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La Nueva Derecha Criolla (I)

Francisco Javgzo

Pese al rechazo de algunos cercanos a mi persona al concepto cuando lo hablo, no hago grandes esfuerzos en desestimar las ideas de Izquierda y Derecha. No las tomo como un valor absoluto, y por tanto creo que pueden ser tomadas como palabras vacías para ser llenadas de sentido. (más…)

La aristocracia: base de la comunidad tribal

La historia del hombre lleva siglos de desarrollo bajo el control de la plutocracia. Control, que a todas luces, ha demostrado ser nefasto y carente de un verdadero deseo de servir al desarrollo de la comunidad en la cual lleva sus riendas.

La plutocracia ha demostrado que no existe dialogo posible entre su querer y el desarrollo en armonía con la naturaleza y la tradición en su sentido más profundo, como ese saber popular que generalmente vive atado al desarrollo de los estratos sociales más bajos, pero principalmente arraigados a la gente que vive y trabaja la tierra, desvinculados en gran medida de los vicios que encuentran nicho en los grandes conos urbanos.

Es que el dinero y el poder, sin lugar a dudas, son la principal causal de la pérdida del sentido del deber y del servir de quien tiene la responsabilidad de encausar el futuro de los suyos. Ya lo vemos en aquellos idealistas jóvenes políticos que, una vez sentados en el parlamento y con los bolsillos llenos de dinero y con una significativa cuota de poder, olvidan las causas que lo motivaron a interesarse por la vía político activista, olvidan a todos aquellos que lo llevaron a ocupar dicho sitial…

Lo anterior, nos lleva necesariamente a buscar una alternativa a ésta incomoda realidad en la que vivimos y de la que nos queremos distanciar.

Destruir el poder total del sistema es una tarea que tomará décadas y que, lo más probable, será producto de una inminente implosión más que por nuestro actuar, que tan solo puede llegar a ser el cerillo que prenda la mecha de la ya instalada bomba, pero es ahora que necesitamos vivir y salir de todo esto. Es aquí donde la idea comunitaria toma fuerza y cala profundo en los deseos de los distintos grupos, con diferentes motivaciones, que buscan una válvula de escape ante el estado actual de las cosas.

Si es la comunidad nuestro lugar de encuentro, si es la noción de la tribu nuestra vía organizacional ¿qué mejor alternativa que el gobierno de los mejores, la aristocracia, como respuesta a su inservible plutocracia?

Del conocimiento que los movimientos etnicistas, identitarios y racialistas tienen del humano, nace la ventaja que nos distancia de antiguas instancias donde también se precisaba que los mejores fuesen los que dirigiesen a su comunidad: los mejores no lo son en todo por igual.

En una tribu, donde es la voluntad de permanecer en ella y el deseo de que la misma prospere el vínculo que une a sus miembros, sumado al elemento que ellos, libres y soberanamente, han elegido como su motor de vida (raza, religión, sistema económicos o cualquier otro), elegir al más capacitado para cada tarea es de suma importancia. La figura del líder acá se transforma en algo circunstancial y temporal, que variará cuántas veces sea necesario según la tarea que el grupo deba llevar adelante.

Si bien es deseable que todos los miembros de la comunidad tengan un nivel uniforme en tareas básicas y centrales (como es la defensa, producción de insumos básicos y conocimientos mínimos respecto al elemento que los une), es una idiotez caer en la falsa y antinatural idea de la igualdad a un nivel cuasi matemático. Las personas siempre se destacarán en ciertas áreas más que en otras. Aquellos que se preocupan de la producción de alimentos, puede que no sean tan buenos guerreros, aquellos que priorizan el arte de la guerra tan vez no sean grandes intelectuales, así como los intelectuales puede que lleguen a ser menos capaces físicamente que un guerrero nato. Todos deben estar dispuestos a realizar toda tarea y manejar las nociones básicas de la misma cuando las circunstancias lo ameriten, pero la batalla será dirigida por un guerrero capaz, el trabajo del campo quedará sujeto a los dictámenes de un perito en el trabajo de la tierra, y la formación intelectual de la comunidad será menester de quien se ha preparado para ello.

Igual situación acontece al momento de tomar una decisión. Si bien en una comunidad la opinión de todos es importante, sería un error que todas tuviesen el mismo peso cuando muchos no manejarán a cabalidad el tema a tratar.

