EE.UU.: ¿amigos, aliados, adversarios o enemigos?
Artículo publicado originalmente como “Les USA: amis, alliés, adversaires ou ennemis?”. Traducción por F. Albanese.
En varios de mis libros he criticado siempre dos posiciones: el antiamericanismo obsesivo de rigidez ideológica y atlantismo de sumisión, la americanolatría. Demonizar a los Estados Unidos es también inconsecuente como idealizarlos. He aquí un resumen de una posición que podría ser llamado como «gaullista».
Una política exterior para el imperialismo inconsistente
En el campo de la política exterior, desde el desastre de Vietnam, las acciones bélicas de Washington se han multiplicado, algunas más contraproducentes que otras, pero siempre animadas por estos dos objetivos: mantener a Europa en sumisión y rodear a Rusia para evitar que se convierta en una gran potencia. En los Balcanes, Afganistán, Irak y en Oriente Medio, las operaciones de guerra de Estados Unidos, a través de pseudo-coaliciones ilegales respecto a las Naciones Unidas, siempre han llevado al caos y a la guerra civil. Con consecuencia de esto, se refuerza por todas partes al islamismo y su barbarie, se desestabilizan regiones enteras donde los cristianos son perseguidos y todo esto para una democracia a la americana, que jamás ha experimentado ni el más leve indicio. La política internacional de Washington, belicista por esencia, oportunista por necesidad, es una marcada mezcla de ingenuidad y cinismo, de grandes principios acuosos principios y de prácticas de la CIA, el ejército de los EE.UU. o de la NSA que violan alegremente la ley. Y traicionan a los «aliados» cuando es necesario.
En el caso de Ucrania donde Washington intervino abiertamente, se trató de provocar a Rusia y de lanzar contra ella una nueva guerra fría de mediana intensidad, con el fin de evitar a toda costa un eje París-Berlín-Moscú, romper la economía rusa, desestabilizar el régimen político, para eliminar cualquier influencia rusa de la esfera natural de Europa central, así como de ampliar la OTAN lo más al Este posible, en violación de los acuerdos al el momento de la disolución de la URSS.
También debemos señalar los errores, las revocaciones, la ingenuidad de la diplomacia estadounidense, incluyendo a Arabia Saudita, Pakistán, Irán… Con una total falta de coherencia entre, por ejemplo, el fanatismo de los neoconservadores bajo George Bush y la administración de Obama, que parece ya no tener una doctrina clara. Incluso comparado al aliado israelí. Con Obama, un indeciso, que no es de una línea constante, los EE.UU. improvisan una política exterior poco legible, repartido entre las «tres hermanas»: la CIA, el Pentágono y el complejo militar-industrial.
Un Estado estratégico económicamente muy eficiente
Contrariamente a Europa y en particular a Francia, los Estados Unidos son otra vez el primer motor del crecimiento global, con un aumento del 15% de la productividad laboral, una reubicación de las empresas, explotación de gas y petróleo de esquisto y especialmente a través de su liderazgo absoluto en la economía de la revolución digital. Obama dijo el 17 de febrero pasado, con un imperialismo tranquilo: «nosotros poseemos Internet. Nuestras empresas crearon, se ampliaron, se desarrollaron a un nivel que nadie puede competir con nosotros». Las consecuencias de la dominación no compartida de la economía digital mundial por los Estados Unidos es crítica y no sólo en el espionaje sin cuartel. Ellos compensan una retirada estratégica y la erosión de la Pax Americana por medio de un imperialismo tecnológico masivo que China y la Rusia tratan de contrarrestar, pero que Europa, estupefacta y sumisa, deja de lado. «Europa está totalmente rendida al oligopolio del Internet americano. […] Dominante en el año 2000, la industria de las telecomunicaciones europeas se derrumbó. Las instituciones europeas han demostrado ser igualmente eficaces al prohibir el surgimiento de una industria continental, al dejar el campo abierto a las empresas norteamericanas», señala Nicolas Baverez (en “La guerre d’Internet aura bien lieu”, en Le Figaro, 23/02/2015). La creación de un ‘Internet Europeo’ es demandada por Angela Merkel, en vano…Véronique Morali, quién dirige Webedia y que es una de las personalidades más influyente de los informáticos europeos, afirma (ibíd.): «Los Estados Unidos, con gigantes como Google, Facebook, Amazon o Twitter claramente ganado la batalla de la potencia […] Sólo grupos chinos son capaces de competir. Europa ha perdido la batalla.» Por el momento.
En todo caso, el estado estratega americano ha sido capaz de promover en tan sólo quince años, a partir del ecosistema de California y por una política económica a la par que soberana y liberal, un instrumento tecno-económica de dominación y de control global. Esto está lejos de los despojos de los enarques sobre el colbertismo colectivistas o el «modelo social francés».
Una hegemonía aceptada por los europeos y no impuesta
Denunciar al «imperialismo» americano, como tal, es estúpido porque cada gran poder es necesariamente imperialista, es decir, busca la dominación. Lo que nosotros debemos criticar, es la forma del imperialismo americano y que es contra-productivo para los mismos EE.UU. en un mediano plazo, porque crearán enemigos por todas partes y multiplicarán el contra ellos el odio y resentimiento terco. Por otro lado, este desagradable imperialismo norteamericano es alimentado por la misma debilidad y sumisión europeos, proporcionando las varas de oro para que consiga vencer.
Por ejemplo, en la actual negociación del nuevo tratado de libre comercio UE -EEUU, que es un vergonzoso tratado desigual, los europeos son los únicos responsables de su propia capitulación. Los europeos nunca se han atrevido a protestar seriamente contra los privilegios jurídicos internacionales que los estadounidenses otorgan, tales como sanciones, multas y adendas que imponen unilateralmente a los países y empresas que desafían su imperium.
En cuanto a la naturaleza de la «dominación cultural americana», que se presenta desde hace décadas, es un debate donde, otra vez entrampada, la culpa volvió completamente a los europeos que deberían preguntarse la cuestión de su propia creatividad cultural en vez de culpar a otros. Pienso en particular que “la excepción cultural francesa”, con su sistema de subvenciones cuasi-soviéticas de obras mediocres, con los costosos privilegios de estos asistidos que son los intermitentes del espectáculo.
Globalmente, la dominación cultural, tecnológica, política de Estados Unidos es más bien el resultado de un vacío y una inquietud europea que de una brutalidad americana. Donde el estado estratega americano asiste a sus empresas, el estado francés colectivista practica barreras administrativas y fuertes impuestos, desalienta el trabajo y la competitividad. Por otro lado, Europa aplica la regla de competencia desenfrenada que conduce a la preferencia económica extranjera (es liberal donde no debería y no lo es donde debería serlo). Los EE.UU., ellos, se comprometen en la preferencia económica nacional (Buy American Act). Las dos potencias que en la actualidad contienen al unilateralismo estadounidense son Rusia y China. Habiendo sacrificado sus presupuestos militares, así como sus ambiciones en la economía digital, los europeos no deberían sorprenderse de ser dependientes de la OTAN y los gigantes transatlánticos de Internet.
Describir la naturaleza de los Estados Unidos
En cualquier caso, los Estados Unidos no puede ser calificados como enemigos por los europeos, en particular por los franceses, como hacen algunos círculos extremistas de izquierda como de derecha. El verdadero enemigo, fundamental, tiene el rostro de aquéllos que han cometido los atentados a principios de enero y las fuerzas que están detrás de ellos y llevando a cabo, con la complicidad de una oligarquía ciega, la colonización y la islamización de Europa. Los Estados Unidos, sin embargo, pueden ser calificados como adversarios, de competidores muy duros, particularmente en las áreas tecno-económicas y estratégicas, como China. El amigo verdadero natural de Europa debe ser la Rusia y esto, en todos los campos, porque pertenecemos a la misma casa común continental. Sea dicho que, dependiendo de las circunstancias y en algunos temas, especialmente contra el islamismo, los Estados Unidos pueden ser aliados. Sin embargo, uno siempre puede soñar, hasta que sea demasiado tarde, con una alianza general de todos los pueblos del mismo origen y de la civilización europea…
Neo-reacción y nihilismo

Cuando el grupo de nuevos movimientos dedicados a rechazar 1789 utilizando razonamiento moderno — nueva derecha, neo-reacción, ilustración oscura, píldora roja y similares — alcancen su madurez y empiecen a deteriorarse por la inevitable proliferación de direcciones divergentes internas, sus lecciones fundamentales serán absorbidas en el universo de ideas del conservadurismo. (más…)
El antirracismo como religión de estado
Extraído de La Colonisation de L’Europa (L’Æncre, 2000). Traducción por Juanjo Ayesta para Minuto Digital.

El antirracismo tiene la misma obsesión por la raza que el cura puritano por el sexo. Hoy, el sexo se muestra tanto como una industria como la raza es violada y disimulada. Pero en realidad este disimulo esconde una presencia obsesiva del concepto. El antirracismo ha devenido una especie de meta-religión, una forma perversa e inconsciente de racismo, en todo caso el signo de una obsesión racial. ¿Pero qué es en el fondo el racismo? Nadie lo sabe explicar ni definir. Como en todos los vocablos abusivos y con fuertes cargas afectivas, la palabra en sí carece de significación. Se le confunde con la xenofobia, y se habla así del racismo mutuo de los croatas, los serbios y los albaneses, cuando sus disputas son de carácter nacional y religioso, pero no racial.
Aquí las posiciones interesantes son las de Claude Lévi-Strauss en su opúsculo «Raza e Historia» y de Zoulou Kredi Mutwa, autor del famoso ensayo «My People», que fue la más pertinente crítica tanto del apartheid sudafricano como del modelo de la sociedad multirracial. Pero esta fue igualmente la opinión de Léopold Sedar Senghor, que teorizó sobre las nociones de «civilización negro-africana» y «albo-europea». Estas opiniones son clasificadas en la actualidad como gravemente incorrectas. Sus tesis pueden resumirse en estos puntos:
1. La diversidad biológica de las grandes familias de la población humana es un hecho incontestable; esta diversidad es una riqueza, es el núcleo de civilizaciones diferentes.
2. Negar el hecho racial es un error intelectual peligroso, pues niega los mismos fundamentos de la antropología e instala el concepto «raza» en el rango de tabú, en paradigma mágico, cuando en realidad es una realidad banal.
3. El antirracismo obsesivo es al racismo lo que el puritanismo a la obsesión sexual. Una sociedad multirracial es por necesidad una sociedad multirracista. No se puede hacer cohabitar sobre el mismo territorio y sobre la misma área de civilización más que a poblaciones biológicamente emparentadas, con un «mínimum» de diferencias étnicas.
Globalmente, las tesis de Levy-Strauss, de Kredi Mutwa y de Léopold Senghor concluyen que la humanidad no es una «mobylette», y que no marcha con mixturas. Así, mientras que la ideología oficial niega el concepto de raza, en verdad lo está reconociendo y fortificando. La sociedad francesa no reconoce que el hecho racial se le impone, se proclama por todos sitios, empezando por los inmigrantes. En los suburbios y en las «zonas sin derecho», los franceses autóctonos son tachados despectivamente como «galos», o, más frecuentemente, como «quesitos» («petit fromages»). Mientras que las razas son censuradas como inexistentes y no se les reconoce ninguna realidad, la cuestión racial está más presente que nunca.
Es evidente que las «razas puras» no existen y que el concepto no tiene sentido biológico, pues toda población es producto de un «phylum» genético muy diverso. Pero esto no quita existencia al «hecho racial», ni a las razas. Incluso una población mestiza constituye un hecho racial, y no se puede decir que en Sudamérica o en las Antillas el mestizaje haya creado nuevas razas. Los antirracistas, que niegan la realidad del concepto de raza, son favorables al «mestizaje», militan por la «mezcla de las razas», y niegan por tanto su propia realidad. ¿Entienden quizás que con el mestizaje las razas dejarán de existir? De forma dogmática se empeñan en demostrar «científicamente» que las razas no existen, y que por lo tanto la modificación del sustrato biológico en Europa no tendrá consecuencia alguna, sino tan solo influencias benéficas. Esta es la tesis envenenadora del «totum cultural», en la que ni siquiera sus propagadores creen con seriedad.
De una parte la ideología oficial niega la existencia de las razas humanas, señalan las diferencias insignificantes en los cromosomas personales, pero por el otro la ley prohibe las discriminaciones raciales «en nombre de la pertenencia o no pertenencia a una raza, étnia o religión». Entonces, ¿las razas existen o no existen? En la simple lógica aristotélica o leibniziana, es un absurdo reprimir a quienes cometen un delito contra un sujeto jurídico que no existe de hecho. Por otra parte se proclama la inutilidad de las distinciones raciales, pero se aplican legalmente cuotas de favoritismo racial. Se niegan las «diferencias raciales» pero se pone el punto en las «discriminaciones raciales positivas». (…) Como toda realidad antropológica y, más generalmente, natural, el hecho racial no es un «hecho absoluto», pero es un hecho. Su negación actual por la ideología dominante constituye el signo y la prueba de que la cuestión racial ha devenido fatídica. Toda civilización enferma tiende a censurar la realidad de su mal y a hacer de ella un tabú. No se habla de sogas en la casa del ahorcado. La ideología hegemónica procede así con un trabajo de silencio, con un secreto de familia.
El sociólogo negro sudafricano, de etnia zulú, Kredi Mutwa, escribía en su revelador libro «My People» (Penguin Books, Londres, 1977): «Negar las diferencias fundamentales entre los negros y los blancos, las dos grandes familias raciales de la humanidad, es negar la naturaleza y la vida. Es tan estúpido como afirmar que la feminidad y la masculinidad no existen. Aquí se descubre una falta de sentido común en el espíritu occidental. El hombre negro acusa en sí mismo más que el blanco su personalidad racial, y es por naturaleza más reticente a aceptar la utopía de un hombre universal».
En el mismo sentido, Léonine N´Diaye, en su obra «Le Soleil» (Dakar, 021121987), escribe: «Al igual que existen diferencias entre los pueblos blancos, entre los hispanos y los nórdicos, por ejemplo, también existe esa diferencia entre las etnias tribales africanas. La humanidad está dividida en grandes familias con su propia personalidad, cultura y hecho biológico». Entre los africanos, como entre los asiáticos la naturalidad del hecho racial no ofrece problemas. Se reivindica con toda tranquilidad. La negación psicótica del hecho racial en Europa se apoya en la esperanza de que disimulando el hecho racial puede purgar el pecado original del racismo y crear al mismo tiempo una sociedad idílica, un paraíso extraterrestre. (…)
En el censo de la población francesa de 1999, el Instituto Nacional de Estadística no hizo ninguna referencia al origen étnico ni a la religión. Los franceses no debían conocer las cifras reales, Max Clos, presidente del instituto, explicó en Le Figaro (05/03/99): «Una comisión de sociólogos explicó que la menor referencia sobre el carácter étnico o religioso de una ciudad o un barrio podría provocar reacciones racistas. Las gentes tienden a creer que una mayoría de población magrebí o africana crea inseguridad». ¡Fantástico!… como si «las gentes» no se percataran ellas mismas de la realidad al andar por las calles. Este es un perfecto ejemplo de engaños al pueblo, de negligencia del poder y de «transparencia democrática».
¿Por qué el enfermo desconoce su fiebre, por qué se niega a mirar el termómetro? ¿Por qué los poderes niegan que la inmigración es de hecho un cataclismo social, que está en marcha una colonización, por qué se comportan como si la emigración no existiese? El estado se ha vuelto de nuevo censor, a veces se refiere a las poblaciones afro-magrebíes como «representantes de la población que vive en la periferia»… asombroso eufemismo. El Instituto de Estadística niega el hecho étnico y racial y se niega a hacerse pregunta alguna sobre este hecho. Los poderes públicos, atontados por la psicosis antirracista y el tabú étnico, disimulan voluntariamente las cifras de la inmigración. Pero al mismo tiempo, remarca sus contradicciones, como corresponde a toda ideología alejada de la realidad, pues implícitamente reconocen el carácter étnico de la colonización, reconocen que los inmigrantes rechazan la asimilación. Los poderes públicos colaboran con los inmigrantes colonizadores para moldear la opinión pública. Pues en una sociedad mediática las gentes creen menos en lo que ven que en lo que les inculcan los mass-media.
El Plan Butler
Publicado originalmente como «The Butler Plan Introduction«, «The Butler Plan: The Homeland«, «The Butler Plan: Four Phases«, «The Butler Plan: Summation«, por el Northwest Front. Traducción y edición por Sebastián Vera. Publicado con permiso expreso de Harold A. Covington.
Dedicado con todo respeto al Reverendo Richard Girnt Butler[1], un galante caballero cristiano.
INTRODUCCIÓN.
El movimiento nacionalista racial blanco ha desaprovechado completamente estos 50 años recién pasados. Actualmente, ya no es posible que la raza aria reconquiste América del Norte en su totalidad. La única opción que queda para asegurar la existencia de nuestra raza y un futuro para los niños blancos es que los restos de la población racialmente consciente de Norteamérica se reubique en el noroeste y establezca su propia nación soberana.
Lo que está en juego es nuestra supervivencia como raza. No hay otra alternativa que el plan de migración hacia el noroeste. Si esto no se hace, la raza aria se extinguirá en Norteamérica y posiblemente del resto de la tierra, ya que no habrá un asilo seguro y racialmente homogéneo en que nuestra gente pueda descansar, reagruparse y recuperar su cantidad. Es necesario reducir el problema de la supervivencia racial a proporciones manejables, encogerlo a dimensiones donde podamos concentrar los pocos recursos que nos quedan en una pequeña área, con líneas de comunicación más cortas y cercanas. En tal escala reducida, el nacionalismo racial ario será capaz de ganar algo de empuje político, social y económico en una base local suficiente para efectuar cambios.
