Enrique Moreno

Nota del Editor: El siguiente texto corresponde a un ensayo publicado en 1996 por Enrique Moreno. Es publicado íntegro por nosotros en forma autorizada, con algunas ediciones menores. El ensayo consta de nueve capítulos, más  un epílogo. En vista de que, por su antigüedad, ha perdido el formato, se ha intentado darle cierto formato de modo que facilite su lectura y sea más ordenado.

Debido a su extensión, y para efectos de la lectura de este trabajo, se ha decidido dividirlo en tres partes, a saber:

Parte 1: I. Introducción; II. “¿Qué Hacer?”; III. Mecánica del Poder Popular.

Parte 2: IV. Teoría Revolucionaria; V. Un Movimiento Revolucionario: Su Construcción; VI. Movimiento Revolucionario y Partido Revolucionario.

Parte 3: VII. Frente Amplio; VIII. ¿Qué es un Programa Político?; Epílogo.

Si Enrique Moreno considera pertinente realizar algunas acotaciones y ajustes, está invitado a hacérnoslas llegar para su actualización.

***

I. Introducción

A.

Ha llegado la hora de tomar decisiones y no podemos permanecer constantemente en el mar de las dudas y las indecisiones.

Algunos en sesudas sesiones de trabajo citan a Schmitt, a Donoso, a Niekisch o a Thiriart – todos ellos convencidos decisionistas – pero  siguen estando en el mar de la indefinición.

La travesía del mar de la indecisión se ha de acabar. Hemos de llegar a puerto, y hacer eso que tantas veces hemos dicho, quemar las naves, en esta ocasión para no volver otra vez al mar de las dudas.

La travesía ha sido larga, desde que se escribió Un futuro alternativo para las fuerzas nacionales sobre los años 83-84, hasta hoy hemos ensayado iniciativas “alternativas” de todo tipo, incluso algunos historiadores y periodistas serios han llegado a identificar un sector “alternativO”. Pero como muy bien ha escrito uno de esos historiadores, hemos de encontrar nuestro propio Suresnes.

Hemos de iniciar otra ruta. Una ruta a pie firme y que no se encuentre a merced de un viento u otro, de una calma u otra.

Esa ruta no puede ser otra que la toma de la decisión política de la exigencia del cumplimiento de un ideal de una España y una Europa mejores, más justas, más solidarias y más auténticas.

Durante los años 94-96, algunos realizamos contactos en dirección a la constitución de una fuerza política. Hoy podemos afirmar que fueron sólo contactos. Pero eso sigue siendo navegar – hemos de marchar sobre tierra firme.

La marcha sobre tierra firme requiere que tomemos la decisión de hacerlo. Para ello debemos marcarnos un objetivo.

Hoy el objetivo no puede ser otro que el fortalecimiento de un movimiento revolucionario que en su seno albergue a partidos políticos, asociaciones culturales, y otros muchos tipos de asociaciones (sindicales, estudiantiles, profesionales, etc.).

Ese movimiento revolucionario no nacerá de la noche a la mañana, ni será la labor de un pequeño núcleo de dirigentes; es una tarea ardua, compleja, pesada y larga. Pero sólo llegaremos a su fin si nos ponemos en marcha.

Hemos de estar dispuestos a trabajar con un número elevado de personas, que en muchos casos no compartirán con nosotros al completo nuestras ideas, pero que sí estarán dispuestas a trabajar con personas honradas y sinceras que proclamen su objetivo.

B.

Recojo en este folleto textos de los años 94-96. Algunos sirvieron de base para diversas discusiones en el ensayo de crear un polo político autónomo. Otros son intervenciones en jornadas y encuentros. Hoy, ya con la perspectiva del tiempo, han sido reescritos con la solución de este proceso ya conocida. No hay otro camino que el trabajo disciplinado, serio y constante en una organización política. Una parte importante de los participantes en esos debates en el 94-95 están hoy conmigo en FE-JONS, porque los mini ensayos no conducen a nada.

II. “¿Qué Hacer?”

(Intervención en la Jornada ¿Qué Hacer? del Proyecto Cultural Aurora. Torrelodones. 27-Nov-93)

En verdad nada revela tan claramente el poder del Señor Oscuro como las dudas que dividen a quienes se le oponen.” — J.R.R. Tolkien, El Señor de los Anillos.