La confianza en quiénes tomarán decisiones se transforma aquí en una cuestión central y vital. Es por ello que aquellos destacados en cada materia se deben imponen debido al reconocimiento de sus pares y no por imposición, como se nos tiene acostumbrado desde ya hace mucho.

La capacidad superior, mejor pulida, de quiénes estén llamados a desarrollar las actividades encomendadas por la tribu, junto a la movilidad que implica contar con líderes circunstanciales según la actividad a ejecutar, genera un efectivo sistema aristocrático donde realmente tomarán las riendas los mejores elementos de la comunidad para dicha tarea, pero que, a su vez, no tendrán el tiempo suficiente para ser corrompidos por el poder.

Cuando la causa justa es incorrecta

Francisco Javgzo

No hace mucho tiempo dije que las causas justas a nadie le importaban (incluso, hasta lo dije en inglés). En este mundo, hay miles de otras causas que tienen más peso que la tuya, por lo que puedes ponerte en una fila interminable y esperar a que sea tu momento. (más…)

Las buenas causas a nadie le importan

Francisco Javgzo

Si tú pensabas que tu causa era justa, que luchabas «por tus derechos», que tenías tanto derecho como cualquiera, y que, a raíz de lo justo de tu causa, ibas a recibir apoyo popular, haz de saber que estabas muy equivocado. (más…)

Reflexiones I

Juan Pablo Vitali

Me preguntan qué formas propongo para restablecer la vieja sabiduría y creencias de la estirpe indoeuropea. Yo creo como los hindúes, que más allá de escuelas y maestros, cada uno debe seguir su propio camino. (más…)

Diversificar es igualar hacia abajo

Francisco Javgzo

Algo casi omnipresente en las minorías, y cuasi obligatorio, es defenderse de los ataques de las mayorías, y no es raro ver reacciones violentas y brutales ante las presiones de las culturas hegemónicas o ante lo que se traduce como una ofensa al grupo, como lo fue, por mencionar un ejemplo, los incidentes en Ferguson, durante el año pasado.

Esta posición defensiva, más que ser lógica, es gatillada por disparadores irracionales que actúan como las defensas del organismo ante las amenazas externas, por lo que el objetivo subyacente a estas respuestas al ambiente es el de sobrevivir a cualquier costo.

En una sociedad donde la corrección política se hace transversal a todos sus círculos, la defensa instintiva, al volverse racional, civilizada, educada, termina transformando su clamor en un lloriqueo, sobre todo cuando sus peticiones son efectivamente escuchadas y se hace costumbre reclamar por lo que sea, como lo es el caso del Movimiento de Liberación Homosexual, cuyas demandas rayan en lo ridículo.

Congresista Tony Cárdenas.

Antes de la 87° entrega de los Academy Awards, u «Oscars», hemos podido atestiguar las denuncias y quejas de un congresista de origen «hispano» respecto a la poca diversidad exhibida en los nominados a los premios de la Academia para este año donde, sea cual sea la razón, dominaron los nominados de raza blanca.

Respecto a la falta de diversidad en los nominados, Cárdenas agregó en la carta que envió a Cheryl Boone Isaacs:

When we fail to include diverse, talented faces, reflecting both today and tomorrow’s America, we send a poor message to our youth and the world. We are not celebrating the diversity that makes this country unique.

Cuando fallamos al incluir rostros talentosos y diversos, reflejando a la América de hoy y mañana, enviamos un pobre mensaje a nuestra juventud y al mundo. No estamos celebrando la diversidad que hace único a este país.

Lo realmente triste de esta situación, es que la lucha por la diversidad continuamente se desvirtúa a sí misma al luchar por una «mayor diversidad» a través de una mera igualdad en cantidad, olvidando que la real diversidad, es decir, la diferencia, la desigualdad, aquélla que no es medible, está íntimamente relacionada con las cualidades, y éstas no pueden ser reducidas a una cuestión numérica.

Cuando una lucha por ser el mejor — en este caso, el mejor en su subsector de la industria cinematográfica — es impregnada de corrección política a través del cuoteo y la inclusión obligatoria, termina inevitablemente en la destrucción de la excelencia. La búsqueda cuantitativa de la igualdad termina por podrir la verdadera diversidad, pues ataca a la esencia de ésta, i.e., la calidad.