Una vez en el noroeste, los entrantes refugiados blancos deben comprometerse en un vigoroso y dinámico programa de acción política, propaganda y actividad educacional. Eventualmente, deberá haber acción directa para remover todo lo posible la jurisdicción y el control de los Estados Unidos del territorio y, subsecuentemente, crear una república aria independiente basada en los principios del Nacionalsocialismo. Esta República se compondrá exclusivamente de personas de herencia racial europea no mezclada, no semítica, caucásica, y a ningún no-blanco de cualquier tipo se le permitirá residir en ella bajo ninguna circunstancia.
Si esto no se realiza, la raza aria habrá desaparecido en América del Norte para el año 2100. Las consecuencias de esta extinción para la civilización humana y para el planeta en que vivimos serán horrorosas de una manera más allá de lo que el poder de la imaginación puede abarcar. Alcanzar la supervivencia racial del hombre ario debe estar por sobre todas otras consideraciones de bienestar personal, planes personales, integridad física, legalidad o interés personal. Tenemos un trabajo que hacer. A esta tarea hercúlea que nos dio la Historia debemos dedicar el resto de nuestras vidas.
No se puede repetir suficientes veces: el imperativo del Noroeste está por sobre todo guiado por un solo factor decisivo, cual es la completa falta de cualquier otra alternativa realista para asegurar la existencia de nuestra raza y un futuro para los niños blancos. Nos hemos farreado los últimos 50 años. El tiempo se ha acabado y ya no hay nada más que podamos hacer.
LA PATRIA.
La patria aria propuesta consiste en un territorio núcleo de 3 Estados del noroeste de EEUU: Idaho, Oregon y Washington. Varias veces en el pasado, otras partes del noroeste han sido sugeridas como partes potenciales de la Patria. Estas son Montana occidental, Alaska, y las provincias canadienses de la Columbia Británica y Alberta (un fuerte movimiento separatista con un tinte racial distintivo ya existe en Canadá occidental).
Este documento procederá sólo en la base de los 3 Estados núcleo de EEUU. Es en estos Estados donde debemos concentrar nuestros esfuerzos iniciales de reasentamiento. Dependiendo de la situación geopolítica y estratégica del momento en que se deba atacar directamente por la libertad, seguramente será recomendable liberar la mayor cantidad de territorio que sea posible. Tal como una pareja recién casada con grandes planes para el futuro, necesitamos construir una casa grande y con muchas habitaciones para que podamos llenarlas con niños.
Aquí hay un bosquejo, en orden alfabético, de estos tres Estados que constituirán el área de asentamiento primaria.
IDAHO
Superficie: 83.574 millas cuadradas. Población (estimada en 1996): 1.210.232 personas, de las cuales 1.036.000 son clasificadas como Blancas por el Gobierno (debe ser tenido en cuenta que los demógrafos del régimen subestiman el número de no-blancos en nuestra sociedad. También tienen el hábito de contar a judíos y ciertos hispanos como “blancos”). Población blanca oficial de Idaho: 97.19 %. Principales sectores productivos: agricultura, madera, ganado, turismo y algo de producción de alta tecnología. Ya no hay mucha minería, pero sí algo de oro y fosfatos. Las manufacturas consisten en gran medida en procesar y empacar alimentos producidos en el Estado.
OREGON
Superficie: 97.131 millas cuadradas. Población (estimada en 1996): 3.243.487 personas de las cuales 2.797.000 son clasificadas como Blancas por el Gobierno (se debe tener la misma consideración expresada en el caso de Idaho). Población blanca oficial: 94.11 %. Principales sectores productivos: Grandes industrias de madera y manufactura de variados productos de madera, también la manufactura de equipo computacional y un sector financiero bastante grande. También hay muchas granjas. Portland es una zona urbana grande, con todo lo que ello implica en los EEUU modernos.
WASHINGTON
Superficie: 70.637 millas cuadradas. Población (estimación de 1996): 5.610.362 personas de las cuales 4.636.000 son clasificadas como Blancas por el Gobierno (se debe tener la misma consideración anterior). Población blanca oficial: 90.14 %. Mucha de la disparidad en la cantidad de población, en oposición a los otros dos Estados, se debe a la megalópolis de Seattle, la que incluye Tacoma y Olimpia al sur. Seattle es la puerta de entrada a un flujo masivo de chinos y otros asiáticos al noroeste. Los asiáticos son bastante abiertos sobre su plan de tomar el noroeste a través de la inmigración masiva y hacerla parte del Borde del Pacífico. En el caso de Vancouver, ya han tenido éxito en transformar esta antiguamente blanca ciudad en un antro chino. Principales sectores productivos: crianza de ganado, madera, papel y productos de pulpa, algo de minería y una inmensa cantidad de alta tecnología en el área de Seattle surgida alrededor del imperio de Microsoft.
EL TOTAL DE LA PATRIA
Para la primera zona de asentamiento entera, estamos en presencia de un territorio de 251.342 millas cuadradas. Eso es mucho territorio, pero es infinitamente menos que la inmensa expansión de América del Norte. La mayor parte de los lugares en el área de los 3 Estados están a una distancia cercana a las 24 horas conduciendo, máximo. Comparen eso con los 5 o 6 días de conducción necesarios para visitar a alguien a través del país.
Estamos teniendo una población estimada de 10.064.008 personas, de las cuales 8.469.000 son (oficialmente) blancas. Una vez que la población no-blanca de las mayores áreas metropolitanas sea sustraída, especialmente de Seattle/Tacoma y Portland, estaremos tratando para todos los efectos prácticos, de un territorio sólo blanco, uno de los pocos restantes en el mundo. Ocho millones y medio de personas es mucha gente, pero con una propaganda dura realizada por una dedicada minoría activa y fanática, muchos de ellos pueden ser convencidos para unirse a nosotros para proveer las bases locales de los asentamientos futuros. Comparar esto con tratar de trabajar con una población de 260 millones de personas, en muchos lugares con una mayoría no-blanca, en un continente donde no tenemos poder y estamos desparramados a los cuatro vientos.
Esta es la ventaja principal de todo el concepto de Noroeste en contraposición a la ilusión de que, de alguna forma, vamos a recuperar el país entero de inmediato. El imperativo del noroeste reduce el problema a proporciones manejables, algo que podemos conseguir con los recursos a nuestra disposición. La otra alternativa es el actual status quo, o sea, por ejemplo, sentarse en frente de la computadora picoteando el teclado y de vez en cuando salir en público sujetando un cartel, dejando que la escoria nos tire basura. El actual status quo significa muerte racial, y las cosas han alcanzado un punto en que cualquier esfuerzo por preservar el status quo es equivalente a una traición racial.
LAS CUATRO FASES.
El Plan Butler consiste en cuatro amplios aspectos o fases. Estas fases no se asocian con ningún periodo de tiempo, sino que implican un tipo específico de actividad y una agenda de metas a alcanzar. Todas las cuatro fases o tipos de actividades se desarrollarán simultáneamente, y en cualquier momento el Movimiento se relacionará con asuntos vinculados con cualquiera o con todas estas fases. Por ende, habrá mucha superposición.
FASE 1: Reubicación de las comunidades blancas racialmente conscientes en la actualidad a la Patria.
Este proyecto se desarrollará desde este punto en adelante, y continuará incluso después de que se haya alcanzado la independencia política. Esta será la primera función de la Patria: ser hogar y refugio para todos los arios perseguidos y en peligro del mundo, desde afrikaners a serbios. A los blancos racialmente conscientes que lleguen se les referirá como Inmigrantes, para diferenciarlos de los norteños nativos y migrantes orgánicos (ver abajo).
Se propone establecer una Agencia muy similar en alcance y propósito a la Agencia Judía que controló, y aún controla, el montón de inmigración judía a Israel.
Esta agencia no se entrometerá mucho con asuntos políticos o de propaganda, excepto de una forma muy limitada para así convencer a potenciales inmigrantes de la necesidad de venir a la Patria. Esta Agencia proveerá información, consejo y varios tipos de datos prácticos relacionados con el reasentamiento, pero le estará rotundamente prohibido entregar asistencia financiera o cualquier tipo de alojamiento para los Inmigrantes.
Estas restricciones son una necesidad brutal. En primer lugar, dado la crónica escasez de recursos común a los proyectos raciales, no seremos capaces de entregar asistencia financiera a los Inmigrantes. En segundo lugar, es absolutamente esencial que los que lleguen sean autosuficientes, deseosos y capaces de trabajar, y capaces de asumir inmediatamente roles política y socialmente productivos en las comunidades blancas donde se asentarán.
La Agencia deberá ser absolutamente insistente en realizar por lo menos una visita preliminar a la Patria por parte de los posibles Inmigrantes antes de que se muden, específicamente una visita al área propuesta de asentamiento. Los probables migrantes deben vernos y nosotros verlos a ellos. Debe ser una regla sumamente importante en que todo esto no sea sólo empacar las cosas valiosas y partir rumbo al Noroeste. Se deben hacer todos los esfuerzos para asegurarse de que los migrantes vienen para algo, no huyendo de algo. Los Inmigrantes, especialmente las familias, deben tener trabajo y alojamiento de antemano y necesitan llegar con los activos suficientes para que puedan establecerse en sus nuevas comunidades. En el corto plazo, este proyecto debe ser implementado por y para adultos responsables que saben lo que están haciendo y para qué lo están haciendo. La Agencia estará ahí para guiar a estos adultos responsables en este proceso.
Hasta ahora, la estrategia ha sido traer gente sólo a un sector, los distritos Coeur d’Alene/Hayden Lake/Sandpoint en el norte de Idaho. Este plan estaba mal ideado. Primero, permite a los federales concentrar sus recursos contra nosotros en un relativamente pequeño “matadero”. Segundo, la población es tan escasa que los recién llegados se distinguen y pueden ser fácilmente identificados y fichados por el enemigo. Especialmente al comienzo, necesitamos confundirnos con la población local y ser indistinguibles.
A esto debe sumarse que las áreas metropolitanas contienen una mayor diversidad racial y será fácil trabajar con los locales nativos blancos cuando estos son minoría y los aquejan los problemas propios de una minoría. No buscamos huir a los bosques del norte y escondernos. Estamos tratando de construir una nueva nación. Las realidades del siglo XXI dictan que nuestro movimiento debe localizarse donde están los blancos, y en el noroeste esto significa unas dos docenas de áreas metropolitanas. Eventualmente, las comunidades raciales podrán establecer instalaciones en zonas rurales. De hecho, debemos familiarizarnos con el campo y sentirnos cómodos en él, pero no haremos una revolución con unas pocas garitas en medio del bosque.
En un análisis preliminar, las siguientes áreas serían recomendables para el establecimiento de las primeras comunidades raciales nacionalistas basadas en factores económicos y geográficos. En casi todas esas áreas hay abundancia de trabajo, con la posible excepción de Coeur d’Alene, y estas colonias iniciales están lo suficientemente cerca una de la otra para crear vínculos donde los racial-nacionalistas puedan ofrecer algo de material y apoyo logístico. Deberá haber un racial-nacionalista en cada capital de Estado, para así tener a alguien cerca cuando el Gobierno estatal trate de suprimir nuestro movimiento y expulsarnos. Estos serán nuestros puntos iniciales desde donde nos debemos conectar.
IDAHO: Coeur d’Alene, Boise, Pocatello.
OREGON: Portland, Salem, Eugene, Medford, Corvallis. El Este de Oregon está muy poco poblado y económicamente estancado, y será una de las últimas áreas dónde ingresaremos. Esto se aplica también al Este de Washington.
WASHINGTON: Spokane, Bellingham, Vancouver, y los suburbios obreros de Seattle, para incluir Tacoma y Olimpia. La experiencia enseña que estos suburbios en Seattle deben consistir en pequeños grupos de personas en Kent, Bremerton y Everett. También deberá existir concentración de gente en el complejo militar de Fort Lewis.
FASE 2: Propaganda y trabajo misionero masivo y serio entre la población nativa del Noroeste y los migrantes orgánicos.
Una de las primeras armas que el enemigo usará contra nosotros será encabritar a la población nativa blanca del Noroeste contra los “malvados racistas de afuera”, retratándonos como disfuncionales, conspiradores criminales, etc. En algunas localidades esto puede alcanzar perfectamente el nivel de violencia física de parte de la policía o por vigilantes de estilo “chicos buenos”.
En todos lados los blancos están llenos de rabia y frustración y saltarán a la primera oportunidad para liberar esa rabia y frustración contra un conejillo de indias de forma socialmente aprobada. . Seremos una minoría desprotegida, blanco fácil para cualquier idiota con complejo de John Wayne con una bandera americana en su gorra de baseball. Gente como esa se nos echará encima azuzada por la estructura local de poder y por la Cámara de Comercio, la que nos verá como un mal negocio.
Eventualmente, también entre nosotros habrán muchos John Wayne que les pagarán con la misma moneda, algo que será necesario para ganar su respeto. Nadie respeta a personas que permiten ser victimizadas. Pero esta no es una solución de largo alcance. Tenemos que traer esta gente a nuestro lado, no pelear con ellos. No son el enemigo, aún cuando estén brutalmente lavados de cerebro. La forma en que manejemos las relaciones determinará si todo este esfuerzo da o no frutos.
Debemos tener en mente que, precisamente por haber crecido en un ambiente más o menos 100% blanco, los nativos no entienden lo que el multiculturalismo y la diversidad traerá para ellos en el futuro. Ellos honestamente no entienden de lo que hablamos y debemos conducir al público más masivo nuestras relaciones y nuestra propaganda para convencerlos. Debemos hacerlos ver que si bien no nos dejaremos victimizar ni nos iremos, no los odiamos, no conspiramos contra ellos y que somos sus hermanos.
Por sobre todo, no nos debemos dejar encasillar en comportamientos o en apariencias físicas que permitan al orden establecido retratarnos ante los nativos como “los otros”. De ahí en adelante, las cabezas rapadas, tatuajes y el hooliganismo de la escena skinhead deberá ser mantenida fuera del Noroeste. La gente local debe entender que somos compatriotas americanos y gente como ellos, no “los otros” a los que es socialmente aceptable apedrear. Pero al mismo tiempo tienen que entender que estamos aquí para quedarnos, que más de nosotros vienen y que no nos pararán.
Jamás, bajo ninguna circunstancia, debe haber un excesivo despliegue o énfasis en pistolas o armas. Hasta que llegue el momento de luchar por la libertad no deberá haber sacudidas de armas para las cámaras de televisión. Un arma de fuego tiene una sola función: disparar. Hasta que no lo hagamos tenemos que mantenerlas en el armario. Esta será una revolución, no un programa de televisión.
Experimentaremos muchas dificultades interactuando con los migrante orgánicos. Con este término designamos a los blancos de otras partes del país que se han relocalizado recientemente en el Noroeste por casi las mismas razones raciales que nosotros lo hemos hecho, pero que preferirían extirparse sus propios órganos antes de admitir esto en público. Muchos de estos vienen de California, que este año se convirtió oficialmente en el primero Estado mayoritariamente no-blanco. Los migrantes orgánicos pueden usualmente ser detectados por el uso de frases clave como “buen clima”, “buenas escuelas”, “bajos impuestos”, “un ambiente estable”, “un buen lugar para criar niños”, y, en síntesis, todos los términos conservadores para decir “no hay negros ni hispanos”. Los migrantes orgánicos son muchas veces elitistas liberales que quieren tener su pedazo de pastel propio y comérselo, pero que han sido forzados a venir esposados debido a la realidad racial, y que ahora luchan por construir un razonamiento políticamente correcto y aceptable a la renuencia a vivir en los “paraísos multiraciales” que ellos mismos ayudaron a construir en sus Estados y ciudades.
A largo plazo, los migrantes orgánicos se acercarán más cuando se den cuenta de que el flujo de mugre los ha seguido desde California, Milwaukee o de donde sea, y que si no resisten se verán forzados a escapar una vez más. ¿Pero adónde? ¿Al Ártico? ¿Australia? ¿La Patagonia?
Los nativos se nos acercarán cuando empiecen a probar un poco de diversidad y correctitud política, especialmente la usurpación de la acción afirmativa [1] y la sodomía. Así, los John Wayne`s con banderas americanas en sus gorras de baseball se nos acercarán más y más cuando pierdan sus trabajos o ascensos en beneficio de minorías no calificadas. Cuando las madres y padres liberales en Idaho y Washington vean a su hija pequeña llegar a casa de la escuela con una copia de “Heather tiene dos mamás” [2] y a su hijo con moretones por haber sido golpeado por negros o hispanos, empezarán a captar la idea. De hecho, los migrantes orgánicos suelen tener cualidades y habilidades que serán muy necesitadas en la creación de nuestro nuevo país. Son una base de conversos potenciales.
Debemos entender claramente que la población blanca de estos tres Estados no son nuestros enemigos, sino que nuestro reto. Durante los primeros años no habrán muchos Inmigrantes como para marcar la diferencia en la situación política o demográfica. O ganamos a un gran porcentaje de esos 8 millones y medio de blancos a nuestra causa para hacer viable y seguro nuestro programa de asentamiento, o fallamos y nuestra raza perece. En todo el país hay 260 millones de personas, casi la mitad de ellas no-blancas. Así las cosas, nunca ganaremos. Pero, ¿con 8 millones y medio de personas compartiendo nuestra sangre, si no nuestras ideas y experiencia? Ahí si que tenemos una oportunidad.
FASE 3: Creación de un movimiento político para la independencia del Noroeste.
Esta fase se explica por si misma. El actual débil y nebuloso National Front servirá para este propósito. En la situación actual, más allá de la creación de unos cuantos documentos base y en el consenso general que rodea la idea de independencia, esta fase tendrá que dejarse más o menos de lado por un tiempo, mientras nos concentramos en las Fases 1 y 2. No podemos dejar que se desarrollen más jefes que militantes, como ha sido la tónica en la mayoría de los movimientos de este tipo.
