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Sebastián Vera

En el último par de días se ha visto circular por las redes sociales la foto de un niño sirio (o más precisamente, de etnia kurda) ahogado en las aguas de las costas de algún país europeo, habiendo hallado la muerte después de haber intentado, fallidamente, alcanzar Europa tras huir de la cruenta guerra civil que desde hace varios años devasta a su país.

Si bien es cierto que lamento lo ocurrido a esa aún joven vida (no sólo su desgraciada muerte, sino también la situación que lo forzó a huir de su país natal junto a su familia, además de a otras cientos de miles de personas), lamento aún más las intenciones con las que aquella foto se ha compartido y las distintas opiniones vertidas al respecto, en relación a las acusaciones que se han hecho contra los europeos por negarle, por lo menos en un principio, la entrada a los miles de refugiados que llegaban. Con esto no me refiero a las críticas que se le puedan formular a tal o cual país y a sus instituciones, o a un Estado en particular, sino por la utilización que se le da a este tipo de tragedias para fomentar, en primer lugar, el resentimiento a todo lo europeo, pero más importante que eso, el hecho de darle validez a la necesidad o deber moral de una sociedad en particular para someterse al multiculturalismo. Sí, someterse al multiculturalismo, porque a esta agenda globalista le es útil los lloriqueos, lamentaciones y autoflagelaciones que la foto en cuestión ha provocado en la opinión pública internacional. En lo personal, esos gritos de espanto lanzados al cielo maldiciendo a la humanidad por su crueldad ante hechos como estos me parecen, no sólo asquerosamente políticamente correctos, sino que, y principalmente, improcedentes e hipócritas.

Antes de continuar, me gustaría dejar claro que yo siempre, incluso antes de que comenzara el conflicto, he simpatizado con el gobierno del Presidente sirio Bashar al-Assad, y aún más después de que este estallara. Si bien las explicaciones de esto darían para un extenso documento, la defensa de los intereses nacionales de su país y su adhesión al bloque antagonista al atlantismo globalizante me parecen argumentos suficientes para estar del lado del gobierno sirio en la guerra que este lleva en estos momentos contra grupos insurgentes y contra el Estado Islámico. Por lo demás, su islam secular me parece que es la única forma en que exista la paz entre países con mayoría musulmana y el resto del mundo.

Y es precisamente en los motivos anteriores en lo que me quiero detener. La foto pudo perfectamente no haber sido de un solo niño ahogado en la costa de una playa. Pudo haber sido de mil niños, de cinco mil niños, de diez mil niños, quince mil mujeres y un par de abuelitas, porque acá el tema no es la brutalidad o la maldad innata de los malditos blancos que siempre han sido, como una vez dijo una feminista radical, el cáncer de la humanidad. El problema que existe en verdad, y que las agencias de noticias occidentales en general no han tratado con mucha verdad, es una guerra civil que lleva ya años ocurriendo en Siria, en donde el gobierno de un Presidente que defendía los intereses de su pueblo y la paz en el Medio Oriente, ha sido atacado por grupos insurgentes financiados y armados por EEUU y los países de la OTAN, además de sus aliados turcos, problema a lo que tiempo después se le sumó la presencia del extremadamente fanático ISIS, un grupo surgido a partir del entrenamiento llevado a cabo por la CIA a islamistas durante la década de los noventa, aunque algunas fuentes apuntan a que esta cooperación continúa hasta el día de hoy.

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¿La muerte de este niño kurdo ocurrió porque sí? ¿Por la culpa de los malvados blancos que ya no quieren más inmigrantes de otras culturas o razas en sus países? ¿La causa de esto fue la falta de mezcla de culturas y de razas que tanto promueven los progresistas?

Absolutamente no.

La muerte de este niño, y de muchos otros refugiados, ocurrió porque los gobiernos de las potencias atlantistas decidieron emprender una guerra en contra del gobierno de un país que les significaba un obstáculo en sus intenciones de influir decisivamente sobre el heartland y de controlar por medio de rutas marítimas y fluviales el comercio mundial. Por ello, los líderes del mundo emprendieron las mismas acciones que llevaron al derrocamiento del Coronel Gadafi, curiosamente en el país que se les interpone en su camino a Irán y, posterior y lógicamente, a Rusia, aunque, afortunadamente, en el caso sirio les tocó un hueso duro de roer.

En este sentido, es a los gobiernos de las potencias atlantistas, particularmente Estados Unidos, y a sus políticas globalizadoras, a los que se les debería responsabilizar por aquél niño ahogado en el mar y por todas las víctimas de los conflictos militares de carácter geopolítico, y no al natural deseo de conservación racial o cultural entre los europeos o entre los miembros de cualquier pueblo del mundo. Es curioso que la prensa alimente este tipo de pensamiento, pero haya callado respecto a las verdaderas causas de la guerra en Siria, que haya denominado al gobierno legítimo de al-Assad como “régimen” (con toda la carga negativa que aquella palabra tiene), que haya tratado a los “rebeldes” (con toda la carga positiva-juvenil-de moda que esta palabra tiene hoy en día) como luchadores por la libertad y, lo que es más descarado aún, que nunca, pero NUNCA JAMÁS haya mencionado siquiera a la nación kurda y a los abusos que esta permanentemente sufre de parte de los gobiernos de los países en donde esta se reparte, y que ahora recién llore a uno de sus miembros, para lo cual fue necesario una foto que, cual pornografía, masturbara los sentimientos de las masas para más encima, y para peor, abordar el problema de la forma incorrecta. Aquí estamos en presencia de un problema de imperialismo y de geopolítica atlantista, no de un problema que se centre en la migración ni mucho menos de un problema de racismo.

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Si bien gran parte de los gobiernos de los Estados europeos (no los miembros de aquellos pueblos, que son los que al final sufren todas las consecuencias de la inmigración masiva) tuvieron parte en esta escaramuza atlantista en Medio Oriente (salvo contadas excepciones, algunas de las cuales se están, por suerte, haciendo más y más comunes), no es menos cierto que aliados (y también principales financistas de los grupos armados que operan para desestabilizar la región) suyos son las monarquías petroleras, también de Medio Oriente, las que no aceptaron a absolutamente ningún refugiado, pero a estos países, respecto de los cuales efectivamente se podría decir que también tienen una “responsabilidad moral” en los hechos, ningún canal, ningún periodista y ningún medio especializado se ha molestado siquiera en atacar.

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Espero sinceramente que el gobierno de al-Assad triunfe contra los insurgentes, que el Estado Islámico sea aplastado, que la influencia atlantista desaparezca de Medio Oriente, que los hombres sirios en edad de luchar no huyan sino que tomen las armas y apoyen a su gobierno y líder, que las mujeres y niños reciban asilo en todos los países que los acepten (los cuales, por si acaso, para los periodistas, no tienen que ser solamente de mayoría blanca, aunque, sea el país que sea, no existe algo así como una “obligación moral” de aceptarlos), y que, una vez que haya terminado para bien todo esto, puedan volver a su tierra a intentar rehacer sus vidas.

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Nota: El equipo de Pancriollismo.com apoya las demandas del pueblo kurdo y lamenta la muerte de este niño inocente y de todos aquellos que perdieron y pierden la vida por causa de la ambición de los amos del sistema financiero internacional. Que descanse en paz.

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