Francisco JavGzo

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Desde una mirada arqueofuturista y metapagana, las estaciones del año han dejado de ser efectivamente importantes para el diario vivir: en el siglo XXI y con los avances tecnocientíficos y de la dominación de las fuerzas de la naturaleza, es más bien poco lo que depende el ser humano de los cambios estacionales. Quizás, la aparición de alergias y otras reacciones sean lo más visible, o el poder contemplar el florecimiento y el revivir de la flora, disfrutar de los paisajes que nos ofrece Gaia.

Hemos dejado de sembrar o, tal vez de manera más exacta, hemos dejado de depender de las estaciones para realizar dichas labores productivas. Probablemente, en 100 años más ya todo eso quede en el pasado, y sólo sea privilegio de algunos que gustan de lo más “natural”, pasando por alto el hecho que la siembra y domesticación de animales es antinatural, el pecado original.

Somos hijos de la hibris, pues la desmesura y la transgresión de los límites divinos impuestos por los dioses ha sido la tónica de la humanidad, y en especial la tónica de los pueblos europeos. Sin ir más lejos, el arquetipo de Prometeo, tan admirado por poetas de todos los tiempos, es la fiel representación de la hibris y su confrontación con las eternas leyes de hierro, más propias del estado de resignación ante lo Alto, como se puede distinguir en el poema Das Göttliche (“Lo Divino”), de la etapa final de Goethe quien, en vez de perseguir un infinito extralimitado que perseguía durante su etapa Sturm und Drang, descubre la grandeza de la limitación, una realización que iguala al hombre a los mismos dioses:

Después de las leyes eternas
de hierro, poderosas,
Todos debemos
Cerrar los círculos
De nuestras existencias.
El Hombre solamente,
puede hacer lo imposible:
Él distingue,
elige y juzga,
Él puede al momento fugaz
otorgar tiempo.

Extraído de “Das Göttliche” (Trad. propia)

Sin embargo, nosotros no hemos llegado aún a la renuncia de la hibris, propia de las culturas moribundas y de lo estático. El arqueofuturismo es metapagano y anti-conservador: no se resigna a mantener y retener un momento histórico porque sí, pues el metamorfismo es parte de nuestra identidad. Así, y aunque la Primavera ya no guarda el mismo sentido que tenía hace siglos, Gaia nos hace la invitación a admirarla y dimensionar que la presencia de la hibris no debe ser sinónimo de destrucción ni de volver al ecosistema sólo en una vulgar fuente de recursos para ser transformados en tecnología (útil, por cierto), sino también como un recurso en sí mismo, cuya belleza de paisajes y diversidad biológica es también una forma de meditar y estar en contacto con nosotros mismos, con nuestro lado animal, con lo sensible, con la triada homérica: “la naturaleza como cimiento, la excelencia como objetivo, la belleza como horizonte”.

Primavera es cuando la diosa íbera Iscallis aparece con su cornucopia naciente de las fauces de la serpiente, símbolo de la Tierra, pues la fertilidad proviene de las entrañas de la misma, de la Luna creciente y del Eterno Femenino, celebrando las nuevas esperanzas y nuevos comienzos.

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