Francisco Javgzo

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Low I.Q., formerly employed by an airline mechanic or technician, no higher education, possibly little to no high school, grew up in Ohio Cleveland or Cincinnati likely Currently resides in the bay area.

No suelo ver series de televisión por el tiempo excesivo que hay que invertir en ellas: si ya una película de dos horas y media al mes parece un derroche de tiempo, veintitantos capítulos y un montón de temporadas es justo el incentivo que se necesita para no ver serie alguna. No obstante, Manhunt: Unabomber tenía dos cosas que la hacían atractiva como serie: primeramente, su extensión: sólo una hora y ocho capítulos de un poco menos de una hora cada uno y, en segundo lugar, que estuviera basada en la historia de la persecución de Theodore J. Kaczynski, más conocido como “Unabomber” (deformación de UNABOM: University and Airline Bomber).

Como la serie está sencillamente basada en la historia original, no vale mucho la pena entrar a hacer una mayor revisión sobre la veracidad de lo planteado que, en realidad, es una historia bastante coherente. En resumen, la historia aparecida en la serie es algo así:

Theodore J. Kaczynski (Paul Bettany) es un matemático superdotado (IQ = 167, más alto que Stephen Hawking, Albert Einstein o Bill Gates) que abandona la sociedad industrial y tecnológica para ir a vivir a los bosques de Montana en una cabaña sin electricidad ni agua potable construida por él y su hermano. Decidido a echar abajo a la sociedad tecnológica que coarta la libertad y la vida, Ted comienza a enviar paquetes bomba a distintos destinatarios, todos ellos representantes del sistema a derribar. Tras atemorizar a E.E.U.U. durante 17 años sin poder ser ubicado, el FBI acude a James “Fitz” Fitzgerald (Sam Worthington) para que éste asista en la confección del perfil psicológico del personaje en cuestión. Fitz se obsesiona con el caso y se apoya en el análisis de textos para establecer primeramente un perfil de quién sería el Unabomber (diametralmente opuesto a los perfiles que manejaba el FBI), y luego individualizar al que sería el autor de Industrial Society and its Future. Su obsesión con el caso UNABOM toma ribetes personales cuando Fitzgerald comienza a interiorizarse las ideas de Kaczynski y a hacerlas suyas, impregnándose de la filosofía tecnofóbica del Unabomber.

Manhunt: Unabomber es una serie que tiene una historia coherente, aunque una puesta en pantalla que deja bastante que desear (que no sé si habrá influenciado en la baja en la cantidad de televidentes que tuvo la serie entre su debut –1.250.000[1] – y el último capítulo –930.000[2] –. Y digo que no sé si tiene algo que ver, pues casi todas las reseñas que se pueden ver en internet pasan por alto lo que señalaré). Los personajes principales son correctamente desarrollados por separado –aunque no se ahonda mayormente en la historia anterior de Fitzgerald pero tampoco se echa de menos–, pero la historia surgida de la interacción entre ambos adolece de la profundidad que prometía en los primeros capítulos. Así, en los dos primeros capítulos vemos cómo un James Fitzgerald que, producto de su investigación sobre el Manifiesto y “buceo” en las ideas planteadas por Kaczynski sobre la esclavitud tecnológica, se impregna y hace suyas las ideas de Theodore Kaczynski. Fitz no sólo le encuentra sentido a las ideas, sino que muestra su admiración por el Unabomber por vivir de verdaderamente (y verdadero hacia él mismo) y hacer algo:

Eso no, eso no es vida. Eso no es vivir. Eso es sonambulismo. Ver televisión, comer basura, trabajar para convertirse en algo para otra persona. Y nadie hace nada al respecto. Nadie lo intenta. Nadie excepto Ted.

Fitzgerald comprende la idea de la “esclavitud tecnológica” (concepto que es usado como título para Technological Slavery: The Collected Writings of Theodore J. Kaczynski, a.k.a. “The Unabomber”, compilación de escritos de Kaczynski publicada en 2010 por Feral House; que, en algún momento, me gustaría hacer una reseña) y, pese a perseguir a quien envía los paquetes-bomba, repite en su mente una y otra vez las palabras del autor del manifiesto:

Se suponía que la tecnología nos liberaba, pero no es así. Como lo del auto. Los autos fueron inventados, y entonces, todos somos libres de ir a donde queramos. Pero entonces, básicamente, se hace obligatorio tener un auto. Así que, en lugar de ser más libres, nos hemos vuelto más limitados, más restringidos — quiero decir, cada ciudad en la sociedad está reorganizada en función de los autos hasta que ni siquiera se puede comprar comida sin conducir a algún lugar. 

Te dices a ti mismo que tienes el control. Te obedecen a ti, tu tecnología, tus máquinas. Pero, ¿qué harías sin tu auto, tu teléfono? ¿Y si todos los aviones se detuvieran? Hace 10 años, los computadores eran juguetes caros. Hoy, la civilización como la conocemos se desmoronaría sin ellos. Vives aterrorizado de un apagón, de que un computador se queme, de no arranque un auto, de un teléfono no suena.

Con el pasar de los capítulos de la serie, la internalización de la filosofía antitecnológica de Theodore Kacynski parece quedar como un mero hecho anecdótico, un detalle que pudo haberse obviado si no iba a ser retomado o profundizado. Prácticamente, la crítica no percibió esa debilidad en la ejecución del guión, razón la cual la serie ha tenido elogios pese a presentar una historia que pudo haber sido más densa e interesante.

Una miniserie apta para quienes no están mayormente interiorizados con La Sociedad Industrial y su Futuro ni con el Unabomber. Prometía más que el producto final entregado al cliente.

Notas.

[1] https://tvbythenumbers.zap2it.com/daily-ratings/tuesday-cable-ratings-august-1-2017/

[2] https://tvbythenumbers.zap2it.com/daily-ratings/tuesday-cable-ratings-sept-12-2017/