Nullius mihi culpa

Francisco Javgzo

Una característica propia de una sociedad irresponsable y susceptible a los estragos causados por quienes procuran el poder central, es la de socializar y externalizar los fracasos, y la de capitalizar e internalizar los aciertos. Por esta razón, es muy común el atribuir los logros y triunfos a las «capacidades» (como si en esta sociedad se necesitaran capacidades) individuales, pero culpar a la sociedad in abstracto.

Es así como el bienestar económico, es esta sociedad, es claramente un logro del individuo, de su inteligencia, su astucia, sus competencias, de la carrera universitaria y la casa de estudios que eligió, de su esfuerzo, y de un montón de razones que dependen directamente de él y de sus decisiones.

Por otro lado, las fallas siempre son atribuidas al colectivo y hasta al pasado: «por eso estamos así», «es culpa de los españoles que nos conquistaron», «son los políticos que se roban todo», «si no hubiera sido por los milicos», «los comunistas están dejando la cagá«, «el capitalismo es culpable de la ruina de los pueblos», y así una lista interminable de responsables por las desgracias, que incluso incluyen a seres superiores que ni siquiera hay un atisbo de su existencia.

Por todo lo anterior, quiero librar de toda culpa a la Televisión, pues no es ésta quien ha imbecilizado a la sociedad, sino que es la sociedad la que ha imbecilizado a la televisión. Sin ir más lejos, la sociedad chilena se queja por la estupidez de la» Luli», como si no fuera la misma sociedad la que consume los programas basura que son puestos en el aire y llenan de millones de pesos los bolsillos de los, al parecer, no-tan-imbéciles en las pantallas de los hogares chilenos. Cuando Rocko’s Modern Life y The Ren & Stimpy Show fueron sacados del aire, dejé de ver televisión. Después de todo, nadie está obligado a ver la porquería que es exhibida.

¿Por qué habría de existir una mejor televisión, por qué la televisión habría de educar? Habiendo tantas maneras de auto-educarse, ¿por qué se responsabiliza a la televisión y, por tanto, a toda la industria que está atrás de ella, por la falta de educación que exhibe la sociedad? ¿Desde cuándo es responsabilidad de otros la educación del individuo? Tomen un libro.

Es fácil responsabilizar al Sistema de la ruina individual, sobre todo si con ello nos olvidamos, por un momento, que somos los principales causantes de nuestra propia ruina.

No somos hispanistas

Francisco Javgzo

No somos hispanistas, pero no nos malinterpreten: no estamos en contra, pero tampoco podemos definirnos cerradamente como hispanistas.

Cuando hablamos de identidad blanca en el Cono Sur, hablar de hispanidad e hispanismo se vuelve excluyente y dista de ser un buen reflejo de la realidad. A América, y en nuestro caso, al Cono Sur, llegaron y aún llegan europeos de todos los rincones del Viejo Mundo, por lo que hablar de hispanidad invisibiliza a todos aquellos europeos que, sin tener lazos con España, vinieron a comenzar su mundo a una tierra extraña.

En un lugar donde piamonteses, sicilianos, napolitanos, genoveses, vascos, castellanos, catalanes, bávaros, sajones, macedonios, irlandeses, valones, ingleses, eslavos, etc. conviven a nivel interfamiliar e intrafamiliar, donde la endogamia étnica no ha sido una característica omnipresente (es muy fácil hallar ejemplos de «tengo ascendencia española, italiana y portuguesa»), decirse «hispanista» es negar la naturaleza de Europa como un todo que vive en sus descendientes.

Celebrar la hispanidad es cerrarse a la idea de que Europa va más allá que las banderas de sus países y que las fronteras políticas, y poner a una cultura hegemónica por sobre las demás, cegándose uno mismo a la diversidad cultural que Europa presenta: a sus idiomas, a sus costumbres, a sus panteones, que son distintas manifestaciones de un mismo Ethos, pues proviene de un pool génico en común.

