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Las buenas causas a nadie le importan

Francisco Javgzo

Si tú pensabas que tu causa era justa, que luchabas «por tus derechos», que tenías tanto derecho como cualquiera, y que, a raíz de lo justo de tu causa, ibas a recibir apoyo popular, haz de saber que estabas muy equivocado. (más…)

Reflexiones I

Juan Pablo Vitali

Me preguntan qué formas propongo para restablecer la vieja sabiduría y creencias de la estirpe indoeuropea. Yo creo como los hindúes, que más allá de escuelas y maestros, cada uno debe seguir su propio camino. (más…)

Diversificar es igualar hacia abajo

Francisco Javgzo

Algo casi omnipresente en las minorías, y cuasi obligatorio, es defenderse de los ataques de las mayorías, y no es raro ver reacciones violentas y brutales ante las presiones de las culturas hegemónicas o ante lo que se traduce como una ofensa al grupo, como lo fue, por mencionar un ejemplo, los incidentes en Ferguson, durante el año pasado.

Esta posición defensiva, más que ser lógica, es gatillada por disparadores irracionales que actúan como las defensas del organismo ante las amenazas externas, por lo que el objetivo subyacente a estas respuestas al ambiente es el de sobrevivir a cualquier costo.

En una sociedad donde la corrección política se hace transversal a todos sus círculos, la defensa instintiva, al volverse racional, civilizada, educada, termina transformando su clamor en un lloriqueo, sobre todo cuando sus peticiones son efectivamente escuchadas y se hace costumbre reclamar por lo que sea, como lo es el caso del Movimiento de Liberación Homosexual, cuyas demandas rayan en lo ridículo.

Congresista Tony Cárdenas.

Antes de la 87° entrega de los Academy Awards, u «Oscars», hemos podido atestiguar las denuncias y quejas de un congresista de origen «hispano» respecto a la poca diversidad exhibida en los nominados a los premios de la Academia para este año donde, sea cual sea la razón, dominaron los nominados de raza blanca.

Respecto a la falta de diversidad en los nominados, Cárdenas agregó en la carta que envió a Cheryl Boone Isaacs:

When we fail to include diverse, talented faces, reflecting both today and tomorrow’s America, we send a poor message to our youth and the world. We are not celebrating the diversity that makes this country unique.

Cuando fallamos al incluir rostros talentosos y diversos, reflejando a la América de hoy y mañana, enviamos un pobre mensaje a nuestra juventud y al mundo. No estamos celebrando la diversidad que hace único a este país.

Lo realmente triste de esta situación, es que la lucha por la diversidad continuamente se desvirtúa a sí misma al luchar por una «mayor diversidad» a través de una mera igualdad en cantidad, olvidando que la real diversidad, es decir, la diferencia, la desigualdad, aquélla que no es medible, está íntimamente relacionada con las cualidades, y éstas no pueden ser reducidas a una cuestión numérica.

Cuando una lucha por ser el mejor — en este caso, el mejor en su subsector de la industria cinematográfica — es impregnada de corrección política a través del cuoteo y la inclusión obligatoria, termina inevitablemente en la destrucción de la excelencia. La búsqueda cuantitativa de la igualdad termina por podrir la verdadera diversidad, pues ataca a la esencia de ésta, i.e., la calidad.

Peor aún, para los guerreros de la justicia social, buscar la diversidad a través de la igualdad no sólo hunde a la calidad en la nada sino, además, resta méritos a las minorías, al dar a entender que éstas deben valerse de una ayuda externa para poder competir. Y eso no habla muy bien de la lucha por la reivindicación.

Nullius mihi culpa

Francisco Javgzo

Una característica propia de una sociedad irresponsable y susceptible a los estragos causados por quienes procuran el poder central, es la de socializar y externalizar los fracasos, y la de capitalizar e internalizar los aciertos. Por esta razón, es muy común el atribuir los logros y triunfos a las «capacidades» (como si en esta sociedad se necesitaran capacidades) individuales, pero culpar a la sociedad in abstracto.