Una revolución no puede tener éxito sin el Trípode Revolucionario, 3 condiciones sin las cuales no puede ocurrir ningún cambio verdadero. Revisemos estas condiciones de nuevo:
1.- Debe haber un movimiento revolucionario basado en la buena fe, devoto hacia quitar el poder directamente de la estructura de poder existente. Ni conservador, ni reformista, ni queriendo trabajar dentro del Sistema existente, sino que dedicado a su destrucción.
2.- Debe haber una disminución del apoyo al Gobierno, la mayoría de la gente en el país o territorio no debe desear ser más dirigida por la estructura de poder existente y así querer un cambio. No cualquier cambio, sino que específicamente el que el poder sea asumido por el movimiento revolucionario.
3.- Debe haber una pérdida en la credibilidad en el monopolio de las fuerzas armadas por el Estado. Deben tener lugar actos de insurrección y de guerra de guerrillas. Daños físicos serios deben ser infligidos en el enemigo, y nadie debe ser atrapado y castigado por esto. Esta condición es necesaria para forzar a la estructura del poder a cometer actos de represión y venganza contra la población en general, debido a la frustración de ser incapaces de localizar y aprehender a las guerrillas reales.
Nuestra meta a largo plazo es que el gobierno de EEUU se vea en una situación en donde luchar para retener el Noroeste sea política y financieramente insoportable, y dejar a la Patria ir sea el menor de dos males desde su punto de vista. Así se ganan todas las guerras coloniales, y para ganar debemos reducir nuestra lucha racial al estado de guerra colonial en el que amortizar una cantidad X de territorio sea una opción necesaria para el poder ocupante. Es imposible imaginarse una situación así, dada la artificial “prosperidad Clinton”, permanente apretón que el Gobierno Federal ejerce en todos los aspectos de nuestra vida. Pero no estamos hablando de hacer algo en el contexto de hoy, sino en el contexto de muchos años en el futuro. Nada dura para siempre, el orden actual tampoco lo hará.
Debemos prepararnos para el tiempo que se viene, cuando todo esto sea más que fantasía de papel, cuando las realidades políticas y económicas hagan de nuestra victoria una posibilidad si estamos dispuestos a alcanzarla. Deberán pasar muchos años y una gran ayuda de parte de los acontecimientos económicos y políticos en el Nuevo Orden Mundial para crear este trípode en el Noroeste, pero tarde o temprano ocurrirá. Debemos tener al National Front o a algún tipo de partido ario independentista radical listo y dispuesto a entrar en acción cuando el momento se presente.
FASE 4: La creación de una infraestructura económica, social y organizacional secreta.
Esto tarde o temprano derivará en acción directa para liberar a nuestra Patria de las garras del Gobierno Federal. Las ideas aquí son bienvenidas, pero reiteramos, durante los primeros años necesitamos concentrarnos en las Fases 1 y 2, o sea, en meter a nuestra gente y luego inmiscuirnos intensamente en posiciones de influencia local y gubernamental. Estas primeras dos fases requerirán todos nuestros esfuerzos durante un largo tiempo. Debemos aprender a caminar antes que a correr.
Una de las cosas más importantes en que debemos concentrarnos es en crear una infraestructura económica que nos permita emplear a nuestra propia gente y liberarla de la venganza ubicua del establishment consistente en la pérdida de sus trabajos. Hay que tener en mente algo que nuestros ancestros entendían y hacían a la perfección: somos constructores de una nación, y hay mucho más que hacer que cantar alrededor de una fogata y lanzar bombas en las barricadas. Lo principal acá es usar nuestros recursos humanos al máximo. Otra de las cosas que nuestros antepasados entendieron fue que aprender a sobrevivir equivalía a la autosuficiencia económica. Recuerden a los primeros aventureros que llegaron a Jamestown y casi se murieron de hambre por trabajar y buscar oro en vez de sembrar, cazar y construir refugios. Debemos ser capaces de apoyarnos mutuamente ante la presión del ZOG, la que de seguro será tan intensa como la que los indios ejercieron a los primeros colonos.
Por autosuficiencia económica entendemos la producción de riqueza o bienes y servicios esenciales. No significa esquemas piramidales o franquicias marginales de negocios o tratos para hacerse ricos rápidamente (ideas que prosperan en la Derecha). Una de las mayores inversiones que debe hacer nuestra comunidad es la de orientación vocacional a los jóvenes blancos. Cada hombre y mujer blanco debe poseer una habilidad rentable para que puedan sobrevivir por si mismos. Una nueva nación no necesita sólo soldados o agitadores políticos. Una nueva nación requiere granjeros, ingenieros, doctores, arquitectos, eléctricos, constructores y operadores de maquinaria pesada, procesadores de comida y envasado, profesores y mano de obra.
Debemos traer al Noroeste hombres y mujeres adultos serios que vengan a construir una nueva nación, no a beber cerveza y gritar “¡White power!” y mostrar sus tatuajes. Los jóvenes que deseen venir a la Patria deben ser alentados a quedarse en la escuela y aprender una profesión u oficio económicamente rentable, para que cuando migren no sólo digan “Hola, soy un racista”. Deben ser capaces de entrar en al comunidad y decir: “Hola, mi nombre es tanto y tanto, y soy un diseñador de softwares para computadores, o un mecánico, o un eléctrico, o enfermero, o te puedo arreglar la máquina de fotocopias, o sé volar helicópteros, o puedo hacer pan…”. Se entiende.
El Nombre: El nombre de la entidad que proponemos será República Americana del Noroeste (Northwest American Republic, NAR).
El término esotérico y técnico “ario” debe ser evitado porque causa confusión en la gente común y corriente, y ganándonos a esta gente es como triunfaremos. Para bien o para mal, el término “ario” se asocia ahora con la imagen de rufianes de cabeza rapada tatuados que tragan cerveza, muestran rifles y gritan “White power!”. El punto es que esta visión es errada. Los nativos del Noroeste son arios ellos mismos, si bien no en mente sí en raza. Cuando se trata de política, la percepción lo es todo. Es mala propaganda enfrentarse a la gente, en su contacto inicial, con ideas, conceptos, términos y símbolos, que requieren una larga y complicada explicación inmediata. Términos esotéricos deben ser también evitados, ya que suenan raro y ya tenemos suficientes problemas tratando de arreglar nuestra ya arruindada imagen.
La Bandera: Esto es algo que debemos empezar a hacer desde ya: la creación y reconocimiento general de la bandera de la futura Patria. El autor de este documento se ha decidido por un diseño simple que no contiene símbolos controversiales o nada que requiera más que una explicación simple. Es necesario que esta bandera sea registrada bajo marca comercial por la Agencia del Noroeste para prevenir que la marca o los derechos de autor sean robados por los judíos o la National Alliance [4]. Una vez que esto esté hecho, y mientras se puedan reunir fondos, las primeras banderas de la NAR deberán ser producidas y estar disponibles para su distribución.
La bandera de la nueva nación será nuestro punto de encuentro. Deberá ser desplegada, distribuída y publicitada en todo el mundo hasta que sea equivalente a la bandera Confederada o a la Esvástica, siendo reconocida como símbolo de esperanza aria y coraje frente a la muerte racial.

Bandera de la NAR. “Las banderas tricolores tuvieron su origen en Europa en el siglo XIX, cuando las banderas eran cocidas a mano por las mujeres. Cuando las policías secretas o los soldados del rey venían, podían ser escondidas rápidamente o camufladas, ya que con lo único que se encontraban era con 3 pedazos de tela de colores. El significado de esta bandera es simple: Azul por el cielo, verde por la tierra y blanco por la gente que vive entre medio de ellos” Fuente: http://northwestfront.org/about/tricolor-flag/
RESUMEN
Esta no es una cuestión de que si podemos o no hacerlo, sino de que si lo vamos a hacer o no.
¿Podemos hacerlo? Sí, claro que podemos.
¿Lo haremos? Sí. ¿Cómo lo haremos? No lo puedo explicar, y entiendo que los presentimientos psíquicos no son exactamente los argumentos más persuasivos para convencer a la gente de que abandone todo lo que conoce y se aventure a un mundo nuevo y desconocido. Todo lo que sé es que, por alguna razón más allá de mi habilidad para razonar, creo que esta vez, en algún momento en el fututo, dará resultado. No alargaré más el tema, el futuro revelará si estoy o no en lo correcto. Sólo sé esto:
Es tiempo de ir a casa.
Notas.
1. 1918 – 2004. Ingeniero aeroespacial. Líder del movimiento nacionalista blanco Naciones Arias (Aryan Nations).
2. Cuando un gobierno u organización le da preferencia a mujeres, negros, u otros grupos tradicionalmente marginados a la hora de contratar personas para empleos.
3. “Heather has two mummies”. Libro para niños escrito en 1989 por Leslea Newman, siendo el primero con una temática lésbica.
4. Movimiento separatista blanco fundado en 1974 por el Dr. William Pierce, profesor de física en la Oregon State University y ex miembro del American Nazi Party de George Lincoln Rockwell.
Religión Civil Racial

Para mis propósitos, definiré religión como la práctica común de honrar lo sagrado. Por lo sagrado, no me refiero necesariamente a un dios o dioses ni a ningún ser sobrenatural, inmanente o trascendente. A lo que me refiero es al bien supremo en cualquier sistema de creencias, con lo cual todos los valores inferiores deben diferir y, en un conflicto, ser sacrificados. (más…)
Nueva Derecha contra Vieja Derecha
Publicado originalmente como «New Right vs. Old Right«, por Greg Johnson en Counter-Currents. Traducción por F. Albanese.
¿Qué es lo “nuevo” de la Nueva Derecha Norteamericana, y cómo se relaciona con la “Vieja Derecha”?
Antes de poder responder eso, necesito clarificar lo que la Vieja Derecha y la Nueva Derecha tienen en común y lo que las diferencia de la falsa derecha de hoy, es decir, los partidos actuales de centro-derecha y todas las formas de liberalismo clásico.
La verdadera Derecha, tanto en sus versiones Vieja y Nueva, está fundada en el rechazo a la igualdad humana como hecho y como norma.
La verdadera derecha abraza la idea de que la humanidad es y debería ser desigual, es decir, diferenciada. Los hombres son diferentes de las mujeres. Los adultos son diferentes de los niños. Los sabios son diferentes de los necios, los inteligentes de los estúpidos, los fuertes de los débiles, lo bello de lo horrendo. Estamos diferenciados por raza, historia, idioma, religión, nación, tribu y cultura. Estas diferencias importan, y debido a que importan, toda la vida se rige por jerarquías reales de hecho y de valor, no por la quimera de la igualdad.
La verdadera derecha rechaza la rama y la raíz del igualitarismo.
El derecho real tiene tres especies: la sociedad tradicional, la Vieja Derecha y la Nueva Derecha.
Toda sociedad tradicional conocida por el hombre es anti-igualitaria. Todas las formas de sociedad tradicional han sido destruidas, o están en proceso de ser destruidas — por la sociedad de masas moderna e igualitaria.
Para nuestros propósitos, la Vieja Derecha significa Fascismo, Nacionalsocialismo y otros movimientos nacionales-populares, los cuales son los intentos preeminentes para restaurar las formas sociales jerárquicas tradicionales dentro del contexto de la modernidad. El Fascismo y el Nacionalsocialismo no eran meras resistencias reaccionarias al igualitarismo moderno por partidarios de jerarquías corruptas. Representaron un impulso auténticamente revolucionario para restaurar los valores vitales, arcaicos, jerárquicos dentro del contexto de la ciencia moderna, la tecnología y la sociedad de masas.
La Nueva Derecha y la Vieja Derecha comparten el mismo objetivo: una sociedad que no es sólo jerárquica sino también orgánica, un cuerpo político, un pueblo racial y culturalmente homogéneo, un pueblo que es uno de sangre y espíritu, un pueblo que es políticamente organizado y soberano y, por lo tanto, controla su propio destino.
Nuestro ideal es una sociedad jerárquica libre de explotación y la injusticia, porque la sola justificación de la desigualdad política es el bien común del cuerpo político, no el bien entre facciones del estrato regente.
¿Cómo difiere la Nueva Derecha del Fascismo y el Nacionalsocialismo? Ésta es una cuestión vital, debido a los intensos estigmas adheridos a estos movimientos desde la Segunda Guerra Mundial. La Nueva Derecha Norteamericana, como la Nueva Derecha Europea, se basa en el rechazo de la política, totalitarismo, terrorismo, imperialismo y genocidio de los partidos Fascista y Nacionalsocialista.
La Nueva Derecha Norteamericana es un movimiento nuevo. No tenemos ningún pensador del calibre de Alain de Benoist, Guillaume Faye y muchos otros. Estamos profundamente agradecidos a las décadas de trabajo que ellos han realizado. Pero debido a Norteamérica difiere de Europa, nuestro enfoque difiere, de tres maneras importantes.
Primeramente, debido a la mezcla de las poblaciones europeas y al desglose de las identidades nacionales europeas más compactas en Norteamérica, nos vemos obligados a subrayar las raíces más profundas de la identidad común europea, incluida la identidad racial.
En segundo lugar, debido al protagonismo de la comunidad judía organizada en ingeniar la destrucción de los pueblos europeos, y debido a que Estados Unidos es la ciudadela del poder judío en el mundo hoy en día, la Nueva Derecha Norteamericana debe lidiar directamente con la cuestión judía.
Tercero, la Nueva Derecha Norteamericana cultiva un compromiso crítico mucho más franco y directo con el Fascismo y el Nacionalsocialismo. La Nueva Derecha Europea tiende a centrarse en los márgenes del entorno Nacionalsocialista y Fascista, lo que ha producido enormes dividendos intelectuales, particularmente con el estudio del movimiento Revolucionario Conservador. La Nueva Derecha Norteamericana, sin embargo, toma ventaja de nuestras protecciones de la Primera Enmienda. Pero nuestra disposición a ir a lugares peligrosos significa que necesitamos aclarar nuestra relación precisa con la Vieja Derecha. De hecho, deberíamos haberlo hecho hace mucho tiempo.
Una vez más: la Nueva Derecha Norteamericana se basa en el rechazo de la política, totalitarismo, terrorismo, imperialismo y genocidio de los partidos Fascista y Nacionalsocialista.
Creemos que la diversidad racial y cultural dentro de la misma sociedad conduce inevitablemente al odio y la violencia, y que el nacionalismo es la forma más práctica de asegurar la paz entre los pueblos.
Creemos que todos los pueblos deben tener patrias soberanas donde puedan vivir según sus propias luces, libres de la interferencia de otros pueblos.
Creemos que tal mundo puede lograrse a través de programas graduales y humanos de partición territorial y transferencia de la población.
Creemos que estos objetivos pueden cumplirse mediante el cambio de conciencia de la gente, es decir, convencer a suficientes personas en posiciones de influencia que cada uno tiene un rol en el etnonacionalismo.
La promoción de un cambio político a través de la transformación de la conciencia y la cultura es lo que nosotros llamamos metapolítica.
La Metapolítica se refiere a lo que debe venir antes de la fundación de un nuevo orden político. La Metapolítica se desglosa en dos actividades básicas. En primer lugar, hayeducación: articulando y comunicando formas de nacionalismo blanco a la medida de los intereses y perspectivas de la gama completa de circunscripciones blancas. Esto incluye no sólo la teorización de la torre de marfil, sino también la expresión artística, comentarios tópicos culturales y políticos y toda la gama de medios mediante los cuales están comunicados. En segundo lugar, hay organización de la comunidad, lo que significa el cultivo de las comunidades reales que viven según nuestra visión en el presente y que pueden servir como las semillas de un Nuevo Orden por venir.
El proyecto metapolítico primario de la Nueva Derecha Norteamericana es desafiar y reemplazar la hegemonía de ideas anti-blancas a lo largo de nuestra cultura y sistema político. Toda la corriente cultural y política — incluyendo cada tonalidad del espectro político “respetable” — trata a la conciencia racial blanca y a la autoafirmación blanca como algo malo.
Nuestro objetivo es criticar y destruir este consenso y, en vez de eso, hacer hegemónica a la conciencia racial blanca y a la autoafirmación, así que sin importar qué partido político gane, los intereses blancos estarán asegurados. Nuestro objetivo es una sociedad blanca pluralista en la cual haya desacuerdo y debate sobre una amplia gama de temas. Pero la supervivencia blanca no estará entre ellos.
Hay analogías sistemáticas entre la Vieja Derecha y la Vieja Izquierda, y entre la Nueva Derecha y la Nueva Izquierda.
La Vieja Derecha y la Vieja Izquierda vieja tenían objetivos ampliamente divergentes, pero compartían medios comunes: partidos ideológicos políticos jerárquicos, organizados la lucha eleccionaria y armada; estados policiales con partidos únicos dirigidos por dictadores; la eliminación de la oposición a través de la censura, encarcelamiento, terror y franco asesinato, a veces a una alucinante escala industrial.
Sí, en el caso del Nacionalsocialismo clásico, los revisionistas sostienen que muchas de estas atrocidades son exageradas o son una mentira fabricada. Pero el revisionismo sobre la Segunda Guerra mundial está lejos del punto, porque el impulso imperialista, terrorista y genocida existe en Nacionalsocialismo hoy. Por ejemplo, el Nacionalsocialista tardío William Pierce desdeñó rutinariamente el Holocausto, pero estaba dispuesto a tolerar el terrorismo, imperialismo y genocidio reales en una escala que dejaría chica a cualquier cosa del siglo XX. Ese espíritu es lo que rechazamos.