Nos gusta la bandera del Aspa de Borgoña, pero dejamos que dicha bandera nos tape los ojos, porque dicha bandera representa tan sólo una parte de lo que somos.

Hablamos español por cuestiones históricas, pero el idioma no hace a un pueblo. Si así fuera, cualquiera que hablara español podría identificarse como hispano, negando sus raíces, las que incluso pueden estar fuera de Europa. Amamos la lengua española, pero más nos amamos a nosotros mismos, y no podemos hermanar a pueblos que no comparten un origen común tan sólo por hablar el mismo idioma. Preferimos hermanar pueblos de distinto idioma pero mismo origen.

En un principio, en su «descubrimiento», América fue poblada por europeos de origen mayoritariamente hispano, pero a lo largo de cinco siglos las olas inmigratorias han venido desde toda Europa.

Nuestro criollismo no es hispanista, al menos, no en su totalidad. Si es hispanista, también —y al mismo tiempo— debe ser anglicista, germanista y hasta eslavista, sin contar a los innumerables pueblos europeos que comulgan en el Nuevo Mundo.

El hispanismo excluyente es el árbol que no nos deja ver el bosque. Es tiempo de superarlo y ver a Europa en toda su dimensión.

El fraccionamiento de los estados

Juan Pablo Vitali

Publicado originalmente en Identitario Sur.

Hace ya bastante tiempo he escrito un artículo sobre el fraccionamiento de los estados hispanoamericanos como herramienta de dominación. Cada tanto es bueno reescribir ciertas cosas. (más…)

Chelsea: sesgo hipócrita del liberalismo

Francisco Javgzo

Lo siento, por algo que no hice
Linché a alguien pero no sé a quién
Me culpas por la esclavitud de cien años antes de que nací

Culpable de ser blanco.

Minor Threat, «Guilty Of Being White«

 

En un acto dominado más por los impulsos instintivos con una plena racionalidad, hinchas del Chelsea negaron a un ciudadano de raza negra la subida a un vagón del metro, lo que ha provocado una ola de réplicas tanto en el mundo del fútbol, como en la opinión pública no futbolera.

Sin miedo a caer en el saco de la corrección política, reconocer lo denigrante que es para el afectado la acción de los hinchas del Chelsea no es algo que necesite mucho análisis. Desgraciadamente, en un mundo donde se promueve el individualismo y la victimización de las «minorías», la opinión pública no analiza objetivamente las causas de las cosas, y mucho menos hace una retroalimentación respecto a sus propias opiniones y visiones. Constantemente, la población se culpa de lo que le ocurrió a otros que ni siquiera llegaron a conocer, algo así como un pecado original que tienen que cargar durante todas sus vidas y, por esto mismo, soportar todas las consecuencias.

Es así, como la actitud irracional de los hinchas del Chelsea –para la opinión pública– es fruto de la mera intolerancia y racismo, por lo que figuran como culpables y dignos de ser detestados por la estricta tolerancia humanista. Ahora bien, hay un lado oscuro de la verdad, donde las manifestaciones de odio e intolerancia no son producto de la generación espontánea, sino que revisten un sinnúmero de condiciones y factores que resultan en acciones tan simples pero significativas como no permitir a alguien la entrada a un vagón de metro.

Detrás de la acción de los hinchas no hay sólo un prejuicio racialmente motivado, sino que hay todo un aparataje de coerción sistematizada que conduce a estas fisuras de odio en el cuento de hadas de la sociedad perfecta que pretende imponer el Liberalismo. Detrás de la acción hay una Europa que ve cómo su suelo va siendo invadido, cómo sus habitantes nativos son hostigados por sus propios gobiernos imponiendo culpas sobre sus cabezas. Detrás de la acción irracional hay también tasas de criminalidad que aumentan, apropiación de barrios por parte de inmigrantes y una verdadera campaña de sustitución de la población nativa de Europa.