¿Afirmar una cosa así ahora? ¿No es acaso claro para muchos hacia dónde se quiere ir? Pero parece que, bien la dificultad del camino, una incierta comodidad o algún despiste existencial llevan a algunos a proclamar como inevitables los caminos equívocos. 

Caminos equívocos como el de acercarse a la Derecha Nacional sin explicar para qué y con qué fin. Puede que una propuesta estratégica así funcione, pero es necesario dejar claro tanto hacia adentro como hacia afuera por qué se propone una cosa semejante. Alguna experiencia de la cual algunos sólo han sacado como conclusión “se me engañó” es a retener. 

En cualquier caso, es necesario explicar claramente por qué se hace una cosa tanto hacia adentro como hacia afuera. 

Esta explicación no hace falta que sea completa, pero ha de ser clara, razonada y comprensible.

Para algunos de nosotros existe una línea, es decir, una demarcación, un límite. Hasta ese límite llega el “nosotros”, más allá están “los demás”. Entre “los demás” habrá amigos y enemigos. Y con unos y otros se habrá de sustanciar qué tipos de relaciones se mantienen.

Para algunos de nosotros, la línea transcurre entre el patriotismo social en cualquiera de sus versiones, y el chauvinismo propio de las FFNN. Entre el liberalismo en cualquiera de sus adaptaciones o reformulaciones, y formulaciones más o menos sociales. Después cada uno de nosotros podrá adoptar fórmulas más o menos radicales de patriotismo, fórmulas más o menos radicales de socialismo o de planificación.

Pero a mí aquí me corresponde proponer un debate sobre los confines de nuestra comunidad política y militante, o, si se prefiere, comunidad ideológica, o para no entrar en polémicas falsas, simplemente Nuestra Comunidad.

Una comunidad política que hemos de construir.

¿Qué hacer?

Lenin en ¿Qué Hacer? propone articular en torno a una publicación el embrión de un movimiento partiendo de un caldo de cultivo. 

Plejanov, en cambio, se dedicó (antes) a difundir el marxismo. 

Sin el trabajo previo de Plejanov – como el de los ilustrados respecto a la revolución francesa – no hubiera sido posible plantear ¿qué hacer? 

Hoy estamos en la etapa de la difusión de las ideas.

¿Cómo difundir ideas?

Ésa es la cuestión del quehacer de ahora. La cuestión no es lo que se plantea en ¿Qué hacer?, sino el hacer hoy una difusión útil de ideas. 

Es evidente que esto es así si acudimos al viejo axioma “no hay revolución sin movimiento revolucionario” y su epígono “no hay movimiento revolucionario sin que existan los elementos necesarios para ello”. Estos elementos son Ideología, Clase Política Dirigente, Objetivos, Estrategia, Táctica y Criterios Organizativos.

El primer elemento, e incluso el segundo, no son posibles sin una amplia difusión de ideas y en esa difusión, reflexionar sobre ellas, profundizar, expresarlas cada vez mejor, crear un grupo de personas (Clase Política Dirigente), personas que sean capaces de llevarlas adelante. Toda construcción a través de una verdad “revelada” ya sea por los profetas, los filósofos o los científicos sin base existencial no es más que trabajo de iluminación, escritorio o laboratorio.

III. Mecánica del Poder Popular

Introducción a la lucha cultural en España.

Estas son unas notas elaboradas a partir de un texto que sobre el Poder Cultural prepare para la universidad de verano de Aurora en agosto del 94. A esas notas el director académico de esa universidad le puso el titulo con que es conocido: “Mecánica del poder cultural”. 

Estas notas describen lo que a mi parecer debe ser la lucha cultural, que quizás no sea la habitual. Mi opinión es que la lucha cultural no ha de ser una lucha aislada, sino que se ha de enmarcar en una lucha global. 

Estas notas empiezan con una cita:

“… y es cierto que la evolución misma del mundo en que vivimos necesita de una reflexión muy distinta, por no decir otra.” — Beatriz de Moura. Tusquets 1969-1994. p. 11.

