southerncone

Enlace original: https://www.counter-currents.com/2014/06/rethinking-white-tribalism/

por Francisco Albanese

traducción por Sebastián Vera

El Cono Sur de Sudamérica comprende a Chile, Argentina y Uruguay, países con paisajes y climas parecidos a los de Europa y Norteamérica.

El Cono Sur también es hogar para muchos europeos. Si bien Chile es mayoritariamente no-blanco (mestizo), Argentina y Uruguay son principalmente europeos (predominantemente mediterráneos). Los blancos son una minoría en América Latina, y los procesos destructivos que están ocurriendo en Europa y Norteamérica fueron establecidos aquí hace siglos y sus efectos están mucho más avanzados.

El nacionalismo blanco existe en el Cono Sur, aunque es una categoría demasiado amplia, comprendiendo capitalistas liberales clásicos, anarquistas y socialistas, así como nacionalistas criollos que buscan aplicar el nacionalismo blanco a las realidades étnicas y políticas del Cono Sur.

Las fallas en la praxis del nacionalismo blanco “clásico” en el Cono Sur son bien conocidas. En primer lugar, está la tendencia absurda a soñar con que hacer con el poder político incluso antes de siquiera tener la cantidad de seguidores como para fundar un partido político. En segundo lugar, y esto es incluso peor, participar en el juego democrático ortodoxo, lo cual es lo mismo que el suicidio, ya que la democracia requiere homogeneidad y, por tanto, la eliminación o erradicación de la heterogeneidad (Carl Schmitt, The Crisis of Parliamentary Democracy, trans. Ellen Kennedy (Cambridge: MIT Press, 1985). En el caso particular de Chile, con una mayoría de población mestiza, el sistema democrático está diseñado por y para las masas mestizas, que no están dispuestas a votar para que una minoría “racista” pueda quedarse con el poder.

Pero creo que el peligro más grande para el nacionalismo blanco en el Cono Sur es la aceptación sin críticas de las fronteras ficticias e identidades nacionales cívicas de los Estados existentes. Chile, siendo mayoritariamente no-blanco, promueve como identidad nacional un melting pot racial. Argentina, en menor grado, hace lo mismo. Aquellas identidades pueden ser racialmente perniciosas, pero son políticamente pragmáticas para los sistemas existentes, ya que preservan a los Estados y evitan los conflictos étnicos internos.

Esta es la razón por la que me siento atraído al anti-estatismo radical del anarquismo de Derecha, que coloca especial énfasis en el desarrollo de comunidades autónomas existiendo de forma independiente a los sistemas estatales en orden a mantener la identidad e ideales de la tribu (Keith Preston, “Anarchism of the Right: A Solution to the Libertarian Problem”, Alternative Right, http://www.alternativeright.com/main/blogs/left-right/anarchism-of-the-right-a-solution-to-the-libertarian-problem/). Creo que el anarquismo tribal provee la mejor y más viable opción para la supervivencia de minorías étnicas y raciales perjudicadas por la “diversidad”. Es sólo fuera del Estado que los miembros de la comunidad pueden interactuar de forma más cercana y volverse más dependientes entre ellos. Sólo es fuera del Estado que los blancos pueden llegar a comprender la verdadera esencia de la comunidad y la construcción de un destino común (Jack Donovan, “Becoming the New Barbarians”, Second National Policy Institute conference, Radix Journal, http://www.radixjournal.com/journal/becoming-the-new-barbarians).

Por ahora, nuestra prioridad debe ser salvaguardar nuestras identidades como pueblos que son minorías numéricas bajo regímenes hostiles, formar y fortalecer comunidades y comprender el valor del verdadero auto-gobierno democrático. Sin la comunidad, el individuo está perdido.

 

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