Francisco JavGzo

Νὴ τὸν Ἄγνωστον.

En su Lo santo (título original: Das Heilige), Rudolf Otto, profundiza en la filosofía de la religión y escarba en el mysterium tremendum:

El tremendo misterio puede ser sentido de varias maneras. Puede penetrar con suave flujo el ánimo, en la forma del sentimiento sosegado de la devoción absorta. Puede pasar como una corriente fluida que dura algún tiempo y después se ahíla y tiembla, y al fin se apaga, y deja desembocar de nuevo el espíritu en lo profano. Puede estallar de súbito en el espíritu, entre embates y convulsiones. Puede llevar a la embriaguez, al arrobo, al éxtasis. Se presenta en formas feroces y demoníacas. Puede hundir al alma en horrores y espantos casi brujescos. Tiene manifestaciones y grados elementales, toscos y bárbaros, y evoluciona hacia estadios más refinados, más puros y transfigurados. En fin, puede convertirse en el suspenso y humilde temblor, en la mudez de la criatura ante… —sí, ¿ante quién?-, ante aquello que en el indecible misterio se cierne sobre todas las criaturas.

Respecto a esto, el arqueofuturismo, si bien de una innegable esencia fáustica y temeraria en cuanto al futuro y al manejo de la tecnociencia —a diferencia del conservadurismo temeroso de los cambios y los avances científicos y tecnológicos—, no está cerrado ni cegado ante el mysterium tremendum: no tiene respuestas para todo ni considera que la realidad esté exenta de más dimensiones aparte de la material. Acepta que el misterio existe, pero no siente que esto necesariamente tenga que ser una limitante para la búsqueda humana, tanto a nivel interno como externo—la transformación alquímica, como es arriba es abajo.

Probablemente, no hay manera de explorar de manera exitosa, es decir, completamente, develándolo todo, en el insondable mysterium tremendum. Ni siquiera los dioses Hermes/Mercurio y Odín/Wodanaz se quedaron indiferentes ante la presencia del tremendo misterio, sino que buscaron en él, arrojándose para obtener de él lo que los llamaba tan sólo por ser desconocido, esta brecha que separa la ignorancia del saber.

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Ante la presencia del misterio, el objeto numinoso, la respuesta pagana ya no puede seguir las mismas metodologías de antaño la que, además, no conocemos más que como lo que creemos entender luego de interminables estudios y refutaciones: de los cultos paganos no tenemos más certezas que dudas; y no sólo eso: sencillamente no creemos en eso. ¿Quién hace sacrificios a Júpiter el día de hoy, quién cree que efectivamente en el cielo hay un anciano que arroja rayos? Ni siquiera a nivel simbólico hay una observancia. El recuerdo de Júpiter/Thor sobrevive apenas en el nombre del cuarto día de la semana. Aun así, el mysterium tremendum sigue ahí, aunque haya perdido su nombre, aunque los vestigios sean sólo residuos de las incógnitas del pasado respecto del mundo, de lo oscura que era la naturaleza antes del surgimiento de los templos y de las respuestas, cuando aún el hombre deambulaba en medio del caos y las fuerzas elementales, buscando sobrevivir y responder ante las dudas de su propia existencia.

Para despertar a los arquetipos no es necesario acudir a los templos construidos por el hombre, sino comprender que estos recintos no fueron ubicados de manera aleatoria, sino que emplazados sobre lugares considerados como sagrados. La sacralidad está íntimamente relacionada con lo humano, con la adscripción de significados —derivados de la veneración y el respeto— que éste hace a objetos, lugares, ritos, símbolos, etc. Así, el Misterio insondable, lo desconocido y lo incomprensible, son capturados por un instante efímero: cada construcción que, sobre un suelo sagrado, busca ser una representación de las manifestaciones del Numen (lo que el ser humano logra observar de lo Acausal “desde la caverna”), será devorada tarde o temprano por lo potencialmente sagrado, esto es, por la Naturaleza, a cuyos vástagos el hombre les da el carácter sagrado. A la observancia de esto, a la religión no confesional, a la aceptación arqueofuturista de la presencia del misterio, hemos llamado metapaganismo.

Si monumentum requiris, circumspice.

SEI·DEO·SEI·DEIVAE·SAC
G·SEXTIVS·C·F·CALVINVSPR
DE·SENATI·SENTENTIA
RESTITVIT

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