Es así como el bienestar económico, es esta sociedad, es claramente un logro del individuo, de su inteligencia, su astucia, sus competencias, de la carrera universitaria y la casa de estudios que eligió, de su esfuerzo, y de un montón de razones que dependen directamente de él y de sus decisiones.

Por otro lado, las fallas siempre son atribuidas al colectivo y hasta al pasado: «por eso estamos así», «es culpa de los españoles que nos conquistaron», «son los políticos que se roban todo», «si no hubiera sido por los milicos», «los comunistas están dejando la cagá«, «el capitalismo es culpable de la ruina de los pueblos», y así una lista interminable de responsables por las desgracias, que incluso incluyen a seres superiores que ni siquiera hay un atisbo de su existencia.

Por todo lo anterior, quiero librar de toda culpa a la Televisión, pues no es ésta quien ha imbecilizado a la sociedad, sino que es la sociedad la que ha imbecilizado a la televisión. Sin ir más lejos, la sociedad chilena se queja por la estupidez de la» Luli», como si no fuera la misma sociedad la que consume los programas basura que son puestos en el aire y llenan de millones de pesos los bolsillos de los, al parecer, no-tan-imbéciles en las pantallas de los hogares chilenos. Cuando Rocko’s Modern Life y The Ren & Stimpy Show fueron sacados del aire, dejé de ver televisión. Después de todo, nadie está obligado a ver la porquería que es exhibida.

¿Por qué habría de existir una mejor televisión, por qué la televisión habría de educar? Habiendo tantas maneras de auto-educarse, ¿por qué se responsabiliza a la televisión y, por tanto, a toda la industria que está atrás de ella, por la falta de educación que exhibe la sociedad? ¿Desde cuándo es responsabilidad de otros la educación del individuo? Tomen un libro.

Es fácil responsabilizar al Sistema de la ruina individual, sobre todo si con ello nos olvidamos, por un momento, que somos los principales causantes de nuestra propia ruina.

No somos hispanistas

Francisco Javgzo

No somos hispanistas, pero no nos malinterpreten: no estamos en contra, pero tampoco podemos definirnos cerradamente como hispanistas.

Cuando hablamos de identidad blanca en el Cono Sur, hablar de hispanidad e hispanismo se vuelve excluyente y dista de ser un buen reflejo de la realidad. A América, y en nuestro caso, al Cono Sur, llegaron y aún llegan europeos de todos los rincones del Viejo Mundo, por lo que hablar de hispanidad invisibiliza a todos aquellos europeos que, sin tener lazos con España, vinieron a comenzar su mundo a una tierra extraña.

En un lugar donde piamonteses, sicilianos, napolitanos, genoveses, vascos, castellanos, catalanes, bávaros, sajones, macedonios, irlandeses, valones, ingleses, eslavos, etc. conviven a nivel interfamiliar e intrafamiliar, donde la endogamia étnica no ha sido una característica omnipresente (es muy fácil hallar ejemplos de «tengo ascendencia española, italiana y portuguesa»), decirse «hispanista» es negar la naturaleza de Europa como un todo que vive en sus descendientes.

Celebrar la hispanidad es cerrarse a la idea de que Europa va más allá que las banderas de sus países y que las fronteras políticas, y poner a una cultura hegemónica por sobre las demás, cegándose uno mismo a la diversidad cultural que Europa presenta: a sus idiomas, a sus costumbres, a sus panteones, que son distintas manifestaciones de un mismo Ethos, pues proviene de un pool génico en común.

Nos gusta la bandera del Aspa de Borgoña, pero dejamos que dicha bandera nos tape los ojos, porque dicha bandera representa tan sólo una parte de lo que somos.

Hablamos español por cuestiones históricas, pero el idioma no hace a un pueblo. Si así fuera, cualquiera que hablara español podría identificarse como hispano, negando sus raíces, las que incluso pueden estar fuera de Europa. Amamos la lengua española, pero más nos amamos a nosotros mismos, y no podemos hermanar a pueblos que no comparten un origen común tan sólo por hablar el mismo idioma. Preferimos hermanar pueblos de distinto idioma pero mismo origen.