Peor aún, para los guerreros de la justicia social, buscar la diversidad a través de la igualdad no sólo hunde a la calidad en la nada sino, además, resta méritos a las minorías, al dar a entender que éstas deben valerse de una ayuda externa para poder competir. Y eso no habla muy bien de la lucha por la reivindicación.

Nullius mihi culpa

Francisco Javgzo

Una característica propia de una sociedad irresponsable y susceptible a los estragos causados por quienes procuran el poder central, es la de socializar y externalizar los fracasos, y la de capitalizar e internalizar los aciertos. Por esta razón, es muy común el atribuir los logros y triunfos a las «capacidades» (como si en esta sociedad se necesitaran capacidades) individuales, pero culpar a la sociedad in abstracto.

Es así como el bienestar económico, es esta sociedad, es claramente un logro del individuo, de su inteligencia, su astucia, sus competencias, de la carrera universitaria y la casa de estudios que eligió, de su esfuerzo, y de un montón de razones que dependen directamente de él y de sus decisiones.

Por otro lado, las fallas siempre son atribuidas al colectivo y hasta al pasado: «por eso estamos así», «es culpa de los españoles que nos conquistaron», «son los políticos que se roban todo», «si no hubiera sido por los milicos», «los comunistas están dejando la cagá«, «el capitalismo es culpable de la ruina de los pueblos», y así una lista interminable de responsables por las desgracias, que incluso incluyen a seres superiores que ni siquiera hay un atisbo de su existencia.

Por todo lo anterior, quiero librar de toda culpa a la Televisión, pues no es ésta quien ha imbecilizado a la sociedad, sino que es la sociedad la que ha imbecilizado a la televisión. Sin ir más lejos, la sociedad chilena se queja por la estupidez de la» Luli», como si no fuera la misma sociedad la que consume los programas basura que son puestos en el aire y llenan de millones de pesos los bolsillos de los, al parecer, no-tan-imbéciles en las pantallas de los hogares chilenos. Cuando Rocko’s Modern Life y The Ren & Stimpy Show fueron sacados del aire, dejé de ver televisión. Después de todo, nadie está obligado a ver la porquería que es exhibida.

¿Por qué habría de existir una mejor televisión, por qué la televisión habría de educar? Habiendo tantas maneras de auto-educarse, ¿por qué se responsabiliza a la televisión y, por tanto, a toda la industria que está atrás de ella, por la falta de educación que exhibe la sociedad? ¿Desde cuándo es responsabilidad de otros la educación del individuo? Tomen un libro.

Es fácil responsabilizar al Sistema de la ruina individual, sobre todo si con ello nos olvidamos, por un momento, que somos los principales causantes de nuestra propia ruina.

No somos hispanistas

Francisco Javgzo

No somos hispanistas, pero no nos malinterpreten: no estamos en contra, pero tampoco podemos definirnos cerradamente como hispanistas.

Cuando hablamos de identidad blanca en el Cono Sur, hablar de hispanidad e hispanismo se vuelve excluyente y dista de ser un buen reflejo de la realidad. A América, y en nuestro caso, al Cono Sur, llegaron y aún llegan europeos de todos los rincones del Viejo Mundo, por lo que hablar de hispanidad invisibiliza a todos aquellos europeos que, sin tener lazos con España, vinieron a comenzar su mundo a una tierra extraña.

En un lugar donde piamonteses, sicilianos, napolitanos, genoveses, vascos, castellanos, catalanes, bávaros, sajones, macedonios, irlandeses, valones, ingleses, eslavos, etc. conviven a nivel interfamiliar e intrafamiliar, donde la endogamia étnica no ha sido una característica omnipresente (es muy fácil hallar ejemplos de «tengo ascendencia española, italiana y portuguesa»), decirse «hispanista» es negar la naturaleza de Europa como un todo que vive en sus descendientes.

Celebrar la hispanidad es cerrarse a la idea de que Europa va más allá que las banderas de sus países y que las fronteras políticas, y poner a una cultura hegemónica por sobre las demás, cegándose uno mismo a la diversidad cultural que Europa presenta: a sus idiomas, a sus costumbres, a sus panteones, que son distintas manifestaciones de un mismo Ethos, pues proviene de un pool génico en común.

Nos gusta la bandera del Aspa de Borgoña, pero dejamos que dicha bandera nos tape los ojos, porque dicha bandera representa tan sólo una parte de lo que somos.

