Juan Pablo Vitali

Pese a lo que digan, a la mayoría de la gente le cabe eso de la izquierda y la derecha, mientras sean izquierdas o derechas que no importen mucho compromiso. Es sólo una cuestión de intereses. Cualquier hijo de vecino suele no ser menos miserable que aquellos que dominan el mundo. Es una cuestión antropológica. El juego demo-liberal burgués progre de las elecciones también les cabe. Les gusta hacerse los rebeldes, los descontentos. En realidad, nadie está más contento que las masas cuando no hay que hacer esfuerzo alguno para vivir. Cuando no se tienen principios, ni disciplina, ni identidad, ni comunidad.

Sólo lo superior reconoce a lo superior. Para ordenar ese fenómeno los antiguos tenían eso que se llama tradición. Un traspaso ordenado y jerárquico de lo mejor de la comunidad hacia las nuevas generaciones y hacia sus mejores integrantes. Hoy, parece quedar la auto formación, o el traspaso parcial y desordenado que algunos grupos de personas realizan casi con desesperación, para que no se pierda lo que queda de las sabidurías y las identidades de valor.

¡Ah Vasiliev! Tus estepas y las mías tienen el alma cansada
¡Estamos tan lejos, en la soledad de los campos de hielo!
Me acabo de enterar, que te mató un tren a los treinta y cuatro años
¡Ah Vasiliev! Sólo nosotros, los solitarios de las interminables estepas,
llevamos el peso cierto de los dioses.
Sólo nosotros sabemos, cuánto pesan estos cielos quietos y soñados.
Madre Rusia, debí nacer en tu seno
como el gran Vasiliev ¡Que la gloria sea con él!
El alma rusa es grande y su corazón terrestre inconquistable.
Ahora estás Vasiliev, con los otros suicidas en el onphalos de Eurasia.
Estás con Haushoffer, con Unger Khan
en el seno del gran mundo subterráneo,
donde los mercaderes no llegan, o son ejecutados.
Allí podrás pintar las lunas más terribles de la estepa,
Los guerreros perdidos, tus símbolos sin tiempo.
Allí podrás ejercer tu doctrina de arte entre la bruma.
Aquí en mi estepa del Sur, la misma soledad
me empuja el alma, hacia la última frontera antes de los hielos,
donde el aliento se acaba.
Yo te recuerdo Vasiliev, en la simetría polar de tus mundos
a la sombra de las almas,
de los símbolos, en la mutación del espacio
que sólo nosotros podemos comprender.
Hemos vivido en los abismos, pero tus águilas todavía vuelan
y tus guerreros, aún respiran en nuestras estepas.
Mi joven y eterno hermano Vasiliev:
El futuro es blanco, el futuro es nuestro.

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