Francisco JavGzo

Guillaume Faye parle de la guerre civile ethnique et religieuse à venir  (vidéo) | Breizatao.com - Actualités

“Las cuestiones son: ¿por qué la Nueva Derecha, dotada de un arsenal ideológico impresionante, ha decaído objetivamente? ¿Estamos ante una decadencia definitiva o ante un momento difícil, pero susceptible de un nuevo arranque?¿Cómo proceder?” — El Arqueofuturismo.

El tristemente desaparecido pero siempre polémico Guillaume Faye (1949-2019) es probablemente uno de los autores más citados y referenciados en este sitio (por mí, sobre todo), lo que no es casual, dado su particular manera de abordar el carácter fáustico de Occidente y de la lógica inclusiva del y en vez de la exclusiva del o, proponiendo una síntesis de lo apolíneo con lo dionisíaco en su best seller El Arqueofuturismo.

Pero El Arqueofuturismo no trata exclusivamente de unir los opuestos de arcaísmo y futurismo ni de los viajes intercontinentales por venir en el mundo de las líneas dramatúrgicas de catástrofe: en su primer capítulo, denominado “El Balance de la Nueva Derecha”, Guillaume Faye da cuenta de sus razones para alejarse del GRECE (Groupement de recherche et d’études pour la civilisation européenne). Dentro de éstas, figura que “el tono y la orientación general del movimiento perdieron su dinamismo y se transformaron en una capilla y una asociación de viejos amigos”, y que las líneas ideológicas de la Nueva Derecha implicaban su marginalización a pesar de la calidad de los talentos disponibles: la Nueva Derecha tenía pensadores notables y promesas de renombre, no obstante, más allá de su círculo de fieles seguidores, estaba condenada al olvido, siendo relegada a la periferia del debate.

“Y aunque tengan el mismo número aproximado de asistentes, ¿no son sino reencuentros nostálgicos de una asociación de antiguos combatientes?”. Ibíd.

La Nueva Derecha, luego de 1982, cayó en la insignificancia al no lograr impregnar a los partidos de derecha y nacionalistas con sus ideas, exceptuando la introducción de cierto antiamericanismo en el seno del Front National. Guillaume Faye no aspiraba precisamente a que GRECE se volviera un partido. Sin embargo, Faye criticaba la abstracción de la nueva derecha respecto de lo político al mal interpretar el gramscismo, quedándose en una lucha cultural que no impregnaba aspectos contingentes importantes para el ser humano.

“La estrategia metapolítica “gramsciana”, que fue la nuestra, simplemente había olvidado que el combate cultural teorizado por Gramsci no es nada sin el combate político y económico, el del Partido Comunista Italiano de la época. Pero, desgraciadamente, nunca habíamos leído a Gramsci… Aquello no era serio, era un pseudogramscismo. Para ser eficiente, toda acción cultural tiene que apoyarse sobre fuerzas concretas, políticas, de la que es complementaria. El antiguo CERES de Chevènement, por ejemplo, antena del Partido Socialista, o SOS-Racisme, fueron ejemplos eficientes de éxito propagandista. Nosotros, en las concepciones fundacionales de la Nueva Derecha, simplemente, habíamos subestimado la política.” Ibíd.

Se produjo una fuga de cerebros desde el GRECE al Front National (“un microgrupúsculo de palurdos estúpidos”) debido a que éste último se volvió un polo más fuerte, actualizado, políticamente claro y contingente, mientras que la Nueva Derecha (con una media coeficiente intelectual notablemente más alta que el Front National) se perdía se perdía en sus complejísimos pensamientos y debates que estaban muy encima de la comprensión de la población no-tan-brillante como los intelectuales del GRECE.

“El “público Nueva Derecha” fue perturbado por unas tomas de posición tercermundistas y proislámicas, ideológicamente ilegibles, que dieron la impresión de un “pensamiento burgués” sin conocimiento de los problemas de la inmigración, incluido un filtrear con la izquierda no-jacobina.” Ibíd.

El afán de la consecuencia absoluta, anacrónica, aséptica y recursiva termina por distanciar al pensamiento de la acción, lo que no sería problema si es que la acción a seguir fuera justamente no acción. No obstante, cuando efectivamente se aspira que ocurran acciones que van en contra de las tendencias en boga en la sociedad, difícilmente éstas se lograrán por medio de la inacción. Las ideas deben llegar al corazón del sistema o, al menos, al público al que se quiere seducir; llegar una y otra vez al mismo círculo provoca un estancamiento e intoxicación de ideas.

La ambigüedad es una pésima forma de presentarse. Hay asuntos donde la tibieza no es opción: se confunde a la gente convencida, pero no se engaña al enemigo. Si el enemigo exige claridad, con mayor razón el amigo. En el interregnum, mantener una posición neutra, igualando a enemigos y adversarios sin ser capaz de priorizar e identificar lo más peligroso termina por pasar la cuenta ante los amigos, los aliados, y ante la propia existencia.

Si Guillaume Faye hubiera votado a favor o en contra de la posibilidad de escribir una nueva constitución es más o menos claro: leyendo su obra, hay buenas razones para creer que se hubiera decantado por una de las dos vías (la más favorable a su gente y la que golpeara más fuerte a sus enemigos culturales). Pero lo que sí es claro es que hubiera participado del plebiscito y adoptado una postura militante, radical y no indiferente, pues las líneas dramatúrgicas son contingentes y demandan que el individuo tome posiciones y que estas posiciones sean claras, sobre todo cuando está en juego su futuro y el de los suyos.