Greg Johnson

Mapa Etno-Lingüístico de Europa

Los nacionalistas blancos creen que la mejor forma de sociedad es el etnoestado soberano, que es racial y étnicamente homogéneo (es decir, homogenético, no homogéneo como la leche). Pero, ¿es realmente posible la homogeneidad? Sí, claro que lo es. Hablemos primero de la homogeneidad racial, luego de la homogeneidad étnica.

Sabemos que la homogeneidad racial es posible, ya que hace sólo unas pocas décadas casi toda Europa era homogéneamente blanca. De hecho, hasta el día de hoy, las partes significativas pero menguantes de Europa y las sociedades de la diáspora blanca — pueblos enteros y regiones enteras — no tienen nada de no blancos. Por lo tanto, es muy concebible que dentro de unas pocas décadas, mediante el desplazamiento de fronteras y poblaciones, podamos crear patrias racialmente homogéneas para todos los pueblos europeos.

El desplazamiento de masas nunca ha sido más fácil, por eso es que los países blancos están siendo invadidos. Pero si es posible que lleguen, es posible que regresen. Si vienen a pie, pueden irse a pie. Si vienen por aviones, trenes y automóviles, pueden irse de la misma manera. No nos faltan medios técnicos para repatriar a los no blancos. Simplemente carecemos de la voluntad política. Pero eso ya está cambiando, que es lo que Trump y otros nacionalistas populistas están sugiriendo.

Pero uno podría aventurar algunas excepciones a la completa homogeneidad racial.

En primer lugar, en las sociedades coloniales blancas, podrían existir poblaciones aborígenes no blancas relictas demasiado pequeñas y aisladas como para constituir etnoestados independientes y soberanos. Así que se podrian crear reservas étnicas no soberanas con la máxima autonomía local para que pudieran llevar sus vidas como les pareciera conveniente. Sin embargo, hay que señalar que no hay poblaciones aborígenes no blancas en Europa, por lo que no se necesitan tales reservas allí.

En segundo lugar, los etnoestados blancos seguramente mantendrían relaciones comerciales y diplomáticas con al menos alguna sociedad no blanca, lo que conducirá a visitantes no blancos —tales como turistas y viajeros de negocios— y residentes no blancos, como diplomáticos. Dado que las repúblicas de la ciencia, la tecnología, las artes y las letras tratan con valores universales, son inherentemente cosmopolitas, un etnoestado blanco podría también desear acoger a estudiantes, científicos, eruditos y artistas de países no blancos, por períodos variables de tiempo.

En ambos casos, sin embargo, un etnoestado blanco mantendría a tales poblaciones lo suficientemente pequeñas como para ser manejables y segregadas del resto de la sociedad, por lo que cualquier ciudadano que así lo desee podría evitar por completo tratar con los extranjeros raciales. Esto significaría que tal etnoestado podría garantizar de facto la homogeneidad racial a todo ciudadano que lo desee. Además, todo no-blanco que viva en tal sociedad aceptaría y viviría por las normas blancas de comportamiento. Esto es exactamente lo opuesto al multiculturalismo actual, en el que se espera que los blancos abandonemos nuestras normas y prácticas cuando los extranjeros lo exijan.

Esto nos lleva a una triple distinción:

1. Homogeneidad estricta — es decir, la falta total de extranjeros raciales o étnicos.

2. Homogeneidad de facto — lo que significa que aunque existan elementos ajenos, están segregados para que la inmensa mayoría de las personas — todas las que quieran — vivan en una sociedad de facto homogénea.

3. Homogeneidad normativa — lo que significa que incluso si los elementos extranjeros están presentes, acepten y actúen de acuerdo con las normas de la sociedad.

Cada etnoestado podría establecer la homogeneidad racial completa, si quisiera  pagar el precio. Pero si no quieren llegar tan lejos, todavía pueden garantizar espacios de vida homogéneos de facto para todos los ciudadanos que los deseen, y luego pueden defender y hacer cumplir la homogeneidad normativa, es decir, la hegemonía de los valores blancos, tanto para los blancos como para los no blancos.

