Francisco Javgzo

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Quien sea seguidor del trabajo de Joseph Rex Kerrick habrá notado la evolución espiritual que éste ha tenido a través de los años, siendo notoria su luminosa actualidad al servicio de la senda del Espíritu Blanco, dejando en los años pasados la LHP y otras formas siniestras de espiritualidad europea (en las cuales Rex reconoce una innegable vinculación racial y cultural europea, aunque oscura).

Posteriormente a la lectura de Legends of the Metasphere: A Collection Of Speculative Fiction And Mythic Adventures, R. Marcus: A digital reproduction of the alt-press classic of the 1990s, Ram Arising: Psychic superheores battle the New World Order in a future on the brink of apocalypse, y Pull the Plug (los que serán revisados y comentados por separado en algún momento), fue el turno de White Millenium, que es una compilación de distintos textos que no están incluidos en los libros pero sí en RamaSpirit y Meta Blog, donde Joseph Kerrick deja entrever su lucha de carácter metapolítico: a través de sus relatos, Rex va elaborando una historia hilada en torno a la identidad blanca y cómo ésta se proyecta más allá del tiempo (y la tecnología) actual.

Reflotando arquetipos, supersticiones y saberes indoeuropeos, y usando el Zodíaco y reivindicándolo como una fuente de conocimiento blanca, ofreciendo una explicación esotérica y espiritual para el acontecer de los pueblos europeos, los textos de White Millenium anuncian la llegada de una nueva era:

Con todos los significados de varias capas de los signos de Aries y Tauro, ciertos elementos destacan específicamente en relación con la alineación del 5-2K (mayo 2000) como anunciando un punto de inflexión epocal. Tauro el Toro es el más terrestre de los signos de tierra, enfocado enteramente en el mundo material. Una persona o entidad, o incluso una cultura, que fue toda Tauro sin otros factores equilibrantes o atenuantes, debería estar impulsada por completo por los impulsos básicos de supervivencia, éxito, dinero, posesiones materiales, y el poder para proteger su riqueza y bienestar por cualquier medio necesario. La civilización se fosilizaría por completo en los valores rocosos del materialismo fáustico, y la última chispa del espíritu humano bien podría morir.

Aries el Carnero es el más centelleante de los signos de fuego, el contraste opuesto del terrestre Tauro.

Según Kerrick, el espíritu de Aries daría paso a una época de renacimiento del “niño divino”, es decir, el alma colectiva, a diferencia del carácter más individualista del espíritu de Tauro. El reinado de este toro materialista estaría simbolizado perfectamente en el “Charging Bull” de Wall Street. (Lo curioso de este toro, es que representa al pueblo haciendo frente a los poderes financieros, al tiempo que es un toro, símbolo de lo material.) Kerrick se posiciona contra lo fáustico –the Faustian ego– porque ve en esto la semilla de la descomposición:

Fue este ego fáustico el que enfrentó al mundo en 1900 ~ esta era la naturaleza real de la inteligencia colectiva blanca. Y ésta fue la clave de su destrucción ineludible en el siglo que siguió.

Al Enlightenment el autor lo denomina Endarkenment pues considera que la pérdida de Dios como guía aumentó el fuego de la destrucción en los pueblos europeos, los que se lanzaron en una serie de luchas fratricidas. En efecto, Kerrick ve en Nietzsche el credo de la ignorancia espiritual, al no separar la muerte de Dios de la caída del ser humano. Sin embargo, Kerrick es más condescendiente con Adolf Hitler como personaje histórico a pesar de considerar a la Weltanschauung del III Reich como inherentemente fáustica, el clímax de 500 años de la Fáustica Edad Moderna con Nietzsche como profeta. En las enseñanzas de Hitler, el autor no ve más que un impulso fáustico por tratar de conseguir algo que está más arriba, inconcebible para el presente y, como tal, difícil de ser dimensionado en la realidad, razón por la cual el nacionalsocialismo toma un carácter religioso al estar imbuido de un idealismo febril.

El III Reich llamaba a la conquista del mundo –es decir, no hubo una reflexión mayor respecto a la ruptura del equilibrio sino sólo una persecución de un ideal sin importar las nefastas consecuencias–, lo que hundió a Europa en el caos y la destrucción. Ir en contra de la conquista del mundo era despreciado filosóficamente desde la inversión de todos los valores. Curiosamente, el impulso individual fáustico tomó una forma opuesta en el Volk, transformándose en una voluntad colectiva.

A diferencia de otros autores paganos, identitarios y/o europeístas, Joseph Kerrick no siente esa característica antipatía contra el cristianismo, considerándolo como un vehículo del Espíritu Superno. (Recordemos, no obstante, que esta actitud indulgente respecto del cristianismo es relativamente reciente en el autor, casi impensable en los tiempos de WOT. Incluso, en un intercambio de correos realizado hace nueve años –cuando aún estaba vivo Alt-Psyche–, el autor me mencionó que no le generaban ningún interés ni simpatía los credos indígenas ni y culturas que no fueran de origen blanco europeo.) Por esta razón, Kerrick adjudica la condena del III Reich al ataque de Himmler no sólo sobre los Aliados, sino sobre la divina omnipotencia del Espíritu Superno, corporeizado en la cristiandad.

La atención brindada por el autor a la derrota de Adolf Hitler y del III Reich como manifestación fáustica moderna busca comprender el potencial manejado por éste, que en realidad se trataba de una forma del Espíritu Superno mal aplicada, es decir, lo fáustico, la causa señalada por Joseph Kerrick de la derrota de los pueblos europeos:

Debemos aceptar que la raza blanca fue totalmente cómplice en su propio caída, porque siguió un curso que causó que se perdiera el contacto con el Espíritu Superno. Las semillas del siglo XX se sembraron en los albores de la Era Moderna: el alma blanca de Europa atravesó un renacimiento que la desarraigó de la tradición que había sido su fundamento desde el comienzo del Eón. En última instancia, asumió el personaje de Fausto, ya que el hombre occidental hizo un trato con el diablo y se liberó del yugo del Dios que había estado complacido en llamar padre. Creó una nueva ciencia que le dio el mando sobre la naturaleza para rivalizar con aquella que había renunciado de Dios. Esto generó una revolución industrial que arrancó a las masas de gente lejos del suelo y de cualquier apariencia de un estilo de vida natural.

Por sobre todo, la nueva casta blanca desechará la llaga de Fausto, renunciando a la ignorancia que negó al espíritu y fue ciega a todo el reino numenal. Sólo así tendrán el poder de reclamar la ciencia de Fausto y la sabiduría para utilizar las herramientas materiales al servicio del espíritu.

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