Brett Stevens

El “racismo” es un término inventado con una ideología política implícita. Es un término binario, lo que implica un negativo y por reflejo, que todo lo que no es, es bueno.

Es comparable a la vieja pregunta de la corte: Conteste sí o no. ¿Ha dejado de golpear a su esposa?

No hay una buena respuesta, por supuesto. Maldito seas si lo haces — y si dices “sí” — y maldito seas si no, y dices “no”. Ése es el punto: la acusación en sí misma es la convicción.

Las investigaciones sobre el racismo (como los juicios recientes por violación en universidades) son a menudo comparadas con cacerías de brujas por una buena razón: cambian la carga de la prueba a los acusados. Cuando eres acusado de ser una bruja, o ser un racista, tienes que demostrar de alguna manera que no lo eres.

¿Y la única prueba? Adoptar tú mismo una ideología anti-racista y actuar para incluir otras razas en tus actividades por la mera razón de su raza.

La gente acepta el “racismo” como una idea porque creen en el bien y el mal definida por medios humanos, un cambio que le ocurrió al pensamiento religioso durante la Ilustración.

Antes de que hubiera intentos de mezclar diferentes poblaciones en la misma entidad política, el “Estado-nación”, los conflictos raciales eran inexistentes. La conquista y la esclavitud eran más comunes dentro de las razas que a través del colonialismo.

El racismo binario niega la raíz de la antipatía racial en la cuestión de la dirección de una civilización. “¿Quiénes somos?” es la pregunta básica que une a una sociedad. Cuando la raza se sustituye por la política, ésta se vuelve confusa y sociedades se desmoronan. Quienes tienen antipatía racial sienten más miedo de esa consecuencia que de lo que ellos temen específicamente de las capacidades de otras razas, o de la falta de ellas.

A esto se supone que hay que llegar.

Los anti-racistas niegan el hecho de que en realidad son racistas, y por eso se esconden detrás de esta idea binaria de que racismo = malo y, por lo tanto, todo lo no-racista = bueno. Los grupos mestizos son inherentemente intolerantes contra cualquiera que no sea de raza mixta. No se detienen hasta que reemplazan al grupo indígena con un grupo de raza mixta en un proceso comparable al genocidio. Temen, odian y deshumanizan a las personas que no son mestizas.

Si examinamos el término “racismo”, veremos un ingenioso intento para ocultar el fracaso de la política mestiza.

También vemos la primera técnica real de control social. A diferencia de los anteriores gobiernos autoritarios y totalitarios, el control social trabaja teniendo una forma de mafia espontáneamente para hacer valer los ideales del gobierno. De esa manera, el gobierno no tiene que responsabilizarse de controlar a sus ciudadanos.

“Racismo no.”

Como otras formas de control social, el racismo binario opera por la amenaza coercitiva de ostracismo. Si no afirmas el anti-racismo, te conviertes en un enemigo ideológico, y nadie te contratará, alquilará, venderá o será tu amigo. Morirás sin amigos y solo, dicen, moviendo sus dedos en señal de reprobación.

Pero mientras pasa el tiempo y las sociedades mestizas anti-“racistas” caen en espiral en el caos social, se revela la naturaleza de este política binaria. Siempre fue un medio de control. Y mientras más falla, más saldrán los tiranos por detrás de la cortina y lo impondrán directamente con amenazas de terror.

Traducción por Francisco Albanese.

Enlace original en: http://www.amerika.org/social-reality/racism-does-not-exist/

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