En un principio, en su «descubrimiento», América fue poblada por europeos de origen mayoritariamente hispano, pero a lo largo de cinco siglos las olas inmigratorias han venido desde toda Europa.

Nuestro criollismo no es hispanista, al menos, no en su totalidad. Si es hispanista, también —y al mismo tiempo— debe ser anglicista, germanista y hasta eslavista, sin contar a los innumerables pueblos europeos que comulgan en el Nuevo Mundo.

El hispanismo excluyente es el árbol que no nos deja ver el bosque. Es tiempo de superarlo y ver a Europa en toda su dimensión.

El fraccionamiento de los estados

Juan Pablo Vitali

Publicado originalmente en Identitario Sur.

Hace ya bastante tiempo he escrito un artículo sobre el fraccionamiento de los estados hispanoamericanos como herramienta de dominación. Cada tanto es bueno reescribir ciertas cosas. (más…)

Chelsea: sesgo hipócrita del liberalismo

Francisco Javgzo

Lo siento, por algo que no hice
Linché a alguien pero no sé a quién
Me culpas por la esclavitud de cien años antes de que nací

Culpable de ser blanco.

Minor Threat, «Guilty Of Being White«

 

En un acto dominado más por los impulsos instintivos con una plena racionalidad, hinchas del Chelsea negaron a un ciudadano de raza negra la subida a un vagón del metro, lo que ha provocado una ola de réplicas tanto en el mundo del fútbol, como en la opinión pública no futbolera.

Sin miedo a caer en el saco de la corrección política, reconocer lo denigrante que es para el afectado la acción de los hinchas del Chelsea no es algo que necesite mucho análisis. Desgraciadamente, en un mundo donde se promueve el individualismo y la victimización de las «minorías», la opinión pública no analiza objetivamente las causas de las cosas, y mucho menos hace una retroalimentación respecto a sus propias opiniones y visiones. Constantemente, la población se culpa de lo que le ocurrió a otros que ni siquiera llegaron a conocer, algo así como un pecado original que tienen que cargar durante todas sus vidas y, por esto mismo, soportar todas las consecuencias.

Es así, como la actitud irracional de los hinchas del Chelsea –para la opinión pública– es fruto de la mera intolerancia y racismo, por lo que figuran como culpables y dignos de ser detestados por la estricta tolerancia humanista. Ahora bien, hay un lado oscuro de la verdad, donde las manifestaciones de odio e intolerancia no son producto de la generación espontánea, sino que revisten un sinnúmero de condiciones y factores que resultan en acciones tan simples pero significativas como no permitir a alguien la entrada a un vagón de metro.

Detrás de la acción de los hinchas no hay sólo un prejuicio racialmente motivado, sino que hay todo un aparataje de coerción sistematizada que conduce a estas fisuras de odio en el cuento de hadas de la sociedad perfecta que pretende imponer el Liberalismo. Detrás de la acción hay una Europa que ve cómo su suelo va siendo invadido, cómo sus habitantes nativos son hostigados por sus propios gobiernos imponiendo culpas sobre sus cabezas. Detrás de la acción irracional hay también tasas de criminalidad que aumentan, apropiación de barrios por parte de inmigrantes y una verdadera campaña de sustitución de la población nativa de Europa.

Hay odio, sí, pero no es un odio gratuito, y es un odio suficiente para hacer pedazos el sueño multiculti de los liberales y hundir a Europa en un caldo de intolerancia y prejuicio.

Los mismos que acongojados levantan sus brazos al cielo, que hacen mea culpa de lo que le han hecho al mundo, que fomentan ONGs para detener el racismo y la xenofobia, son los que callan ante la ocupación, el Gran Reemplazo y ante el hostigamiento a los ciudadanos de origen europeo para el abandono de sus vecindarios por parte de aquéllos que no respetan las leyes pero que no temen a ampararse en ellas si es que pueden sacarles provecho.