Hablamos español por cuestiones históricas, pero el idioma no hace a un pueblo. Si así fuera, cualquiera que hablara español podría identificarse como hispano, negando sus raíces, las que incluso pueden estar fuera de Europa. Amamos la lengua española, pero más nos amamos a nosotros mismos, y no podemos hermanar a pueblos que no comparten un origen común tan sólo por hablar el mismo idioma. Preferimos hermanar pueblos de distinto idioma pero mismo origen.

En un principio, en su «descubrimiento», América fue poblada por europeos de origen mayoritariamente hispano, pero a lo largo de cinco siglos las olas inmigratorias han venido desde toda Europa.

Nuestro criollismo no es hispanista, al menos, no en su totalidad. Si es hispanista, también —y al mismo tiempo— debe ser anglicista, germanista y hasta eslavista, sin contar a los innumerables pueblos europeos que comulgan en el Nuevo Mundo.

El hispanismo excluyente es el árbol que no nos deja ver el bosque. Es tiempo de superarlo y ver a Europa en toda su dimensión.

El fraccionamiento de los estados

Juan Pablo Vitali

Publicado originalmente en Identitario Sur.

Hace ya bastante tiempo he escrito un artículo sobre el fraccionamiento de los estados hispanoamericanos como herramienta de dominación. Cada tanto es bueno reescribir ciertas cosas. (más…)

Chelsea: sesgo hipócrita del liberalismo

Francisco Javgzo

Lo siento, por algo que no hice
Linché a alguien pero no sé a quién
Me culpas por la esclavitud de cien años antes de que nací

Culpable de ser blanco.

Minor Threat, «Guilty Of Being White«

 

En un acto dominado más por los impulsos instintivos con una plena racionalidad, hinchas del Chelsea negaron a un ciudadano de raza negra la subida a un vagón del metro, lo que ha provocado una ola de réplicas tanto en el mundo del fútbol, como en la opinión pública no futbolera.

Sin miedo a caer en el saco de la corrección política, reconocer lo denigrante que es para el afectado la acción de los hinchas del Chelsea no es algo que necesite mucho análisis. Desgraciadamente, en un mundo donde se promueve el individualismo y la victimización de las «minorías», la opinión pública no analiza objetivamente las causas de las cosas, y mucho menos hace una retroalimentación respecto a sus propias opiniones y visiones. Constantemente, la población se culpa de lo que le ocurrió a otros que ni siquiera llegaron a conocer, algo así como un pecado original que tienen que cargar durante todas sus vidas y, por esto mismo, soportar todas las consecuencias.

Es así, como la actitud irracional de los hinchas del Chelsea –para la opinión pública– es fruto de la mera intolerancia y racismo, por lo que figuran como culpables y dignos de ser detestados por la estricta tolerancia humanista. Ahora bien, hay un lado oscuro de la verdad, donde las manifestaciones de odio e intolerancia no son producto de la generación espontánea, sino que revisten un sinnúmero de condiciones y factores que resultan en acciones tan simples pero significativas como no permitir a alguien la entrada a un vagón de metro.

Detrás de la acción de los hinchas no hay sólo un prejuicio racialmente motivado, sino que hay todo un aparataje de coerción sistematizada que conduce a estas fisuras de odio en el cuento de hadas de la sociedad perfecta que pretende imponer el Liberalismo. Detrás de la acción hay una Europa que ve cómo su suelo va siendo invadido, cómo sus habitantes nativos son hostigados por sus propios gobiernos imponiendo culpas sobre sus cabezas. Detrás de la acción irracional hay también tasas de criminalidad que aumentan, apropiación de barrios por parte de inmigrantes y una verdadera campaña de sustitución de la población nativa de Europa.

Hay odio, sí, pero no es un odio gratuito, y es un odio suficiente para hacer pedazos el sueño multiculti de los liberales y hundir a Europa en un caldo de intolerancia y prejuicio.

Los mismos que acongojados levantan sus brazos al cielo, que hacen mea culpa de lo que le han hecho al mundo, que fomentan ONGs para detener el racismo y la xenofobia, son los que callan ante la ocupación, el Gran Reemplazo y ante el hostigamiento a los ciudadanos de origen europeo para el abandono de sus vecindarios por parte de aquéllos que no respetan las leyes pero que no temen a ampararse en ellas si es que pueden sacarles provecho.

Una vez más, la diversidad nos demuestra que no sólo no funciona, sino que, hoy por hoy, está siendo la piedra angular del detrimento de Europa.