Sí, hubo grados de totalitarismo. La abolición comunista de la propiedad privada exigió una invasión e interrupción de la vida privada más grandes que las del Fascismo o Nacionalsocialismo, que sólo pretendían armonizar la propiedad privada y la empresa privada con el bien común cuando estuvieran en conflicto. Afortunadamente, el totalitarismo duro — e incluso la versión más suave de totalitarismo duro — no es ni deseable ni necesaria para garantizar la existencia de nuestro pueblo, así que lo rechazamos.
Es educativo mirar cómo la Nueva izquierda ha manejado las impactantes, desgarradoras y nauseabundas atrocidades de la Vieja Izquierda. Los mejores Nuevos Izquierdistas no las niegan. No las minimizan. No pondrán sus esperanzas en un “revisionismo del Gulag” o en rehabilitar la reputación de Pol Pot. Ellos sencillamente repudian las atrocidades. Se alejan de ellas y caminan hacia sus objetivos.
Esto es exactamente lo que nos proponemos hacer. Estamos demasiado ocupados resistiendo nuestro propio genocidio para desgastarnos defendiendo los errores y excesos de la Vieja Derecha. Sencillamente no son nuestro problema. Tomando prestada una frase de Jonathan Bowden, “hemos caminado por encima.” Nuestros enemigos lo siguen arrojando en nuestro camino y nosotros seguimos caminando por encima.
La Nueva Izquierda conserva los valores y metas finales de la Vieja Izquierda. También conservaron elementos de su marco filosófico. Luego se dispusieron a difundir sus ideas a través de la cultura por medio de propaganda y subversión institucional. Y ganaron. Fuera de Cuba y Corea del Norte, el comunismo ortodoxo está muerto. El Capitalismo parece triunfante en todos lados. Y aún en el ámbito de la cultura, los valores izquierdistas son completamente hegemónicos. La Izquierda perdió la Guerra Fría, pero ganó la paz.
(Debido a que en Occidente, tanto la Vieja como la Nueva Izquierda funcionaban principalmente como un vehículo para intereses étnicos judíos, sería más preciso decir que los valores judíos son hegemónicos a lo largo de la cultura, incluso en la Derecha establecida).
La Nueva Izquierda y la Nueva Derecha tienen objetivos ampliamente divergentes, pero medios muy similares, es decir, la búsqueda de un cambio político a través de la transformación de ideas y cultura, teniendo como objetivo el establecimiento de la hegemonía intelectual y cultural.
La Nueva Derecha rechaza el totalitarismo, imperialismo, terrorismo y genocidio de la Vieja Derecha.
Pero nosotros no rechazamos su modelo político: la sociedad étnica y culturalmente homogénea, jerárquicamente organizada, orgánica. Queremos un mundo en el cual cada gente distinta tenga una patria, incluyendo los Judíos.
Tampoco rechazamos los marcos teóricos del Fascismo y el Nacionalsocialismo, que hoy son más relevantes y mejor cimentados en la ciencia e historia que nunca antes.
Tampoco rechazamos figuras tales como Hitler y Mussolini. La objetividad requiere que reconozcamos tanto sus virtudes como sus defectos. Tenemos mucho que aprender de ellos. Nunca repudiaremos a gente blanca despierta sólo para congraciarnos con la Burguesía.
He recibido algunas suaves patadas en las costillas acerca de incluir a Hitler y Mussolini entre los natalicios que conmemoramos, como si fueran cultos totalitarios de la personalidad. Pero como redactor, encuentro que los natalicios son ocasiones ideales que ocurren con regularidad para discutir sobre importantes figuras. También producen picos de tráfico en el motor de búsqueda que queremos capturar. Además, conmemoramos muchos natalicios y sería cobarde el discutir sobre gente como Ezra Pound o Knut Hamsun, pero ignorar a las personas por la cuales –al seguirlas– ellos fueron encarcelados. Así que seguiremos conmemorando sus natalicios hasta que, a la larga, todo lo hagan.
Uno de los motivos principales de la Nueva Izquierda para moverse de la política a la cultura fue la decepción con el proletariado, que fue efectivamente movilizado por el Fascismo y Nacionalsocialismo, sin mencionar los regímenes centristas de la época de la Guerra Fría.
La Nueva Izquierda creía que representaba a los intereses de los trabajadores, pero su enfoque fue completamente elitista. Centraron su atención en influir en las clases medias universitarias y profesionales, porque estas personas tienen una influencia desproporcionada sobre el resto de la sociedad, particularmente a través de la educación, los medios de comunicación y cultura popular.
Asimismo, la Nueva Derecha representa los intereses de todos los blancos, pero cuando se trata de un cambio social, tenemos que adoptar una estrategia resueltamente elitista. Tenemos que reconocer que, cultural y políticamente hablando, algunos blancos importan más que otros. La historia no es hecha por las masas. Está hecha de lasmasas. Es hecho por las elites moldeando a las masas. Por lo tanto, tenemos que dirigir nuestro mensaje al medio urbano, educado y clases profesionales y hacia arriba.
No hay escasez de grupos al estilo de la Vieja Derecha, con mensajes populistas dirigidos a la clase obrera y a las circunscripciones rurales. Pero necesitamos ir más allá de ellos si es que vamos a ganar.
¿Por quién estoy hablando aquí? Cuando digo “nosotros”, estoy hablando por más que mí mismo, pero no por todos o incluso la mayoría de nuestros escritores o lectores. No hay ninguna presunción de que cada autor que publicamos apruebe nuestra agenda, en su totalidad o en esencia. (De hecho, muchos de ellos están muertos). Tampoco hay ninguna presunción que cada autor coincide con cualquier otro autor publicado aquí. La publicación aquí, sin embargo, implica que yo, como editor en jefe, creo que un trabajo dado avanza nuestra agenda directa o indirectamente: directamente, mediante la articulación de una visión que respaldaría como verdadera; indirectamente, ayudando a construir un movimiento intelectualmente apasionante.
Y la Nueva Derecha Norteamericana es un movimiento intelectual, no una doctrina fija. Los objetivos están establecidos. La estrategia básica intelectual está fija. Pero todo lo demás está en movimiento: generalmente hacia nuestras metas, pero a veces sólo giran alrededor de la pista de baile sólo por el goce de hacerlo (lo cual, de una manera más sutil, también se mueve hacia nuestras metas).
Hay una amplia gama de tradiciones intelectuales diferentes y a menudo incompatibles dentro de la nueva derecha. Tenemos seguidores del Tradicionalismo de Julius Evola y René Guénon, así como otros pensadores que enfatizan una metafísica de forma eterna. Tenemos seguidores de filósofos no-Tradicionalistas y orientados a la historia como Nietzsche, Spengler, y Heidegger. Tenemos creyentes en declive y creyentes en el progresismo prometeico. Tenemos biólogos darwinistas y materialistas científicos enfrentados contra metafísicas dualistas. Tenemos ateos, y tenemos representantes de todas las escuelas de religión, cristianas y paganas, orientales y occidentales.
Necesitamos este tipo de diversidad, porque nuestra meta es fomentar las versiones del nacionalismo blanco que apelan a todas las circunscripciones blancas existentes. Podemos hablar a las multitudes porque contenemos multitudes.
¿Cómo se relaciona la Nueva Derecha Norteamericana con los grupos al estilo de la Vieja Derecha en Norteamérica y alrededor del mundo? ¿Y cómo nos relacionamos con los partidos nacionalistas democráticos en América y Europa?
Alex Kurtagic ha sostenido recientemente que la política democrática partidista puede realizar las funciones metapolíticas de educación y de organización de la comunidad, por lo tanto, no hay ninguna contradicción fundamental entre la política de partidos y la metapolítica. Por supuesto que las campañas políticas implican educación y organización de la comunidad, pero éstos son simplemente los subproductos del puesto al que se aspira. Y ello significa que todos los esfuerzos educativos y organizativos estarán dominados por el ciclo electoral y las cuestiones políticas del día.
Eso está bien, si el real objetivo de uno es ganar el puesto. Pero fuera de los sistemas de representación proporcional, buscar ganar puestos es bastante inútil. Así que si el real objetivo de uno es la educación y organización, entonces las campañas políticas son simplemente una distracción. Así que ¿por qué no enfocar toda la energía de uno en la educación y la organización de los esfuerzos, y determinar la agenda nosotros mismos, en lugar de dejar que la política electoral la determine por nosotros?
¿Por qué no tomar todo el dinero gastado en actividades puramente políticas — campañas de inscripción de votantes, viajes de campaña, literatura de la campaña y canalizarla hacia la educación y la organización?
David Duke, por ejemplo, ha estado haciendo trabajos importantísimos con sus escritos, discursos y videos. La mayor parte de ese trabajo se detendría si tuviera que hacer otra inútil y costosa carrera por un puesto político.
Intelectualmente, tenemos que trazar una línea nítida y clara entre la metapolítica de Nueva Derecha y todas las formas de política de partido nacionalista. Compartimos los mismos objetivos generales, pero diferimos sobre la mejor manera de alcanzarlos. Tenemos que reconocer estas diferencias francamente, luego dividir nuestro campo y perseguir nuestros objetivos comunes por los variados caminos que nos parezcan mejores.
No quiero gastar tiempo criticando y atacando a otros sinceros defensores blancos, compitiendo por nimiedades. Al final, el único argumento válido por o contra un enfoque es mirar sus resultados. Yo quiero ganar apoyo haciendo un buen trabajo, no denigrando el trabajo de otros.
Aunque uno puede trazar una aguda línea intelectual entre la metapolítica de Nueva Derecha y la política de partido nacionalista, ningún muro nos separa en el mundo real. La Nueva Derecha Norteamericana no es un partido político o una secta intelectual tipo partido. Somos una red informal que puede superponerse y penetrar todas las instituciones sociales, incluidos los partidos. Mantener contactos con personas de todo el mundo que participan en diversos partidos políticos. Ellos saben dónde estoy. Donde estamos en desacuerdo, acordamos en no estar de acuerdo.
Hablando personalmente, sin embargo, me gustaría que un muro pudiera erigirse en algunos casos, pues si hay sólo seis grados de separación social entre Barack Obama y yo, hay muchos menos grados de separación entre yo y el próximo Anders Behring Breivik. Y, para mí, eso es demasiado cerca para estar cómodo. No quiero tener nada que ver con ejércitos armados de uno. La única arma que quiero poseer está hecha de porcelana.
Verán, realmente creo que lo que estoy haciendo es correcto e importante. Muy correcto y muy importante para exponerse al riesgo de hombres vestidos como Caballeros Templarios o los soldados de asalto y jugando con las armas reales. No tengo nada contra las armas o los propietarios de armas como tal. Pero el modelo de la Vieja Derecha atrae a gente inestable, propensos a la violencia, que sólo hace nuestro trabajo más difícil.
Pero ya que no puedo construir un movimiento — incluso un movimiento metapolítico — siendo un ermitaño, lo mejor que puedo hacer es trazar líneas intelectuales de demarcación claras: una vez más: la Nueva Derecha Norteamericana se basa en el rechazo de la política, totalitarismo, terrorismo, imperialismo y genocidio de los partidos Fascista y Nacionalsocialista.
(Breivik es un caso complejo, porque salió del movimiento Contra-Jihad, una oposición falsa, dominada por los judíos, a la colonización islámica de Europa. Pero todavía compartimos sus preocupaciones básicas y su meta de Europa para europeos, aunque rechazamos sus acciones y gran parte de su marco analítico).
Los cínicos han acusado a la Nueva Izquierda de ser nada más que un truco de mercadeo deshonesto. Por supuesto, no tiene sentido en intentar convencer a los cínicos, que conocen a priori que la verdad es siempre más sórdida de lo que parece. Pero la Nueva Izquierda en realidad cumplió sus promesas: marxismo sin totalitarismo, sin terror, sin campos.
Por supuesto todos sabemos que el régimen actual es una forma de totalitarismo suave el cual promulga el genocidio de la raza blanca en cámara lenta. Pero el punto es que este régimen no fue impuesto a nuestro pueblo a través de una revolución violenta. Lo aceptaron debido a la transformación de su conciencia. Pueden ser salvados de la misma forma.
Los liberales son los apologistas del fracaso de nuestra civilización

Una forma popular para desestimar argumentos consiste en ofrecer un sustituto. Éstos toman la forma de símbolos que representan el problema, pero no incluyen todos sus aspectos. (más…)
Anders Breivik & Intereses Genéticos vs. Intereses Genotípicos
Artículo publicado originalmente como “Anders Breivik & Genetic vs. Phenotypic Interests”, por Ted Sallis, en Counter-Currents. Traducción por A. Garrido.

El actor turco Kivanc Tatlitug
Los lectores deben ser concientes de que tengo un fuerte interés en el concepto de “intereses étnico genéticos” tal como lo formula el Dr. Frank Salter, y detalla en su magnífico libro, On Genetic Interests, que considero un “deber” leer para cualquier nacionalista étnico o racial informado. He discutido este concepto en varios foros, y un sumario consiso puede ser encontrado aquí.
A veces hay confusión sobre lo que realmente son los “intereses genéticos”, incluyendo a gente que confunde intereses genéticos con intereses fenotípicos. Por ejemplo, ver los comentarios aquí, particularmente éste (estoy seguro de que a Greg no le importará que use su comentario como un ejemplo ilustrador):
Greg Johnson
July 27, 2011 – 7:52 pm | Permalink
Buenas preguntas.
No creo que la mayoría de los paquistaníes se convertirían, pero eso no viene al caso realmente. Incluso si uno se convirtiera, ¿Realmente Breivik pensaría que ahora pertenece a Noruega? Él podría ser forzado por la lógica de su propio pensamiento. Pero como racista primero, último y siempre, la conversión no importa para mí. Para mí, la sangre es más espesa que el agua bendita.
En cuanto a los musulmanes, ésta es una buena pregunta. He conocido a Musulmanes Turcos y Bosnios que se ven tan Nórdicos como Breivik. Pero tengo un problema con que se muden a un país como Noruega, simplemente porque creo que el aumento de la diversidad religiosa es casi tan malo como el de la diversidad racial. Sigue creando conflicto en la sociedad, a pesar de que no pueda realmente socavar los intereses genéticos nórdicos.
Si algún Turco o Bosnio Musulmán que luzca como Anders Behring Breivik no tuviera directa influencia en el impacto negativo, la tendrían sobre los intereses étnico genéticos Noruegos/Nórdicos. Lo que importa es el genoma distintivo; los intereses étnico genéticos son, al final y no sorprendentemente, sobre genes, y no sólo ese pequeño subconjunto de genes que codifican la apariencia física.
En general, los costos para los intereses étnico genéticos están relacionados con la distancia genética, con los mayores impactos negativos siendo de las más grandes distancias (y, por supuesto, los más grandes números). Crudamente planteado, comenzando con Noruega, la distancia genética puede verse como: Suecia > Alemania/Inglaterra > Francia > España > Italia > Grecia > Turquía > Naciones Árabes/Noráfrica > Chinos > Nigerianos – con los Suecos siendo los más similares y los Nigerianos los más diferentes.
De hecho, un Turko o Bosnio determinado puede verse como un gemelo idéntico de Breivik, pero todavía sería más genéticamente distante de él, y del típico Noruego, que, por ejemplo, Sean Connery, Rudy Giuliani, etc.
En On Genetic Interests, Salter discute sobre intereses genéticos vs. Intereses fenotípicos. Como los genes son replicadores, el “esfuerzo” del fenotipo es hacia la replicación genética, y la conducta adaptativa se define en términos de aumentar la información genética distintiva, son intereses genéticos los intereses fundamentales. Es útil citar a Salter aquí (OGI, pg24) (énfasis añadido):
La vida es el interés fundamental, aunque todos estemos destinados a morir. Los fenotipos – organismos unidos por información suministrada por genes más el ambiente – son mortales. Las causas de la vida están en el proceso evolutivo transgeneracional que se remonta a tres billones de años hasta la primera entidad auto-replicante. De ello se desprende que los intereses fundamentales no residen en la supervivencia individual, sino que en la reproducción de la información usada por el organismo para construirse a sí mismo.
Es información – información genética – que subraya el interés fundamental para organismos evolucionados tales como los seres humanos. Esta información es de todo el genoma (distintivo), no sólo de ese subconjunto de genes que se codifican para la apariencia física. Independientemente de cómo se vea un Musulmán Turco o Bosnio, su contribución a los intereses genéticos de otros se basará en sus genomas distintivos, y no sólo en el aspecto físico como objeto de evaluación fenotípica.
No hay nada malo con tener intereses fenotípicos como interés secundario en el propio “portafolio”; sin embargo, no hay que confundir estos intereses con los intereses genéticos. Tampoco sería adaptativo dar a los intereses fenotípicos prioridad sobre los intereses genéticos, ya que la coincidencia fenotípica es posible incluso en el contexto de distancia genética significativa, y la similitud fenotípica puede a veces ser mayor en “no-parientes” que en “parientes”. He escrito anteriormente sobre el tema de los “cornudos raciales”, que se aplica en tales casos, ver aquí y aquí. Otro problema de basar intereses genéticos en otra cosa que genes concretos es que puede invocarse “elitismo cognitivo” – CI, etc. – como la (única) medida fenotípica de interés, y afirmar que cualquier Asiático del Este o Sur con alto CI es aceptable independiente de su verdadera procedencia racial/genética.
Tal vez, el fenotipo está siendo utilizado por algunos como un sustituto de los genes, pero la identificación étnica parecería ser mejor. Hay por supuesto una correlación aproximada entre distancias genéticas y fenotípicas, y esta correlación aumenta mientras ambas distancias se hacen más grandes. Por ejemplo, un cachalote es tanto genética y fenotípicamente muy divergente de un humano. Un Nigeriano es tanto genética y fenotípicamente muy divergente de un Noruego. Todo esto es obvio. Pero lo contrario es cierto; mientras las distancias genéticas y fenotípicas se contraen, la relación entre las dos métricas se vuelve más borrosa y concidencias/desajustes pueden ocurrir. Puede ser cierto que un Turco se parezca a Breivik más que un Noruego, pero el Noruego sería más genéticamente cercano a Breivik que al Turco. Extraños pueden parecer hermanos más que lo que hermanos se parecen entre sí. Mientras más similares – genética y fenotípicamente – son dos grupos, mayor es la posibilidad de discordancia entre genotipo y fenotipo. Una comparación Nigeriano/Noruego es fácil. El tema de los “Turcos Nórdicos” comparados a Noruegos es más difícil.
