Francisco Albanese

“No holes, no holocaust.”

Quien haya leído de manera exhaustiva nuestros artículos podrá ser testigo que no tenemos ninguna fijación con la Cuestión Judía — ni para bien ni para mal. Después de todo, el eje central de este espacio es la identidad criolla. Como no existe mayor fijación con la Cuestión Judía, tampoco hay una fijación por el Holocausto, puesto que consideramos que refutarlo o confirmarlo es una pérdida de tiempo que se aleja de nuestros intereses. De esta manera, no podrían acusarnos de pro-judíos ni anti-judíos, como tampoco de pro-revisionistas ni anti-revisionistas.

Aclarado lo anterior, paso a hacer revisión de Denial, filme dirigido por Mick Jackson y protagonizado por Rachel Weisz como Deborah Lipstadt, profesora judía-americana experta en el Holocausto, Tom Wilkinson como el abogado Richard Rampton, y Timothy Spall como David Irving, el escritor inglés dedicado al estudio de la historia de Adolf Hitler y el Tercer Reich.

La verdadera Deborah Lipstadt.

Pese a ser lector asiduo de las obras de David Irving, no sabía de la existencia de la película aquí comentada ni su contenido, hasta recibir la recomendación de mi padre, otro lector de Irving (él no la vio, sólo mencionó que podría ser de mi interés). Lamentando en un principio no ver la película en el cine, mientras veía el filme comencé a agradecer a la casualidad no haberlo hecho. En pocas palabras, Denial es un insufrible, tedioso y lastimero drama basado en el libro History on Trial: My Day in Court with a Holocaust Denier, de Deborah Lipstadt, donde relata desde su mirada el caso “Irving v Penguin Books & Deborah Lipstadt”. Sin querer parecer paranoico, es evidente que la realización de este filme para llevarlo a la pantalla grande es un esfuerzo más del lobby del Holocausto para intentar hundir y desacreditar al historiador David Irving, luego de haberlo atacado por la prensa y libros. (Quien lea la entrada sobre Irving en Wikipedia podrá darse cuenta al ridículo que pueden llegar algunos por difamarlo.)

Nos encontramos ante un filme muy decepcionante y con ningún sentido de la imparcialidad. Esto último no es algo obligatorio ni necesario cuando se trata del cine (y mucho menos lo va a ser si está basado en el libro de Liptstadt, la demandada); sin embargo, en Denial no sólo está la opinión notoriamente cargada hacia el lado oficial de la Historia y se emplea la manipulación emocional para que el espectador abrace la causa de Liptstadt, sino que deliberadamente se difama a la persona de David Irving, ridiculizándolo, haciendo una caricatura de él y vapuleando su obra valiéndose de argumentum ad hominem.

El verdadero David Irving.

El filme comienza con el altercado entre Irving y Lipstadt en un auditorio en Atlanta en 1994, donde luego de que Lipstadt es cuestionada por la audiencia debido su constante negativa a debatir sobre el Holocausto (que ella se refugia diciendo que puede debatir sobre las causas del Holocausto y sus consecuencias, pero que no discutirá sobre la veracidad del plan de exterminio porque cuestionar el hecho sería cuestionar la verdad de algo incuestionable), David Irving se pone de pie y la enfrenta públicamente por sus dichos en Denying The Holocaust, donde ésta lo acusa de mentir, junto con cuestionar su trabajo como historiador (“antisemita que falsifica documentos para cumplir con su propia agenda ideológica (…) el más peligroso negador del Holocausto”), ante lo cual Lipstadt responde que jamás debatirá con él, y finalmente Irving es echado del lugar por los encargados de seguridad del local. Esta escena es presentada de manera muy conveniente (donde Lipstadt actúa serena y no nerviosa como muestran las grabaciones), sin embargo, si alguien quisiera escuchar a la otra cara de la moneda, hay un video donde David Irving relata el suceso.

