Francisco JavGzo

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De la no tan reducida variedad, pese a su reducida cantidad, de pensadores de las ideas disidentes —nueva derecha, vieja derecha, Tradición, derecha alternativa, nacional-anarquismo, 4PT, 5PT, etc.—, Aleksandr Dugin debe ser uno de los más fructíferos: autor de casi una veintena de libros, una larguísima lista de artículos y orador de múltiples conferencias (entre ellas, una en Argentina[1], dictada completamente en español), Dugin probablemente está a la altura de pensadores contemporáneos tales como Noam Chomsky, Slavoj Žižek y Jordan B. Peterson. Debido a la importancia de su trabajo, el autor ruso debe ser uno de los más revisados y discutidos dentro del mundo de las ideas alternativas, no quedándose este sitio fuera de eso, siendo citado, traducido y debatido en varias oportunidades.

A menudo, Dugin hace buenos diagnósticos, sobre todo cuando se trata del componente geopolítico y, respecto de eso, a menudo no hay mucho que discutirle. No obstante, la principal diferencia con Aleksandr Dugin en este sitio radica en los pensamientos que provienen del diagnóstico que éste realiza. Dugin identifica claramente a su enemigo: el bloque atlantista, talasocrático y liberal, representado por Occidente, pues es el bloque antagónico a la Rusia de la telurocracia, el eurasianismo, continentalismo y la Tradición.

Aunque no se ha pronunciado respecto de las movilizaciones sociales críticas del modelo neoliberal que ha sufrido Chile en las últimas semanas, no sería de extrañar que Dugin se muestre complacido: el modelo neoliberal es fruto de la weltanschauung de la Modernidad, donde el individuo se posiciona frente a las identidades colectivas, por lo que las movilizaciones de Octubre, en teoría, atacarían al sujeto político[2] del liberalismo, es decir, a la esencia de la primera teoría política, desde supuestamente el Dasein.

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La cosmovisión de Dugin hace un rescate del concepto heideggeriano del Dasein como su sujeto político —la naturaleza del hombre como especie, en el estado primario que antecede a todas las superestructuras filosóficas, políticas, sociales e ideológicas—, en batalla frontal contra la existencia torcida propia de las sociedades demoliberales de Occidente (el “ser” local contra el “no ser” universal).

Ahora bien, ¿es la lucha del hipotético Dasein chileno contra “la esfera de la inauténtica existencia del Dasein”, i.e., la Modernidad, positiva para la diferenciación de identidades?

A primera vista, pareciera que las movilizaciones populares apuntan a reestructurar el modelo del que era el país más estable de América Latina. Rebeldía, juventud, luchar contra el sistema. Los sentimientos de nostalgia de las ideas nacional-revolucionarias afloran fácilmente. Sin embargo, no hay que pasar por alto el contexto histórico y geográfico donde se está desarrollando dicha acción: Chile no es Europa, no es étnicamente homogéneo ni tampoco es mayoritariamente criollo. Más aún, la implementación del modelo económico, no sólo ha favorecido a la amplia mayoría del país, sino que, más aún, específicamente a las masas criollas, concentradas en las clases medias y altas, casi como una herencia del antiguo sistema de castas de la Colonia.

Dugin tiende a romantizar el nacional-comunitarismo “nazi-maoísta” y anticapitalista de autores como Claudi Mutti y Giorgio Freda y a extrapolar sus estrategias a todas las realidades en Occidente, como si todos los países del bloque tuvieran la misma composición demográfica.

Necesitamos atacar al capitalismo como un enemigo responsable de la creación de la nación como imitación de sociedad tradicional y por la actual destrucción de ella. La razón de la presente catástrofe yace profundamente en las bases ideológicas y filosóficas del Mundo Moderno. Y el modernismo es blanco y nacional (en el comienzo), volviéndose finalmente global.

Por tanto, los nacionalistas blancos deberían elegir su real bando: la Tradición (incluyendo su propia tradición indo-europea) o modernidad. El atlantismo, liberalismo e individualismo son formas de un mal absoluto para la identidad indo-europea, son incompatibles con ella.