Beatriz de Moura es uno de los directores actuales de Tusquets Editores, y uno de sus fundadores. Escribió esto en la publicación conmemorativa de los 25 años de existencia de Tusquets, la editorial que se atrevió a editar algunos de los textos anarquistas en los 70, junto a otras pijadas progres. Pero también Tusquets es hoy la editorial de Jünger. Del Jünger más comprometido: el Jünger de Tempestades de Acero, de El Trabajador y de La Emboscadura. Si alguien de su importancia cultural dice esto hoy, ¿por qué no hemos de creer que todavía quedan por hacer muchas cosas que tendrán buen fin?

Hay quien cree que hay que reproducir sistemáticamente la foto de Jünger en las publicaciones, sean del tipo que sean y que con eso conseguiremos llevar adelante la lucha.

El abrir espacios de libertad personal, comunitaria, política y cultural propios no se consigue simplemente con la reproducción de un rostro u otro. Es una labor más callada, igual de comprometida y con tan buenos resultados como cualquier otra tarea bien hecha.

A) El análisis de lo revolucionario. ¿Qué es eso de la lucha cultural?

Una vieja tradición de nuestro ambiente en Europa enseñaba [1] – a la fórmula leninista [2] – que no existía revolución sin movimiento revolucionario, y que este último no existía sin una serie de factores (básicamente: ideología, clase política dirigente [3], objetivos políticos, estrategia, tácticas, y criterios organizativos y técnicos).

En algún lugar se explicaba que el movimiento tenía diversos frentes (básicamente también: político, militar, cultural y masas [4]). Aquí encontrábamos por primera vez, en un discurso hiperpolitizado, el elemento cultural de la lucha en un nivel de importancia muy superior de lo que en principio parece que nos deberíamos encontrar.

Por otra parte, tenemos el análisis de los hechos revolucionarios, es decir, de las auténticas revoluciones, aquéllas que han supuesto un verdadero cambio de las formas y modos de vida, de los valores. Por contraposición a las revueltas: sucesión de hechos más o menos aparatosos que normalmente se llaman revoluciones (Mayo ‘68, Chile de Allende, la Revolución de los Claveles, etc.).

Este análisis nos llevaba a ver que las verdaderas revoluciones han sido precedidas, incluso en la construcción del movimiento revolucionario propiamente dicho, por períodos más o menos largos de difusión de las ideas. Así a la Revolución Francesa de 1789 le precedió una larga Ilustración (precedida a su vez por los fisiócratas). A la Revolución Rusa de Octubre de 1917, le precedieron varios intentos sucesivos de revoluciones burguesas (1905, Febrero 1917) y una larga travesía por la estepa de marxistas y anarquistas de todo tipo que difundieron las ideas marxistas, comunistas, y anarquistas en todas sus versiones.

Evidentemente, ni los sans-culottes aparecieron un día a la mañana, ni el asalto del Palacio de Invierno fue un hecho que surgiese de la nada, entre otras cosas, porque la toma de la Bastilla o la del Palacio de Invierno no hubieran conseguido nada si no hubiera antes un clima favorable a los principios que representaban el recambio a los respectivos regímenes anteriores. Y una clase política dirigente dispuesta a ocupar el vacío político dejado.

A la mañana siguiente de las revueltas en cambio, nada ha mudado. En Julio de 1968 en Francia seguía habiendo el mismo sistema político que en Abril. Los micro-grupos políticos que animaron la revuelta no estaban preparados para alcanzar ningún poder en el momento que hubo un vacío de poder, ni la sociedad francesa estaba interesada profundamente en sus propuestas.

¿Estamos hoy en la fase de construcción del movimiento revolucionario, o justo en la anterior? Mi opinión es que estamos en la anterior, en la fase de la Ilustración, o en fase Plejanov [5] (que se dedicó junto a su movimiento y otros concurrentes a difundir el marxismo en Rusia durante años).

Ello no impide que debamos dejar existir a nuestro alrededor ensayos políticos que nos sirvan de campos de pruebas, de ensayo, y que sirvan a la vez para realizar la gimnasia correspondiente: organizar sesiones, seminarios, cine fórum, relacionarnos con la prensa, acceder a los medios, dar a conocer nuestra existencia, dar imagen de seriedad y profundidad, etc. E, incluso en un momento determinado, porque no, controlar el frente cultural de un pseudo, pre, o… de un movimiento revolucionario.

