Francisco Albanese

Si alguien es fan acérrimo, intransigente y visceral del III Reich, probablemente le asquee el hecho de que esta película trate de un grupo de soldados aliados, aunque no se puede esperar otra cosa de Hollywood, por lo que no se puede pedir peras al olmo y se debe juzgar el filme por lo que es.

No entraré a juzgar las razones por las cuales Estados Unidos entró en la contienda, ni tampoco haré un juicio de valor respecto a la decisión humana de sentir el llamado del deber, puesto que la película no parte desde este punto, sino desde que los soldados ya están envueltos en el drama.

Contra todo pronóstico, nos enfrentamos a una película que se acerca (a ratos) bastante a ser objetiva (dentro de lo posible). Pese a sus constantes insultos a la ideología nacionalsocialista, el filme no contiene ningún tipo de referencia ni crítica ideológica, si bien pueden establecerse las diferencias (reales) en las posturas: las fuerzas americanas multiculturales contra la fuerza unirracial fanática que resiste en suelo alemán; fanatismo que va, por cierto, más allá de toda lógica, teniendo en cuenta que la guerra estaba absolutamente perdida en 1945.

“Fury” (nombre original de la película), más que una crónica de guerra, es una crónica de la guerra donde, pasando por alto todo tipo de prejuicio ético, moral, ideológico o de sentido común, se expone la cruda realidad de la guerra, que es donde nada es lo que quieren hacer parecer. Más allá de todo romanticismo, como Lawrence H. Keeley afirma en el primer capítulo de su “War Before Civilization”,

La guerra ha sido mucho tiempo un tópico sensacional. La guerra concentra e intensifica algunas de nuestras más fuertes emociones: valentía y miedo, resignación y pánico, egoísmo y auto-sacrificio, avaricia y generosidad, patriotismo y xenofobia. El estímulo de la guerra ha incitado a los seres humanos a prodigios de ingenuidad, improvisación, cooperación, vandalismo y crueldad.  Es el campo más arriesgado en el cual coincide el ingenio y la suerte: ninguna empresa pacífica puede igualar sus sanciones por incumplimiento y pocas pueden exceder sus recompensar por el éxito. Sigue siendo la más teatral de las actividades humanas, combinando tragedia, alto drama, melodrama, espectáculo, acción, farsa e incluso comedia. La guerra muestra la condición humana en los extremos

Corazones de Hierro sitúa la condición humana entremedio de lo correcto y lo incorrecto, rompiendo el esquema absurdo del bien y del mal como algo universal y comprendiendo que el honor y el deber es sólo con los del mismo bando, sea cual sea el pacto que selle la unión de los miembros.

Volviendo a lo que mencioné en un principio, “Fury” parte desde el momento en que los soldados ya están envueltos en el drama, y deja en la incógnita la verdad respecto a las motivaciones y razones de los hombres para volverse soldados. Este punto se vuelve importante, ya que el grupo humano de soldados que se mueve en el “Fury” parece no tener nada en común, salvo el hecho de pertenecer al mismo tanque y tener el deber de protegerse los unos a los otros, sin importar si lo que se hace es un hecho heroico o una gesta deleznable.

Como dato interesante para los más aficionados a las materias bélicas, la película deja ver las diferencias entre el Sherman M4A3E8 y la verdadera bestia de guerra que era el Panzer VI Tiger, y se destaca el uso de último Tiger I operativo del mundo, facilitado especialmente para el rodaje de esta película.

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