La completa homogeneidad étnica, como la completa homogeneidad racial, es posible en principio si uno desea pagar el precio que eso conlleva. Pero lograr la homogeneidad étnica es mucho más difícil que la homogeneidad racial. En Europa, uno puede simplemente repatriar a todos los no blancos a sus patrias ancestrales. Pero eso nos dejaría una Europa en la que las fronteras políticas rara vez se mapean claramente en torno a las fronteras étnicas. Uno podría rectificar esta situación rompiendo los estados multinacionales y desplazando gente y fronteras. Pero todas estas soluciones son mucho más costosas que la remoción de intrusos no blancos, simplemente porque los costos primarios deben ser asumidos por nuestros compañeros blancos.

Creemos que la ruptura de los estados multinacionales según divisiones étnicas — por ejemplo en Yugoslavia, Checoslovaquia, Bélgica, España, Francia o el Reino Unido — es la mejor manera de resolver los conflictos étnicos y preservar la diversidad étnica. Hay dos maneras de alcanzar este fin: el camino fácil y el camino difícil, el divorcio de terciopelo de los checos y eslovacos, o las guerras y la limpieza étnica de los Balcanes. Pero a medida que se revelan los referendos escoceses y catalanes, los impulsos nacionalistas de mucha gente son invertidos en la preservación de los estados multinacionales, incluso de la secesión de los pueblos que desdeñan como atrasados, inferiores, izquierdistas y decadentes. Sólo podemos esperar que estos sentimientos vayan disminuyendo a medida que la marea del pensamiento etnonacionalista siga subiendo.

Imaginemos, entonces, una Europa en la que las tensiones étnicas más graves han sido resueltas por medio de secesiones, divisiones y, donde sea necesario, intercambios de población. Incluso en una Europa así, todavía habrá minorías étnicas: suecos en Finlandia, húngaros en Rumania, polacos en Lituania, etc. También habrá europeos que deseen trabajar y estudiar en otros países europeos, europeos que se casen con gente de otras naciones y europeos que quieran jubilarse en climas más cálidos. También, debido a que la desgracia puede acontecer en todas las sociedades, el derecho internacional debe requerir que todo estado soberano haga provisiones para los refugiados de desastres naturales, guerras y opresión. Condiciones similares se aplicarán en las sociedades coloniales europeas, con la diferencia añadida de que también podrían tener poblaciones relictas aborígenes no blancas.

¿Cuál debe ser nuestra actitud hacia la gente de otras naciones blancas?

Los etnonacionalistas desean preservar las distintas culturas y los tipos subraciales europeos, que es el objetivo de tener patrias distintas en primer lugar. No queremos ver la aparición de un hombre europeo homogéneo o una monocultura blanca, ya sea en versiones consumistas/populares “bajas” o marxistas culturales “altas”. Por lo tanto, las políticas hacia otras naciones blancas deben tener este objetivo en mente. El objetivo de preservar los distintos países dicta que:

1. Ninguna sociedad blanca debería permitir grandes poblaciones de trabajadores invitados de otras sociedades blancas, o crear condiciones que conduzcan a que un gran número de su propia gente busque trabajo en el extranjero. Todas las sociedades blancas deben tener políticas de empleo total para sus propias poblaciones.

2. La inmigración entre las sociedades blancas debe minimizarse. Prácticamente todos los casos deberían ser por matrimonio. El proceso de naturalización debe promover con firmeza la homogeneidad normativa, es decir, la asimilación de la lengua y la cultura dominantes por parte de los inmigrantes y especialmente por sus hijos. Es posible para los europeos unirse a otras naciones europeas, y aunque podrían no asimilarse plenamente, sus hijos ciertamente pueden.