Pero la verdadera tarea revolucionaria hoy es la creación de una clase política dirigente, de una “élite política” en el sentido de Pareto. Y ello no se consigue ni creando grupos hiperpolitizados, ni participando de frentes culturales, ni…Se consigue con la labor de los grupos de estudio, de reflexión… Ésta es hoy nuestra tarea: consolidar la formulación externa más adecuada a los tiempos de nuestros valores, lograr formar personas que sean capaces de llevar adelante su difusión a la sociedad para que estos sean cada vez más conocidos.

Así tendremos que, cuando propongamos un movimiento revolucionario basado sobre esos principios, nos saldrán amigos de lugares insospechados. ¿Por qué no Beatriz de Moura, que empezó sólo editando Tempestades de Acero y ya reclama “otra reflexión”?

“Otra reflexión” reclamada por Beatriz de Moura es mucho más importante que miles de tonterías repetidas miles de veces o escritas en las paredes miles de veces. Es posible que liberemos más adrenalina escribiendo – en el romanticismo y peligrosidad de la noche de la gran ciudad – una frase en una pared con un spray. Y que sea más tedioso, aburrido y desesperante el escribir cartas, atender a unos y otros, presentarse ante agentes culturales, conseguir ver nuestros textos – quizás siempre pensando que son descafeinados – en grandes medios, o en lujosas presentaciones dirigidas a personas de importancia.

B) Las críticas a la lucha cultural.

Hoy proponer la lucha cultural no es una novedad. Es por ello que abordaremos primero las críticas más conocidas a la misma.

Diez años hablando de preparar la llegada a la política y después no saber como hacerlo; es como los que se entrenan para jugar a fútbol y no se apuntan a una liga.

Esta crítica parte de sectores próximos a la ND que desearían que la ND se comprometiese más. Sobre todo se realizó en los 80 cuando la ND ya era conocida y tenía influencia suficiente pero parecía no atreverse a “dar la cara”. En parte es razonable. Se debe achacar esta crítica a la ND francesa, porque otras ND han sido mucho más comprometidas.

La política tiene sus propios mecanismos, no culturales. Toda acción debe primar la acción política.

Critica que parte como otras de sectores militantes incapaces de integrar todas las luchas en un combate total. Pretenden hacer primar la política, en su sentido más bajo y “pequeño”,  por encima de otras tareas. Se debe rechazar porque quien la realiza es el único argumento que tiene a su favor.

El asalto al poder se hará por “falanges valerosas”, no por incontinentes del tintero.

Otra de las críticas que emergen de sectores militantistas, desviación que sobrevalora el militantismo, y que intenta hacer primar los valerosos hombres de primera línea frente a los demás. Se debe contestar que cuando se deja un espacio abierto, se debe ocupar por personas. Hay que preparar el asalto, y la consolidación en el poder.

La lucha cultural es para una minoría ¿Qué hacen los demás?

Esta crítica no comprende que la lucha cultural no es solo el artículo firmado por uno u otro, o la aparición pública de fulano o zutano. La lucha cultural también requiere sus cocineros, sus choferes, las personas que ocupen su tiempo haciendo convocatorias, realizando mil y una gestiones, alquilando locales, haciendo permanencias, atendiendo un teléfono, etc., etc.

Se puede hacer lucha cultural desde cualquier ámbito. Pidiendo que a los niños no se les pasen películas americanas en el colegio, reclamando cuotas de cine europeo en las ciudades, etc.

Toda esta labor en el fondo lo que quiere es alejarse de los desarrapados de la extrema derecha: legionarios toscos, skins retrasados, ancianas catolicarras.

Es una crítica que tiene un componente cierto. Muchos de nosotros estamos personalmente hartos de la vieja extrema derecha, chauvinista, catolicarra, enmohecida. De otro lado no queremos ni inútiles ni desarrapados, pero no rechazaremos a nadie por su pasado. Haremos en parte nuestra aquella máxima legionaria de “el pasado no importa”.

Toda esta labor conduce a ser los elaboradores de discursos de derecha y convertirse en un medio para llegar a la derecha liberal y quedar allí bien situados.

Esta crítica se basa en un hecho cierto. Algunos de los miembros de la ND han terminado trabajando en los gabinetes de los partidos de derecha. Hay que estar atentos para no convertirnos en los escribientes de la derecha liberal agrafa.

El culturalismo es un ghetto de impotencia y de erudición.

Es una crítica vertida habitualmente por quien se siente impotente en una discusión ante los argumentos habituales de la ND y finalmente lanza un anatema de impotencia sobre la Nueva Derecha por ser incapaz de contestar  a su erudición.

