Francisco Albanese

El título de este artículo es un juego de palabras derivado del disco Swastikas For Noddy, de Current 93. No guarda relación con ninguna idea de carácter nazifascista.

Por décadas, Hitler ha sido la persona-más-mala-del-mundo. ¿A alguien le cabe una duda respecto a esto? Si bien yo pienso que mi vecino, al dejar a un perro ladrando toda la tarde en un balcón, es mucho más malo, la verdad es que si uno le preguntaba a un niño entre los años 1950 y 2000 qué persona era la encarnación absoluta del más profundo e inhumano mal, esa persona era Adolf Hitler.

Con un trabajo no poco exhaustivo de lavado mental y saturación de información ejecutado por la prensa, la academia, el arte y todo tipo de canal de información que pudiera ejercer alguna influencia sobre el ciudadano medio, Adolf Hitler es el mejor ejemplo de cómo una figura que con todos los cuestionamientos habidos y por haber sobre él (de los que nadie está libre, y mucho menos una figura política), mediante una estudiada metodología de repetición/tergiversación/manipulación puede ser tomada y cargada de significados, prejuicios, temores, y hasta de ideas que son absolutamente contrarias a su esencia original (e.g., la relación de Hitler con el Capitalismo). En la otra esquina, es decir, en la esquina de lo “bueno”, tenemos al Che Guevara, hoy incluso usado como símbolo por algunos activistas de las minorías sexuales, pese al rechazo que sentía éste por las mismas minorías.

Sin embargo, hoy Hitler está pasado de moda, y pese a lo que pudieran haber cantado The Exploited en su ep de 1981 (titulado “Dead Cities”), Hitler NO está en las listas otra vez. Las nuevas generaciones asumen a Hitler como una figura de un remoto pasado, lo que ha hecho que su “carga de maldad” se disipe, perdiendo el shock value que tenía hasta hace unas décadas. Pero otra figura de absoluta maldad se ha levantado entre los mortales, y se trata de Donald Trump. Pese a que las nuevas generaciones, es decir, los niños, no tienen idea del acontecer político y mucho menos entienden de las distintas vertientes del espectro político (de hecho, ni siquiera saben que Donald Trump aparecía en Home Alone 2, porque dicha película es muy antigua y pasada de moda para ellos), sí logran relacionar a Trump con la idea de el Mal, lo que está perfectamente alineado con la agenda de la corrección política.

Aun encontrándome en un lado del espectro político donde Donald Trump es ajeno, objetivamente puedo valorar su aporte –en la medida de lo que puede influir en la opinión global, claro, teniendo en cuenta que es candidato por Estados Unidos y no por Chile o Argentina–  en cuanto a la visibilización de ciertas problemáticas que sólo se habían mostrado en forma masiva a través de dibujos animados como, por ejemplo, la preocupación respecto al alarmante incremento de la población hispanoparlante centroamericana dentro de las fronteras de Estados Unidos, una clara advertencia de reemplazo demográfico. El incremento de la población “latina” (o, más exactamente, “spic”) en EEUU es una realidad, realidad que ha sido silenciada por la corrección política, para luego ser promovida activamente como algo positivo y deseable.

#JenniferLopez X #HillaryClinton X #MarcAnthony

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Los dichos de Donald Trump no nacen con Donald Trump ni son nada nuevo: los dichos de Donald Trump están forjados por la idiosincrasia americana de los años 50s-70s, que debe haber sido uno de los mejores períodos en la historia de ese país. Entonces, ¿qué es lo nuevo? En un intento por dirigir las odiosidades contra “la fuente del odio”, parte del elenco de la película The Avengers se sumó a otros actores para participar en un video contra el empresario, acusando a éste como un

racista, cobarde abusador que podría dañar permanentemente el tejido de nuestra sociedad.

No obstante lo anterior, desde sus primeros días Estados Unidos ha tenido una historia marcada por la diferenciación racial, por lo que inferir que un candidato al que se le adscriben las más incorrectas características podría dañar el tejido de la sociedad norteamericana sería una falacia, ya que la condición por defecto de dicho país es aquélla a la que se quiere adjetivar hoy como extraña. Entendiéndolo así, es ahora, con las tendencias de los últimos años, que se ha estado dañando el tejido de la sociedad estadounidense.

La Izquierda (ideológica, no económica) ha encontrado en el Partido Demócrata un sustrato donde establecer su base de operaciones ideológicas, desde donde ha salido a buscar electores para que apoyen su campaña. Siendo objetivos, lo que está haciendo el Partido Demócrata en su relación con la Izquierda es darle un grado de validez social –i.e., políticamente correcta– a las políticas exteriores expansionistas e intervencionistas que ha tenido Estados Unidos en las últimas décadas. Los electorados negro y latino está siendo tomados en cuenta sólo en la medida que pueden ser útiles, y a eso es lo que ha apuntado la propaganda negra de los adeptos de Hillary Clinton, más enfocados en desacreditar a Donald Trump usando sus propios dichos, ideas y acciones (verídicas e inventadas). Tanto la información como la desinformación se han estado utilizando activamente como armas.

El electorado latino ha sido especialmente sensible y, por tanto, susceptible de ser manipulado. Las actuaciones de figuras “latinas” como Jennifer López, Marc Anthony y Gente de Zona en la campaña de Hillary Clinton han sido una carta bien jugada por parte de los estrategas del Partido Demócrata. Sumando también el miedo a la expulsión de Estados Unidos de todos los “latinos” residiendo en el país (otra obra maestra de la propaganda negra, teniendo en consideración que la Constitución de los Estados Unidos de 1787 impide que medidas despóticas y autoritarias de ese tipo sean puestas en práctica), no sería de extrañar que el voto latino se incline definitivamente por no hacer a América grande otra vez.

Como una manera de extraña solidaridad cultural, un gran número de medios, artistas y periodistas de Latinoamérica ha apostado descaradamente por mostrarse hostiles a Donald Trump, publicando un sinnúmero de noticias irrelevantes (y honestamente estúpidas) acerca de éste y polarizando notoriamente a la opinión pública internacional en dos bloques, donde en un bando estaría Donald Trump al frente del odio, el racismo, el sexismo, el prejuicio, la xenofobia, la intolerancia, y todas las cosas que el hombre moderno busca erradicar y, en el otro bloque, estaría la unión, la diversidad, la tolerancia, el mundo colorido… y Hillary Clinton, es decir, el mal menor de la Democracia norteamericana, pues ni siquiera los votantes cucks y políticamente correctos apuestan por ella por ser ella, sino que apuestan por ella porque ella no-es-él.

Lo que digan las votaciones será historia en unas horas más. Lo que se está fraguando respecto del diálogo público y masivo en relación al reemplazo de las identidades, es una historia que recién comienza.

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