Francisco Albanese

¡Oh, Libertad!, ¡cuántos crímenes se cometen en tu nombre! — Madame Roland.

El País Libre: Un Relato de la Cruzada de los Niños (DC: Vertigo; 1993-94) es un siniestro crossover con guiones de Neil Gaiman, Toby Lytt, Jamie Delano, entre otros, protagonizada por niños, los que aparecen en otras series tales como Sandman, Swamp Thing, Animal Man, etc..

A grandes rasgos, ya que esto no es una reseña propiamente tal, El País Libre es la historia de un rapto masivo de miles de millones de niños, perpetrado –usando magia– por un grupo de infantes organizados y reunidos en una especie de cúpula de poder (el Alto Consejo del País Libre), ubicada en una casa en un árbol. El motivo del rapto es noble: librar a los niños del sufrimiento que les infringe el mundo, llevándolos al País Libre, un lugar ubicado en una dimensión paralela donde los niños pueden ser niños eternamente y vivir como ellos estimen conveniente, idea parecida al País de Nunca Jamás.

Avril Mitchell, una niña que se encontraba fuera del pueblo en el momento de la desaparición, por lo que es la única niña que queda en el pueblo, contrata a dos niños (que son fantasmas, aunque ella no lo sabe) aspirantes a detective para que investiguen el paradero de su hermano. Los aspirantes a detective se lanzan en búsqueda del pequeño (y desagradable) Oliver Mitchell, descubriendo que las circunstancias que rodean la desaparición de los niños son bastante oscuras. Ante el encuentro accidental con un habitante del País Libre, los detectives se hacen con una lista con unos pocos nombres de niños (los “niños de poder”, necesarios para abrir el portal que será la oportunidad definitiva para secuestrar a todos los niños del mundo), próximos a ser secuestrados, entrando en una carrera contra el Alto Consejo del País Libre para evitar que llegue antes que ellos.

Realmente, ignoro si Neil Gaiman, cuya posición política podría ser la de ‘moderado’ y hasta políticamente correcto –pese a las situaciones algo incorrectas que ha presentado en algunos cómics–, quiso de alguna manera representar alguna especie de analogía de lo ruinoso del espíritu del socialismo/progresismo, pero en realidad El País Libre logra reflejar notoriamente las falencias de una utopía socialista. Los niños han sido secuestrados y, sin importar su voluntad, están obligados a permanecer dentro de las fronteras del País Libre.

Jack El Conejo, un personaje leporino perteneciente al Alto Consejo, que no es un conejo en realidad sino un traficante de niños que toma la forma de un animal, hablando con un niño que sirve a sus oscuros intereses que poco y nada tienen que ver con el bienestar de los niños, le confiesa en un momento la realidad que encara el País Libre:

“Millones de niños humanos llegan al País Libre, lo quieran o no. Pero el País Libre no puede alimentarlos a todos… apenas puede alimentar las vidas y las fantasías de los mocosos que ya están aquí.”

El plan de Jack El Conejo es conducir al País Libre al inevitable colapso producido por la escasez de recursos y la imposibilidad de soportar las necesidades del número de niños que no cesa de aumentar. Una vez colapsado el lugar, los niños quedarían vulnerables para ser esclavizados y vendidos.

“[El País Libre] se derrumba y muere. Mi gente viene y acorrala a los niños hambrientos en el desierto marrón muerto, y los envía hasta los confines de la creación. Y yo los venderé en los mercados distantes.”

El alma del País Libre es una joven figura femenina, la que se va drenando, secando y envejeciendo a medida que el País Libre y sus recursos van siendo explotados (en palabras de Jack El Conejo, “dejar seco este sitio”). El alma del País Libre, que va siendo drenada como un perro infestado de garrapatas, es símil a la riqueza de un país, la que se va agotando a medida que es depredada sin límites.

Como toda utopía socialista y progresista, las ideas tras la cúpula del Alto Consejo del País Libre está llena de buenas intenciones universales, intenciones que ellos, incluso contra la voluntad individual de millones, lucharán por imponer a todos… en nombre de la libertad de todos los niños (algo que se asemeja bastante a la Dictadura del Proletariado). Sin importar si se cometen las más grandes injusticias y sin importar si el más rotundo despotismo (“El País Libre ha cerrado todas sus puertas. Nadie entra y nadie sale.” Método de restricción de la libertad negativa, muy propio de regímenes autoritarios y completamente contradictorio a la idea del paraíso de libertad que se suponía era el país) es exhibido en nombre del bien común, la clase dirigente (que también, en este caso, es quien genera la ideología que es el motor del País Libre) perseguirá sus objetivos hasta lograr que el último niño quede liberado de la dictadura del Mundo Malo. Kual, miembro del Alto Consejo, señala claramente:

“En el mundo del que veníamos, los niños sufrían. Morían de hambre. Eran violados y asesinados. ¿Cómo podíamos vivir tranquilos si nuestra salvación no podía ser universal? Así, se decidió salvaros a todos. Pero cuando empezamos a traer a los refugiados, quedó claro que el País Libre no podía sustentarnos a todos.”

Las motivaciones del País Libre, muy parecidas a las motivaciones progresistas, intentan deformar la realidad que se atestigua de manera cruda y –contra toda razón– actúan en absoluta discordancia con lo que haría cualquier ser humano en su sano juicio: cuando delante pueda verse un enorme precipicio del cual no es posible sobrevivir a una caída, un ser que está consciente de lo que ocurre y aún así avanza hacia una muerte segura insistiendo que, en realidad, encontrará vida si es que lo hace, no puede ser considerado sino estúpido. Así, de la misma manera en que el Alto Consejo del País Libre –en nombre de las mejores intenciones, por supuesto– insiste en fomentar un influjo de refugiados cuando apenas puede mantener a los habitantes que ya residen dentro de sus fronteras, la mentalidad progre, que raya en la supina estupidez, exhibe conductas semejantes en imprudencia. Una realidad magra y conducente al desastre absoluto, en el cual la ceguera intencional e irracional combinada con un altruismo idiota llega a preferir que la desgracia sea la misma para todos y que todos se vayan al abismo, en lugar de asegurar el presente y futuro de los que puede soportar saludablemente la estructura.

El País Libre: Un Relato de la Cruzada de los Niños es un cántico sobre la degeneración y deformación de una utopía basada en las mejores intenciones.

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