Si los “identitarios” realmente aman su identidad, deberían estar con los eurasianistas, con los tradicionalistas, con los enemigos del capitalismo de cualquier bando político, pueblo, religión o cultura.[3]

Las movilizaciones sociales de Octubre 2019 podrían ser comparadas a las de Mayo 1968 en Francia, sobre todo en la carencia de un sentido más allá de la reacción por la reacción: masas queriendo avasallar todo, sin un programa claro y sin considerar propuestas, actuando más por instinto que por la plena consciencia de su ser-en-el-mundo. Dugin hace una crítica respecto a las movilizaciones del Mayo Francés:

A pesar de que los estudiantes de 1968 exigían “libertad para la imaginación”, en ese momento era poco probable que reconocieran a la imaginación como un contendiente para la subjetividad política especial. Permanecieron atrapados en el individuo —como parte del liberalismo, incluso si era ‘de la Izquierda’— y en la clase (por ejemplo, el marxismo, aunque estrictamente reconsiderado sobre la base del psicoanálisis).[4]

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Así también hay que reconocer que esta suerte de Mayo 68 2.0 carece tanto de Dasein como la versión 1.0 carecía de este requisito necesario para la conformación del sujeto político propio de la cuarta teoría política, o una de las cuartas teorías políticas, siendo más exacto. Las motivaciones de las movilizaciones chilenas son una respuesta a un modelo económico, pero no hacen una crítica profunda de la Modernidad y, es más, la afirman. Indicador de esto es la divergencia casi absoluta de las causas y la molecularización de las masas, manifestándose en la disolución de todo rastro del tejido del Dasein y teniendo como consecuencia el desgobierno y la entropía, cual Hidra de Lerna en descontrol. Esta crítica superficial, molecular, en ausencia del pueblo —sencillamente porque hay demasiados pueblos— conlleva a los mecanismos por medio de los que se realiza la reproducción del orden establecido; mecanismos que, por su sutileza, escapan a la percepción normal, y llegan a contar con la adhesión de los sectores más desfavorecidos por su funcionamiento, tal como justamente apuntaron Pierre Bourdieu y Jean-Claude Passeron.[5] Las movilizaciones chilenas, entonces, aumentarían la entropía como producto y consecuencia del orden establecido y los vicios democráticos, y no desde una mirada especialmente crítica de la primera teoría política.

Definitivamente, el apoyo estratégico a la desestabilización y disolución de las repúblicas occidentales mediante la comunistización del tejido social —entropía y desgobierno— es funcional al avance de los bloques hegemónicos no occidentales y, además, podría dejar un camino libre para la Tradición. No obstante, y a pesar del rol pasivo criollo como sujeto político, ¿es esa batalla contra el neoliberalismo y contra “la esfera de la inauténtica existencia del Dasein” realmente funcional al identitarianismo, específicamente para el identitarianismo criollo?

Notas.

[1] https://www.youtube.com/watch?v=Do9-v_xlUtQ

[2] “Desde el punto de vista de la filosofía, en cierto momento, surgió en la cultura de Europa Occidental la noción de Descartes de sujeto y objeto. El sujeto es algo que, de hecho, nadie conocía antes. Es como si pudiéramos decir que los filósofos de la era moderna lo inventaron o lo descubrieron en el siglo XVII. Entonces, las tres teorías políticas se construyeron sobre esta división filosófica interna en sujeto y objeto. La codificación ocurre en el nivel del sujeto. El sujeto puede ser uno de tres: el individuo en el liberalismo; la clase en el marxismo, y ahí por lo tanto la justicia y la complejidad de la dialéctica filosófica, de la teoría crítica marxista; o el estado, la nación o la raza en la tercera teoría política. Todas dependen de su sujeto.” Aleksandr Dugin, “La 4ta Teoría Política y el Posliberalismo” https://katehon.com/es/article/la-4a-teoria-politica-y-el-posliberalismo

[3] Aleksandr Dugin. 2014. «On “White Nationalism” and Other Potential Allies in the Global Revolution». Eurasian Mission: An introduction to Neo-Eurasianism. Arktos Media

[4] Aleksandr Dugin. 2012. “Dasein as an actor.” The Fourth Political Theory. Arktos Media

[5] Pierre Bourdieu & Jean-Claude Passeron. 1970. La Reproduction. Éléments pour une théorie du système d’enseignement.