Por supuesto, es posible que un “Turco Nórdico” sea más genéticamente cercano a Breivik que un “Turco de medioriente”, sin embargo, esta premisa necesita ser formal y empíricamente evaluada mediante análisis genéticos. Aunque fuese cierto, esto no significa que el “Turco Nórdico” no perjudique los intereses genéticos Noruegos, sólo que el daño hecho sería comparativamente menor que el del “Turco de medioriente”.
Por último, la adaptatividad está basada en relaciones de parentesco (y el parentesco étnico cuenta también como el parentesco familiar), y el fenotipo es sólo una secundaria cruda medida de parentesco. Ciertamente, si ninguna otra información existe más que el fenotipo, uno debe ir con la información al alcance, y hacer una estimación aproximada basada en el fenotipo. Pero, usualmente, las personas por lo menos conocen su propia ascendencia étnica y normalmente son concientes de la ascendencia étnica de otros. Lo cierto, es que la afiliación étnica puede también dar resultados ligeramente aberrantes cuando se miran distinciones más finas (e.g. un determinado Alemán puede estar más genéticamente relacionado con un Francés que con otro Alemán), pero la coincidencia de parentesco usualmente ocurre sólo entre etnias altamente relacionadas. En ausencia de datos genéticos fiables a nivel individual, la afiliación étnica puede servir como un sustituto aproximado, tal vez modificado por consideraciones fenotípicas.
Por lo tanto, para resumir:
- Si alguien quiere ante todo hacer hincapié en el fenotipo, es un interés perfectamente legítimo, pero no es directamente un interés genético. Pueden haber coincidencias entre intereses fenotípicos y genéticos, pero no son uno y lo mismo, y debemos evitar confundir los dos.
- Favorecer no-parientes (relativos) sobre parientes (relativos) basándose en el fenotipo es una opción que alguna gente podrá querer hacer, por ejemplo, considere éste comentario de Greg Johnson sobre “The Racial Makeup of the Turks” de Andrew Hamilton:
Además, mientras el Turco promedio representa una negativa reserva de intereses genéticos para el Inglés promedio, cuando miras a los individuos, conozco a un montón de Ingleses que habrían sido mejorados si uno de sus padres fuera uno de los actores Turcos o Bosnios representados aquí, salvo quizás por el último, a quién escogí porque claramente tiene un poco de sangre Asiática.
Por supuesto que tienen el derecho a hacerlo. Sin embargo, tal favorecimiento de no-parientes sobre parientes no es adaptativo en sentido biológico, a menos que uno pueda demostrar que tal favoritismo mejora los intereses genéticos netos mediante funciones y formas físicas perfeccionadas que compensan la pérdida de intereses genéticos brutos, y/o si los no-parientes actúan de tal manera para proveer dicha compensación. Pero en términos generales, el sentimiento citado directamente arriba daría lugar a un comportamiento de mala adaptación si se lleva hasta sus últimas consecuencias en todos los casos.
Por lo tanto, desde una perspectiva más amplia, ciertamente uno puede estar preocupado sobre el fenotipo como un legítimo interés en sí mismo. Sin embargo, uno no puede, y no debería, combinar fenotipo con intereses genéticos en la medida ejemplificada por la primera cita de Greg, arriba. Si quieres hacer hincapié en el fenotipo, bien, entonces debate sobre intereses fenotípicos; sin embargo, si vas a mencionar específicamente intereses genéticos, entonces debes concentrarte en genes y parentesco. No confundir los dos.
Dugin sobre Etnicidad vs. Raza, Parte 2
Artículo publicado originalmente como “Dugin contra Racism”, por Giuliano Adriano Malvicini, en Counter-Currents. Traducción por A. Garrido.

El ethnos continúa existiendo como el sustrato de las sociedades tradicionales. Por ejemplo, el ethne pre-indoeuropeo continúa existiendo como la tercera función de las sociedades indo-europeas. Dugin explica el surgimiento de las civilizaciones tradicionales a través de la emergencia del pastoralismo nomádico, esto es, la aparición, desde sociedades agrícolas autóctonas, de pequeños grupos nómades de pastores guerreros.
Domesticando animales que eran más grandes y fuertes que ellos, estos pastores desarrollaron tecnologías de “poder pastoril”, que hizo posible a unos pocos regir las masas. Trataron a los grupos étnicos que conquistaban “como ganado”. De esta manera, estos señores de la guerra y conquistadores, cuando finalmente se establecían en territorios conquistados ya habitados, se convertían en las primeras elites políticas. Estas bandas de guerreros fueron la Männerbund, el núcleo del estado pre-moderno.
El origen del Estado, entonces, se encuentra en guerras y conquista y la apropiación de territorios ya habitados. Cuando el ethnos libera guerra contra sus vecinos, los extermina o asimila (asesinando y a veces canibalizando a los hombres, tomando sus mujeres como esposas, y adoptando a sus niños). El pastor-guerrero, en cambio, conquista y subyuga al ethnos conquistado, gobernando, explotando, pero también protegiéndolo (como lo haría con la propiedad del ganado), mientras que al mismo tiempo mantiene una separación racial estricta del grupo conquistado (“el rebaño”). La elite de este nuevo tipo de sociedad es “racista”. Como pastores, aplican técnicas pastoriles de crianza a los seres humanos. La conquista, para ellos, significa aprovechar y “montar” las fuerzas que han sido superadas, en lugar de aniquilarlas. Esto también significa que históricamente, el conflicto de clases tiene su origen en el conflicto étnico.
El surgimiento del estado marca el surgimiento de una sociedad étnicamente heterogénea, estratificada y no-orgánica, radicalmente diferente en naturaleza al ethnos. Dugin propone la palabra griega “laos” para distinguir esta etapa del “ethnos” (Aunque Dugin falla en citar la fuente, su discusión sobre el “laos” proviene fuertemente del brillante trabajo sobre etnología de la guerra del etnólogo nacionalsocialista Wilhelm E. Mühlmann, Krieg und Frieden: Ein Leitfaden der politischen Ethnologie [1940].)
La armoniosa y orgánica unidad del ethnos ahora está perdida. La tensión y violencia de la conquista son inherentes en el nuevo orden social, que está estructurado por jerarquía y patriarcado. La relación con “el otro” ha sido introducida en su corazón. Esto significa que un elemento de crisis, entropía y desorden ha entrado en el núcleo de la sociedad y desde ahora amenazará constantemente su estabilidad y cohesión. El “otro” conquistado, es incluido en la sociedad, pero al mismo tiempo excluido. Es mantenido a distancia por la clase dominante. Surge una sociedad estratificada estructurada por un sistema de castas.
Ya que la cohesión del ethnos es mantenida a través del matrimonio entre diferentes clanes endogámicos dentro de la tribu, y basados en equilibrio y polaridad, no existe necesidad de ley o jerarquía. Su cohesión es mantenida por mitos normativos, que son en sí un tipo de exégesis del espacio simbólico. La justicia es concebida como un equilibrio mantenido por medio de un intercambio simbólico y especie de reversibilidad “igualitaria” de las relaciones sociales. Aquellos que matan deben ser (simbólicamente) matados, aquellos que comen deben ser (simbólicamente) comidos, retornando a la economía circular del cosmos. Esta es la razón para la iniciación, por ejemplo – el cazador o guerrero debe ser simbólicamente matado para poder matar sin perturbar el equilibrio. Todas las obligaciones sociales son entendidas como formas de deuda simbólica (deudas de honor).
La estabilidad y cohesión de las civilizaciones tradicionales, por el contrario, tiene que ser asegurada por la ley y la autoridad del Estado. Las civilizaciones carecen de la cohesión natural y orgánica del ethnos. Por esto es que los incansable y nómades conquistadores-pastores son civilizadores – fundando y construyendo las instituciones legales, políticas y religiosas de las civilizaciones tradicionales pre-modernas. Es en este punto que la estructura jerárquica tripartita de las sociedades indo-europeas emerge. Es el comienzo del tipo de sociedad tradicional aria descrita por Evola, y los clásicos, occidental, activo, “fálico y masculino logos” fundado sobre la exclusión del caótico “otro” femenino. Este logos masculino es precedido por el más primordial, ctónico, femenino, pasivo e inclusivo “logos caótico” del ethnos. Este logo caótico es identificado con el ethne (Rusia) eurasiático, caracterizado por fuerzas étnicas “caóticas” y dionisíacas. La involución o entropía de Occidente es causada por el endurecimiento del logos clásico, mientras que supuestamente se desprende a sí mismo de su elemento nativo, el logos dionisíaco, eurasiático, y caótico. El “logos caótico” más primordial trasciende e incluye al logos fálico dentro de sí, en la misma manera que Eurasia incluye a Europa.
Con esta nueva relación con un “otro” en la forma del ethnos subyugado, una crisis, una grieta ha sido introducida en la sociedad. Esta crisis o grieta es expresada en términos ideológicos y metafísicos como la división del cosmos en un mundo material, temporal, múltiple y sensible por un lado, y un mundo supra-sensible, eterno, unitario y trascendente, por otro. Por una parte, tiempo y devenir, en los que los seres surgen y decaen, son creados y destruidos. Por otro, el reino más allá del tiempo, de la permanencia, estabilidad, inmortalidad e incorruptibilidad. En lugar de la polaridad y complementariedad del cosmos del ethnos, ahora se alza un agudo dualismo metafísico entre orden trascendente por un lado, y desorden inmanente, entropía e involución, por el otro.
La superación de esta grieta traumática entre Ser y devenir, tiempo y eternidad y la reintegración del todo sagrado ahora se vuelve un horizonte escatológico, o límite, de historia. El laos no es ahistórico como el ethnos, pero el horizonte de su historia no es el infinito, lineal, secular progreso y crecimiento económico, sino que un mito mesiánico. Los miembros de las nuevas elites comienzan a interpretarse a sí mismos como sujetos de la historia, como teniendo una misión histórica y destino: por ejemplo, como los fundadores y constructores de imperios. A menudo, hay imperios uniendo Oriente y Occidente, como en el caso del homónimo de Dugin, Alejandro Magno. Otros ejemplos podrían probablemente ser la Horda Dorada de Genghis Khan, o las conquistas islámicas. Estas ambiciones imperiales siempre permanecen arraigadas en proyectos mesiánicos, en mitos escatológicos, y el imperio en sí permanece anclado en un centro sagrado – Roma en el caso del Imperio Romano, o en el caso de las conquistas islámicas, la Meca. La ciudad de convierte en imago mundi, un microcosmos del imperio, que a su vez, como el ethnos, es identificado con el mundo como tal. Para los romanos, el imperio era el mundo, y el emperador personificaba el centro, el centro sagrado de la soberanía.
El individuo heroico se convierte en el sujeto normativo del laos. En un sentido, este es el surgimiento de un tipo de individualismo – no el individualismo burgués de la modernidad, sino que un individualismo asceta, heroico y aristocrático del “hombre diferenciado”, correspondiente a un mito heroico normativo. Este nuevo individuo de elite, este nuevo “sujeto” de la historia es representado no sólo por el héroe, sino que también por el rey, el filósofo y – en el Judaísmo e Islam – por los profetas. Son los “guardianes” de Platón, o los “pastores del Ser” de Heidegger. Ya que la clase dominante está compuesta por ex pastores nómades en lugar de granjeros, el modelo del gobernante es el pastor. Él reúne al disperso y múltiple rebaño del “laos” alrededor del polo del Ser y la tradición. El modelo es pastoral recolector, en lugar de agrario cosechador. El pastor toma sobre sí la misión conservadora de batallar contra la diáspora, muerte, caos, ilusiones, y el insidioso proceso de decaimiento y pérdida de significado. Ellos ven como de su responsabilidad librar guerra contra la falsedad, ilusión, muerte, la nada y la entropía del tiempo, que dispersa, disuelve y fluye. El tiempo es el río del olvido, Lethe. La palabra griega para verdad es a-letheia, “inolvidable”. Este tipo de individualidad heroica es similar a la figura de Heidegger del auténtico Dasein resuelto. Su individualidad e integridad está basada en la abierta confrontación con la muerte, transformando el límite de la muerte de un pasivo proceso de entropía en una activa decisión, una responsabilidad, fundado un “posible ser-como-un-todo”.
Por otro lado, el campesinado – la tercera función de la sociedad indo-europea – continúa viviendo su cíclica vida ahistórica, arraigada en un paisaje y centrado en la fertilidad y reproducción. Continúa existiendo como un ethnos, viviendo en un estado prelapsario de inocencia, una “edad dorada”. Ve los tributos que paga a sus nuevos gobernantes como sacrificios, y a los predatorios gobernantes como figuras sagradas. La elite, sin embargo, al separarse a sí misma de del cósmico todo social y entrar en una asimétrica e irreversible relación con “el otro”, ha pasado a un tiempo asimétrico e irreversible: la historia y la tensión escatológica de ser-hacia-la-muerte. Desde ese momento esta tensión comienza a relajarse, la desintegración es inevitable.
Ya que el ethnos está siempre trabajando para permanecer idéntico a sí mismo, no tiene relación con el “otro”. El ethnos está reunido alrededor de su centro sagrado, y no se define a sí mismo en oposición a “otro”. A diferencia del logos occidental, el logos del ethnos no está fundado en oposiciones binarias y exclusión, sino que sobre inclusión y asimilación (que puede tomar la forma física de un devorar caníbal del otro). En este sentido, la sociedad étnica es totalitaria y abierta, pero en un sentido completamente diferente que la “sociedad abierta” popperiana del Liberalismo moderno. Cualquiera puede ser asimilado en el ethnos, y el ethnos resuelve “el problema del otro” a través de asimilación – ya sea física, por guerras de aniquilación que culminan en la canibalización de los miembros de otros grupos étnicos, o mediante iniciación, esto es, el asesinato simbólico del individuo, para que él o ella puedan renacer como miembros de la tribu. Por lo tanto, pertenecer al ethnos de ninguna manera es un hecho racial o biológico, sino que un fenómeno social, simbólico y cultural. Aunque ethne general se define a sí mismo por la idea de un origen común, este origen común, Dugin lo enfatiza cuidadosamente, es un mito. Es una construcción social en lugar de un hecho biológico. La noción de etnocentrismo de Dugin no sólo es no-racista, no-nacionalista y sin-sangre, su noción de “ethnos” está también limpiada (o podríamos también decir, desencarnada, abstraída, y vaciada) de cualquier contenido racial. Como el concepto de “género”, es un concepto puramente social en lugar de biológico.
La conexión entre ethnos y canibalismo no debería sorprender a ninguno familiarizado con el mito griego. El ethnos está viviendo en “la edad dorada”, y la edad dorada es el reino de Saturno, Cronos (tiempo), quien come a sus propios hijos. El canibalismo del ethnos, en otras palabras, es el canibalismo del tiempo cíclico, que devora todo lo que engendra. En cierto punto, una transición toma lugar desde el reino de Cronos al reino de Zeus. Esta transición marca el comienzo de la civilización tradicional, olímpica y heroica. Dugin parece creer que la concepción circular del tiempo en las sociedades arcaicas es conservada en las prácticas religiosas de las civilizaciones tradicionales. Sin embargo, sería más correcto ver la heroica concepción tradicional del tiempo como lo inverso a la temporalidad del ethnos. Las sociedades tribales primitivas ven las estructura circular del tiempo positivamente, como garantizando la homeostasis del cosmos. Elementos que los separan a sí mismos del todo, tomando una existencia independiente y potencialmente fragmentando al todo, son constantemente reasimilados por el devorador círculo del tiempo. En la cosmovisión heroica, esta concepción es invertida. Cronos, en lugar de un gobernante y preservador de la paradisíaca edad dorada, se convierte en una figura completamente negativa, un monstruo voraz que debe ser superado por un celestial héroe olímpico (Zeus). El tiempo circular ya no es visto como la conservación del cosmos en cuanto inmortal totalidad sagrada. El tiempo, en cambio, es visto como una prisión, el estómago de Cronos. El tiempo es ahora existencia condicionada, el reino en que los seres surgen y perecen, son engendrados y destruidos en una circulación sin fin. El significado del tiempo es invertido, y es visto como entropía, un hambriento vacío, una figura de muerte y terror cósmico, y la tarea del asceta y el héroe es superarlo, pasar más allá el anillo de fuego.
Así, hay una división en el sendero a la inmortalidad. Por un lado, está el camino de los padres o ancestros (pitryana), el pacífico sendero de la fertilidad y reproducción, el sendero del “ethnos” de Dugin, asociado con la religiosidad ctónica. Nuevas generaciones continúan y repiten la vida del os ancestros. Cuando el nieto se convierte en hombre, él reencarna al abuelo. Por otro lado, está el camino de los dioses (devayana), el camino del ascetismo y la iniciación, de guerreros y sacerdotes. Este el sendero heroico y viril de la acción y conocimiento (gnosis). Ve a la muerte sobre el campo de batalla como una forma de iniciación, y el sendero al conocimiento siempre pasa a través de la confrontación con la muerte. El sendero heroico es un individual sendero aristocrático, a la salvación o autorredención activa: la liberación de una existencia condicionada por el tiempo. La libertad del individuo por supuesto no es simplemente dada como “derecho humano” – la libertad, individuación y personalidad son conquistas. Ellas son ganadas a través de una lucha con la muerte y las fuerzas entrópicas. Cuando el individuo triunfa sobre las fuerzas de la muerte, él es divinizado, o incluso superior a los dioses.