Una vez más, la diversidad nos demuestra que no sólo no funciona, sino que, hoy por hoy, está siendo la piedra angular del detrimento de Europa.

La Bandera Confederada

Juan Pablo Vitali

Me gusta esta bandera, no puedo negarlo. La tildan de esclavista, de extraña a mi propio Sur, pero yo no lo creo. Las banderas siguen la suerte de los vencidos, es la ley de la historia. Pero me sigue gustando, la siento propia. Veo aquel Sur y veo mi Sur y no encuentro grandes diferencias. Quizá de forma, pero no de fondo. (más…)

Fundaciones Míticas

Juan Pablo Vitali

La primera fundación de Buenos Aires, mítica, perdida bajo el barro, es buscada todavía. El lansquenete alemán Ulrico Scmidl, escribe el primer libro en estas tierras del Sur, contando su historia. (más…)

Pasto para ovejas irresponsables

Francisco Javgzo

El discurso expresado es un claro indicador del público al que se aspira llegar, y ésa es la principal razón por la que nuestro mensaje no está suavizado, sino que es duro, cruel e incorrecto, y muchas veces nos negamos a la utilización de adjetivos para designar a otros. En este espacio, jamás se leerán acusaciones irresponsables como «Bachelet comunista», «la Nueva Mayoría es comunista», «mapuches comunistas», «estudiantes comunistas», «anarquistas terroristas», etc., no sin antes corroborar y tener la certeza que la acusación es como se insinúa.

Y es que si hay algo que detestamos, ese algo es la demagogia.

La Real Academia Española define a la demagogia como

1. f. Práctica política consistente en ganarse con halagos el favor popular.
2. f. Degeneración de la democracia, consistente en que los políticos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos, tratan de conseguir o mantener el poder.

Las líneas ideológicas de Derecha suelen quejarse de la ignorancia izquierdista, cuya principal arma es la sinonimia y el reduccionismo: todo es fascismo. Si hay una medida que favorezca al capitalismo, se la acusa de fascista. Si hay nacionalistas con una bandera, se les acusa de fascistas. Si hay algo que tenga un poco de opresión, se lo acusa de fascista. Simplismo puro, donde se meten dentro del mismo saco al nazismo, fascismo, franquismo, capitalismo, falangismo, machismo, nacionalismo liberal, patriotismo, y un montón de ideas que muchas veces no tienen relación entre sí, o incluso son, en esencia, antifascistas.

Con toda esta estrategia, la Izquierda busca estigmatizar lo que le parece mal a través de la adjudicación de una característica negativa (en este caso, el fascismo in abstracto), tratando al receptor como un imbécil, al entregarle información manipulada en forma de códigos tergiversados.

Del mismo modo, todo ente que realmente desprecia a su público objetivo (es decir, a los receptores), hace de esta manipulación de mentes un arte. Sin embargo, este hecho habla pésimo de los emisores, pues un mensaje claramente demagógico —cuyo fin es sencillamente engañar a las masas, apelando a la irracionalidad y el sentimentalismo— es un imán para masas ignorantes, susceptibles y, por lo general, descerebradas.

El manipulador de masas necesita de la ignorancia de éstas, las cuales se dejan controlar por información tergiversada, mentiras, verdades a medias, y un popurrí de todo tipo de artimañas que llenen el vacío de esperanzas y que expíen las responsabilidades de las multitudes. Para las masas, todos serán responsables antes que ellas mismas: serán los inmigrantes, será el capitalismo, será el Sistema, será la sociedad moderna, y una lista enorme de culpables de sus desgracias, cada una de las cuales redime al individuo de su responsabilidad en su desdicha en tiempo real. Es por esto que la demagogia, venga desde donde venga, necesita una condición para poder caer en suelo fértil: psicología izquierdista, alguien que no está dispuesto a hacerse cargo y que prefiere culpar antes que asumir.

Quien sepa que está en la razón, no necesita engañar para atraer, pues necesita que quienes formen parte de sus fasces lo hagan convencidos de sus mismos objetivos, pues la verdad que se proyecta hacia fuera, es la misma verdad que se vive por dentro.