivo, desde la naturaleza de su pueblo. Esto último, a su vez, depende de la raza que imprime su sello sobre él”[8]. Por lo tanto, de esto es evidente que cualquier nivel significativo de mestizaje racial que transforme la estructura básica de un tipo racial, transforma también el tipo étnico; un cambio racial concreto en el origen racial provoca un cambio fundamental en la identidad. La noción de que la cultura y etnicidad pueden existir totalmente independientes de la raza, puede así ser vista como ingenua o infundada; el tipo ento-cultural y la identidad están fuertemente influenciados por la raza, incluso por el sólo fenotipo racial, con la que mantiene una asociación psicológica.

El problema del mestizaje, sin embargo, no se resuelve fácilmente. Cualquiera que crea en la importancia de las diferencias raciales y en la separación de los grupos raciales[9] debe estar preparado para desafiar el argumento “multiculturalista” de que el mestizaje es aceptable y normal debido a su incidencia a lo largo de toda la historia. Sin tocar las razones de la ocurrencia del mestizaje, debemos recordar a nuestros lectores que es necesario argumentar, sobre la base de principios raciales y valores que sostengan un valor meta-histórico, que el mestizaje, a pesar de su presencia a través de la historia, es una desviación de la normalidad, no una expresión de ella. El mantenimiento de la estabilidad en los tipos raciales fue considerado como norma en las sociedades más tradicionales[10].

Del mismo modo, la noción de que el mestizaje es beneficioso y produce transformaciones positivas (y es por tanto deseable) es por supuesto completamente carente de fundamentos, no sólo porque la mezcla de razas es usualmente asociada con cambios negativos, sino que también porque es completamente innecesario para transformaciones positivas, mientras que tales transformaciones a menudo ocurren dentro de poblaciones homogéneas.

Es necesario enfatizar, en este sentido, que evocar la mera supervivencia o preservación biológica racial – como es comúnmente hecho por los nacionalistas blancos – nunca es en si mismo argumento suficiente contra el multiculturalismo (o, más precisamente, multirracialismo). Siempre debe sostenerse que incluso si, teóricamente, la raza blanca o europea pudiera sobrevivir en presencia del multiculturalismo rampante y el multirracialismo, la sociedad multirracial seguiría siendo problemática.

El tipo racial puede sólo vivir y prosperar cuando es capaz de expresarse, de vivir de acuerdo con su propio ser interno y naturaleza, en una sociedad homogénea sin interferencia psicológica y sociológica de la presencia inmediata de otras razas. Así como un único tipo cultural y espíritu no pueden sobrevivir cuando están completamente fusionados con otras culturas, un único estilo racial expresivo se incumple y es alterado en una sociedad multirracial: le niega a una raza su completa realización en su propia manera de ser. Esto significa que el ser racial sólo se manifiesta verdaderamente a sí mismo en una comunidad homogénea, y se distorsiona o daña por la mezcla social (la “integración” de diferentes razas). Además, como señaló Benoist, a la mezcla puede oponerse no sólo por razones biológicas sino que también por razones socio-culturales:

De hecho, la hostilidad al mestizaje puede ser muy bien inspirada por consideraciones culturales o religiosas… Por otra parte, es bien sabido que en sociedades donde hay muchos matrimonios interraciales, el estatus social de estas parejas casadas depende, en gran medida, de su cercanía con el fenotipo racial dominante – todo lo cual impacta en el matrimonio y en la selección genética[11].

 

La Importancia de la Comunidad

Como insinué previamente, la identidad racial y étnica sólo encuentran su significado y validez completas en la presencia de un sentido de comunidad espiritual orgánica. Por supuesto, la similitud en tipo racial y étnico entre las personas contribuye a su sentido de comunidad orgánica, pero esto último a su vez también influencia las identidades colectivas basadas en lo primero. Este tipo de comunidad mencionado aquí puede ser entendido mejor distinguiendo la idea de comunidad (Gemeinschaft) de la de sociedad (Gesellschaft), como en la terminología de Ferdinand Tönnies[12].