El asceta y el héroe desprecian aquello que simplemente viene y se va – el cuerpo, lo físico, el mundo sensorial, apariencias y devenir – y luchan por superar el tiempo entrópico, alcanzando el estado de inmortalidad. En su trabajo sobre yoga, Mircea Eliade mostró que la ascética auto-liberación del individuo respecto del tiempo es lograda convirtiéndose en un microcosmos. Sólo convirtiéndose en el cosmos y el tiempo cósmico, puede el individuo superar el tiempo dentro de sí mismo. Por esto es que los hindúes Aghoi, adeptos al sendero del a mando izquierda, practican canibalismo ritual – el Aghori se identifica con el devorador círculo del tiempo mismo – él se vuelve el cosmos. A través del despertar de Kundalini, la columna vertebral en sí se convierte en el pilar del mundo, el axis mundi. Así, el individuo completamente realizado es “hombre cósmico”, aislado e incondicionado en el mismo sentido que el cosmos en sí es aislado e incondicionado. En la medida que el héroe logra auto-realización a través del sendero de la acción, nace la idea del imperio. El imperio es una totalidad cósmica. Éste establece un centro (un polo) y abarca al mundo. El imperio supera el tiempo y trae la historia a un fin. Todos los imperios son, en su dimensión metapolítica y esotérica, escatológicos. Para Dugin, la relación entre geografía sagrada y geopolítica es análoga a la relación entre tiempo sagrado (mítico) y tiempo histórico. El intento de teologizar la geopolítica coincide con un intento de abolir el tiempo histórico en tiempo mítico. El eurasiático “imperio del fin” de Dugin es un proyecto escatológico.
El surgimiento de individualidad heroica coincide con el surgimiento de formas políticas de soberanía. El soberano es un sujeto de la historia y una figura revolucionaria conservadora. Él trasciende el orden normal de las cosas y al hacerlo, lo suspende y lo conserva. Esta conservación es una re-fundación. El ethnos ya era “conservador revolucionario” en su dinámica: el cosmos del ethnos debe ser periódicamente destruido en un tipo de “revolución conservadora” (tomando la palabra “revolución” en su sentido etimológico) para ser renacido o revitalizado, igual que el ciclo del año es renovado en su punto más oscuro, el solsticio de invierno, el abismo oscuro del que el Sol retorna. Esta renovación se efectúa a través de la sacrificial entrega de ofrendas.
El surgimiento de una sociedad estratificada también coincide con el surgimiento de distintas esferas políticas y económicas. La esfera económica es el hogar, el oikos, un espacio cerrado, protegido de la irrupción de fuerzas caóticas elementales. En el ethnos, el chamán es el guardián del oikos, curando sus crisis y mediando sus relaciones con las fuerzas del caos. En el laos, las funciones políticas protegen la esfera económica, pero también la limitan y trascienden. Ellos protegen y delimitan en la manera que los pastores trazan los límites del pastizal.
La grieta cósmica o crisis inherente en el “laos”, sin embargo, no puede ser finalmente curada. Es progresivamente profundizada, saliendo de un proceso de entropía o involución que culmina con la modernidad. Como parte del movimiento entrópico, la figura del burgués emerge, una ambigua e inauténtica figura, similar al “das Man” de Heidegger. Para Dugin, el burgués no corresponde a la tercera función de las sociedades indo-europeas, sino que es un tipo de figura vacilante, intermediaria, delegando el combate a la aristocracia por un lado, y la producción al campesinado, por el otro. El burgués se caracteriza, como el das Man, por su evasión a la confrontación decisiva con la muerte – él no desafía a la muerte. En algún momento, el burgués usurpa la posición del aristócrata. Sin embargo, la relación entre elites sociales y grupo subyugados continúa siguiendo el patrón de nómades agresivos vs. Campesinos pasivos. Esta relación no está sólo expresada en la distinción entre hombres libres y esclavos, la estructura de castas o estructura de clases de la sociedad, sino que también en la visión expresada en el Talmud sobre los gentiles como animales sin los mismos derechos que los miembros de la tribu nómade de los judíos (no sólo los indo-europeos, sino que también los judíos son ejemplos de pastores nómades conquistadores). En la moderna sociedad capitalista, las elites sociales son todavía depredadoras, las masas subyugadas todavía son un rebaño de ganadería.
Por lo tanto, en el modelo de Dugin, así como existen tres teorías políticas, existen tres tipos históricos de sociedad: arcaica, tradicional (pre-moderna) y moderna – el “ethnos”, el “laos”, y la sociedad civil (con la nación como un intermediario transicional entre el “laos”y la sociedad civil post-nacional). Cada uno de estos tres tipos de sociedad parece corresponder a una de las teorías políticas modernas. Si la sociedad arcaica es un tipo de comunismo primordial, la sociedad tradicional es jerárquica, patriarcal, imperialista y dominada por la clase guerrera, y claramente corresponde al Fascismo. Es dominada por la figura heroica del “soldado político”, en lugar del político. La sociedad civil moderna, dominada por la clase mercantil, el individuo burgués ilustrado, corresponde al Liberalismo. La sociedad postmoderna es la transición a un cuarto tipo de sociedad, que quizás corresponde a la cuarta teoría política.
La crisis de la unidad orgánica del “ethnos” conduce a la formación del “laos” y la fundación de sus instituciones de sociedades tradicionales aristocráticas. La crisis y desintegración del laos conduce al surgimiento del moderno “demos” y al nacionalismo burgués. El centro sagrado del ethnos está perdido, y el individuo soberano se convierte en el nuevo centro, con “sagrados” e inalienables “derechos humanos”. El Liberalismo es también organizado por la relación entre un centro y una periferia, pero al final del ciclo la estructura del ethnos es completamente invertida – el centro de la sociedad moderna es aquel que previamente fue profano y negativo, y elementos del sagrado todo y formas no-individuales de existencia sobreviven como elementos marginales, residuales, espectrales o “demoníacos”.
Finalmente, la crisis y desintegración del individuo burgués en el período postmoderno conduce a una posterior disolución de todas las formas de identidad, culminando en la “muerte del hombre”, transhumanismo, y realidad virtual, la liberación de fuerzas sub-individuales de la identidad individual y – a través de híbridos y cyborgs – de los límites de la humanidad misma. Esto, probablemente, es el último final del ciclo y la culminación del nihilismo moderno. Humanidad, razón, e identidad individual, que originalmente marcaron el horizonte del proyecto moderno de “emancipación”, finalmente se convierten en límites que deben ser superados, para así alcanzar la total, perversa polimorfa, “esquizofrénica” y “acéfala” liberación del deseo y “otredad”.
En otras palabras, la libertad es un principio de caos, una entrópica fuerza corrosiva que destruye al liberalismo desde el interior. El momento en que el Liberalismo supera a todos sus adversarios políticos, debe ser protegido del poder que él mismo desató. El individuo ya no puede “liderar” las fuerzas destructivas liberadas por la modernidad. La modernidad entra en su fase crítica, la postmodernidad. El lugar del individuo es evacuado, un nuevo espacio es despejado, nuevas posibilidades son abiertas, una nueva pregunta toma forma: la pregunta por el sujeto de la cuarta teoría política. La cuarta teoría política emerge en el momento en que los “sujetos” de las anteriores tres teorías políticas son disueltos. El individuo se revela ser, en su esencia, el vacío central, una nada. El nuevo sujeto será el nuevo centro que será capaz de funcionar como un punto de orientación. El sujeto de la cuarta teoría política debe ser capaz de responder al desafío de liderar las potencialidades creativas no-realizadas que quedan en el Liberalismo, pero también en el Comunismo y Fascismo. Los restantes representantes del Fascismo y Comunismo, cree Dugin, son incapaces de hacerlo, atrapados como están en actitudes reactivas de resentimiento, nostalgia retrospectiva, e inercia.
Dugin sobre Etnicidad vs. Raza
Artículo publicado originalmente como “Dugin on Ethnicity vs Race”, por Giuliano Adriano Malvicini, en Counter-Currents. Traducción por A. Garrido.

Ya que el Liberalismo, como una ideología fundada sobre los derechos del individuo, llama por la “liberación de todas las formas de identidad colectiva en general, [y por lo tanto es] completamente incompatible con el ethnos y el etnocentrismo, y es una expresión de un teóricamente sistemático y tecnológico etnocidio”, el “etnocentrismo” y la afirmación positiva de la identidad “étnica” son vistas por Dugin como una potencial base para la resistencia al Liberalismo. Por esto él argumenta que el “etnocentrismo” puede ser visto como un componente positivo del Nacionalsocialismo, si es neutralizado purgándolo de cualquier connotación racial o nacional.
La noción de Dugin de “ethnos” no tiene nada que ver con la raza – él deja muy claro que es un concepto puramente cultural, lingüístico y sociológico sin base biológica. Como podremos ver, el concepto de Dugin de “etnocentrismo”, que él dice es derivado del sociólogo alemán Wilhelm Mühlmann (quien, sin embargo, fue un nacionalsocialista y racialista convencido – en el sentido de que aceptó la realidad biológica de la raza como un factor en la génesis de las culturas), difiere del significado comúnmente aceptado de este término.
En cuanto al concepto de “ethnos” en sí, en La Cuarta Teoría Política él sólo lo toca de pasada, definiéndolo como “una comunidad de lenguaje, creencia religiosa, vida diaria, e intercambio de recursos y metas”. Sin embargo, él lo desarrolla mucho más completamente en una serie de conferencias sobre “etno-sociología” (un término que significa lo mismo antropología cultural o social, etnología o antropología estructural), que puede ser visto en Youtube. Esta serie de conferencias clarifica lo que Dugin realmente quiere decir con el término ethnos. Éste también presenta categorías de pensamiento características de sociedades arcaicas no-occidentales, que son presentadas como parte del proyecto de Dugin para encontrar una alternativa al destructivo y nihilista “logos occidental”.
La primera parte del trayecto de Dugin es una visión general muy resumida de diferentes escuelas nacionales de antropología social, que él ve como una importante disciplina periférica que tiene el potencial para desafiar y subvertir la hegemonía occidental cultural (i.e. “racismo” occidental). Aquellos familiarizados con el trabajo de Kevin MacDonald y su libro The Culture of Critique serán golpeados por la muy positiva evaluación de Dugin de figuras como el antropólogo judío-americano Franz Boas, quien es famoso por haber intentado desacreditar el concepto de raza.
Dugin está especialmente interesado en la escuela francesa de antropología estructural, fundada por el antropólogo judío-francés Claude Lévi-Strauss, quien fue estudiante del lingüista judío-ruso Roman Jakobson. Esta conexión es importante para Dugin, ya que Jakobson no sólo fue uno de los fundadores del la escuela estructuralista en la lingüística, sino que también un eurasianista. La antropología estructuralista es también un vínculo importante entre el estudio de formas pre-modernas de racionalidad y el pensamiento postestructuralista, y entre el pensamiento conservador “holista” y el relativismo postmoderno. El método estructuralista – viendo a la cultura como un sistema de relaciones sincrónicas – es asimilado por Dugin a la visión holística orgánica de la sociedad, característica de pensadores conservadores. Dugin también dice que su concepto de “ethnos” está basado en el trabajo del etnólogo ruso Sergey Shirokogorov, quien estudió las tribus arcaicas que viven en la tundra siberiana. El trabajo de Shirokogorov también funciona como un vínculo entre el concepto de “ethnos” y la ideología política del Eurasianismo.
Dugin ha propuesto al “ethnos” y a la “civilización” como posibles sujetos de la “cuarta teoría política”. Para Dugin, el “ethnos” y no el individuo, es el “átomo” social (la más simple, más básica forma de ser social). El “ethnos”, sin embargo, sólo es encarnado completamente por sociedades cazadoras-recolectoras primitivas y sociedades agrarias neolíticas. Nuevamente, el ethnos no es un grupo racial. La esencia del “ethnos”, como Dugin define el término, no es un hecho biológico, sino que una estructura social, simbólica y lingüística. Él siempre es cuidadoso en enfatizar que el ethnos es un fenómeno cultural, no definido por relaciones de sangre o raza. Es similar al concepto fenomenológico de un mundo vital “pre-lógico” (Lebenswelt). El “mundo vital” es un horizonte de entendimiento compartido de la comunidad. La noción de mundo vital permite a Dugin vincular el concepto de “ethnos” al concepto de Dasein de Heidegger como ser-en-el-mundo. Esto es importante porque el Dasein se supone que es el “sujeto” de la cuarta teoría política. El ethnos, entonces, es aparentemente una forma en que el Dasein existe.
Aunque la noción de ethnos sólo es completamente aplicable a sociedades arcaicas, continúa existiendo como un sustrato residual en la sociedades modernas, en la forma de los intemporales símbolos y arquetipos del inconsciente colectivo. En las sociedades modernas, el mundo vital étnico se ha desintegrado y la sociedad cada vez más ha involucionado en un sistema económico gobernado por una racionalidad tecnológica puramente instrumental. Tomando al ethnos como paradigma de interpretación, es establecido como el tipo “normal” de sociedad, y la sociedad moderna es vista como una desviación de, o una distorsión del estándar original. Los métodos de la antropología social, desarrollados específicamente para el estudio de sociedades primitivas, pueden por lo tanto ser usados como una herramienta crítica en la interpretación de las sociedades modernas – algo ya intentado por figuras postmodernas como Jean Baudrillard. Las no-individualistas y no-utilitarias economías del don de las sociedades primitivas, basadas en el intercambio simbólico, son incluso presentadas, aunque en términos excesivamente vagos y generales, como la posible base de un sistema económico alternativo.
El ethnos en sí mismo no puede ser propiamente entendido usando métodos históricos. Esto es porque las sociedades primitivas arcaicas son ahistóricas, o prehistóricas. Ellas carecen de registros escritos. Ellas viven en un tiempo mítico en lugar de un tiempo histórico – tiempo mítico en el sentido de Mircea Eliade, el tiempo del eterno retorno a lo mismo. El ethnos (sociedad primitiva) no es una comunidad histórica sino que una estructura social que se reproduce a sí misma indefinidamente. Esto significa que debe ser estudiado usando los métodos del estructuralismo, que fueron inicialmente desarrollados dentro de los campos de la lingüística pero después aplicados a las ciencias sociales. Los estructuralistas ven a las sociedades primitivas como sistemas de oposiciones simbólicas que deben ser estudiados holística y sincrónicamente, como un lenguaje. No pueden ser interpretadas adecuadamente en términos causales, ya sea como resultado de evolución biológica (Dugin rechaza las interpretaciones evolucionistas de la cultura por estar contaminadas por la “racista” doctrina moderna del progreso) o surgiendo de procesos históricos. El ethnos es simplemente un supuesto fenomenológico. Aunque frecuentemente parece ser una construcción puramente teórica y artificial, Dugin insiste en que está empíricamente validado por estudios etnológicos de sociedades arcaicas.
En lugar de términos históricos, el ethnos debe ser interpretado en términos espaciales (sincrónicos). La estructura espacial del ethnos, sin embargo, es primero que todo una expresión del paisaje específico en que éste habita. El paisaje no debería ser entendido en términos simplemente materiales o naturalistas. El paisaje del ethnos es un paisaje sagrado. No es solamente un entorno natural de un grupo tribal, sino que el espacio mítico, simbólico en el que el entorno natural está inscrito. El concepto de “naturaleza”, incluso en su forma romántica anti-moderna, ya presupone la separación del hombre y alienación del cosmos como totalidad primordial. El mundo del hombre primitivo e inocente, del ethnos, es un todo anterior a las oposiciones como artificial y natural, sujeto y objeto, simbólico y real, lenguaje y cosas, pensamiento y experiencia, el individuo y la sociedad (y en este sentido, comparte características con el mundo postmoderno, en el que los vínculos entre lo virtual y lo real, lo natural y lo tecnológico, son borrados).
Lo que Heidegger llama “un mundo” es un espacio de posibilidades en lugar de una colección de objetos observados desde afuera. No hay existencia independiente, sujeto trascendental que posteriormente cruza en el mundo, ni mundo objetivo que enfrente a una individuo abstracto separado. Ser-en-el-mundo viene primero, y el sujeto y su “información-sensible” sólo se abstraen de él. La oposición filosófica de sujeto y objeto oculta la unidad primordial de ser-en-el-mundo, que es irreductible a la relación sujeto-objeto. El ser-en-el-mundo concreto es estudiado fenomenológicamente, descubriendo su estructura temporal y espacial.
La polaridad fundamental del ethnos no está entre el sujeto y el objeto, sino que entre lo sagrado y lo profano. La polaridad entre lo sagrado y lo profano corresponde con la polaridad entre lo excepcional y lo normal. Lo profano es lo normal, y lo sagrado es una crisis en el curso normal de los eventos – una excepción que suspende la oposición que estructura la realidad social, trascendiéndolas y trazando sus límites. Lo sagrado es tanto peligroso como salvífico (“Wo aber Gefahr ist, wächst/Das Rettende auch” – Hölderlin). Lo sagrado marca los límites incruzables de la vida comunitaria – incruzable en la medida que aquel que lo cruza, deja de ser parte de la comunidad, o se convierte a otra. Lo sagrado es un paradigma común a la naturaleza y la sociedad designando al todo primordial que las trasciende e incluye. Lo sagrado es la base de las normas en el sentido de que es un límite que une y reúne a todas las regiones separadas del mundo, determinado sus “medidas”. La dimensión de lo sagrado probablemente pertenece a la estructura del Ser en sí mismo, por lo que nunca puede ser completamente eliminado, incluso en la más secularizada de las sociedades modernas – sólo puede ser desplazada y distorsionada.
