Francisco Albanese

The pain of war cannot exceed the woe of aftermath, 
The drums will shake the castle wall,
the ring wraiths ride in black. Ride on. 

—Led Zeppelin, ‘The Battle of Evermore.’

Dunkirk (2017) tenía distintas cosas que la hacían atractiva como película para mí: primeramente, el tema bélico, donde la Segunda Guerra Mundial goza de un lugar de importancia para mí y para la configuración del mundo como lo conocemos hoy; en segundo lugar, los aviones; en tercer lugar, la dirección de Christopher Nolan, en cuarto lugar, los buenos comentarios señalando lo atípica de la película en relación a las otras entregas de Nolan; y, finalmente, los malos comentarios señalando lo atípica de la película en relación a las otras entregas de Nolan.

A diferencia de las otras realizaciones de Christopher Nolan —entre ellas, Inception, Interstellar y la trilogía del Caballero Oscuro—, Dunkirk carece de un extenso desarrollo de los personajes y de su historia en el que se explique el porqué y el cómo llegaron a participar de la historia y cómo experimentan metamorfosis a lo largo de la trama, como también carece de los diálogos extensos y profundos y con alguna cuota de humor negro que pueden atestiguarse en The Dark Knight Trilogy. Nada de lo mencionado anteriormente se extraña en la película, en la cual el pulp se va desarrollando de manera autoexplicativa, sin dejar cabos sueltos o espacios para la duda en el final, algo no muy difícil, teniendo en cuenta que la trama no está basada en un hecho ficticio, sino en una acción real, que terminó marcando el sendero de la guerra para Gran Bretaña.

Francia, 1940: el Frente Occidental. Las fuerzas armadas alemanas han derrotado a los aliados en la Batalla de Francia y los han acorralado en las playas de Dunkerque, donde no tienen más escapatoria que cruzar el Canal de la Mancha hasta llegar a Britania, mientras luchan por resistir (o evadir, mejor dicho) el asedio de los bombarderos de la Luftwaffe. Gran Bretaña cuenta con un nuevo primer ministro, Winston Churchill, sobre quien cae la responsabilidad de decidir el destino de los 400.000 hombres derrotados que buscan desesperadamente la manera de huir de la playa.

(Sin embargo, el asedio a las tropas aliadas por parte del III Reich fue más bien leve. Teniendo la oportunidad de haber aniquilado a las fuerzas británicas luego de los rechazos a los ofrecimientos de paz, Adolf Hitler presionó al general von Rundstedt para que cesara los ataques sobre Dunkerque — probablemente, una de las peores decisiones de Hitler en el curso de la guerra. Humanitaria quizás, pero errónea para quién esté librando una guerra de esas proporciones. El no haber atacado con todo a las tropas aliadas dio la posibilidad de replegarse y recuperarse moral y militarmente a los británicos, hecho fundamental para evitar la invasión que parecía lógica luego de la caída de Francia. Para Churchill, un armisticio con Alemania estaba lejos de ser una opción.)

La introducción en la historia es semejante a la que Nolan presenta en The Dark Knight, donde no hay un origen ni del Joker ni de las acciones que dan comienzo a la película, sino que sencillamente el espectador se encuentra con un robo a un banco que luego deja entrever cómo el plan fue ideado. En Dunkirk, tanto la guerra como la batalla ya están en desarrollo cuando el espectador es introducido en el filme, por lo que se deja espacio para la duda para aquéllos que no saben cuál es el contexto histórico en el cual las tropas aliadas están arrinconadas en las playas de Francia.

Dunkirk de Nolan comienza en un Dunkerque ya sitiado, con unas pocas tropas aliadas tratando de resistir, en la manera de lo posible, el avance alemán a pesar de la derrota inevitable, para así dar tiempo al resto de las tropas para que huyeran. Una búsqueda frenética por una vía de escape es el elemento en común de los soldados en la playa lo que, sin embargo, no significa que hermane a los seres humanos en momentos de desesperación. En efecto, se atestigua una situación donde era necesario sacrificar a alguien (en este caso, un frog) para que el resto sobreviviera, ante lo cual un inglés trata de interceder por éste, aunque finalmente termina optando por su propia supervivencia. El grupo le hace mención que, de ser necesario, el próximo en ser sacrificado sería él mismo, ya que no formaba parte del grupo, es decir, del conjunto de hombres con un relato y vivencias en común. Este grupo le era ajeno, y él era ajeno al grupo, por tanto, difícilmente alguien del grupo iba a optar por él o por el francés en una situación desesperada, a pesar de ser todos aliados. Supervivencia y conducta tribal en su forma más cruda y básica.

