Patricio Villena

Con motivo del incendio acaecido en la catedral de Notre Dame en Francia, como era de esperarse, la voces pidiendo las penas del infierno para los supuestos responsables – tema todavía no claro, pero que, como un buen amigo dijo, parafraseándole, da lo mismo quienes hayan sido, hacen falta unos buenos pogromos – no se han hecho esperar.

Desde un supuesto accidente, pasando por un ataque de musulmanes radicalizados, bromeando respecto a la vuelta del Inner Circle,  hasta por las conspiranoicas ideas de que el N.O.M. está detrás de esto, han sido algunas de las hipótesis esgrimidas en las RRSS y otros medios de difusión.

Dentro del llamado sector “nacionalista”, la histeria y la paranoia tampoco ha sido menor, dejando de manifiesto algo que Donovan ha señalado en distintas instancias: las diferentes tribus que existen en el interior de ese conglomerado de ideas, muchas contrapuestas entre ellas, llamado “nacionalistas”, “extrema derecha”, “supremacismo”, “neonazis” o lo que sea.

Por una parte, tenemos a aquellos que señalan, al ser ellos católicos, que esto es un ataque directo contra la Europa misma y a su existencia, contra su Fe y su gente,  por otra encontramos a aquellos que festinan con la quema de las iglesias, de ésta o de cualquier otra, al ser símbolo de opresión y muerte contra los pueblos europeos precristianos y su espiritualidad; también, obviamente, existen aquellos que, fríos como el mismo hielo, no toman postura alguna.  Pero, lo que, personalmente, me ha llamado la atención, fue una frase leída en una página de Black Metal, en la que esgrimen que esto es un ataque de la barbarie contra Occidente.

¿Qué es Occidente? ¿Occidente es representación de Europa y su gente? ¿Qué es la barbarie? ¿Somos occidentales, europeos o bárbaros?

El concepto de Occidente, más que señalar a un grupo, hace alusión a una territorialidad y a una cultura determinada, en donde una supuesta ética y moral superior de Estados Unidos, lo posicionan como guardián de la libertad y del nuevo mundo, ante la opresión del viejo y caduco mundo representado por Europa. Para Occidente, Europa y su identidad no son más que un rancio esqueleto y un pútrido cáncer que debe ser superado para el porvenir de la humanidad; obviamente que con Estados Unidos a la cabeza –es cosa de ver a la OTAN y cómo todos sus miembros lamen las botas del imperio Yanqui.

Nunca debemos olvidar que Estados Unidos, padre y cabeza de Occidente, nace de la mano de un grupo de protestante que abandonó Europa debido a persecuciones y al rechazo de los vicios que, en sus mentes, se promovían en Europa, por lo que ésta –Europa – representa la oscuridad mientras que ellos -Estados Unidos- son portadores de la luz.

En base al mismo planteamiento anterior, podemos dejar en claro que Europa y Occidente no son para nada lo mismo y que cada uno marcha por su propia vereda.

Europa, a diferencia de Occidente, no es solamente un ente geográfico, político y/o cultural; es mucho más que eso. Europa es un ser vivo, es biológico. Mientras los europeos vivan, esos sujetos que tras millones de años de evolución se asentaron en sus lindes, con sus diferentes etnias y concepciones del mundo (hermanadas siempre entre ellas), cualquier visión política (como la misma idea de Occidente), cualquier monumento (como la misma catedral de Notre Damme), cualquier frontera (de las muchas que han variado a lo largo de su historia), cualquier creencia espiritual o religiosa (como las arrasadas o asimiladas con fines políticos por el catolicismo), puede desaparecer, pero Europa seguirá ahí, porque ella, antes de cualquier cosa, es su gente y mientras vivan el fuego puede volver a alzarse.

Respecto de la barbarie y lo civilizado (me causa gracia que blackemeltaleros hablan de “lo civilizado” como algo positivo, cuando la esencia misma del género apunta en otra dirección), no hay mucho que decir. Aquí se juegan las preferencias y visiones de cada uno. Mientras algunos buscan seguir encajando en un mundo que les plantea parámetros totalmente contrarios a los que debiesen desear (refiriéndome a la gente del bando “nacionalista” y a los mismos blackmetaleros) en aras de transformar todo lo malo que hay, otros asumen que ésta no es la sociedad que desean y que, ante la imposibilidad de socavar el Sistema actual y su maquinaria, deciden alejarse de todo y adentrarse en el camino de lo tribal.

