Francisco Albanese

Como hace años que no tengo televisor, y puesto que ver películas en mi casa está condimentado con interrupciones de todo tipo, sólo veo películas en el cine. No suelo ver de todo, por lo que las comedias, el terror y las películas de acción están fuera de mi rango de preferencias. Como quería ver una película con el afán de criticarla, decidí buscar entre la parrilla de películas recientes y descargarla de internet, ya que no pagaría por ver un bodrio (cosa que sí he hecho, y me he arrepentido cada una de las veces). De esta manera, llegué a How To Be A Single (en español, “Cómo ser soltera”). Si uno pone atención a las mujeres (pues no existe hombre que haya esperado expectante ver esta porquería) que estaban a la espera de esta película, es decir, neosolteras (tipas que están solteras debido a los fracasos en sus relaciones estables y, como se suponía, eternas), postsolteras (tipas modernas que eligieron la soltería ya que una relación heterosexual supuestamente implica un estorbo para la consecución de sus objetivos) y otras reprimidas, puede tener una idea de lo que puede encontrarse en esta película.

De principio a fin, How To Be A Single es una mierda. Aquí nos encontramos con la historia de cuatro solteras blancas de New York de distintos tipos, donde se aborda de distintas maneras la comodidad, decadencia y hedonismo occidentales:

Alice (Dakota Johnson): ingenua, enamoradiza y sin grandes metas en su vida, encarna a la típica mujer aturdida que no sabe lo que quiere, no tiene rumbo, está llena de dudas y que no conoce la soledad puesto que está vacía y debe llenar su carencia con una pareja. Cae en una crisis provocada por su propia inmadurez, por lo que decide “darse un tiempo” de su pareja para ver si realmente quiere seguir en una relación.

Robin (Rebel Wilson): promiscua, superficial, mala persona, egoísta, individualista, hedonista y gorda. Detestable personaje cuya vida gira en torno a la diversión mundana, las borracheras y el sexo casual y sin sentido, probablemente debido a una baja autoestima provocada por la obesidad.

Meg (Leslie Mann): hermana mayor de Alice, centrada, amargada, dedicada y obsesionada con su carrera profesional (médico), al punto que decide llevar un camino solitario para poder crecer profesionalmente, sin obstáculos de índole afectiva que puedan afectar el logro de sus metas.

Lucy (Alison Brie): desesperada mujer de edad mediana obsesionada con la idea de encontrar al mejor hombre con el cual casarse y tener hijos, quedándose soltera debido a los altos estándares de exigencia a los que somete al sexo masculino (hipergamia).

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Robin, más calculadora, logra comprender el funcionamiento del mundo moderno (Bonobo Masturbation Society) y aprovecha que el sexo sea el método de socialización: obtiene tragos sin pagar con dinero a través de promesas implícitas de relaciones sexuales. Si analizamos que, tarde o temprano, los encuentros humanos entre hombres y mujeres (en atracción recíproca) desembocan en relaciones sexuales, entonces toda inversión y esfuerzo previo puesto en el acercamiento de un hombre a una mujer es hecho con el objetivo de lograr comercio carnal (algo alimentado por el instinto). Aquí es donde Robin saca provecho de la situación: asumiendo que los hombres, alimentando sus instintos con la probabilidad de sexo, querrán tener relaciones con ella tan sólo por la posibilidad de tener un rato de diversión (ya que carece de una personalidad como para ser tomada en serio o de un físico atractivo que alguien quisiera mantener por más allá de un momento de placer), obtiene beneficios a costa de hombres incautos y urgidos. Alice es iniciada en el mundo del sexo por diversión por Robin, que la empuja en un torbellino de intercambio sexual sin ton ni son, lo que, combinándose con el afán de Alice de enamorarse, crea una mezcla destructiva y negativa, vaciando aún más la existencia de Alice.

Meg, más seria y responsable consigo misma, comienza a abandonar gradualmente su egoísmo profesional. Decide quedar embarazada a través de inseminación artificial, buscando un donante blanco. Este detalle no es menor, en comparación a la abierta tolerancia y el incentivo de las relaciones interraciales que da cuenta How To Be A Single: 1) la primera aparición de Robin es bailando en una discoteque donde besa a un individuo de raza negra; 2) Alice se envuelve en una relación con un tipo de raza negra luego de terminar con su novio para descubrirse a sí misma; y 3) Lucy, después de un sinnúmero de relaciones fracasadas, termina saliendo y comprometiéndose con un individuo notoriamente árabe. Luego de quedar embarazada, Meg conoce a un hombre, con el que, luego de pasar distintos problemas, decide tener una relación estable para la conformación de una familia.

Pese a no ser yo un moralista en lo absoluto – y a desprenderme de todo juicio moral cuando veo alguna película o leo un libro – How To Be A Single encarna la pérdida del rumbo femenino en la postmodernidad donde el placer, las diversiones rápidas y efímeras y la deconstrucción del sexo femenino priman y se ven exaltadas como altos valores. Se puede afirmar que Occidente está en una pendiente que lo conduce  a una velocidad vertiginosa – al vertedero de la decadencia y que el sexo masculino va en picado a la extinción, pero, como puede atestiguarse en How To Be A Single, el sexo femenino también va marchando hacia el despeñadero.

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