Hay odio, sí, pero no es un odio gratuito, y es un odio suficiente para hacer pedazos el sueño multiculti de los liberales y hundir a Europa en un caldo de intolerancia y prejuicio.

Los mismos que acongojados levantan sus brazos al cielo, que hacen mea culpa de lo que le han hecho al mundo, que fomentan ONGs para detener el racismo y la xenofobia, son los que callan ante la ocupación, el Gran Reemplazo y ante el hostigamiento a los ciudadanos de origen europeo para el abandono de sus vecindarios por parte de aquéllos que no respetan las leyes pero que no temen a ampararse en ellas si es que pueden sacarles provecho.

Una vez más, la diversidad nos demuestra que no sólo no funciona, sino que, hoy por hoy, está siendo la piedra angular del detrimento de Europa.

Get some, motherfuckers (American Sniper)

Francisco Javgzo

Los políticos se ocultan, ellos sólo empezaron la guerra.
¿Por qué deberían ir a pelear? Dejan todo eso a los pobres.

Black Sabbath, «War Pigs«. (más…)

La Bandera Confederada

Juan Pablo Vitali

Me gusta esta bandera, no puedo negarlo. La tildan de esclavista, de extraña a mi propio Sur, pero yo no lo creo. Las banderas siguen la suerte de los vencidos, es la ley de la historia. Pero me sigue gustando, la siento propia. Veo aquel Sur y veo mi Sur y no encuentro grandes diferencias. Quizá de forma, pero no de fondo. (más…)

Fundaciones Míticas

Juan Pablo Vitali

La primera fundación de Buenos Aires, mítica, perdida bajo el barro, es buscada todavía. El lansquenete alemán Ulrico Scmidl, escribe el primer libro en estas tierras del Sur, contando su historia. (más…)

Pasto para ovejas irresponsables

Francisco Javgzo

El discurso expresado es un claro indicador del público al que se aspira llegar, y ésa es la principal razón por la que nuestro mensaje no está suavizado, sino que es duro, cruel e incorrecto, y muchas veces nos negamos a la utilización de adjetivos para designar a otros. En este espacio, jamás se leerán acusaciones irresponsables como «Bachelet comunista», «la Nueva Mayoría es comunista», «mapuches comunistas», «estudiantes comunistas», «anarquistas terroristas», etc., no sin antes corroborar y tener la certeza que la acusación es como se insinúa.

Y es que si hay algo que detestamos, ese algo es la demagogia.

La Real Academia Española define a la demagogia como

1. f. Práctica política consistente en ganarse con halagos el favor popular.
2. f. Degeneración de la democracia, consistente en que los políticos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos, tratan de conseguir o mantener el poder.

Las líneas ideológicas de Derecha suelen quejarse de la ignorancia izquierdista, cuya principal arma es la sinonimia y el reduccionismo: todo es fascismo. Si hay una medida que favorezca al capitalismo, se la acusa de fascista. Si hay nacionalistas con una bandera, se les acusa de fascistas. Si hay algo que tenga un poco de opresión, se lo acusa de fascista. Simplismo puro, donde se meten dentro del mismo saco al nazismo, fascismo, franquismo, capitalismo, falangismo, machismo, nacionalismo liberal, patriotismo, y un montón de ideas que muchas veces no tienen relación entre sí, o incluso son, en esencia, antifascistas.

Con toda esta estrategia, la Izquierda busca estigmatizar lo que le parece mal a través de la adjudicación de una característica negativa (en este caso, el fascismo in abstracto), tratando al receptor como un imbécil, al entregarle información manipulada en forma de códigos tergiversados.

