Por Guillaume Faye. Publicado originalmente como “Appel aux jeunes européens”, en Revue Réfléchir & Agir N°09. Traducción por Francisco Albanese para Identitas vol. 1, con permiso expreso del autor.

Para evitar repetirme, debo señalar primero la declaración que hice al comienzo del manifiesto “Por qué luchamos”. Ahora, tras esta declaración, resumamos algunas sugerencias referidas en este manifiesto. Debido a nuestra situación históricamente sin precedentes, recomiendo de una estrategia inspirada por ciertos líderes revolucionarios cuyos nombres no necesito mencionar.

1. Primeramente, es importante unificar, a una escala Europea, todas las fuerzas identitarias de resistencia alrededor de una doctrina y un programa revolucionario básico.

Ignorando las discusiones ideológicas o emocionales de segundo plano las cuales son, a menudo, sencillamente las expresiones de nacionalismos egoístas y discusiones familiares o sectarias, deberíamos seguir el consejo de Lenin de “entablar nuestras discusiones después de la revolución”. Por todos los cielos, acabar con las oh-tan-deliciosas disputas internas (los rumores, los alejamientos y las paranoias) y reservar nuestros golpes para el verdadero enemigo. Concentrémonos en lo esencial, en lo que nos une, porque estamos enfrentados con una emergencia absoluta (la Ernstfall, teorizada por Carl Schmitt). Miremos a los musulmanes: cesan de luchar el uno con el otro cuando la cuestión se trata de la Jihad contra el infiel.

2. Para nosotros, el enemigo principal y común (aquél que invade concretamente, físicamente) es la colonización foránea y la ocupación bajo la bandera del Islam; obviamente, uno puede compartir ciertos valores en común con el enemigo, pero uno no debería caer en la trampa de sentir alguna simpatía por él. El enemigo, por otro lado, se beneficia de los colaboracionistas — de aquellos buenos etnomasoquistas europeos que son los más peligrosos para nosotros. En cuanto al adversario común (que busca debilitarnos y dominarnos), es Estados Unidos, el aliado objetivo de los anteriores.

3. Nuestro movimiento — que es uno de pensamiento radical (y no “extremista”) — tiene un verdadero monopolio en la disidencia revolucionaria, debido a que somos los únicos que buscamos una inversión total de los valores y formas de la civilización (la Umwertung [inversión de los valores] de Nietzsche).

4. Los tres pilares de una ideología y proyecto de unidad europea son (1) despertar una conciencia étnica que nos haga defender nuestra herencia biológica común, nuestra raza, la prioridad principal; (2) la regeneración de los ancestrales, cuyo olvido es la principal causa de las tragedias de hoy; y (3) la afirmación creativa de una doctrina europea totalmente incluyente y revolucionaria.

5. Como está indicado en el excelente título de esta revista (“Réfléchir & Agir”[“Reflexionar y Actuar”] Nota del traductor), la reflexión es fundamental, pero del mismo modo es también necesario actuar. ¿Pero cómo actuar? ¿Qué debe ser hecho? Ésta es siempre la pregunta clave. Debemos formar una red europea de resistencia, solidaridad y acción en torno a un programa ideológico común. Esto no debería excluir, sino incluir la política. Es demasiado tarde ahora para ganar el poder por medio de las urnas y la democracia parlamentaria. Es necesario hacer la siguiente apuesta. Es riesgoso como cualquier apuesta, pero es nuestra única oportunidad en esta época de oscuridad: en los siguientes diez a quince años es probable que haya una crisis mayúscula (“caos”), la cual tomará la forma de un conflicto étnico de gran magnitud, probablemente basado en empobrecimiento económico; esto podría cambiar la mentalidad de las masas, que actualmente están alimentadas a la fuerza por nuestros neo-totalitarios medios de comunicación masiva.

Es una manera, por tanto, de anticiparnos al “post-caos”, de prepararnos para la tormenta inminente constituyendo una red europea — horizontal, concatenada, informal, polimórfica — de minorías revolucionarias, una red de solidaridad, una internacional europea de resistencia y propaganda. “La red” no debería adoptar ningún nombre ni forma institucional, es lo que yo llamo “la estrategia de la cobra”.

Se debe estirar, de una manera clandestina pero inquebrantable, desde Portugal a Rusia, conectando cuadros o funcionarios electos de los partidos políticos, asociaciones y círculos de todas las naturalezas, individuos, publicistas, empresarios, financieros, internautas, gente de los medios, etc. Con tres objetivos: agitprop (“Agitación y propaganda”. Nota del traductor) general, formación y reclutamiento, y la adquisición de los medios. En una palabra, debemos prepararnos para una confrontación inevitable. Es una manera de estar preparados y fortalecidos para el día en que el huracán llegue, huracán que es nuestra única oportunidad, nuestra única palanca para mover el mundo. También debemos dejar de pensar que “el sistema es invencible”. Es fuerte solamente por nuestra actual debilidad y desorganización. Finalmente, es necesario abandonar este culto psicopático de la derrota, de “la última batalla”. Los únicos que triunfan son aquellos trágicos optimistas que se ven a sí mismos como en “la primera batalla”.

Cuando tal red exista, será el momento de pasar a la siguiente etapa, apropiadamente política, la cual es imposible de planear hoy en día. Comencemos, entonces, construyendo nuestra red con paciencia, determinación y profesionalismo. Y alejemos de nuestras filas a los incompetentes, a los mediocres, a los exaltados y a los lunáticos. Para tal red, unida en torno a una doctrina clara y común, debe sobre todo constituir una élite rigurosa. De la Resistencia a la Reconquista, de la Reconquista a la Revolución.

Anuncios