Hay tres historias que se desarrollan en tres escalas de tiempo distintas, confluyendo en un momento y lugar comunes: el muelle, cuya acción se prolonga por una semana, donde se da cuenta del escape de las tropas aliadas; el mar, que consiste (historia que transcurre en un día) de una embarcación civil requisada por el gobierno británico para las labores de rescate de hombres en Dunkerque; y el aire, historia que transcurre en un lapso de una hora, que trata de un pequeño grupo de Supermarine Spitfire cuya misión es destruir a los bombarderos alemanes que asediaban la retirada de las tropas aliadas. (Observación de segunda oportunidad que vi la película: respecto a esta última historia, cabe mencionar la voz de Michael Caine como operador de radio, quien advierte que no es posible para los aliados operar en ciertos lados ya que el enemigo no lo permite. Con ésta, ya serían siete películas de Christopher Nolan donde aparece Michael Caine, si bien en esta oportunidad aparezca sólo su voz y no aparezca en los créditos.)

Luego de que Mr. Dawson (un hombre de la tercera edad cuyo hijo mayor resultó muerto al comenzar la guerra) fuera llamado por el Gobierno a poner su embarcación al servicio del retiro de las tropas en las costas francesas, éste decide poner tanto su embarcación como su tripulación (él, aunque también se suma su hijo) al servicio del país. Otro niño que trabajaba con él (George) salta en la embarcación en el último momento, siguiendo a Mr. Dawson en su misión, sin comprender qué significa su participación. El diálogo ocurre de la siguiente manera:

Mr. Dawson: What are you doing? You know where we’re going.
George: France.
Mr. Dawson: Into war, George.

Mientras George entiende el asunto de la misión como una ida a Francia, una cruzada del mar, Mr. Dawson lo toma como adentrarse en la guerra. A lo largo de toda la película pueden leerse referencias al aquí y allá, a la guerra y al hogar, la casa, donde el miedo principal era que la guerra llegara al hogar y dejara de ser algo que estaba allá, al otro lado del mar, para llegar aquí, al hogar. Allá, en Dunkirk, estaba la guerra, la catástrofe, la muerte y la derrota, y la cercanía a la orilla producía una ansiedad devoradora en un soldado naufragado rescatado por la embarcación de Mr. Dawson. En Dunkirk, el mar es aquella barrera que separa la paz de la debacle, debacle que parece no tan distante vista desde la orilla británica, mientras que la paz parece casi inalcanzable cuando se la ve desde la orilla francesa, sumida en la guerra. Sin embargo, el mar es también una zona fronteriza en donde conviven la guerra y la paz, un espacio de transición entre la paz (o la ausencia temporal de la violencia) y la violencia.

Un detalle magnífico en el filme son las escenas que tienen que ver con los aviones, un verdadero éxtasis visual y auditivo para aquellos devotos de la aviación: en la película se puede contemplar el ataque de los bombarderos en picado Ju 87 Stuka, con la sirena característica de su ataque; maniobras de Spitfire condimentadas con el sonido del motor Rolls-Royce Merlin de 1030 HP, así como vuelos y maniobras del Messerschmitt Bf 109 y el Heinkel He 111. La fotografía, sumado a una banda sonora desgarradora, son parte del sello distintivo de las películas de Nolan, donde el vuelo final de un Spitfire (con un Tom Hardy al que sólo se le puede distinguir la expresión de los ojos tras la máscara) que ya cumplió su misión se asemeja mucho al vuelo final de “The Bat” cargando un artefacto nuclear sobre Gotham City, en Dark Knight Rises — también de Christopher Nolan.

¿Y el filtro social justice warrior? Felizmente, está ausente: prácticamente no hay personajes de raza negra (sólo uno, dentro de las tropas francesas), no se ven mujeres salvo en puestos como enfermeras, ni se ve una reivindicación tendenciosa de las minorías, sino que sencillamente se refleja un escenario posible en esos tiempos, no uno para contentar al público. Por otro lado, la película está ausente de referencias al nazismo, a Hitler y a cualquier cosa que tenga relación con el III Reich, sino que simplemente se habla de ‘el enemigo’ o los alemanes, obviando toda inclusión de elementos anti-nazis típicos de las películas centradas en los aliados, que tan sólo las hacían más ridículas y faltas de rigor histórico.

Probablemente, el elemento más contundente de la película sea el de la solidaridad nacional, la identificación étnica y el sentido de la responsabilidad: civiles ayudando a militares que libran guerras que se convocan en las altas esferas de la política, pero que son abrazadas por algunos como parte de un destino inevitable — la idea de la guerra microcósmica y macrocósmica explicada por Julius Evola en La Metafísica de la Guerra. A pesar de la derrota en la batalla de Francia, la población no condena a las tropas, sino que las recibe con vítores, dándole su apoyo por librar una guerra en nombre de ellos (su nosotros) sin importar si existen intereses que vayan más allá de la nación propiamente tal. Este espíritu de comunidad llega al paroxismo cuando las embarcaciones civiles, desarmadas, pilotadas por gente no apta para la guerra, se hacen parte de la batalla yendo a rescatar a sus hombres, siendo aplaudidas por las tropas que aguardaban en la playa, así como los gritos y aplausos de gratitud ante un Spitfire que atraviesa la playa sobre las tropas en su vuelo final.

Dunkirk debe ser, sin duda, uno de los filmes bélicos con menos sesgo ideológico, menos sometido a las tendencias actuales y con mejor fotografía del último tiempo, y una de las mejores películas de guerra de todos los tiempos.

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