Del mismo modo, todo ente que realmente desprecia a su público objetivo (es decir, a los receptores), hace de esta manipulación de mentes un arte. Sin embargo, este hecho habla pésimo de los emisores, pues un mensaje claramente demagógico —cuyo fin es sencillamente engañar a las masas, apelando a la irracionalidad y el sentimentalismo— es un imán para masas ignorantes, susceptibles y, por lo general, descerebradas.

El manipulador de masas necesita de la ignorancia de éstas, las cuales se dejan controlar por información tergiversada, mentiras, verdades a medias, y un popurrí de todo tipo de artimañas que llenen el vacío de esperanzas y que expíen las responsabilidades de las multitudes. Para las masas, todos serán responsables antes que ellas mismas: serán los inmigrantes, será el capitalismo, será el Sistema, será la sociedad moderna, y una lista enorme de culpables de sus desgracias, cada una de las cuales redime al individuo de su responsabilidad en su desdicha en tiempo real. Es por esto que la demagogia, venga desde donde venga, necesita una condición para poder caer en suelo fértil: psicología izquierdista, alguien que no está dispuesto a hacerse cargo y que prefiere culpar antes que asumir.

Quien sepa que está en la razón, no necesita engañar para atraer, pues necesita que quienes formen parte de sus fasces lo hagan convencidos de sus mismos objetivos, pues la verdad que se proyecta hacia fuera, es la misma verdad que se vive por dentro.

Fundación de Santiago: el hito y el mito

Francisco Javgzo

La Historia se conforma de hitos y de mitos, y conforme avanzan los tiempos es que decidimos si mentirnos a nosotros mismos o abrazar la verdad. Los mitos deforman la Historia, la disimulan y embellecen lo cruento para volverlo digerible de acuerdo al contexto, y es así cómo nos lavamos el cerebro queriendo ver al Hito como un Mito que es creíble sólo en los cuentos de hadas.

La Fundación de Santiago —como tiempo cero de la Identidad Europea en el borde pacífico del suelo americano, es decir, de la Identidad Criolla— es un hecho que debemos asumir como Hito, por encima de todos los adornos poéticos. El Hito, el hecho, es que estamos aquí, 5 siglos después, por encima de todos los mitos, de todas las deformaciones, de todas las leyendas blancas y negras.

Y el Hito es que los Conquistadores no vinieron al Nuevo Mundo a continuar el Viejo, a hacer de éste una mera continuación y reproducción de la Europa lejana como quisiera entender el Mito, sino que vinieron a comenzar un mundo, no a ser parte de la Historia, sino a escribir otra nueva con sangre, con sudor, con lágrimas, con fuego, con esperanzas, con sufrimiento y, por sobre todo, con futuro.

El alef del criollismo de la costa pacífica está bajo nuestros pies. Sobre él, cientos de años de historia del ayer nos hacen comulgar con el presente. Un núcleo de vivencias, experiencias, relatos y cantos de nuestros ancestros.

Bajo nuestros pies, un pasado que no volverá, que se fue para siempre. Un pasado lleno de aciertos y de errores. Un pasado que es pasado. En nuestros pies, nosotros: el presente, lo que vivimos, lo que somos. En nuestros pies, nosotros: la identidad que se vive, que no está escrita en los libros porque nosotros somos los que le damos forma.

Sobre nuestras cabezas está el cielo azul, que es el mismo que hizo que nuestros ancestros en las lejanas tierras de las montañas, valles, jabalíes, lobos y ciervos, supieran que el mundo en el que vivían era más grande que lo que pudieron imaginar.

Con aciertos y errores, el destino forjado desde el ADN impulsaría a los Conquistadores al inmenso mar en la búsqueda de nuevos horizontes bajo el mismo cielo azul, pero en una nueva tierra fértil, que sería labrada para hacer germinar a los hijos de Europa en su afán por comenzar un mundo nuevo.

