Francisco Albanese

Cuando hablamos de razas humanas –en contraposición al políticamente correcto “raza humana”, usado por el humanismo para unir a la especie humana mediante la no diferencia– hablamos de parentescos genéticos entre grupos humanos, algo que podría comprenderse incluso desde lo cuantitativo.

La poco científica defensa de la pureza racial siempre será contrarrestada con argumentos que aluden al mestizaje, reduciendo toda idea no científica en un ridículo orquestado por los mismos apologistas de la pureza: su fundamento se basa en una dicotomía cualitativa fácilmente destruible. La pregunta fatal para estos apologistas es ¿es tal individuo puro?”, pues las respuestas son sólo cualitativas y cerradas: y no. Este argumento es fácil de refutar, puesto que basta encontrar un porcentaje mínimo de aportes de otras razas para decir que un individuo es impuro, i.e., mestizo. En este sentido, una respuesta cuantitativa termina por invisibilizar cualquier respuesta cualitativa cuya trampa fue colocada por el defensor de la pureza.

En números, esto se traduciría así:

Puro Impuro
% de pureza racial 100 0 – 99,999…

 Como puede verse, posibilidades de pureza racial hay sólo una (pues se es o no se es), mientras que de impureza racial hay muchísimas más. Entre dos números hay infinitos decimales, pero en un solo número no hay nada más que dicho número.

Más aún, si lo que se está defendiendo es la pureza de la raza blanca, es casi imposible encontrar a individuos que, luego de miles de años de migraciones humanas y cruzas efectuadas en Europa, porte un 100% de genes, digamos, blancos. La idea, a estas alturas bastante inútil, de la pureza racial (quizás hace 10.000 años podría haber sido más concretable) se derrumba fácilmente ante argumentos científicos. El problema es el relativismo desprendido respecto de estos argumentos cuando son utilizados por el Igualitarismo.

Las cromatografías fenotípicas (algo así como un degradé racial) son una realidad, y es difícil imaginar que hay una línea divisoria que define que “aquí termina la presencia de una raza, y comienza otra”. Más que líneas divisorias, encontramos zonas fronterizas donde pueden distinguirse las presencias de las distintas razas que confluyen en tales puntos: encontraremos fenotipos totalmente A y B, otros donde A predomina ampliamente por sobre B, si bien se distinguen rasgos residuales de este último, otros donde B predomina ampliamente por sobre A, aunque A no está totalmente ausente, y otros elementos donde confluyen A y B en dominancia, donde no se puede determinar cuál pool génico está influyendo más que el otro.

La presencia mayoritaria de genes de un pool influirá en los intereses étnico-genéticos, marcando una tendencia respecto en la afinidad entre los pueblos más semejantes (en términos genéticos), y la no afinidad entre los pueblos con mayor distancia genética. Probablemente, todos estos pueblos sean impuros cualitativamente hablando, pero sus intereses genéticos hablarán sobre su pertenencia. Esta realidad cualitativamente mestiza, es decir, con pureza genética  < 100, es tomada por el Igualitarismo para afirmar que toda la humanidad es una gran mancha genética uniforme, invisibilizando la realidad biológica aportada por los intereses étnico-genéticos, ya que es un argumento construido para contraponerse científicamente a la idea de pureza, e imponer la no-científica idea de la Igualdad.

Se iguala cualitativamente lo impuro, pese a la presencia de diferencias cuantitativas:

Tipo de perspectiva Presencia de pureza Tipo de respuesta Veredicto
Cualitativa 0 – 99,999… Dicotómica (Sí/No)

Todos son impuros, entonces, todos son iguales

Cuantitativa 0 – 99,999… Gradual
(Similitud de menos a más)

Existen grados de similitud y disimilitud, entonces, se pueden establecer categorías (diferencias)

La defensa de la pureza carece de argumentos científicos que la sustenten, pero la defensa de la igualdad de la impureza también. En ese relativismo sobre la idea de lo impuro es en lo que se basan los fundamentos del discurso humanista igualitario, por lo que siempre, en toda discusión, se intentarán aferrar a la idea de que si no existe la pureza, entonces la raza en sí es una construcción y, por tanto, algo que no existe en la naturaleza. Los apologistas de la pureza que se entiendan con los apologistas de la igualdad, pues ambos hablan en el mismo idioma y están en la misma sintonía. Por nuestra parte, debemos desentendernos de esos enredos que contienen sesgos y se basan en argumentos no científicos, pues es tiempo perdido.

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