El espacio del ethnos se estructura por la relación entre un centro sagrado (polo) y un margen profano. Aquí, Dugin parece inspirarse en el trabajo de Mircea Eliade sobre el simbolismo del centro. De acuerdo con Eliade, el espacio sagrado está basado, orientado y ordenado en torno a un punto central marcado por la “hierofanía”: una revelación de lo sagrado. El centro es simbólicamente designado por la erección de un axis mundi, un eje que conecta las varias dimensiones o regiones del cosmos. El espacio, entonces, no es homogéneo, sino que diferenciado por un central eje sagrado vertical o núcleo, y una periferia horizontal profana o margen. Las cosmogonías tradicionales frecuentemente describen al cosmos como creciendo desde un punto central. Como Eliade lo define, el centro es cualquier punto en el cual un movimiento vertical entre diferentes planos ontológicos o regiones cósmicas – entre espacio profano y sagrado, entre cielo y tierra, dioses y mortales, el reino de los vivos y de los muertos – pueda ocurrir. Es el polo, el pilar mundial, la montaña sagrada – Yggdrasil, Olympus, Meru, Irminsul. Escalar la montaña, un árbol o pilar cósmico es un pasaje de un plano a otro. Yggdrasil conecta los nueve mundos entre sí y hace posible viajar entre ellos. El centro sagrado es también la columna vertebral de yogi, el polo sacrificial védico, el tótem, un lingam, o un árbol sagrado. Es el símbolo de reunión de la cruz cristiana. Es el altar sobre el cual la muerte sacrificial redentora de Cristo es recreada. Iglesias y templos son orientadas alrededor de la centralidad del altar. Una piedra angular o la columna central de un edificio es otra encarnación del centro sagrado. El eje une dentro de si mismo el simbolismo de trascendencia y de fundación. Es la columna que apoya la “casa del Ser”. El centro hace posible para el hombre habitar en el mundo (la palabra inglesa “home” es un cognado de la palabra del Viejo Nórdico heimr, “mundo”), es el polo que reúne, unifica, y ordena al cosmos. De acuerdo a Eliade, su contraparte “temporal” es el sol en su cenit – que para Nietzsche era un símbolo de revelación de la unidad de Ser y convertirse en eterna recurrencia cósmica.
Mientras las sociedades modernas giran en torno al polo del “sagrado” individuo inviolable, cada ethnos es reunido alrededor de un eje sagrado no-individual. El ethnos se ve a sí mismo viviendo cerca del centro sagrado del mundo. Es la proximidad a este punto de origen, esta fuente de poder y polo de atracción que arraiga al ethnos en un paisaje. No está definido primeramente por fronteras – por la exclusión de un “otro”, un enemigo – sino por la atracción centrípeta de un polo de trascendencia.
Cada civilización, mientras abarca varias etnias, también está organizada alrededor de un polo, que probablemente forma uno de los polos de la multipolaridad. Dugin dice que el símbolo del Eurasianismo, ocho flechas irradiando desde un punto central, es un símbolo del “ethno-centro”, un polo sagrado. Las flechas irradiantes no son sólo un símbolo de ambiciones rusas de expansión imperial. También simbolizan el origen de la Tradición en el Heartland eurasiático, y su subsecuente difusión a lo largo del resto del mundo. Dugin afirma que “excavaciones en Siberia oriental y Mongolia prueban que exactamente aquí estuvieron las más antiguos centros de civilización”. Finalmente, y agregando un toque posmoderno, el símbolo del Eurasianismo es también una “caosfera”, un símbolo de caos inventado por el autor británico de ciencia ficción y fantasía Michael Moorcock en su novela de 1970 The Eternal Champion. Esto es probablemente una alusión al “logo caótico” de Dugin, y tal vez también para el “anarquismo de derecha” y su concepción del “anarco” soberano.
Cada ethnos es un “logos”. Como Heidegger famosamente señaló, la palabra griega logos (discurso) está relacionada con el verbo legein, un término agrario que significa “reunión”, “cosecha” (el ethnos, recuerde, es una sociedad cazadora-recolectora o agraria arcaica). El logos reúne junto todo lo que ha sido hecho distinto al ser nombrado, incluyendo a los muertos y a los dioses, en un único espacio o “lugar” (Ort). En este sentido, el lenguaje es la “casa del Ser”. Es un ordenamiento de espacio y tiempo, inscribiendo al paisaje y al ciclo de las estaciones en sí mismo por medio de un calendario, un mapa y una taxonomía. Espacio, tiempo, hombre y naturaleza están reunidos en una única, permanente e idéntica figura: un mundo. Dugin identifica a esta figura con el ethnos, que se esfuerza por conservar y reproducirse a sí mismo como un mundo, pero no como una entidad biológica (aunque él no deja claro por qué la conservación biológica de la raza no es una parte necesaria de la conservación del ethnos como mundo). Él también identifica al ethnos con un lenguaje específico.
Ya que cada ethnos es un “logos” – en el sentido de una estructura de lenguaje, de pensamiento, y de relaciones sociales – esto se convierte en la base para un tipo de de relativismo cultural y lingüístico. No hay sólo una razón universal de la Ilustración occidental. Existen muchas diferentes “racionalidades” válidas (aunque “razón”, “racionalidad”, y “lógica” ya son desviaciones del significado original de “logos”). La cuarta teoría política rechaza “la hegemonía epistemológica” de Occidente. Las concepciones occidentales de razón, ilustración y “emancipación” no son la meta universal hacia la que la “humanidad” conciente o inconcientemente se está esforzando, con las diferencias étnicas y culturales vistas como meros obstáculos particulares para ser superados en el camino. La dominancia de la forma occidental de racionalidad tiende a excluir todas las otras formas de racionalidad y negar su legitimidad. Dugin, como otros postmodernistas, quiere relativizar el logos occidental como sólo uno de muchos logoi posibles, sin ninguna pretensión a un estatus privilegiado. La relación entre estos logoi es no-jerárquica, anárquica, y pluralista. En la medida que un sujeto es un tipo de racionalidad, existen muchos diferentes tipos de sujetos – no sólo la moderna, occidental e ilustrada versión de la humanidad, definida por la racionalidad occidental. En otras palabras, Dugin reitera las críticas postmodernas a la cultura occidental, todas las cuales son familiares ad nauseam para cualquiera que haya asistido a una universidad occidental. La hegemonía política global de occidente está fundada en la hegemonía de la razón occidental. La racionalidad occidental (racionalidad tecnológica) no sólo permitió al hombre occidental subyugar si entorno natural, le permitió a occidente subyugar al resto del mundo. Forzó a otros pueblos a elegir entre adoptar el modelo occidental ellos mismos, o permanecer sujetos coloniales de Occidente.
De acuerdo a la ideología de la Ilustración, la razón es universal, y es la característica definitoria de la naturaleza humana universal, del hombre como animal rationale. La razón es lo que todos los seres humanos tienen en común, una norma común sobre la base de la cual los conflictos pueden ser neutralizados y meditados, y el mundo finalmente armonizado. Este es el telos – la meta y el punto final – de la historia, y el sendero hacia su ilustración universal progresiva, superando gradualmente los demonios oscuros y espectros del mito y la irracionalidad, y en el proceso, uniendo a la humanidad. Cuando esta meta y punto final ideal es alcanzado, el conflicto, y por lo tanto la política en cualquier sentido real, cesará de existir.
El enfoque de la cosmovisión multipolar no está sobre la razón universal, sino que sobre el específico mundo de cada ethnos, que es anterior a la separación entre razón e intuición, logos y mito. Cada ethnos se identifica a sí mismo con el mundo (el cosmos), o por lo menos se ve a sí mismos como el centro del mundo, en la medida que cree que habita en la proximidad del “centro sagrado”. El ethnos es una sociedad arraigada en espacio-tiempo mítico, una geografía sagrada.
Fuera del cosmos del ethnos, existe sólo un caos elemental, un abismo, el residuo de la creación. El caos no puede ser eliminado, sólo mantenido a raya y circunscrito por un límite. El caos no puede manifestase a sí mismo directamente. Sólo puede manifestarse mediante la adopción de una figura paradójica de la forma: enmascarándose como una “nada que es”. Se apodera o tomar posesión de un individuo, quien entonces se convierte en su recipiente y personificación (como en el caso de la posesión chamánica, o la figura totémica representando al fundador de la tribu). Allí, las fuerzas anónimas del “exterior” están socializadas y pueden dirigir a la comunidad, tomando en la personae (la “máscara”) de demonios, espíritus o dioses. A través de esta personificación, lo sagrado se convierte en un “sujeto” que puede participar en intercambio simbólico con la comunidad. El chamán o curandero es la figura central de la sociedad tribal o “étnica”, quien comunica y media entre el ethnos y el más allá – el sagrado reino de los muertos, demonios, o dioses. El chamán es tanto una figura liminal como “conservadora”, un guardián que trabaja para conservar el orden cósmico, librando guerra contra demonios y espíritus malignos del exterior caótico. Su trabajo consiste en tratar con varias crisis que el ethnos y sus miembros atraviesan periódicamente. El chamán no sólo cura individuos en la tribu, sino que sobre todo cura a la tribu misma y al cosmos, haciendo un todo, restaurando el orden cósmico fundado sobre límites sagrados. Él o ella lo hace pasando de un plano ontológico a otro, escalando el axis mundi, el pilar, montaña o árbol-mundial sagrado.
Eliade creía que el chamanismo se originó en Eurasia. Eliade también ve al chamán como un tipo de proto-soberano, en el sentido de que él es capaz de obligar y desobligar mágicamente. Él ocupa una posición “liminal” – dirigiendo a las crisis dentro del orden normal de la tribu y el cosmos, pero haciéndolo en la medida en que se comunica con el peligroso caótico exterior. Él posee rasgos similares a aquellos que de acuerdo a Carl Schmitt definen a la soberanía – el poder de suspender o transgredir el orden normativo, no para destruirlo, sino que para reafirmarlo, para preservarlo de la disolución y el caos.
El chamán representa la primordial lucha o conflicto permanente, la actividad y dinamismo que subraya la estructura estática del ethnos. La dinámica del ethnos, sin embargo, es opuesta a lo nuevo. Éste ve todo cambio como una crisis, como entropía, erosionando la estabilidad del cosmos. El ethnos es inherentemente conservador y anti-histórico, en el sentido de que el sólo propósito de su actividad es mantener la homeostasis. Trabaja para mantener su identidad consigo. Su principal preocupación es su auto-reproducción (otra vez, esto no es en el sentido de la preservación biológica y auto-reproducción de la raza). Al reproducirse a sí mismo, el ethnos ritualmente restaura y mantiene el orden y equilibrio del cosmos y el flujo de su economía circular. Su existencia está centrada en el ciclo de las estaciones, de sembrar y cosechar, parto y muerte. El tiempo del ethnos, por tanto, no es lineal e irreversible (histórico), sino que recurrente, circular y reversible. Usando la terminología de Armin Mohler, podríamos también llamar al ininterrumpido, holístico tiempo-espacio del ethnos, una “esfera” (“kugel”). Es el todo que aún no ha sido dividido en los dualismos del tiempo y la eternidad, materia y espíritu, hombre y naturaleza, individuo y sociedad, etc.
Ya que el tiempo del ethnos es el eterno retorno a lo mismo, la muerte misma no es un acontecimiento irreversible. El alma de los ancestros retorna en sus descendientes. El individuo como un ser mortal históricamente único, no existe. Los niños son asimilados en la tribu mediante iniciación. Cuando son iniciados en la adultez, se convierten en reencarnaciones de sus ancestros. La “persona” existe sólo como un tipo de máscara, una personificación de los muertos. La individualidad no tiene significado positivo para el ethnos. En este sentido, el ethnos es a la inversa de la sociedad moderna, en la cual el individuo es incentivado a definirse a sí mismo en oposición al a comunidad. En lugar del individuo, es el ethnos como un todo el que es la unidad normativa, “el hombre”. En otras palabras, podría ser visto como un tipo de “sujeto”.
A este punto, sin embargo, se vuelve poco claro qué puede tener esto que ver con el Dasein, ya que el Dasein es definido precisamente por su historicidad, finitud, y mortalidad. Para Heidegger, los hombres son, en su más profunda y fundamental esencia, mortales. La mortalidad del Dasein es primordial, no la consecuencia de la pérdida de la fe del moderno hombre occidental, del materialismo o del nihilismo. En un sentido, la esencia del hombre – Dasein – es finitud, y para Heidegger es crucial que la finitud no sea simplemente una característica humana, sino que parte de la esencia del Ser mismo. El Dasein, como finitud, pertenece a la estructura del Ser mismo, por lo que la pregunta por el Dasein es necesariamente un paso en la aproximación a la pregunta del Ser. Heidegger elabora su concepto de Dasein no como una antropología filosófica, sino que como una parte de su proyecto ontológico. Dugin habla sobre el Dasein pero relativiza el término, reduciéndolo a un concepto antropológico y separándolo de la pregunta del Ser. Al hacer esto, Dugin efectivamente vacía al término de significado.
Como una consecuencia, Dugin falla en entender que para Heidegger, la esencia del nihilismo como el olvido del Ser tampoco no es simplemente un error humano – y mucho menos un error de sólo la humanidad occidental – sino que la esencia de auto-ocultamiento del Ser mismo. La esencia del nihilismo para nada no es algo “creado” por seres humanos. Además, sólo el nihilismo plenamente efectivo que coincide con el fin de la metafísica occidental y el dominio planetario de la tecnología moderna abre la posibilidad de una formulación más auténtica de la pregunta del Ser. Contrario a lo que los tradicionalistas creen, el nihilismo no puede ser superado mediante un retorno a la metafísica, ya que el nihilismo es en sí mismo la realización final de la metafísica. La esencia de la metafísica es el movimiento de la trascendencia (übersteigen) de los seres por Ser.
Heidegger deja claro que no cree que el nihilismo pueda superado simplemente recurriendo a tradiciones orientales. Él escribió: “Soy un convencido de que el cambio sólo puede ser preparado desde el mismo lugar en el mundo donde el moderno mundo tecnológico se originó. No puede ocurrir por la adopción de…experiencias orientales del mundo. La ayuda de la tradición europea y una nueva apropiación de esa tradición son necesarias por un cambio de pensamiento. El pensamiento sólo será transformado por un pensamiento que tenga el mismo origen y destino”. En este sentido, la posición de Heidegger es considerablemente más sofisticada que la de Dugin. Dugin en cambio cree que todo lo que necesitamos hacer para salir del “logocentrismo” masculino y nihilismo occidentales es “explorar otras culturas, en lugar de la occidental, para intentar encontrar diferentes ejemplos de filosofía inclusiva, religiones inclusivas, y a sí sucesivamente”.
La historicidad (Geschichtlichkeit) del Dasein está fundada sobre el irreversible e irrepetible evento (Geschehnis) que el Dasein en sí es. El Dasein no es sólo mortal, sino que también “natal” (gebürtig). La natalidad es la esencia de la historicidad Geschichtlichkeit). El nacimiento es un “evento” (Geschehnis) en el sentido de que ontológicamente, es un comienzo absoluto (aunque biológicamente, es por supuesto un evento natural, parte de un nexo de causas y efectos). El hombre tiene historia porque el hombre – en cuanto Dasein – es en sí historia, porque él es en sí un evento. La existencia auténtica es en sí historia, en el sentido de una crisis, una decisión, una discontinuidad, una ruptura en el tiempo.
La muerte, para Heidegger, no es simplemente un acontecimiento natural, una consecuencia del hecho de que nuestros cuerpos son parte del mundo natural y están condicionados por sus ciclos de crecimiento y entropía. Al contrario, la mortalidad del hombre lo separa (en cuanto Dasein) del reino natural. Ésta tiene el poder de arrancar al Dasein de los automatismos de relaciones sociales inauténticas, el comercio de la vida cotidiana y las imposturas de la falsa subjetividad. Heidegger llama a este sonambulismo, existencia inauténtica, “das Man”. Das Man no es responsable de su existencia. En cambio, él observa la existencia desde el exterior, como un tipo de espectáculo. Das Man nunca se siente “dirigido” por la muerte, que siempre le preocupa a “otra persona”. En un sentido, “el sujeto” – humanidad abstracta – es das Man – un libre ego flotante desprovisto de concreta, histórica y finita existencia. Ser-hacia-la-muerte, por otro lado, aísla al Dasein, lo libera y despierta de la existencia inauténtica. Ser-hacia-la-muerte es libertad en el sentido de que la relación del Dasein con la nada es una trascendencia, un movimiento que va más allá de la totalidad de todo lo que existe y puede existir. El Dasein es libre en una manera fundamentalmente diferente del “sujeto” de la filosofía idealista, un sujeto que es libre porque está incondicionado. La finitud es para Heidegger no sólo un contingente, naturalmente presupuesto límite a la libertad, poder, y vida. La finitud de Heidegger es ontológica, no natural. En este sentido, su pensamiento difiere fundamentalmente del Tradicionalismo, que ve a la mortalidad caracterizando la inferior, física y natural existencia. La mortalidad del Dasein no es “natural”. Es completamente diferente de la mortalidad de un animal. La finitud del Dasein, ser-hacia-la-muerte, es una libertad y una “trascendencia” en el sentido de “ir más allá”. Pero la “trascendencia” del Dasein no es la trascendencia de un sujeto suspendido sobre una concreta existencia, o de un ser inmortal.