El país de la infelicidad y el resentimiento

Francisco Javgzo

Si hay algo que las redes sociales han logrado con creces, es la posibilidad de dar tribuna a los invisibles que antes no eran escuchados más que por sus familias y amigos. El bajo costo del servicio, la nula censura y el ausente filtro idiomático han permitido que cualquiera que tenga acceso a internet pueda ladrar lo que sea sin temor. Incluso, hay algunos que han llegado a categorías tales como «Comentarista Destacado» en relación al número de comentarios que efectúan, algo muy ad hoc a la sociedad en la que vivimos, donde la cantidad está por encima de la calidad.

Como buen observador —lo que no me hace distinto de un fisgón cualquiera que mira escondido tras un muro, lo acepto— dedico algunos minutos de mi tiempo a leer noticias de distintas fuentes y, por sobre todo, los comentarios de la gente común acerca de las mismas noticias, pues considero que es ahí donde reside la opinión pública pues, en cambio, la televisión y la radio dirigen al público mostrando sólo las cosas más «jugosas», sin darnos el beneficio de encontrarnos con información primaria.

Lo preocupante de esta información primaria es que —al reflejar lo que la gente es, lo que piensa— logra graficar las emociones y sentimientos de las personas como si fueran la más chocante obra de arte. El odio y resentimiento con los que la gente se expresa es un indicador de lo que ocurre en su interior como una respuesta contra las agresiones del medio, las cuales no tienen que ser físicas necesariamente. Sabemos perfectamente que nuestra sociedad está construida sobre tramas de violencia y abuso de poder, disfrazadas elegantemente con buenas intenciones e ideales de justicia, por lo que no es extraño que la gente se sienta agredida y vulnerada aún en su vida cotidiana, ya sea por tarifas abusivas, impuestos absurdos, y por las sirvengüenzuras varias a la que se ve sometida el ciudadano común que no es beneficiado por un Estado que cada vez se identifica menos con sus esclavos.

(sic) Malditos politicos ladrones ay ke matarlos a todos ay ke cortarle las manos para ke dejen de rovar los mataria con mis propias manos

El lenguaje agresivo («estos malditos», «hay que quemarlos», «los mataría lentamente para que sufran», «hay que colgarlos», etc.) que se deja ver en los comentarios de las redes sociales deja entrever cierto comportamiento esquizofrénico de la sociedad chilena: la gente que lanza comentarios invocando a la Ley de Lynch, al empalamiento y desollamiento públicos, es la misma que se deja dominar por la Ley de Moraga, viviendo vidas normales, insignificantes, sin sobresaltos y que, muy probablemente, no se verán alteradas más que por la muerte.

A pesar de tanto odio acumulado, podemos atestiguar que las cosas siguen igual: no estallan revueltas, mucho menos hay revoluciones, no vemos empalamientos públicos y definitivamente no hay personas que maten a otras lenta y dolorosamente para impartir la justicia. ¿Dónde va a parar, entonces, todo ese odio? No lo vemos traducido en resultados externos al individuo, como bien pudieron serlo la Revolución Francesa y la Revolución Rusa (que no menciono como ejemplo porque me agraden o algo así, sino por ejemplificar una obra que se pudo concretar gracias al resentimiento de las masas), sino que lo vemos traducido en la infelicidad de generaciones completas que pasarán a la Historia por ser nada, por alimentar un odio que se llevarán a la tumba, luego de una vida completa dedicados a subsistir mediante las apariencias.

(sic) hijos de puta hay qe kemarlos vivos qe sientan el doloor una y otra ves antes de morir

La enfermedad es evidente: mientras el discurso habla de paz, de inclusión y de igualdad, los sentimientos fantasean con sueños de violencia, brutalidad y muerte… al tiempo que las acciones reflejan nada, pues nadie hace nada. Con una estructura enferma, llena de frustraciones, de fracasos, de vidas insatisfechas, de gente no realizada, no es de extrañar que las redes sociales funcionen como verdaderos ventiladores de mierda de una sociedad conformada por chihuahuas y poodles que ladran pero no muerden.