Francisco Albanese

Hace relativamente poco tiempo, el Instituto Mises reposteó una traducción de un artículo de Richard Storey que publicamos originalmente aquí. Como es de esperar cuando algo rompe el molde de lo esperado y lo ‘normal’, el artículo fue recibido con opiniones divididas: algunas que, si bien no compartían del todo, tomaban el asunto con altura de miras, y otras definitivamente histérica y ciegas. Romper la normalidad y desafiar la tendencia conlleva riesgos, pero a veces es necesario correrlos, pues eso enriquece la mirada y otorga nuevas herramientas que ayudan a expandir la visión para dejar de ser un perro galgo que corre sin mirar hacia los lados, como ocurre casi siempre en nombre de la consecuencia.

Uno de los argumentos clásicos para justificar al liberalismo frente al socialismo, es que el primero parte desde la realidad y no desde el esfuerzo en concretar una fantasía, la que siempre termina despedazándose por la realidad. Pues bien, la nación, más allá de su sentido cívico o estatista, es una realidad: las etnias existen, y el individuo, por más que insista en que su individualidad lo es todo y no hay nada por encima de él, difícilmente, a la luz de los hechos, podría negar su pertenencia a algún grupo humano, de la misma manera en que no podría negar su pertenencia a la especie humana por más que quiera, por ejemplo, ser un perro. Si quiere intentar ser un perro, tiene todo el derecho, amparado en su libertad negativa, a hacerlo; incluso, con las herramientas tecnológicas disponibles, incluso podría intervenirse quirúrgicamente. Sin embargo, su genoma seguirá diciendo otra cosa. Los seres humanos, entonces, pueden elaborar sistemas basados en acuerdos en que las libertades son respetadas y los intereses individuales no son obstaculizados para ser realizados, pero difícilmente pueden cambiar la configuración con la que nacen y portarán durante toda su vida; al menos no mediante las ideas. Aceptar eso se llama realismo, y no tiene nada que ver con ningún tipo de supremacismo inherente, aunque si un individuo quisiera sentirse superior a otro, es libre de hacerlo siempre y cuando su manera de vivir su supremacía no atente contra las libertades de otro.

El término ‘nacionalismo’ es rechazado por algunos partidarios del libertarianismo debido a su acepción más conocida, donde nacionalismo pasaría a ser una especie de “McCombo” que incluye chauvinismo, histeria, bajo IQ y estatismo, términos de los cuales ninguno está relacionado con lo que engloba el término latin nationem, que tiene que ver con la casta, etnia, stock y sangre, es decir, con la carga pasiva que posee un individuo. De hecho, el mismo Murray Rothbard reconoce que

toda persona nace en una o varias comunidades sobrepuestas, incluyendo generalmente un grupo étnico con valores, culturas, creencias religiosas y tradiciones específicos. [1]

Una interesante definición (en inglés) del término nación dice que el “sentido político ha predominado gradualmente, pero los primeros ejemplos se inclinaban hacia el significado racial “grupo mayor de gente con una ascendencia en común”, lo que aclara un poco el panorama respecto a nación como un mero sinónimo de estado. Hay muchas naciones sin estado, y a través de la historia de la Humanidad han habido miles de naciones que nacieron y desaparecieron antes de siquiera existir el concepto de Estado. Probablemente, los comentarios de rechazo tienen más un componente emocional que uno racional: sólo una palabra fue suficiente para desatar las pasiones y un sistema de defensa más parecido a una alergia que a un análisis crítico y objetivo.

Adoctrinar gente no es algo que me apasione, porque el ser humano debe aprender por sí mismo y no ser una especie de saco que recibe conocimiento sin ningún tipo de filtro. Por eso, más que responder dudas o entregar fundamentos que demuestren vastos conocimientos, prefiero dejar algunas preguntas que más que apelar al idealismo con el que algunos quieren ver el mundo, apelan a la realidad en la que estamos inmersos. Si respondemos apegándonos objetivamente a la realidad y dejando de lado los filtros ideológicos, puede que lleguemos a algunas conclusiones no del todo políticamente correctas, aunque, sinceramente, ser políticamente correcto cada vez tiene menos importancia y es cada vez menos productivo:

¿Qué características étnicas y culturales tienen las sociedades que tienden más hacia la alta valoración de la libertad?

¿Ha proliferado el liberalismo clásico y el libertarianismo en sociedades que no se hayan visto influenciadas por alguna cultura de Occidente?

¿Los ideales de orden y respeto a los que aspira el libertarianismo se parecen a los de qué culturas en particular, y cómo son los componentes raciales y étnicos de dichas culturas? 

¿El multiculturalismo conduce a una panacea de la libertad… o al caos y su consiguiente medida de control a través de un estado policial y militarizado?

Notas.

1. Rothbard, M. 1994. “Nations by Consent: Decomposing the Nation-State”. Journal of Libertarian Studies 11:1 1-10. Center for Libertarian Studies. url: https://mises.org/system/tdf/11_1_1_0.pdf?file=1&type=document

Anuncios