Pentti Linkola

El hombre no es una criatura sensible, ni en lo más mínimo. En lugar de Homo sapiens, el primate sabio, hombre debería haberse llamado a sí mismo Homo insipiens, el primate demente. Cada zoólogo, incluso un aficionado, puede ver cómo inexplicablemente los animales organizan sus vidas de manera más práctica y razonable que los seres humanos, que están ahora preparándose, según su extraño calendario, para entrar en un nuevo milenio. Entre el vasto caos y devastación que ha forjado, la humanidad apenas lo hará hasta el año 2000 — será difícil que lo haga por mucho más tiempo.

El hombre es un lunático, no un sapiens; sino el Homo, el poseedor de mano, que sin duda es. Las manos han hecho del hombre de una luminaria: gracias a su ingenio técnico, se ha convertido en el gran matón de todos los seres vivos. Si sólo algunas otras especies de animales fueran tan diestras como hombre con sus manos, y dotadas de razón, hace mucho que hubieran barrido con la especie humana del planeta.

Democracia: El Sello de la Ruina

La estupidez alcanza un clímax entre quienes sostienen — sin haber aprendido nada de historia o ser capaces de leer un solo signo de nuestros tiempos — que el hombre sabe lo que es bueno para él: “la gente sabe”. De esta absurda suposición deriva una forma suicida de gobierno, la democracia parlamentaria, nacida entre los tiranos de la humanidad, Occidente. Por desgracia, parece que nunca estallará la burbuja de la democracia: mientras luchamos por entrar en el nuevo milenio, podemos abandonar toda esperanza.

La Democracia y el derecho público a votar garantizan que nadie que no sea de los aduladores del pueblo llegará al poder — y las personas nunca clamarán por otra cosa que no sea pan y circo, independientemente de los costos y las consecuencias. Incluso la posibilidad, comparable a ganar la lotería, de que alguna excepción inteligente pueda llegar a las posiciones de poder, está totalmente perdida con la democracia. Nuestra desgraciada especie también podría producir una mutación rara en sus filas: alguien capaz de controlar a la gente sin ser dirigida por ella; alguien capaz, cuando sea necesario, de tomar una posición contra el pueblo. Pero lamentablemente la era de la realeza hereditaria y los señores feudales terminó, e incluso el surgimiento de los dictadores se ha hecho imposible: la humanidad está planeando cuidadosamente su propia desaparición.

¿Qué entendemos por el “Fin del Mundo”?

En la mente humana, el fin del mundo no significa el fin del universo, ni la de nuestro sistema solar o planeta. El mundo seguirá su curso. Seguramente, alguna forma de vida va a sobrevivir después de que el hombre haya desaparecido, al menos en las profundidades del océano, cuyas criaturas tomarán su energía del calor del núcleo de la tierra en lugar del sol. El “fin del mundo” se entiende como la extinción de la propia especie, la muerte hasta el último individuo. Unos cuantos millones de estos fines han tenido lugar en el pasado y se llevarán a cabo en los siglos futuros. Para los mamuts, el fin del mundo significó la desaparición del último mamut; para la mariposa doncella punteada, significa la muerte de la última doncella punteada.

La gente que habla sobre el fin humano del mundo, que se perfila en un futuro muy próximo, son minimizadamente etiquetados como profetas del fin del mundo. El don de profecía, sin embargo, no es necesario para predecir ciertos acontecimientos: sólo una habilidad para diferenciar entre incierto optimismo y realidad actual es necesaria. El fin del mundo es un hecho calculable. Un par de ojos es todo lo que se necesita para predecirlo — un par de ojos bien abiertos.

¿Hay algo bueno en nosotros los humanos?

El hombre, sin duda, merece la más dolorosa de las etiquetas: “el cáncer de la tierra”, un terrible error de la evolución, etc. ¿Pero hay (aún) algo bueno en la especie humana, como parte de la biosfera? Aquí estoy pensando en términos de mi propia cultura y país.

La ciencia (investigación estándar, ciencia por el afán del conocimiento) y el arte aún se practican: éstas representan la contribución original de la humanidad al reino animal. Los logros esenciales de la ciencia ocurrieron hace mucho tiempo: la Edad de Oro de las artes visuales y musicales ocurrió hace siglos. Afortunadamente, aún hoy en día hay algunos seres humanos que están haciendo cosas sabias y hermosas. Y, algo aún más raro, aquí y allá algunas personas civilizadas todavía están en esa búsqueda.

Aún pueden encontrarse individuos que realizan obras de compasión con todo su corazón, en la iglesia, en los servicios sociales y en el sector de la salud. Personas similares se encuentran también en la vida cotidiana: personas que son buenas en el sentido más genuino de la palabra, iluminan y  abrigan a toda la comunidad humana a su alrededor; personas que no están influidas por las “fantasías pasajeras del mundo”.

Todas estas personas se preocupan por sus amigos y parientes, y practica el amor al prójimo. La verdadera grandeza, sin embargo, sólo se encuentra entre los pocos individuos raros que extienden su protección a toda la Creación, toda la capa viviente del planeta. En medio de la chusma furiosa y clamante, entre los frenéticamente acelerados häkkinens y mäkinens [los pilotos de carreras Mika Häkkinen y Tommi Mäkinen], todavía hay un grupo de personas comprometidas con el ecologismo y la protección de la vida. Algunas de estas personas, cada uno a su manera, tratan de influir en otros a través de asociaciones y sindicatos.

Es algo milagroso que este núcleo pequeño y sano de la humanidad, que combina el conocimiento con la emoción y que todavía está tratando de preservar lo que es justo y bueno para tanto tiempo como sea posible, es capaz de mostrar tal paciencia en medio de todo el alboroto. Mientras estas personas no luchen contra molinos de viento, todavía se aferran a los últimos fragmentos de la naturaleza que no han sido violados por hombre, los últimos bosques que permanecen, en un intento de retrasar la llegada del fin y dar a la biosfera algún tiempo extra, sin embargo puede ser corto.

Estas personas todavía reflexionan, discuten, escriben, negocian y tratan de desarrollar programas de conservación, que luego se rompen inevitablemente a jirones por los dueños ignorantes y sus lacayos. La más grande maravilla en el cambio de Milenio es el hecho de que todavía hay algunos protectores entregados, que en sus corazones todavía aprecian los valores de fe, esperanza y amor.

1999/2000

Traducción por Francisco Albanese

Entrada original: https://www.righton.net/2015/12/09/the-world-at-the-turn-of-the-millennium/

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