El límite que aísla, abre, y libera al Dasein no es simplemente negativo o privativo, sino que positivo y activo – activo en el sentido de un poder, un movimiento de trascendencia que es también una decisión y una ruptura en el tiempo. El límite señala más allá de sí mismo, a lo que trasciende, vence, o “supera”. Por eso es que la individualidad del auténtico Dasein no debería ser malentendida como la libertad arbitraria del existencialismo, o el egoísmo hedonista del individualismo liberal. La finitud del Dasein se da significado sólo como un problema, una pregunta, una responsabilidad. Sólo como responsabilidad la existencia humana tiene significado, sólo como responsabilidad trasciende a sí misma. La libertad auténtica del Dasein tampoco es una libertad incondicionada del tiempo y la historia, sino que es historicidad misma (Geschichtlichkeit) como un evento (Geschehnis).
Heidegger vería la historicidad del primitivo, tribal Dasein sólo existiendo como algo sin desarrollar o pre-consciente. Sólo el hombre occidental tiene una experiencia más profunda de la esencia fundamentalmente histórica del Dasein como un evento (Geschehnis), que corresponde a Ser como un evento (Ereignis). Sin embargo, esta experiencia ha permanecido impensada y filosóficamente no elaborada, porque el pensamiento ha permanecido atrapado por las categorías de la metafísica, subjetivismo y humanismo cristiano. Dugin, sin embargo, intenta relativizar la noción de Heidegger s sobre el Dasein, afirmando que sólo se aplica a los europeos occidentales, Al hacerlo, sin embargo, Dugin se muestra más relativista postmoderno que heideggeriano. Dando completa prioridad ontológica al lenguaje, él hace al concepto de Dasein sea efectivamente sin sentido. Para Heidegger, el hombre no existe como Dasein porque tenga un lenguaje, sino que tiene un lenguaje porque existe como Dasein. En otras palabras, el hombre no tiene una relación con el Ser porque tenga un lenguaje, sino que tiene un lenguaje porque la esencia del hombre es Dasein, y Dasein es una relación con (o responsabilidad por) el Ser. El Dasein es ontológicamente anterior al lenguaje y a la vida social. La estructura existencial del Dasein no puede en sí ser determinada por la estructura del lenguaje y la sociedad. La posición de Heidegger es en un sentido absolutamente opuesta a la del relativismo, que hace a la realidad – incluyendo al hombre mismo – completamente una creación del hombre. Sin decir que también se opone al comunismo, que interpreta la emancipación de la humanidad como una auto-producción del hombre.
Ya que el ethnos, de acuerdo a Dugin, no conoce el histórico tiempo irreversible – sólo el tiempo cíclico, el eterno retorno a lo mismo – es inherentemente opuesto no sólo a todo lo nuevo, sino que a todas las formas de acumulación. El ethnos destruye ritualmente (sacrifica) los recursos acumulados que podrían poner en peligro su homeostasis y equilibrio simbólico. No sólo un déficit, sino que también un exceso de producción es visto como peligroso y problemático. En este sentido, su economía es anticapitalista. Interrumpe constantemente el tiempo lineal de la acumulación. La acumulación es vista como un tipo de “culpa”, como una deuda a los dioses que puede ser pagada. El ethnos se esfuerza por conservar un equilibrio social y cósmico, así como un equilibrio entre la sociedad y la naturaleza. La sociedad es naturalizada y la naturaleza es socializada. Juntos forman un todo sagrado, una economía circular o “circuito”.
El ethnos, entonces, es una forma de primordial, comunismo prehistórico en que el trabajo es juego y el hombre vive en perfecta armonía con su entorno natural. Es un sonido ecológico, totalidad social armoniosa y cósmica, una edad dorada anterior a la caída del hombre en la historia, un paraíso en que la entrópica y destructiva fuerza del tiempo es derrotada, o por lo menos mantenida bajo control. El ethnos no conoce la tensión social de la jerarquía y estratificación, y no existe división del trabajo, excepto entre sexos. La relación entre sexos, sin embargo, es también equilibrada y no patriarcal. El espacio-tiempo del ethnos, como señalamos antes, es reversible, y funciona para sus relaciones sociales, también. No existen relaciones asimétricas, jerárquicas, sólo un equilibrio mantenido a través de intercambio simbólico. En otras palabras, el ethnos es una sociedad democrática e igualitaria (por lo menos a nivel simbólico). Como encarnación de la edad de oro, representa la perfección primordial del hombre. El hombre del ethnos, en otras palabras, es una suerte de salvaje noble (un concepto moderno, ¡si alguna vez hubo uno!) que puede ser opuesto a la decadencia de la sociedad occidental desde la revolución científica.
La restauración de esta unidad primordial, trayendo la historia lineal y la acumulación capitalista a un fin en un holocausto revolucionario, es según Dugin la inconciente, mítica y escatológica dimensión del comunismo. La revolución abole el tiempo lineal, que es identificado con entropía, acumulación y usura. Dugin aparentemente piensa que la violencia de las revoluciones comunistas debería ser interpretada como un tipo de destrucción sacrificial de la riqueza acumulada. La acumulación capitalista es un exceso que debe ser sacrificialmente destruido a través de la liquidación de la burguesía en cuanto clase.
La edad moderna es la edad de las revoluciones, pero como Jünger observó, la violencia de las revoluciones – incluyendo el Terror de la Revolución Francesa – podría ser interpretada como un retorno de las fuerzas elementales reprimidas bajo la máscara de la modernidad ilustrada. Así como los dioses, espíritus, y demonios se comunican con la tribu personificándose en el chamán, el caos elemental se muestra bajo la máscara, la “persona” del moderno, supuestamente racional, y revolucionario sujeto. Por esto es que para Dugin, el único problema real con el comunismo fue que falló en entenderse a sí mismo. Su auto-interpretación, su “círculo hermenéutico” debe ser destrozado. El comunismo cometió un error considerado al sujeto político. Éste vio a la clase, en lugar de al arcaico ethnos, como sujeto. Vistió la máscara de una ideología moderna, progresista y secular. Por esto es que los marxistas no pudieron entender por qué las revoluciones comunistas tuvieron lugar en agrarias sociedades subdesarrolladas, y no, como Marx había predicho, en sociedades industrialmente desarrolladas como Alemania.
El comunismo auténtico, Dugin argumenta, es el “nacional comunismo” (representado por Stalin, por ejemplo), o comunismo agrario (representado por Pol Pot). El “Nacional comunismo” (o “nacional gauchismo”, como Dugin también lo llama) es interpretado como una revuelta contra el mundo moderno occidental, una revuelta arraigada en las tradiciones étnicas locales. El Nacional comunismo es un híbrido de la racionalidad occidental del Marxismo, y la fuerza movilizadora de los mitos étnicos no-occidentales. Dugin señala al carácter “nacional comunista” de las revoluciones marxistas exitosas, reconociendo elementos nacionalistas como factor y virtud determinantes, proveyendo a estas revoluciones con éxito y estabilidad mediante historias nacionales arcaicas de la movilización del Marxismo como mito escatológico nacionalmente interpretado” (The Fourth Political Theory, p. 128). El “Nacional comunismo”, Dugin nos dice, “rigió en URSS, China comunista, Corea del Norte, Vietnam, Albania, Camboya, y también en muchos movimientos comunistas del Tercer Mundo, desde el Chiapas mexicano y el Sendero Luminoso peruano hasta el Partido de los Trabajadores Kurdos y el socialismo islámico (p. 128). En el nacional comunismo/gauchismo, el Marxismo funciona como un marco filosófico universal que permite movimientos nacionales – locales por su naturaleza – comunicarse entre sí e “incluso reivindicar amplitud universal y planetaria; transformando, gracias a la racionalidad socialista calentada por el nacionalismo, en un proyecto mesiánico” (p. 130). En su opinión, “el Nacional gauchismo” pudo ciertamente tener un futuro global, en la medida que entre muchos segmentos de la humanidad las energías arcaica, étnicas y religiosas están lejos de haberse agotado, lo que puede decirse de los ciudadanos del occidente moderno, ilustrado y racional” (p. 131). En realidad, la masiva inmigración no-blanca a occidente, atraída por su “paraíso” terrenal o “edad dorada” de riqueza material, tolerancia religiosa, modernidad, y sistemas de bienestar social generosos, hace tiempo que dejó claro que los pueblos no-blancos no son los sujetos de una revuelta contra la dominación global de las fuerzas subversivas, sino que simplemente uno de los instrumentos de una globalista, colectivista y etnocida revolución antropológica.
Dugin parece equiparar al Occidente blanco con la burguesía, y a los pueblos no-blancos (o rusos en la medida que son “no completamente blancos”) con el sujeto revolucionario. Él cree que la primera revolución comunista exitosa tuvo lugar en Rusia porque el “ethnos” había retenido más de su vitalidad primitiva allí que en el Occidente moderno (recuerde, Dugin ve a los rusos como no-blancos, una mezcla de sangre eslava, turca y mongola). Su concepto del ethnos le permite interpretar el atraso de Rusia como un rasgo positivo, en lugar de una fuente de vergüenza. Se hace obvio que el chauvinismo ruso de Dugin es una sobrecompensación para lo que realmente es un complejo de inferioridad. El atraso de Rusia es interpretado como la prueba de que se ha protegido exitosamente de la infección de los “males” de la modernidad occidental. La revolución comunista fue en su esencia una revuelta del eurasiático ethnos ruso contra las elites de orientación occidental. El bolchevismo fue una re-asiatización de Rusia. En lugar de tomar a Occidente como una norma, lo que sólo puede conducir a devaluar la historia de Rusia y otras naciones no-occidentales como marginales y atrasadas, Dugin quiere revertir la relación, restaurando Eurasia a la dignidad de ser el “centro sagrado” y marginalizar a Occidente a su “profana periferia”.
Dugin asigna un rol mesiánico central a Rusia análogo al rol mesiánico que los revolucionarios conservadores alemanes asignaron a Alemania como el centro sagrado o eje de Europa. Eurasia no es sólo un lugar de las grandes decisiones geopolíticas de nuestro tiempo, es un centro sagrado también en el sentido de un punto crucial de cruce, una intersección y mediador entre Oriente y Occidente, Europa y Asia. Un rol similar es asignado a Irán, Hungría y Turquía como mediadores eurasiáticos entre Oriente y Europa. Los eurasianistas se declaran cercanos al izquierdista Partido de los Trabajadores Turcos, y Turquía es vista por ellos como parte de Europa por razones puramente geopolíticas.
Uno de los asociados italianos de Dugin, Claudio Mutti, el mismo un converso al Islam, argumenta que la ocupación masiva del territorio alemán por inmigrantes turcos será un factor positivo a favorecer la integración de Turquía y Alemania en un imperio eurasiático común. Esto puede estar conectado con la idea de que los rusos son una fusión de sangre eslava y turca. O puede ser que aquí, como parece ser la regla para los eurasianistas, las consideraciones geográficas y geopolíticas toman completa prioridad sobre factores raciales, al punto de negar completamente a estos últimos.
Vemos las implicaciones de la concepción de Dugin sobre el ethnos no constituida por raza o por historia, sino que por un espacio. Aquí, por alguna razón, Dugin repentinamente no es un constructivista social. El determinismo geopolítico es sustituido por el determinismo materialista racial o histórico. Los factores geopolíticos son vistos como más decisivos que ambos factores raciales y económicos. El nacionalismo racial es rechazado como “utópico” o “reaccionario”. El tema de la raza no es visto como de decisiva importancia crítica – lo que es decisivo para los eurasianistas – lo que determina la distinción entre amigo y enemigo – es la lucha contra Occidente.
Esta completa precedencia dada al suelo a expensas de la sangre, hace la relevancia del Eurasianismo para los nacionalistas europeos hoy en día – para quienes la inmigración es la cuestión existencialmente decisiva – muy dudosa. La ocupación masiva del suelo europeo por inmigrantes africanos y de Medio Oriente no los hace europeos y nunca lo hará. Esto no es sólo porque carezcan de una relación profunda con el suelo y tradiciones europeas, sino que también porque son racialmente extranjeros. Negros y árabes en Europa pueden ser “occidentalizados”, pero eso sólo significa globalizados, esto es, americanizados. El homo americanus es el tipo “humano” normativo de la era postmoderna. La discusión de Evola sobre Estados Unidos al final de Revuelta Contra el Mundo Moderno sigue siendo válida: el individualismo estadounidense, desprovisto de cualquier punto de referencia trascendente, conduce fatalmente a un colectivismo y promiscuidad racial que son equivalentes espontáneos al colectivismo soviético.
Dugin intenta interpretar la visión profana y lineal visión de la historia del Marxismo en términos del cíclico tiempo mítico, volviendo la revolución política comunista a una revolución cósmica cíclica, un retorno a una utópica edad dorada. Así como él intenta traducir el tiempo histórico en tiempo mítico, él intenta traducir espacio geopolítico en geografía sagrada. En la maniquea y aburridamente propagandística narrativa de los eurasianistas, el Oriente es el paraíso (Edén) y el Occidente es el infierno.
La geografía sagrada sobre la base del “simbolismo del espacio” considera tradicionalmente al Oriente como la “tierra del espíritu”, la tierra del paraíso, la tierra de la completa abundancia, la tierra nativa sagrada en su más completo y perfecto tipo. El Occidente tiene el significado simbólico opuesto. Es el “país de la muerte”, el “mundo sin vida”…El Occidente es el “imperio del exilio”, “la fosa de los rechazados”, de acuerdo a la expresión de los místicos islámicos. El Occidente es el “anti-Oriente”, el país de…la decadencia, degradación, transición de lo manifiesto a lo no-manifiesto, de la vida a la muerte, de la plenitud a la necesidad, etc.
Por otra parte, el Occidente es un polo de atracción magnético atrayendo hacia sí los elementos decadentes.
A lo largo del eje Oriente- Occidente hubo pueblos y civilizaciones atraídos, poseyendo caracteres jerárquicos – cercanos al Oriente, cercanos a lo sacro, a la tradición, a la riqueza espiritual. Cercano a Occidente, aquellos de un más decaído, degradado y moribundo espíritu…
La geografía sagrada afirma unívocamente la ley del “espacio cualitativo”, en que el Oriente representa los simbólicos “ontológico más” y el Occidente el “ontológico menos”. De acuerdo a la tradición china, el Oriente es el Yang, el principio masculino, el brillante y solar, y el Occidente es el Yin, el principio femenino, oscuro y lunar”. “El Oriente geopolítico representa en sí la recta oposición al Occidente geopolítico… en lugar de “democracia” y “derecho humano” el Oriente gravita en torno al totalitarismo, socialismo y autoritarismo, i.e. en torno a varios tipos de regímenes sociales, cuya única característica común es que el centro de sus sistemas no es el “individuo”, “hombre” con sus “derechos” y sus peculiares “valores individuales”, sino que algo supra-individual, supra-humano – ya sea “sociedad”, “nación”, “pueblo”, “idea”, “cosmovisión”, “religión”, culto al líder”, etc. El Oriente opuso a la democracia liberal occidental los más variados tipos de sociedades no-liberales y no-individualistas – desde monarquía autoritaria hasta teocracia o socialismo. Por otra parte, desde un punto de vista puramente tipológico y geopolítico, la especificidad política de esto es que el régimen era secundario en comparación con la cualitativa división entre orden “occidental” (= “individualista – mercantil”) y el orden “oriental” (= “supra-individualista – basado en la fuerza”). Formas representativas de tal civilización anti-occidental fueron la URSS, la China comunista, Japón alrededor de 1945 o el Irán de Khomeini (“De la Geografía Sagrada a la Geopolítica”).
Aquí, Dugin se desvía completamente del tradicionalismo al confundir fuerza bruta con autoridad supra-individual, en lo que equivale a la inversión de la doctrina tradicional de la autoridad en una especie de culto a la fuerza material (‘might makes right’). Él también se desvía completamente del tradicionalismo al interpretar las formas comunistas de totalitarismo y colectivismo, así como el no-estratificado y no-jerárquico colectivismo de las sociedades primitivas, como “supra-individual” y trascendente. Evola, quien nunca defendió el totalitarismo (que consideró como un fenómeno terminal), vio al totalitarismo y al colectivismo como el opuesto de lo supra-individual y trascendente – como sub-personal y no-indiferenciado (ver Revuelta Contra el Mundo Moderno, capítulo 37).
Ernst Jünger, en su período Nacional Bolchevique/Nacional Revolucionario, creía que no sólo el individualismo burgués, sino que también la otra cara de la misma moneda, el colectivismo sin forma de las masas sería superado por el surgimiento de un nuevo “tipo” de hombre, al que él llamó “el Trabajador”, quien sería capaz de liderar las fuerzas movilizadas por la tecnología moderna. Pero Dugin simplemente adopta, revirtiéndolo, la liberal reducción de Popper del Fascismo y Comunismo a un solo término “totalitarismo”, reduciendo movimientos radicalmente heterogéneos a lo mismo, simplemente porque rechazan al Liberalismo. En este sentido, él realmente interpreta al Fascismo no tanto desde el punto de vista de la izquierda, como desde el punto de vista del Liberalismo.
Desde un punto de vista tradicional, por otra parte, el Nacionalismo, Fascismo y Nacionalsocialismo son fenómenos negativos en la medida que son colectivistas, esto es, en la medida que las fuerzas elementales de la raza permanecen en un nivel puramente material y humano, y no son purificadas a través de su integración con una dimensión espiritual. Análogamente, el rechazo tradicionalista del individualismo burgués no es el rechazo al valor del individuo como tal, sino que sólo de su desprendimiento de un punto de referencia trascendente y su reducción a un plano puramente humano y material.
El ethnos, entonces, no es lo que tradicionalistas como Evola llaman una solar sociedad tradicional. Por otra parte, dado que el ethnos es en su esencia ahistórico y carece de una relación con el otro, Dugin no ha clarificado suficientemente cómo puede ser un sujeto político e histórico. Tampoco es claro cómo Dugin propone unir el concepto Dasein de Heidegger como historicidad con la posición anti-histórica del tradicionalismo. Él ha, sin embargo, propuesto otro posible sujeto político e histórico: la civilización.