3. Se debe permitir que los grupos étnicos minoritarios retengan sus propios idiomas y culturas. No debería haber una asimilación forzada, como habría bajo regímenes nacionalistas cívicos, ya que esto simplemente crea conflictos. Pero por la misma razón, las minorías crean un gran resentimiento negándose a aprender el idioma dominante y exigiendo que el estado los atienda instituyendo el bilingüismo. De nuevo, el principio debería ser la homogeneidad cultural normativa, lo que significa que los forasteros deben atenerse a la lengua y costumbres locales. Si encuentran opresivo esto, tienen patrias a las que pueden mudarse.

4. Los expatriados de otras naciones blancas deben ser permitidos, en números limitados, siempre y cuando respeten la cultura dominante y los nativos no necesiten interactuar con ellos.

5. Ninguna nación puede simplemente apartar a los refugiados, porque algún día su propia gente podría necesitar buscar refugio en otras tierras. Pero las naciones blancas no tienen ninguna obligación de aceptar a los refugiados no blancos, los cuales pueden ir a otros países no blancos. Sin embargo, los refugiados blancos deben ser acogidos con beneplácito y ayudados hasta el momento en que puedan regresar a sus tierras natales. En el caso de los refugiados que no tienen patria a la cual puedan regresar, como los rhodesianos y los sudafricanos blancos, se les debería ofrecer la oportunidad de inmigrar. Dependiendo de su destino, se les podría dar la opción de asimilarse a la cultura dominante o convertirse en una minoría étnica distinta.

6. En cuanto a los turistas, viajeros de negocios, diplomáticos, estudiantes, académicos, artistas y científicos: las mismas políticas deberían ser pertinentes para aquéllos provenientes de países blancos como para aquéllos de los no blancos. Sus números deben ser limitados, deben respetar la cultura dominante, y los nativos deben ser completamente libres para evitarlos si así lo eligieran.

7. Para mantener la pureza racial, los etnoestados deben tener leyes contra mestizaje. Éstas son obviamente más importantes en las sociedades coloniales con poblaciones relictas no blancas, pero deberían existir en todas las sociedades blancas para evitar que la gente trate de llevar a sus cónyuges no blancos a sus casas.

La principal objeción a comprometer la homogeneidad racial y étnica absoluta es que parece una pendiente resbaladiza hacia el nacionalismo cívico. Pero esto es un error. Los nacionalistas cívicos sostienen que las personas de razas y culturas radicalmente diferentes pueden formar parte de la misma sociedad simplemente profesando un credo cívico y juramentando. Ésta es una concepción muy débil de la identidad. Los etnonacionalistas tienen un sentido de la identidad mucho más profundo basado en el parentesco y la enculturación genética. El marcador cultural primario que separa a los grupos étnicos son los diferentes idiomas nativos. Pero es difícil llegar a ser fluido en otro idioma — e incluso entonces, nunca reemplazará la lengua materna de uno.

Los nacionalistas cívicos creen que es muy fácil convertirse en miembro de otra sociedad. Los etnonacionalistas creen que esto es de difícil a imposible. Es imposible que los no blancos se conviertan en miembros de las sociedades blancas. Es difícil que los blancos se conviertan en miembros de otras sociedades blancas. Es más fácil, por supuesto, si un inmigrante y su nueva patria comparten la misma lengua materna y la cultura básica, por ejemplo, los países de la anglosfera. Pero cuanto mayor es la diferencia lingüística y cultural, mayor es la dificultad de la asimilación, hasta el punto de que la asimilación total es a menudo posible sólo para los hijos de los inmigrantes, que deben ser criados para que puedan hablar la lengua dominante como su lengua materna.

