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por Manuel Quesada

Desde el comienzo de los tiempos algo más que las meras fronteras geográficas han separado a los seres humanos. El concepto de suelo es precedido por el de clan, un clan que simboliza algo más que familia y unidad, pues también es y simboliza la sangre: el lugar en donde se haya intrínseco el conocimiento innato de cada pueblo, etnia, raza. Es en la sangre donde residen los conocimientos y las facultades que de manera innata tenemos y desarrollamos a lo largo de nuestra mundana vida. C. G. Jung teorizó sobre el Inconsciente Colectivo en una época en la que la ciencia genética –el cromo y el soma– todavía se encontraba en sus albores, sobre la memoria de la sangre, a lo que cada uno de nosotros somos por naturaleza y por ende es lo que nos une a nuestro clan. La cultura, en definitiva, es la expresión terrenal de lo que somos, de quienes somos, residiendo en ella la semilla de la cual estamos hechos: nuestra sangre. La conclusión evidente de lo que exponemos es que nuestra cultura es la plasmación de nuestra sangre y nuestra tierra, más allá de las naciones y/o estados.

Tras la finalización de los movimientos migratorios prehistóricos, el establecimiento de los clanes en lo que serán sus sedes históricas conducirá a conformación, siguiendo una serie de pautas étnico-raciales en lo referente a la tierra, de poblados, regiones, provincias, naciones, estados y continentes. Desde una perspectiva macro-racial, las poblaciones pertenecientes a la tipología négrida quedó recluida en el África subsahariana, América fue el teatro de procesos de racialización de grupos xantocroicos procedentes de Asia, mientras que el nervio de esta tipología racial (la macro-raza mongólida) se extendía por la parte oriental del continente asiático. Por último, la raza európida se mantiene desde las profundidades de la Prehistoria en Europa. Es de esta manera como cada una de las diferentes razas desarrolló de manera propia una cultura, unos valores, una espiritualidad… que los hacía y los hace característicos de sí mismos y heterogéneos entre ellos, siendo esta heterogenia la mayor belleza de los pueblos del mundo, sus diferencias.

Un repaso por nuestra Historia

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Santiago en la Batalla de Clavijo. Obra de José Casado del Alisal, 1885.

No es necesario hablar de los logros de cada una de las etnias y/o razas que viven bajo el azul del firmamento, pero sí de sus respectivas aptitudes, que a lo largo de la Historia se han reflejado en construcciones culturales muy diversas.

El Islam no es una religión en un sentido más completo de lo que este término denota en el Occidente profano. El Islam en tanto que religión constituye una filosofía de vida y una forma de actuar, ser y pensar. En una palabra, se trata de una Cosmovisión. Demostrado está que es un sistema imperante en una cantidad importante de países de todo el mundo y que al día de hoy es la religión con mayor número de adeptos en el planeta, algo que se ha logrado más por la natalidad creciente de los países musulmanes, (árabes o no), frente a la decreciente en los países occidentalizados, que por proselitismo y captación de adeptos. Y precisamente uno de los pilares sobre los que se basa el Islam es la obligatoriedad de que todo musulmán trabaje para la conversión de todos los «infieles» a la única fe verdadera y la transformación del planeta, manu militari si fuere necesario, en un orbe islámico.

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Mapa del territorio que ocupaba el Imperio Otomano, a las puertas de la ciudad de Viena

Siguiendo esta lógica, desde antaño el Islam ha tenido como objetivo la conquista de Europa. En forma de tenaza, los ejércitos del Único avanzarán por Occidente y por Oriente. Al oeste, Covadonga en el año 722 supuso un hito en la historia de este enfrentamiento, el inicio de una resistencia y un proceso reconquistador que durará siglos, victoria que pudo fructificar merced a que, poco después, en las landas de Poitiers (732 d.C.), los francos de Carlos Martel lograron frenar el avance musulmán hacia Europa. Al este, la batalla de Lepanto en 1571, donde la Liga Santa se enfrentó en inferioridad numérica en alta mar al Imperio Otomano, fue el punto de inflexión en un enfrentamiento en el que el progresivo avance islámico se leía en Occidente como algo inexorable. Miguel de Cervantes, apodado tras la batalla como El Manco de Lepanto, escribirá: «la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros». Una inflexión, pero no la muerte de la voluntad de sumisión de Europa a la voluntad del Misericordioso. En 1683 la ciudad de Viena fue el escenario de la batalla de Kahlenberg. Viena será el rompeolas sobre el que morirá la última ofensiva militar islámica hacia la tierra de nuestros padres. Tras varios meses de asedio del mayor ejército musulmán desde los tiempos de Saladino, el Imperio Otomano llegó a sitiar la ciudad hasta en dos ocasiones. Incluso el Papado se vio obligado a llamar a la cruzada a toda la Cristiandad para defender la ciudad. Y una vez más, en inferioridad numérica los ejércitos europeos derrotaron al invasor.

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Representación de la Batalla de Viena (1683).

Ser pragmáticos

Finalizada la era de la agresión abierta, la estrategia y la táctica de expansión han cambiado. Si se analizan pasado y presente, podemos observar que, sin guerras, la población musulmana, la Umma, la comunidad de los creyentes, está creciendo en Europa a un ritmo desenfrenado, tanto por migración como por natalidad, en paralelo a la mayor crisis de natalidad de su historia a la que, a su vez, se enfrenta el pueblo europeo. Ha dado comienzo una inversión de la pirámide demográfica, de manera que en muchas regiones europeas es mayor el número ancianos que de nacimientos.

Europa va rumbo hacia la desaparición, está escribiendo su propio final sin ni siquiera tomar medidas para solucionarlo y sin asumir la gravedad del hecho de que la población musulmana en el continente europeo ascendía en 2011 a 44 millones de residentes. Se calcula que para el 2030 serán 58 millones los musulmanes en una tierra que lleva derramando su sangre desde hace casi milenio y medio para evitar que entren, para evitar la desaparición. En definitiva, somos parte lo que realmente fuimos y seremos lo que a partir de hoy forjemos.

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Los denominados, por el Gobierno de Cataluña, como “Els Nous Catalans”. La propuesta soberanista de CIU beneficia a muchos intereses, menos a los intereses del verdadero pueblo catalán.

El mito de la sociedad multicultural se ha derrumbado ya hace tiempo. Culturas humanas radicalmente diferentes no pueden compartir un mismo espacio geográfico y político. Y no hay que olvidarlo jamás: somos diferentes, es un hecho y a su vez es una virtud, puesto que si todos fuéramos iguales… que aburrimiento.

"El islam dominará el mundo". Una imagen vale más que mil palabras. Manifestación islamista en el Reino Unido.

“El islam dominará el mundo”. Una imagen vale más que mil palabras. Manifestación islamista en el Reino Unido.

 

 

 

 

 

 

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