Como bien ejemplifica Jack Donovan, nuestra sociedad actual no dista mucho de lo que los pueblos antiguos deben haber sentido ante el avance del colosal Imperio Romano. Para el Imperio, todo aquel que no seguía el estilo romano era una bárbaro y debía ser apartado y combatido. Hoy por hoy, todo aquel que no se quiere someter a los supra estados que nos dominan, a este imperio de la postmodernidad y su visión del mundo, se transforma, a voluntad o no, en un nuevo bárbaro.

¿Representa Occidente  y la Nueva Europa ese mundo sumergido en la Postmodernidad? Así es. Son sus normas, sus reglas, sus leyes, sus ideólogos, su apatía y cobardía,  y sus soldados lo que presionan cualquier atisbo de resistencia y de lucha. Todo aquel que decida oponerse a esta nueva visión del mundo, que niega hasta las más básicas leyes de la vida, de la Naturaleza o aquellas mismas incorporadas por milenios por los pueblos, debe ser apuntado con el dedo y condenado y, si no se somete, debe perecer; tal vez no con una bala en la cabeza, tras las frías alambradas de un “campo de prisiones” o en las frías estepas rusas, hay veces que basta con la condena social para aniquilar a alguien.

¿Qué debemos ser? ¿occidentales, europeos o bárbaros? Que cada cual sea quién desee pero, si realmente les importa su gente, no hay más camino que el tribalismo y la barbarie. Occidente debe morir para que Europa viva y Europa debe consumirse en el fuego  hasta las cenizas para que su gente vuelva a encender, y eso, por más que les duela a muchos, será posicionando a su gente, al “nosotros”, contra cualquier otro, contra cualquier “ellos”, por delante, sea biológicamente de nuestro pueblo o no.

Diferentes tribus y subgrupos tribales pueden existir y existirán, con diversos elementos aglutinantes de por medio, pero todos y cada uno de ellos debe asumir que la supervivencia requiere traspasar amores y romper barreras. La Era de los estados nacionales ha menguado, las patrias se han fragmentado y ya no hay forma de recuperarlas. El nacionalismo que muchos sienten debe quedar atrás. Ya no puede pesar más una bandera, una fe, una creencia o una lengua que la sangre que recorre nuestras venas.

El supuesto “ataque” a Notre Damme no ha sido un ataque contra Occidente, no ha sido un ataque contra Europa, no ha sido un ataque de una religión a otra, ha sido un ataque de una tribu contra otra.

Más allá de que se confirme o no de que fueron Moros los que provocaron el incendio (o si fue un trágico accidente eléctrico), esto claramente es un acto de guerra de una tribu contra otra, de una que ha tomado su fe como bandera de combate étnica en su lucha por volver a reconstruir aquello que por 7 siglos le costó recuperar a nuestra gente. Mientras la tribu Mora se hacen cada vez más fuerte, en número, en sentimiento de pertenencia y en ímpetu viril,  nuestra tribu, nosotros los blancos (del lugar que seamos) seguimos peleando por países que ya no valen la pena, que nos condenan mas día a día, donde a los hombres se les sentencia por querer ser hombres y no aceptar la actual afeminada visión de ellos, donde cada vez es más importante cuántas casas tenemos que cuántos hijos criamos, donde se levanta más veces una botella de cerveza que kilos en barra…

Occidente y la Nueva Europa son enemigos de nuestra gente y, por tanto, son parte del “Ellos”. Si eso nos hace bárbaros, pues orgullos de serlo; seremos, en nuestro caso, criollos y bárbaros.

Cuando el hastío sea porque están matando a nuestra gente y no porque se quema un edificio que, emblemático o no, también fue erigido luego que sangre hermana fuese derramada, ahí estaremos para combatir junto a todo aquellos que comprendan  que el “nosotros” va más allá de una bandera, una cruz o un pasaporte.

Hoy, Occidente y el catolicismo, están sufriendo lo que ellos mismo hicieron en el pasado. Están sufriendo la violencia que ellos mismos ejercieron, porque, al final del día, la violencia es el motor de la historia y, nosotros, como pueblos, estamos siendo pacifista retrasado de este cuento.

Hoy es tiempo de bárbaros. Los bárbaros de otras tribus están en nuestro territorio, actuando a su antojo gracias a la desidia y vergüenza generalizada entre los blancos. La única manera de sobrevivir es siendo más bárbaros que ellos.

“La vida es conflicto. La paz es muerte.”