Juan Pablo Vitali

Crecí en el odio  — que ya declaro lejano  — a Jorge Luis Borges. La revolución  — sea cual fuere — suele exigir esas cosas. Y yo era parte de una revolución nacional, que pendía solamente del corazón agotado de un anciano. Nadie podía permitirse el lujo de la duda o del escepticismo. Camino elegido en dirección a la muerte de todo pensamiento superior. Si el inteligente no reflexiona ¿Cómo puede saber que es inteligente?

Pero las fatalidades de la sabiduría son numerosas, y como era de prever cayó en mis manos un libro de Borges. Mi pequeño mundo ideológico tambaleó. No porque dejara de creer lo que creía, sino porque percibí de inmediato que mi modo de creer resultaba erróneo y por sobre todo: me embrutecía. Contradecía en suma al mismo Juan Perón, cuando decía: -“Puede ser que un malo se vuelva bueno, pero es muy difícil que un bruto se vuelva inteligente”. Ese día me hice borgeano y peronista. Luego el peronismo insistió en la ignorancia, aprovechando la muerte de su líder.

Entonces volví a elegir a Borges no en contra de Perón, al que cada vez admiro más como genio de su tipo. Elegí la cultura, con el mismo escepticismo de esos dos grandes escépticos, que creían sin embargo en su propio destino.

Lo criollo no se comprende sin una distancia del mundo, de los hechos, sin reflexión. Una actitud que podríamos denominar en cierto modo budista, o acaso solamente muy antigua. Si Perón soñaba a Plutarco y a César, mientras Borges soñaba a Homero y a los Vikingos, poca es ahora la contradicción final. Apenas un leve desencuentro que quedará en el olvido. El odio en América del Sur, es a la larga también un recuerdo al que nadie quiere aferrarse.

La proyección política del pensamiento de Perón recién ha comenzado. La amplitud y la profundidad estética y filosófica de la obra de Borges también. Ambas van contra el sentido del mundo, ambas son lo que somos: un punto de vista muy particular, al que es difícil englobar con adjetivos: ¿Revolución conservadora? ¿Libertarios de derecha? ¿Importa meter el mundo en un par de palabras? ¿Es necesario que los ideólogos insistan en la grosería del odio a la belleza?

Avancemos un poco, finalmente todo está destinado al olvido, pero mientras esperamos el olvido: no seamos tan bestias.

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