Una verdadera comunidad existe donde un grupo de personas tiene un sentido orgánico de pertenencia y solidaridad, con la existencia de lazos psicológicos entre sí, mientras que una sociedad es una mera masa o colección de individuos esencialmente desconectados. En la sociedad, los lazos entre individuos son superficiales y mecánicos (de allí su naturaleza transitoria). Por otro lado, en la comunidad orgánica, en palabras de Othmar Spann, “los individuos ya no pueden ser considerados como entidades autosuficientes e independientes; la energía de su ser es inherente en su interconexión espiritual, en el todo…”[13].

Esto está en contraste con el individualismo liberal – el cual, en teoría, significa considerar la sociedad como nada más que una suma de sus partes, y, en la vida social, significa el sentimiento fundamental de separación entre individuos. La visión holística tradicional de la sociedad sostiene que el estado normal del orden social humano es así la comunidad espiritual y no la sociedad individualista, que la comunidad es superior al individuo. Esto, por supuesto, no conduce al totalitarismo ni niega la importancia de la personalidad individual, la cual se da valor dentro del contexto de la vida de la comunidad[14]. Por el contrario, el holismo rechaza el individualismo como una perversión de la vida social y una desviación negativa, como opuesta a ser una condición normal.

El individualismo resulta en la atomización de la vida social, en la desintegración del sentimiento de comunidad y el sentido de lazos espirituales. Por supuesto, el sentido de comunidad nunca es completamente perdido, ya que es inherente a todas las sociedades humanas, pero puede ser debilitado o dañado, siendo las consecuencias que un activo sentido del bien común e interdependencia entre todos los miembros de la comunidad se deteriore o desaparezca por completo[15]. Esto significa, en definitiva, apartarse de la comunidad orgánica hacia la sociedad moderna. Para citar a Edgar Julius Jung, en una descripción que es incluso más válida hoy de lo que fue en su tiempo, “la suma de los hombres con iguales derechos forma la moderna sociedad [Occidental]. Sin el espíritu de verdadera comunidad, sin la unión interior, viven uno al lado del otro en una tonta malevolencia. La cortesía formal y la humanidad mal animada oculta la envidia extenuante, aversión, y falta de alegría…”[16].

En consecuencia, como Tomislav Sunic escribió, la sociedad individualista de “los países liberales gradualmente conduce a la alienación social, la obsesión con la privacidad y el individualismo, y lo más importante, al desarraigo étnico y nacional o Entwurzelung”[17]. En otras palabras, las identidades colectivas – tales como las identidades étnicas y raciales – son desestabilizadas o disueltas en una atomizada sociedad individualista  debido a la carencia de sentimiento comunitario y solidaridad de las personas. Sin sentido orgánico de comunidad y ni lazos espirituales, los pueblos son desintegrados y transformados en una masa de individuos. La identidad racial y étnica ya no puede tener el significado que alguna vez tuvo en las formas sociales pasadas.

Sin embargo, un retorno a la comunidad siempre es posible; la ausencia de forma social no es una condición permanente. Por lo tanto es claro que una de las tareas claves de la Derecha moderna es la batalla por la restauración de la comunidad viviente, para validar las identidades colectivas. Es asimismo, una necesidad intelectual reafirmar constantemente la visión holística que valora la comunidad espiritual orgánica y rechaza el individualismo como un error. El hecho de no hacerlo puede sólo significar un fracaso en llevar a cabo en la mayor medida las propias ideas, defender completamente la propia cosmovisión. Con los valores fundamentales de raza, etnia, y tradición debe siempre incluirse la comunidad, la cual los une a todos en una unidad superior. Como Freyer escribió una vez:

El hombre es libre cuando es libre en su Volk, y cuando es libre en su reino. El hombre es libre cuando es parte de una voluntad colectiva concreta, que toma responsabilidad de su historia. Sólo la realidad puede decidir si dicha voluntad colectiva existirá, una voluntad que una a los hombres y dote su existencia privada de significado histórico[18].

