Francisco Albanese

Los políticos se ocultan, ellos sólo empezaron la guerra.
¿Por qué deberían ir a pelear? Dejan todo eso a los pobres.

Black Sabbath, “War Pigs“.

Dosis de patriotismo (el sentimiento) y patrioterismo (el sentimiento manifestado) por montón es lo que exhibe American Sniper, que se perfila como una de las películas favoritas para los Academy Awards, y cómo no, si logra apelar a algo que hace rato está extraviado en el público norteamericano: el sentido de pertenencia.

Es difícil ver la película sin juzgar de forma inmediata lo que se está presenciando: un país ocupado, convertido en ruinas bajo la bota de una potencia que supera por mucho toda capacidad militar, logística y de organización; una fuerza militar de ocupación que se siente con el derecho y el deber de castigar a quienes considera como amenaza, y soldados que aceptan gustosamente ser enviados a invadir un país bajo las pruebas irrefutables (todas inventadas, como supimos años más tarde) de que lo que estaban haciendo era lo correcto.

“Terroristas” luchando contra la llegada de la libertad en su tierra.

Chris Kyle, aun participando de la invasión y ocupación de un territorio, es un héroe. No justifico la invasión de territorios, y la visión que tiene Kyle de la guerra está en extremo sesgada: su motivación para ser movilizado es el ataque al World Trade Center (el cual, en la película, es contextualizado como si hubiera ocurrido de la nada; “mira lo que nos están haciendo”, ignorando todo lo que el Gobierno de Estados Unidos ha hecho en Próximo y Medio Oriente), producto de un lavado de cerebro provocado por años de propaganda supremacista, en la que el mejor país del mundo (Kyle dixit) está destinado a ser el perro ovejero del mundo.

En un racconto, padre de Kyle enseña a sus hijos que existen tres tipos de personas en el mundo: ovejas, lobos y perros ovejeros. Las ovejas viven cómodamente y son incapaces de defenderse de los peligros del mundo, los lobos depredan a las ovejas, y los perros ovejeros viven para confrontar a los lobos, para proteger a las ovejas. Tanto los perros ovejeros y los lobos utilizan la violencia, pero los primeros la usan para el bien. En este punto, entonces, es que la visión del mundo de Kyle justifica lo que hace Estados Unidos con el resto de los países (porque se trataría de lobos “terroristas”). Pero, como se mencionó con anterioridad, Kyle es un héroe: protege a sus compañeros, que es lo que importa en la lucha entre ellos y nosotros. Aún estando engañado para participar en una guerra que responde a un montaje del cual no tiene conocimiento, Kyle se dedica a cuidar las espaldas de los suyos.

A diferencia del resto de los soldados que participan junto a Kyle, éste no ve la guerra cara-a-cara, al menos, no con la frecuencia en que la ven sus compañeros. Desde su posición un poco más segura (de francotirador), Kyle no se enfrenta a la parte desagradable, la parte donde se hace sentir que la guerra en la que están envueltos no vale la pena. Jeff, el hermano de Chris, es claro: “Fuck this war”.

La motivación de Kyle es sincera: ser un héroe, y lo termina siendo. Desgraciadamente para él, se vuelve un héroe de su visión idealizada de la realidad. Cree luchar por los valores americanos, por la familia, por la libertad, por su gente… para terminar luchando por las grandes corporaciones, por el multiculturalismo imparable, por la destrucción de lo que entiende como familia, por Wall Street, por la ocupación sionista, por las altas tasas de criminalidad. Ésa es la historia de Chris Kyle, que es la misma de Arturo Prat, de Bolognesi, de Miguel Grau, de los 77 de la Concepción: héroes que, como tantos, han dejado sus vidas por la entrega sincera a un ideal manipulado por intereses que nada tienen que ver con naciones, con pueblos ni con personas, sino con poder material, dinero, y más dinero.

Tuerzo la verdad, gobierno el mundo, mi corona se llama engaño
Soy el emperador de las mentiras, te rindes a mis pies
Te robo y masacro, tu ruina es mi ganancia
Y todavía juegas como adulador y te deleitas en tu dolor
Y todas mis promesas son mentiras, todo mi amor es odio
Yo soy el político, y decido tu destino.

Motorhead, “Orgasmatron”.

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