Francisco Albanese

cruz_del_sur

Introducir conceptos es una apuesta arriesgada. Algunas veces éstos pueden ser malinterpretados o, sencillamente, la introducción de éstos obedece más a una tendencia del momento (pasando por alto el lugar), como si existiera la urgencia de subirse a algún carro de moda. El lugar donde se desarrolla algo es sumamente importante para poder comprender la realidad y establecer lineamientos, y ninguna idea puede ser implementada como fórmula universal a menos que sea, justamente, universalista. La identidad blanca puede ser global, por supuesto, reconociendo que los descendientes de europeos están repartidos por todo el mundo, pero en ningún caso es universalista. Tampoco puede ser abordada como si sus desafíos y oportunidades fueran los mismos en todos lados porque, dependiendo del contexto, éstos puede variar tanto que en algunos lados los desafíos pueden volverse oportunidades, y viceversa. Lo que afecta en algún lado del mundo no necesariamente lo hará en otro. Por eso, las fórmulas que se aplican en Europa no pueden ser aplicadas en Norteamérica, ni las norteamericanas ni europeas en Sudamérica.

La Alt-Right ha saltado a la fama (asociada a Donald Trump debido al apoyo de parte de ésta a ciertas propuestas de la candidatura que estaban en sintonía con sus objetivos) como consecuencia del reciente período de campañas presidenciales de EEUU, en el cual Hillary Clinton hizo mención a la Alternative Right, aunque años después de la creación del término. Desde que se fundó esta instancia, el Círculo, nuestro eje de discusión ha sido el de la identidad. A partir de él, distintas problemáticas y temáticas han sido tratadas, algunas más polémicas que otras, algunas más fáciles de entender y apoyar, otras más difíciles de asumir e imposibles de conseguirlo sin matar primero cierto prejuicio personal, y así, pudiendo confeccionarse una larga lista que pretende extenderse dentro de los próximos años, conforme vayan volando las mentes, las necesidades, las oportunidades y los desafíos. Pese a toda la variedad de temas, el eje, la mirada, el ángulo sigue siendo el de la identidad, y específicamente la identidad criolla, es decir, la caracterización biológica, psicológica y cultural blanca/europea en suelo americano. Tal es nuestra misión.

En mi opinión personal, nuestra mirada siempre ha provenido desde la Derecha. A estas alturas, no vale la pena desentenderse con el típico discurso de no pertenecer a la Izquierda o a la Derecha, tan manoseado por la demagogia, sino sencillamente aclarar que comprendemos como Derecha a la observancia de la diferencia, y de asumir las diferencias como una realidad, más que emitir juicios de valor sobre si éstas son positivas o negativas, aunque difícilmente podamos hallar que éstas son negativas. Al idealismo inherente a la Izquierda (el que a pesar de plantearse como profundamente científico y libre de todo prejuicio fantasioso/espiritual, sigue ignorando intencionalmente ciertos factores y variables) nosotros anteponemos el realismo, porque creemos que para modificar la realidad en la manera que ésta se manifiesta, debemos entender la realidad como lo que es, por muy desagradable que ésta pueda resultar al corazón sensible e iluso. La realidad no se compone de buenos deseos, pero los buenos deseos podrán modificar la realidad siempre y cuando el observador no se mienta a sí mismo sobre lo que está presenciando.

Pero nuestra idea de lo que es la Derecha difiere de lo que es la Derecha mainstream, y en muchos aspectos es opuesta, por eso puede hablarse de nosotros que nuestras ideas están dentro de la Alt-Right, o Nueva Derecha, o Verdadera Derecha. Más aún, el giro filosófico que está teniendo la Derecha mainstream (liberal conservadora) hacia la Izquierda pronuncia la brecha que tiene nuestra forma de ver las cosas con la suya. No se trata de que ellos sean blandos y nosotros radicales, se trata de que ellos ignoran la existencia de un “nosotros” diferenciado, entendiendo a éste –en el mejor de los casos– como una mera manifestación del grupo de interés para el nacionalismo cívico. En este punto, nuestra visión y proceder no puede emular a los de las Derechas Alternativas Europeas ni Norteamericanas: nuestros nacionalismos cívicos no fueron fundados sobre un sustrato étnico mayoritariamente europeo, y filosóficamente es hasta antagónico al reconocimiento de la diferencia, por lo que afirmar el nacionalismo cívico sería una negación de la identidad, en primer lugar, y una exaltación de lo mixto, ya que es el elemento mayoritario. Exaltar lo mayoritario es necesario para cualquier nacionalismo cívico.

Tal como reconocemos nuestras diferencias, podemos reconocer también nuestras coincidencias: entendemos que la economía de libre mercado es la mejor para el sector (el cono sur), y la mejor para nuestra gente: en vez de economías de planificación central que terminan conduciendo al desastre, la injusticia, el desabastecimiento, el abuso por parte de la autoridad y el atropello de la elección individual en el mercado, creemos que las personas tienen la libertad de organizarse y resolver de manera voluntaria sus intercambios, sin coacción y sin que sean coartados sus intereses. La libertad está íntimamente relacionada con la identidad europea, y en libertad económica los nuestros tienen más posibilidades de vivir mejor, junto con permitir la búsqueda de sus propios horizontes. Aún en la condición amoral de una economía de libre mercado, se posibilita que los nuestros, de manera voluntaria, creen redes de cooperación entre sí, algo que sería imposible en una economía centralizada.

Pero no basta con sólo aceptar la diferencia, sino hay que comprenderla: aceptar que existen diferencias entre los individuos pero rechazar que existen diferencias entre las razas humanas es aceptar parcialmente la diferencia, y desnaturalizar al ser humano. El máximo grado de diferencia aceptado por lo establecido, el mainstream, es aquél donde figura la cultura. Sin embargo, no reconocer que la cultura es una expresión de los seres humanos (como realidad genética) ante el medio ambiente es algo sesgado para el análisis de las sociedades. Podemos hallar ciertas semejanzas fundamentales en las culturas de ciertos grupos humanos emparentados genéticamente, incluso aunque estén geográfica e históricamente distantes. La raza importa. La etnia importa. La diferenciación biológica y cultural, es decir, étnica, de los seres humanos es una realidad producto de una manifestación de la naturaleza. Por esta razón podemos establecer diferencias objetivas entre los pueblos, sin necesidad de emitir juicios de valor que antepongan diferencias subjetivas: no se trata de establecer que algunos sean mejores o peores que otros, basta con reconocer lo que los distingue.

Con diferencias y con semejanzas respecto a nuestros pares de otras partes del mundo, nuestra mirada desde la identidad europea/occidental define quiénes somos. Somos la Alt-Right del Cono Sur.

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