Francisco Albanese

lemmyistgott

 

“Así es el rol del anarca, quien permanece libre de toda atadura y puede así tornar en cualquier dirección.”

— Ernst Jünger.

Ya la muerte de ‘Philthy’ Taylor (acaecida en Noviembre de este año) había enlutado al mundo del rock/metal al apagarse la loca personalidad de quien fuera el baterista de discos esenciales para comprender los inicios del speed metal –como lo son Overkill, Bomber, Ace of Spades, Iron Fist y Another Perfect Day—y el estilo de tocar que luego daría forma a otras influyentes bandas como Discharge y GBH, y hoy, con la partida de ‘Lemmy’ Kilmister, el rock recibe un golpe duro al irse uno de sus símbolos, la personificación misma de lo que se supone es el Rock & Roll.

Si se hablara de seres humanos que han dirigido su voluntad hasta destruirse por consecuencia del rock ‘n’ roll (no el negocio), el nombre GG Allin surge como el máximo exponente. Pero, por otro lado, la figura de Lemmy Kilmister no deja de estar relacionada íntimamente con encarnar el rock ‘n’ roll, sólo que desde otro aspecto.

Si pudiéramos analizar ambas figuras sin separarlas de lo que las une, es decir, el rock ‘n’ roll, podríamos comprender que GG Allin correspondería al aspecto dionisíaco del rock ‘n’ roll, mientras que Lemmy Kilmister sería el aspecto apolíneo. En esta dicotomía filosófica de la tragedia del rock’n’roll, GG Allin –que proponía el lema “Live Fast, Die Fast”– correspondería al elemento dionisíaco, representando la marea ritual extática, violenta, peligrosa, preocupado de vivir y morir a consecuencia del rock, algo evidente durante su vida sobre y bajo el escenario, donde no existía una línea divisoria más que el cantar; no había un show. Lemmy Kilmister –que proponía, entre otros tantos lemas, “Live Fast, Die Old”– correspondería al aspecto apolíneo del rock ‘n’ roll: moderado, contemplativo, mesurado pese a los vicios y un poco saludable estilo de vida y preocupado de estructurar una filosofía del rock y vivir y morir por el rock.

Más allá de todas las frases vacías, sentimentaloides y nostálgicas sobre Lemmy Kilmister, hay que remitirse a lo que cuenta en realidad: el rock ‘n’ roll, pese a que, musicalmente, Lemmy dejó dicho estilo atrás cuando salió de The Rockin’ Vickers (para luego tocar, entre otros, en Sam Gopal, Hawkwind y, finalmente, Motörhead). Muchos dirán que Motörhead jamás cambió su estilo, cosa que dista bastante de la realidad, teniendo en cuenta que On Parole es muy distinto a Overkill, que a su vez es distinto a Another Perfect Day, que no tiene nada que ver con Rock ‘n’ Roll o Sacrifice (el primer disco que oí de la banda, que ya tenía la segunda formación “clásica”). De hecho, Hammered presenta amplias diferencias con Kiss of Death y con los que vinieron a continuación. Motörhead evolucionó, Lemmy evolucionó en su búsqueda. ¿Por qué debería haberse quedado estático? Detenerse es morir, y el rock ‘n’ roll nunca ha sido algo para hundir en formalina y preservarlo en un museo. Además, todo el que se jacte de ser el mismo siempre, sin presentar evolución, también podría jactarse de nunca haber creado nada. El caos es la sangre de la evolución, y la creatividad proviene del caos.

Motörhead, es decir, Lemmy (Lemmy aber ist Motörhead wie Motörhead Lemmy ist!), representó siempre la fidelidad a la convicción propia y el rechazo a las normas sociales y al status quo aún cuando el tocar música fuera su trabajo. Siendo anarca por excelencia, nunca hubo un temor a corrección política, usando libremente parafernalia del Tercer Reich sin jamás mostrar arrepentimiento o preocupación. No era nazi, pero tampoco estaba dispuesto a disimular su simpatía por la estética del nacionalsocialismo. El “qué dirán” es una atadura del hombre moderno, y el rock ‘n’ roll es fáustico: el rock ‘n’ roll políticamente correcto es un oxímoron.

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Motörhead se presentó en Chile cuatro veces (8 de Noviembre de 1995, 2 de Mayo de 2007, 9 de Abril de 2010 y 5 de Mayo de 2015), de las cuales pude presenciar las tres últimas. En las tres oportunidades que atestigüé, el show comenzó puntual, los decibelios estuvieron por encima de lo aceptable, y la banda entregó lo que se esperaba (que era lo que ellos quisieran entregar). Lo mismo con toda su carrera. ¿Qué más se puede pedir? Por otro lado, las líricas de Motörhead, simples y directas, pueden ser interpretadas como una cruda filosofía/reflejo del mundo, abordando temáticas como la guerra, el sexo, la violencia, la religión, el poder, la hermandad, el nihilismo y la supervivencia en un mundo cínico.

Ése fue el legado de Motörhead, ése fue el legado de Lemmy.

 

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