Brett Stevens

Internet posee una notable capacidad para crear movimientos inmensamente caprichosos que desaparecen igual de rápido, pero dejan ligeras alteraciones a la conciencia de grupo.

Uno de tales movimientos es La Píldora Roja, llamado así debido a una elección ficticia en una película mediocre entre la realidad y la fantasía socialmente avalada. En este movimiento, los hombres reconocen la realidad escondida debajo de las pretensiones sociales, específicamente en cuanto a las mujeres y la necesidad de tomar un papel masculino fuerte al interactuar con ellas, en lugar de hacer lo que dice la TV de lo que es correcto de ser un hombre feminista manso y pasivo.

Si este movimiento se encuentra o no en su última instancia para ser “validado” por nuestra afeminada sociedad la cual sólo aprueba el fascismo indirecto, La Píldora Roja ofrece una serie de ideas interesantes. Una de ellas es que las mujeres necesitan una fuerte presencia masculina, y se rebelan con frecuencia contra esa presencia a través de algo llamado “pruebas de mierda”, o pequeñas incursiones pasivo-agresivas donde ellas hacer algo ilógico y/o insultante y prueban ver si sus hombres responden con una fuerte corrección o no.

Una prueba de mierda frecuente para una mujer es anunciar que va a hacer algo raro o estúpido y esperar que su hombre o (a) sea masculino y demande algo más o (b) acceda mansamente y la apacigüe en la sombría esperanza de continuar teniendo relaciones sexuales, siendo “agradable” con ella. El hombre que da la vuelta es el hombre cuya mujer busca a un hombre más masculino.

Lo que hace a La Píldora Roja tan ofensiva para muchas personas es que corre la cortina y mira cómo funciona la humanidad. La gente necesita liderazgo y orientación; hombres y mujeres tienen diferentes roles. Pero más importante aún, incluso fuera del contexto de las mujeres solas y aplicadas en la sociedad, describe la rebelión como lo que es: una prueba de poder.

Las pruebas de mierda explican el liberalismo de la manera que no quisieran los liberales. La gran mayoría de la gente es pasiva en virtud de ser incapaz de dirigir, inventar, crear o estar conscientes de cómo mantener las cosas complejas sin un checklist. Ellos ponen a prueba de mierda a sus dirigentes para ver si los líderes están todavía en una posición de poder, porque si los líderes son débiles, la mayoría aprovechará lo que los líderes han creado y lo tomarán para sí mismos.

Ésta fue la sabiduría de los antiguos: el rango social lo es todo. Aquéllos que son más bajos, menos oprimidos, siempre intentarán subvertir al más alto, y hábilmente lo harán porque invierten su inteligencia en disimulación en lugar de planificación lógica orientada al futuro.

Tal vez hubo un incidente desencadenador — la Peste Negra, las invasiones mongolas o, incluso, sencillamente un auge demográfico — que desencadenó la prueba, pero una vez que comenzó, las masas se enfrentaron a sus líderes con una opción: o nos azotan o sean azotados. Sus líderes, entusiasmados y dispuestos a hacer lo que se necesitaba, comenzaron una retirada gradual que continúa hasta nuestros días.

En algún momento, la prueba de mierda obtendrá la respuesta que desea secretamente cada persona pasiva, la cual es ser dominada. Un líder alineará los horizontes con cabezas sobre postes y les dirá qué hacer. Éste reconocerá la tendencia basal de la humanidad, que es que a menos que haya sido dado un propósito, la persona promedio se convierte en un agente inteligente de destrucción y nada más. La opresión es libertad.

Traducción por Francisco Albanese.

Enlace original en: http://www.amerika.org/politics/liberalism-and-the-red-pill/

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