C) Los medios de la lucha cultural.

Todos los posibles al alcance.

En principio no hay medio malo para ser usado. Existirán evidentemente unos límites éticos y morales. Pero nada más.

La especificidad de la lucha cultural. Los agentes culturales. Los medios de comunicación. Las élites ya establecidas.

Es importante comprender que hay personas, grupos y lugares que son claves en el mundo de la cultura; es sobre ellos sobre los que debemos establecer una acción prioritaria. Hay incluso empresas especializadas en todo ello y debemos conocerlas e incluso en algún caso crearlas (por ejemplo, empresas para gestionar equipamientos culturales de la administración que acceden por concurso a la gestión de los mismos).

También hemos de priorizar nuestro trabajo sobre las élites ya establecidas para influir al máximo sobre ellas. (Los métodos de la masonería, del Opus o de los jesuitas serían a copiar.)

Los medios propios. La cara externa. Los medios internos.

De una parte debemos tener unos medios propios para poder expresarnos, unos lugares propios para poder reunirnos, y planificar. Estos medios deben ser externos. Que quien quiera conocernos se pueda dirigir a ellos. De otro lado hemos de tener otros medios más discretos e internos para poder trabajar en profundidad sin molestias exteriores.

¿Copiar los sistemas de otro lugar (Francia) en un momento determinado? No gracias.

En Francia pesaban una serie de factores muy concretos en otoño de 1968 cuando se lanzó la ND. Varios fracasos de Europa-Action [6], y ensayos electorales diversos (REL), llevan a una serie de rasgos muy determinados: preeminencia y exclusividad del discurso cultural. Necesidad absoluta de diferenciarse de la Vieja Derecha, así la Nueva Derecha será, por ejemplo, pro-alemana, pagana, etc.

La especificidad del momento. Ni derecha, ni izquierda. Los años 90. El próximo milenio. [7]

La especificidad del momento ha de ser saber poner un discurso en marcha, hacerlo llegar a las instancias correspondientes (medios, debates culturales, cultura dominante, etc.). Nosotros no deberíamos hoy dejarnos identificar con la Derecha, ni siquiera con una ND, pues se pone este calificativo a cada nuevo recambio en la cúpula del PP. Además, deberíamos recuperar un discurso tipo “ni derecha, ni izquierda” que nos permitiese a la vez dirigirnos directamente a los sectores inteligentes, heterodoxos, etc. sin distinción de su situación en la linealidad política. 

Los años 90 además añaden una serie de especificidades propias a la situación que debemos saber afrontar. 

Nos encontramos a menos de 5 años y medio del nuevo milenio y ello debe darnos la posibilidad de presentarnos preparados a este nuevo tiempo.

D) Fórmulas para extender la lucha cultural, los espacios de libertad personal, la libertad comunitaria [8], la libertad política [9].

En primer lugar: IMAGINACIÓN.

El don de la oportunidad. El estar en el momento y sitio adecuado.[10]

E) La Lucha Cultural

La lucha cultural es una guerra. [11]

Esta guerra, es paralela de un lado y previa por otro, a la guerra política.[12]

Si entendemos la guerra política, o la guerra cultural como un hecho aislado no hemos comprendido que estamos ante una guerra total en la que la guerra cultural es una de las guerras que hay que librar.

Hoy a mí aquí me toca hablar de la guerra cultural.

Entremos en ella.

Definamos la guerra cultural como aquélla que se libra sobre el terreno cultural y con medios culturales.

El terreno cultural es: los medios de comunicación, los elaboradores de discursos culturales oficiales, los difusores de las modas y discursos culturales, los intelectuales, etc.

Los medios culturales son la pluma, y la palabra básicamente.[13] Pero también el cine, la pintura, la danza, la música, los cantantes,  la televisión, cualquier manifestación artística.

Con este terreno y estos medios, imaginemos cómo se desarrolla la guerra. Se trata de conquistar todos esos terrenos y tener una abrumadora superioridad en los medios. Con ello la guerra cultural se gana.

Hoy no tenemos excesivos medios, el terreno nos es adverso. No nos queda más solución que plantear una guerra de guerrillas, una guerra popular prolongada. O cosa similar y adecuada a “lo cultural”. Sabemos que las guerras también se ganan a través de las guerrillas. Sabemos que grandes potencias nucleares han sido expulsadas de países por la guerra de desgaste y de guerrillas. Ello no debe amilanarnos, simplemente saber aprovechar nuestros medios.