Luego se produce el desastre: David Irving demanda a Penguin Books por difamación. Crassus errare de Irving, ya que elige la vía legal en vez de combatir en su propia arena: la investigación histórica. A partir de este momento, la película completa se vuelve un popurrí de sentimentalismo muy mal llevado a cabo, llegando tan sólo a apelar las emociones de los defensores de la incuestionabilidad del Holocausto pero no del público en general, como era el evidente objetivo de la película. En este sentido, la película es un fracaso que supera al fracaso de las ventas, ya que el intento de enterrar a Irving se vuelve en contra del lado protagónico, exhibiendo la nula disposición a la discusión de los hechos, junto con una nada discreta manipulación de lo emocional que es fácilmente perceptible por cualquier persona. En efecto, el intento de mostrar a Deborah Lipstadt como una heroína choca frontalmente con lo exhibido en la película. Por ejemplo, en un momento en que el equipo de abogados le dice a Lipstadt que han decidido que ella no testifique, puesto que sería inconveniente con el caso, ésta menciona que quedará como una cobarde ante la opinión pública. No obstante, debemos recordar que a principios de la película ésta se niega a debatir con Irving y con cualquier otro revisionista sencillamente porque se aferra a la idea de que la Historia oficial no puede ser cuestionada, algo que contradice a la tendencia cada vez más difundida del pensamiento crítico.

David Irving siendo recibido por los defensores de la Verdad oficial.

Como lector de excelentes volúmenes como La destrucción de Dresde, La guerra de Hitler, El camino de la guerra, El Rastro del Zorro, Nuremberg, the Last Battle y Goebbels. Mastermind of the Third Reich (estos dos últimos no han sido publicados en español, y la obra sobre Goebbels no ha sido publicada en EEUU debido a los grupos de presión que actuaron sobre la editora St. Martin’s Press), lamento y condeno la pérdida de tiempo en la que incurrió David Irving al haber participado del circo de la demanda no porque haya perdido el juicio, sino porque este mismo juicio desvió su talento y atención en asuntos que no valían la pena, dejando de lado su importante trabajo de investigación histórica.

De lo anterior surge la pregunta, ¿cuál es el problema de ser acusado de antisemita o negacionista? 

No se ve a Irving haciendo una apología a la matanza, ni a Hitler ni a ninguna de las situaciones que se esperarían del cliché de un revisionista histórico —o “negacionista”—, sino que puede verse a un David Irving desgastándose en defender sus conferencias y libros —su carrera misma— mediante argumentos que muestran las inconsistencias de los eruditos de Auschwitz sobre los cuales se basa Deborah Lipstadt.

La defensa de Lipstadt hace lo mismo que Lipstadt: cuestionar la credibilidad de David Irving basándose en las aprehensiones personales del historiador, inclusive, cuestiona su credibilidad como escritor debido a su supuesto antisemitismo, como si la condición antisemita pudiera influir en su trabajo. Finalmente, la defensa de Lipstadt logra aferrarse a esto para cuestionar la objetividad de Irving. Curiosamente, esta misma lógica podría utilizarse para defender a Irving y cuestionar la objetividad de Deborah Lipstadt debido a su condición judía. No obstante, la posición favorecida de Lipstadt en su cualidad de víctima histórica la deja inmune al cuestionamiento e impune para difamar a quien considere como su enemigo que, en este caso, se hace sinónimo de enemigo de la verdad y apólogo del genocidio.

El juez Gray falla finalmente en favor de Lipstadt ya que Irving habría “manipulado evidencia histórica por razones ideológicas”, aunque no sin reconocer el incomparable conocimiento en el III Reich que tiene el escritor e historiador.

 

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David Irving es uno de esos escritores independientes que no necesita recurrir a instancias legales —quedando en la bancarrota por lo mismo— para dar seriedad a su obra: sus libros siguen siendo vendidos, sus conferencias siguen realizándose en auditorios llenos, y las campañas online de Focal Point Publications para recaudar fondos siguen siendo apoyadas por sus lectores (me incluyo). Irving ha perdido un tiempo y fortuna considerable en este show, tiempo que pudo haber sido utilizado para investigar y escribir. Pese a lo anterior, esta película podría incluso ser favorable para el mismo Irving, ya que lleva su nombre y referencias de su obra ante un público al que anteriormente le era desconocido. Y eso siempre es positivo para un escritor.

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PS. Como nota al margen de la manipulación de la publicidad, vale la pena destacar el afiche de la película donde Rachel Weisz, personificando a Deborah Lipstadt, presenta su boca tapada con la sentencia “Denial” (negación), dejando a ésta como víctima de la censura, cuando quien en realidad ha sido víctima de la censura y de la carencia de la libertad de expresión es David Irving, quien no sólo ha sido difamado, sino también ha sido boicoteado, multado, encarcelado y hasta tiene prohibido el ingreso a varios países, tan sólo por sus investigaciones y opiniones. Una verdadera vergüenza para un Occidente que dice ser democrático y garante de la libertad de expresión.

David Irving siendo arrestado en Austria.

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