Francisco Albanese

Tal como el 21 de mayo quedó como un día sombrío para el identitarismo (a causa del suicidio de Dominique Venner), el 7 de marzo también quedará impregnado de tristeza. El sentimiento de pérdida es inevitable: luego de una batalla imposible de ganar (al igual que la vida misma) y en la que sólo se podía alargar un poco más el tiempo, Guillaume Faye ha muerto, aunque dejando sentadas las bases para toda una nueva generación de pensadores, activistas, entusiastas y simpatizantes de la defensa de la identidad europea.

Polémico, provocador y desafiante, Guillaume Faye supo llevar la incorrección política más allá, incluso dentro del safe space que pudo haber ofrecido el nacionalismo, el identitarismo y la Nueva Derecha (los más mojigatos y moscas-muertas lo criticaron por su pasión sin remordimientos por el alcohol, y su pasado al servicio del humor en radios y sus apariciones en algunos filmes de corte pornográfico). Para quienes no han indagado en su obra, han de comprender que la especialidad de Faye fue siempre forzar a la discusión y el cuestionamiento aún en los asuntos que el mundo de la Verdadera Derecha (Vieja y Nueva) daba por cerrados. De esta manera, Guillaume Faye se volvió una figura incómoda, ya que sacaba (y seguirá sacando) a los más ortodoxos de sus zonas de confort, obligándolos a pensar en la realidad y aniquilando sus fantasías inocentes (y otras no tanto) con el fin de instarlos a moverse en una esfera que aspira a resultados concretos, tangibles y que necesitan del y buscan incansablemente el triunfo de la raza blanca.

A diferencia de otros autores europeos que buscan librar la batalla de las ideas en un ambiente mainstream (sacando las ideas de la derecha alternativa del plano underground), Faye hablaba explícitamente de razas, y específicamente de la raza blanca, abogando y apostando por ésta sin disimulo, identificándose y mostrando un marcado sentido de pertenencia incluso a pesar de la dominancia cultural igualitaria que se reserva el derecho de excluir y proscribir a sus enemigos.

Desafiar a los enemigos es fácil: todo el mundo lo hace y tiene como resultado el incrementar la valoración del prójimo respecto de la consecuencia. En cambio, desafiar a los amigos es difícil: se es incomprendido, cuestionado y castigado. Guillaume Faye eligió siempre lo segundo, con la mirada puesta en la victoria de Europa. En consecuencia, Faye pateó una jaula desde donde surgieron alimañas que rompieron con el espacio seguro de la Nueva Derecha, pues se trataba de monstruos reales con los que había que saber tratar luego de años de evitarlos y aparentar que no existían: el liberalismo, la modernidad, la tecnología, la globalización, el capitalismo, la sexualidad, drogas, la cuestión judía, la política, el nuevo imperialismo americano, etc. Hasta la irrupción de Faye, la postura era monolítica: oposición. Faye, devoto de los términos y palabras, supo cuestionar las posiciones que se habían vuelto, paradójicamente, mainstream dentro del underground, haciendo la diferencia entre enemigo y adversario, y llamando al entendimiento entre posturas que podían converger estratégicamente.

Con un estilo lúdico y simple, aspirando más a crear que a sonar como un erudito en la materia, Guillaume Faye –junto con acuñar una serie de nuevos términos, de los cuales destaca, por sobre todos, el “Arqueofuturismo”– deja un legado de una docena de libros y una centena de artículos, apariciones en periódicos, televisión y radio, coronando su carrera con Guerra Civil Racial, libro prefaciado por Jared Taylor (autor de White Identity: Racial consciousness in the 21st Century), que ha sido publicado hoy 8 de marzo, un día luego de su muerte.

Aunque apegado a la realidad en cuanto a su ser político, Faye fue entusiasta de la ciencia ficción (género que consideraba como un patrimonio europeo y fáustico), algo que quedó grabado en el último capítulo de su libro Arqueofuturismo y en todo el contenido de su Arqueofuturismo 2.0.

Al morir Dominique Venner en 2013, Guillaume Faye le dedicó algunas palabras[1]:

Un guerrero no muere en una cama. La muerte por sacrificio de este hombre de honor demanda que honremos su memoria y su trabajo, no para llorar sino para luchar.

¿Pero luchar por qué?

No sólo por resistencia, sino por reconquista. La contra-ofensiva, en otras palabras.

Casi 6 años después, aunque tristes por la partida del patriota europeo, podemos estar agradecidos a éste por su obra, a la que dedicó sus últimos días, a pesar de estar aquejado por el dolor y la muerte inminente, sin permitir que la depresión le ganara la batalla de terminar su último libro.

Faye Guillaume <faye_guillaume@orange.fr> Sep 9, 2015, 8:53 PM

to me

Dear friend, cher ami. Thanks for your answer. I am a warrior, smiling and working for the victory of our common people, because we are, from Chile to France a same people. Please, let’s organize a great meeting in Chile. You can translate in spanish the texts of my blog Gfaye.com.We have to be in close links. Nous devons travailler ensemble. Amitiés. Guillaume.

[1] https://www.counter-currents.com/2013/10/homenaje-a-dominique-venner/

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