 

Observaciones finales

Para concluir esta discusión, deseamos volver a enfatizar ciertos puntos esenciales arriba argumentados con el propósito de la claridad:

(1)                Las etnias existen como entidades culturales distintas, aunque los grupos culturales y étnicos existan tanto a un nivel menor como más extenso, por lo que uno puede hablar tanto de pueblos europeos como de un solo pueblo europeo.

(2)                Las culturas generalmente se comunican entre sí e intercambian creaciones; normalmente no están completamente cerradas a otras culturas. Bajo condiciones normales esta comunicación no elimina su unicidad y existencia como culturas separadas debido a la naturalmente selectiva y limitada naturaleza del diálogo cultural; sólo la apertura completa, la cual es anormal, elimina la particularidad.

 (3)                El tipo racial tiene una función sociológica importante, dejando su marca sobre cultura y etnicidad. La raza es un factor en la identidad étnica; cambiar el antecedente racial de una etnia también cambia su carácter e identidad. La supervivencia de una identidad etno-cultural así depende de resistir la mezcla de razas, que transforma negativamente al tipo racial.

(4)                El mestizaje racial, sin embargo, no puede ser impugnado meramente evocando la noción de preservación, sino que debe hacerse por principio. La mezcla de razas debe ser rechazada como una desviación del orden social normal; se requiere homogeneidad racial para la estabilidad etno-cultural.

(5)                Finalmente, la identidad racial y étnica encuentran significado sólo cuando existe un sentido de pertenencia a una comunidad espiritual, que es en sí aumentada por la homogeneidad étnica y racial. En sociedades liberales individualistas donde el sentido original de comunidad orgánica está debilitado, los lazos étnicos e identidades también lo están.

 

Lo que hemos dispuesto aquí por el momento es meramente una introducción a algunos conceptos esenciales de la Nueva Derecha europea. Al escribir este ensayo, esperamos ver que estos conceptos sean utilizados más frecuentemente para que no sólo los argumentos de los nacionalistas blancos mejoren, sino para que también sean mejor entendidos. El camino hacia adelante – hacia el cambio de la realidad social y la superación del liberalismo, igualitarismo, y multiculturalismo – existe primero en el reino del pensamiento, en la habilidad de desafiar exitosamente la ideología dominante en el plano intelectual. Entonces, y sólo entonces, la hegemonía del liberalismo comenzará a colapsar.

 

[1] Para una discusión más profunda – aunque algo insatisfactoria con ciertos temas (particularmente raza y etnicidad) – del problema de la identidad, ver  Alain de Benoist, “On Identity,” Telos, Vol. 2004, No. 128 (Summer 2004), pp. 9–64. http://www.alaindebenoist.com/pdf/on_identity.pdf.

[2] [2] Guillaume Faye, Why We Fight: Manifesto of the European Resistance (London: Arktos, 2011), p. 143. Ver también Benoist, “On Identity,” pp. 46–51.

[3] [3] Ver la vision general de Hans Freyer’s Weltgeschichte Europas in Jerry Z. Muller, The Other God That Failed: Hans Freyer and the Deradicalization of German Conservatism (Princeton: Princeton University Press, 1988), pp. 330 ff.

[4] Alain de Benoist, “What is Racism?” Telos, Vol. 1999, No. 114 (Winter 1999), pp. 46–47. http://www.alaindebenoist.com/pdf/what_is_racism.pdf. Sobre la cuestión de la apertura cultural, ver también Benoist, “Confronting Globalization,” Telos, Vol. 1996, No. 108, (Summer 1996), pp. 117–37. http://www.alaindebenoist.com/pdf/confronting_globalization.pdf.

[5] Para una discusión sobre la unidad y parentesco racial y cultural de todos los europeos, ver por ejemplo los comentarios en Michael O’Meara, New Culture, New Right: Anti-Liberalism in Postmodern Europe, 2nd edition (London: Arktos, 2013), pp. 236 ff. Esta posición también ha sido sostenida por muchos otros autores de Nueva Derecha (incluyendo a Alain de Benoist, Guillaume Faye, Pierre Krebs, Dominique Venner, Pierre Vial, etc.).

[6] Hans Freyer, “Tradition und Revolution im Weltbild,” Europäische Revue 10 (1934), pp. 74–75. Quoted in Muller, The Other God That Failed, p. 263.

