Francisco Albanese

Debido a un grado leve de desconexión respecto del séptimo arte que he experimentado el último año –lo que ha provocado que me entere del advenimiento de películas cuando ya es demasiado tarde, en casi todos los casos– no supe que se estaba haciendo una película sobre el hundimiento del Essex, historia relacionada con Moby Dick. Ya sea por mi actual relación con el mar, por un lado y, por el otro, mis aspiraciones aventureras infantiles balleneras alimentadas, por supuesto, por la historia del capitán Ahab (y por Ogú y Mampato y Los Balleneros), In the Heart of the Sea (trad.: En el Corazón del Mar) era un título que me era mucho más atractivo que otros títulos simultáneos (e.g., Star Wars: The Force Awakens).

Antes de continuar, hago el alcance que ésta no es una reseña de la película, sino algunos comentarios sobre algunos pocos puntos que considero mencionables.

In the Heart of the Sea está basada en los hechos reales en relación al hundimiento del Essex, embarcación ballenera de Nantucket, que fuera la historia en la que Herman Melville se inspiró para dar forma a su universalmente célebre Moby-Dick or The Whale. Recordemos que Moby Dick, brevemente, es la oscura y febril historia del ballenero Pequod, al mando del no menos oscuro capitán Ahab, que resulta destruido luego de un encuentro con un enorme cachalote blanco. Toda la tripulación muere, exceptuando una persona.

La historia del naufragio del Essex es relatada por Tom Nickerson, el último superviviente del Essex, a Herman Melville, aspirante a escritor que siente que necesita escribir la historia de Moby Dick, como una ardiente necesidad que está consumiendo su vida. Nickerson también se ve consumido por algo en su interior, por lo que se niega a relatar la historia en primera instancia para luego, bajo presión de su esposa, hacerlo en una noche a la luz de la lámpara y alentado por el whiskey.

Derecho por nacimiento contra meritocracia

El Essex se lanza desde Nantucket hacia el Atlántico sur buscando llenar sus bodegas con aceite de ballena, al mando del capitán George Pollard (que proviene de una familia de tradición ballenera, cuyos ancestros fueron los primeros que llevaron dicha actividad a Nantucket) y del primer oficial Owen Chase quien, luego de la muerte de su padre –un granjero– llega a Nantucket y se convierte en marinero, alcanzando los méritos para ser capitán de un navío ballenero. Sin embargo, la compañía, bajo presión de la familia Pollard, decide que Chase, por última vez, debe seguir siendo primer oficial, algo que causa la ira de éste luego de que se le había prometido que sería capitán.

La ausencia de nobleza de Chase, debido a sus orígenes campesinos, es hecha notar constantemente por el inexperto capitán Pollard y su primo, quienes aducen que el origen pesa en el conocimiento sobre las labores. Pollard, por derecho de nacimiento, estaría en una posición más alta que Chase en la jerarquía ballenera, ya que su herencia avalaría su capacidad. La desigualdad defendida por Pollard sería una basada en el derecho hereditario. Por su parte, Chase, de cuna carente de nobleza ballenera, puesto que sus ancestros no estaban relacionados con el oficio, demuestra a través de méritos sus capacidades, las que trascienden a los derechos de cuna. Chase afirma una jerarquía basada en la desigualdad que otorgan los méritos y capacidades, figura parecida a la del Rey primordial, que se levanta entre sus pares gracias a sus capacidades y aptitudes, algo que luego es desvirtuado al preferir el ordenamiento social basado en la perpetuidad que otorga la permanencia de una elite heredera de los privilegios que ganaron aquéllos que demostraron su valía. La desigualdad existe y las aristocracias naturales se manifiestan a través de las capacidades, y Pollard lo comprende al ver el desempeño de Chase, al que aprende a respetar y valorar por sus cualidades demostradas:

Naciste para este trabajo, yo sólo nací con él.