La guerra es una sucesión de pequeños y grandes acontecimientos, que denominaremos batallas. En cada batalla habrá que ser hábil, tomar las decisiones con rapidez y aprovechar – otra vez – al máximo nuestros discretos medios.

La guerra de guerrillas se basa en el conocimiento del terreno, el no mostrar abiertamente las fuerzas, en decisiones inteligentes, y la explotación publicitaria (guerra revolucionaria, guerra psicológica) de los éxitos y victorias.

Toda guerra es una sucesión de batallas decíamos. En la guerra cultural tendríamos una batalla por la superioridad y control académico de una facultad o universidad. De un centro cívico, de un medio de comunicación, de una sección de un medio de comunicación, de una radio, de un programa de gran audiencia. De una colección de libros en una casa editorial. Y así podemos imaginar mil y un.

Una guerra de guerrillas es llevada adelante por comandantes que sobre el terreno deben decidir las acciones a llevar sin contar con grandes medios.

Los comandantes de la guerrilla cultural en España hoy han de salir de lugares como este. Para eso estamos estos días aquí y con ese espíritu debemos abordar las próximas sesiones. 

  1. En España, los textos de formación básica para militantes y cuadros del Frente Nacional de la Juventud, del Frente de la Juventud y parte de las obras de Ediciones Alternativa.
  2. Especialmente por parte de Thiriard y sus seguidores del PCN (PCN, 128 rue de Montigny, B-6000 Charleroi, Bélgica) en las obras sobre el Partido Revolucionario.
  3. A este respecto debemos en cierto momento comparar la Clase política dirigente a las Élites de Pareto.
  4. Cualquiera de las obras que hablan de ETA, por ejemplo, explican la división en frentes de la lucha. A este respecto son claros y sencillos los capítulos de diversas obras de Editorial San Martín.
  5. Plejanov: dirigente del Grupo Emancipación del Trabajo. Fundado en Ginebra en 1883, se disolvió en 1903. (Anteriormente Plejanov había pertenecido a Tierra y Libertad, grupo fundado en 1876 que difundió la revolución entre los campesinos. Posteriormente fue un destacado dirigente del POSDR al que represento en instancias internacionales. Menchevique a partir de 1903.) Aquí nos referimos al trabajo de Tierra y Libertad y del Grupo Emancipación del Trabajo.
  6. Consultar libros sobre la historia de la extrema derecha francesa de los años 60. Por ej: La ofensiva neo-fascista. pág. 119-122; Enquetes sur la droite extreme de Rene Mozat, Le Monde.; artículos que hablen de Venner; de Europe-Action; o del nacimiento de la nueva derecha; o de la extrema derecha francesa en los años 60 de Joven Nación a Occident-REL-Europe Action.
  7. A este respecto sería bueno reflexionar sobre la trayectoria de algunos de los “ancianos” de Aurora, son los que han ensayado modernizar los medios azules, o NR, han sido renovadores de muchas cosas, han sido post- otras cosas.
  8. Sería bueno releer, sin caer en los tópicos, las elaboraciones sobre la contra sociedad de determinada extrema izquierda, de los verdes alemanes en especial. Y parte de la elaboración hecha en España por Ediciones Alternativa y Disidencias. En especial los documentos que se usaron en los debates para la creación de Disidencias.
  9. Se recomiendan los textos sobre participación política de Sin Tregua.
  10. Realizar constantemente simulaciones políticas de futuro es bueno para entrenar la imaginación política.
  11. Cualquier texto de definición de la guerra puede ser retomado cambiando entonces términos y expresiones.
  12. Es bueno leer libros sobre guerra de guerrillas a este respecto. En otros tiempos recomendábamos De la guerra nuclear a la guerra de guerrillas, Gumucio.
  13. En la política general también. Es por ello que algunos movimientos revolucionarios han primado la formación de gentes que sepan escribir y oradores adecuados a todos los ambientes y niveles. (Algunos medios tradicionalistas católicos sudamericanos priman esta actividad sobre cualquier otra. En cualquier sesión de formación se incluía un ensayo de tomar la palabra en público).
Anuncios