Los etnonacionalistas no sólo piensan que la asimilación cultural es difícil, sino que sólo insisten en ello por los inmigrantes. Para los visitantes y residentes temporales, blancos y no blancos por igual, así como para los grupos de minoría blanca que viven dentro de sus fronteras, los etnonacionalistas no quieren ni fomentan la asimilación. En cambio, desean que diferentes grupos mantengan sus identidades culturales y simplemente acomoden la cultura dominante respetando sus normas y hablando el idioma dominante en los tratos públicos. Por supuesto, los viajeros y residentes temporales tendrán ciertas concesiones en estas materias, pero los residentes permanentes deberían exhibir estándares más altos. No todo el mundo en un determinado país en un momento dado puede ser un ciudadano (que es la homogeneidad en el sentido estricto), pero todos ellos deben respetar sus leyes y cultura, que es el significado de la homogeneidad normativa.

¿No es la homogeneidad normativa sólo chauvinismo cultural o supremacismo? No es necesariamente chauvinismo, porque el chauvinismo es una convicción de superioridad. Pero no insistimos en que los extranjeros hablen nuestro idioma y sigan nuestras costumbres porque pensamos que sean superiores, insistimos en ello simplemente porque son nuestras, y establecemos las reglas en nuestro país tal como establecemos las reglas en nuestras propias casas. Y en cuanto al supremacismo: ¿puede alguien explicarme por qué nuestra lengua, cultura y normas no deberían ser supremas en nuestras propias patrias?

¿No es la idea de la homogeneidad de facto sólo otra versión de comunidad cerrada, donde la gente huye de la diversidad para disfrutar de la vida entre los de su propio tipo? Ésta es una analogía defectuosa. En primer lugar, incluso en las comunidades cerradas, los forasteros van y vienen: visitantes, repartidores, comerciantes, etc. Pero tienen que seguir las reglas locales y no pueden entrar en casas privadas sin permiso, por lo que los residentes no tienen que lidiar con ellos si no quieren. En segundo lugar, el etnoestado mismo es una comunidad cerrada, en la cual los forasteros vienen y van, pero solamente con permiso; tienen que seguir las reglas locales; y los residentes no tienen que lidiar con ellos si no quieren. Así que dentro de un etnoestado, a pesar de que podría haber forasteros, los ciudadanos están primero, y hay un compromiso de permitirles vivir sin ningún contacto con los forasteros en absoluto, si ésa es su elección. Esto es lo que significa tener homogeneidad racial y étnica de facto dentro de una sociedad étnicamente definida.

Para muchos, la idea de una completa homogeneidad racial y étnica parecerá utópica. Para otros, parecerá extremista, temerosa y mezquina. Todo esto es cierto. Pero el temor que nos motiva es la perspectiva de la extinción racial y cultural — un temor que, como he argumentado en mis ensayos “Extinción Blanca” y “Genocidio Blanco”, es completamente razonable. Una raza que enfrenta el genocidio no puede permitirse el lujo del sentimentalismo, moderación y medidas a medias. Como mínimo, la supervivencia de nuestra raza requiere el fin de la competencia económica y el poder político no blanco y la contaminación genética en las patrias blancas, y la mejor manera de lograrlo es la separación completa. Perfeccionar la homogeneidad étnica de las patrias blancas es un asunto mucho menos apremiante. El precio de no perseguir lograr patrias blancas es la extinción, y comparado con esa perspectiva, lo que perdemos yendo a los extremos es despreciable. Lo que los críticos llaman “irse al extremo” es simplemente lo que yo llamo errar en las precauciones.

Sin embargo, una vez que los blancos sientan que tenemos un futuro otra vez, podremos asumir el riesgo de aceptar menos que sociedades completamente homogéneas, aunque siempre deben estar en nuestros propios términos, lo que significa que siempre debemos insistir en la homogeneidad normativa y de facto, lo cual aún creará niveles de inteligibilidad, comunidad, y pertenencia mucho más allá de lo que la mayoría de la gente blanca puede disfrutar hoy en día.

Entrada original: https://www.counter-currents.com/2017/10/the-idea-of-homogeneity/

Traducción: Francisco Albanese

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