Chase representa, de esta manera, el nacimiento espontáneo y natural de la aristocracia, la que se rebela en contra del igualitarismo y en contra de los derechos hereditarios, puesto que éstos no garantizan la herencia de las cualidades individuales. Aristocracia contra oligarquía.

“¡Hay fuego en la chimenea!”

Tom Nickerson, de 14 años, huérfano de padre y madre, llega a Nantucket a hacerse hombre, para lo cual la caza de ballenas era una actividad perfecta. Dejando atrás cualquier sentimentalismo y proteccionismo, hay que reconocer que ir a la caza de un monstruo marino requiere algo más que sencillamente querer ganar dinero: lanzarse en embarcaciones pequeñas y frágiles contra animales que superaban por mucho el peso de todos los marineros envueltos en la titánica labor no es algo para cualquiera. Quien piense que navegar es una actividad fácil y sin riesgo, probablemente (1) no ha navegado nunca o (2) no ha leído Moby Dick, libro donde se grafica detalladamente la actividad pesquera y sus riesgos derivados, la mayoría por el exceso de confianza, algo culturalmente muy relacionado con la idea de ser hombre (sin ir más lejos, gente que he conocido ha muerto en el mar por una extraña e imprudente combinación de exceso de confianza y la resistencia a las medidas de seguridad [la que desprecian al relacionarla con cobardía]).

(Curiosamente, la actividad que podría asemejarse hoy en día al riesgo de la caza de ballenas es el ir a la caza de navíos balleneros, las que ya no son las frágiles embarcaciones de madera y lanzas del pasado, sino pesados barcos armados con arpones disparados por cañones. Más información: aquí.)

La primera incursión de Nickerson en la caza de ballenas es realizada a bordo del bote comandado por Owen Chase, la cual termina con la muerte de un cachalote macho, luego de la frenética y extática caza del animal, el cual arrastra el bote por cientos de metros antes de hundirse. Esta muerte es trágica y bellamente retratada en la pantalla con la sangre brotando por el espiráculo de la ballena, la que salpica a los marineros del bote mientras gritan “There’s fire in the chimney!”, expresión que hace referencia al rojo de la sangre fluyendo por el orificio respiratorio del animal. Cual bautizo, Nickerson queda con el rostro cubierto de sangre, siendo bienvenido con este rito de muerte al oficio de la caza de ballenas.

blood

Definitivamente, el cuadro más impresionante de la película, más aún que las apariciones de la ballena gigante.

Antropofagia

Como es popularmente sabido, la historia del Essex involucró canibalismo.

Cuando se hace mención a ir a más de mil leguas de la costa por el Ecuador (es decir, a casi cinco mil kilómetros de tierra firme) en búsqueda de ballenas para llenar las bodegas, se habla de que iban más allá del borde del mundo (haciendo referencia a los mapas antiguos, cuyos espacios desconocidos estaban llenos de dragones y monstruos), pero también de que navegaban por el borde de la cordura, situación que, por ejemplo, puede ser parecida a la excursión relatada en Heart of Darkness, de Joseph Conrad (que luego inspiró a Apocalypse Now, de Francis Ford Coppola), cuyo viaje por el río Congo es prácticamente un descenso al infierno y a la demencia humana.

Una vez producido el naufragio, y luego de semanas a la deriva experimentando escasez de comida y agua, algunos balleneros comienzan a morir. Yendo más allá de las aprehensiones morales y otras cuantas ideas que importan cuando se está en una sociedad de “buenas costumbres”, los navegantes deciden comerse la carne de los difuntos, para poder subsistir. Al juzgarse Nickerson mismo por cometer actos abominables, el secreto lo persigue por el resto de su vida, consumiéndolo, sin atreverse a justificar sus actos por la motivación de vivir, prefiriendo transformarse en un muerto caminante sin alma antes que aceptar que hizo lo necesario para sobrevivir. Finalmente, es liberado de su carga al contar la terrible verdad, apoyado por su esposa.

***

Excelente adaptación de la cruda historia del Essex. Un filme notable con un uso acertado de los efectos especiales y de las vistas a las actividades navieras.

Anuncios