[7] Otra fuente que los lectores pueden remitirse en esta materia es Michael O’Meara, “Race, Culture, and Anarchy,” The Occidental Quarterly, Vol. 9, No. 2 (Summer 2009), pp. 35–64. http://toqonline.com/archives/v9n2/TOQv9n2OMeara.pdf.

[8] Nicolas Lahovary, Les peuples européens: leur passé ethnologique et leurs parentés réciproques,d’après les dernières recherches sanguines et anthropologiques (Neuchâtel: Éditions de la Baconnière, 1946), p. 35. Quoted in Pierre Krebs, Fighting for the Essence (London: Arktos, 2012), p. 21, n. 13.

[9] Una posición que, no hace falta decir, no es equivalente a “racismo” (cuya característica distintiva es la creencia en la superioridad racial y jerarquía, no meramente la creencia de que las razas son diferentes y deberían vivir separadas), como ha señalado Alain de Benoist entre otros autores de Nueva Derecha.

[10] Ver por ejemplo: los capítulos “Life and Death of Civilizations” y “The Decline of Superior Races” de Julius Evola, Revolt Against the Modern World, trans. Guido Stucco (Rochester: Inner Traditions, 1995); los comentarios en Guillaume Faye, Archeofuturism: European Visions of the Post-Catastrophic Age (London: Arktos Media, 2010); el capítulo “The Beauty and the Beast: Race and Racism in Europe” in Tomislav Sunic, Postmortem Report: Cultural Examinations from Postmodernity (Shamley Green, UK: The Paligenesis Project, 2010).

[11] Benoist, “What is Racism?,” p. 34.

[12] Ver Ferdinand Tönnies, Community and Society (London and New York: Courier Dover Publications, 2002). Para una buena vision general sobre las ideas de Tönnies, ver Alain de Benoist y Tomislav Sunic, “Gemeinschaft and Gesellschaft: A Sociological View of the Decay of Modern Society,” Mankind Quarterly, Vol. 34, No. 3 (1994). http://home.alphalink.com.au/~radnat/debenoist/alain6.html.

[13] Othmar Spann, Types of Economic Theory (London: Routledge, 2012), p. 61.

[14] Como O’Meara indica, “enfatizar los componentes sociales del individualismo de ninguna manera implica una hostilidad al personalismo o una inclinación hacia un colectivismo sin rostro” (New Culture, New Right, pp. 113–14, n. 31), significando que el rechazo al individualismo y la valoración de la comunidad sobre el individuo no implica un colectivismo absoluto e ilimitado. Muchos otros escritores asociados a la Revolución Conservadora así como a la Nueva Derecha han señalado esto también.

[15]Debe dejarse claro que esto no significa que cada persona individual que sea individualista sea necesariamente una persona inmoral, o una persona de mala clase. Como Edgar Julius Jung indicó, “él [el individualista] puede ser, personalmente, también un hombre esforzándose por el bien; él puede incluso observar y mantener la moral (mores) existente. Pero él ya no tiene la conexión viva con el significado de esta moral. (The Rule of the Inferiour, vol. I [Lewiston, NY: Edwin Mellen Press, 1995], p. 53). Así uno puede aún sostener que el individualismo esencialmente significa la “separación” de la comunidad, el debilitamiento de los lazos y solidaridad que son esenciales para la existencia de la verdadera comunidad. Como Jung escribió, “el espíritu de la comunidad sin una conexión sentimentalmente-orientada con la comunidad, sin un estándar de valores supraindividualista [sobre el individuo], es una ilusión”. (Ibid., p. 134).

[16] Ibid., p. 271.

[17] Tomislav Sunic, Against Democracy and Equality: The European New Right, 3rd edition (London: Arktos, 2010), p. 128.

[18] Hans Freyer, Revolution von Rechts (Jena: Eugen Diederich, 1931), p. 69. Citado en Hajo Funke and y Yale Neaman, The Ideology of the Radical Right in Germany: Past and Present (Minneapolis: Institute of International Studies, College of Liberal Arts, 1991), p. 5.

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