Los izquierdistas tienden a odiar cualquier cosa que tenga una imagen de ser fuerte, buena y exitosa. Odian a Estados Unidos, odian a la civilización occidental, odian a los hombres blancos, odian la racionalidad.

Ted Kaczysnki, “La sociedad industrial y su futuro”.

Me gusta el fútbol. Suelo jugar al fútbol. Veo fútbol.

Enciendo la televisión y veo disturbios en las noticias. Enciendo el computador y leo los comentarios hechos por superhéroes cibernéticos salvando al mundo de sus cómodos asientos.

Lo primero que tienes que hacer, si quieres sobrevivir en el mundo real, es enfrentar la realidad. Debes enfrentar la realidad de que este mundo no es el mundo fantástico vendido por la Izquierda, sino una abrumadora jungla motivándote a luchar por la supervivencia.

Una vez que te lavas los ojos, puedes ver el mundo como es y no como quieres que el mundo sea. Si enciendes tu televisor, verás actos de guerra y barbarie en el Tercer Mundo. Pasando ahora mismo, mientras estás pasando un buen rato con tus amigos. No es tu culpa estar así de desconectado, aunque esas masas enfadadas estarán encantadas de quitarte todas esas comodidades de tu vida fácil.

Está bien, lo entiendo. Hoy en día, atacar al criticar la máquina inhumana que maneja los hilos detrás de la Copa del Mundo se ha convertido en políticamente correcto. He oído algunas personas argumentando que en realidad aman el fútbol pero que odian el negocio del fútbol, convirtiéndose al instante en altruistas debido a su complejo de “Buen Samaritano” que se extiende a través de las redes sociales, sobrepoblando y sobresaturando internet con su nauseabunda (y autodenominada) justicia e imparcialidad.

Bueno, es hora de empezar a decir la verdad. Sí: hay muchos brasileños atrapados en la trampa de la pobreza. Sí, de hecho, dentro de las favelas, hay un montón de ONG que trabajan duro para liberar a personas de las garras de la pobreza.

El Sur de Brasil es una historia completamente diferente y también una cultura, sangre y cosmovisión completamente diferente. Sin embargo, ¿qué sabemos sobre Brasil? Bailarinas con ridículos sombreros adornados con frutas. Carnavales de gente morena bailando samba como si el mundo terminara mañana. Miles de jóvenes descalzos jugando al fútbol en las playas. Gente sin camisa haciendo nada, sí, absolutamente nada en todo el día, bebiendo caipirinhas bajo el sol, viviendo pacíficamente, teniendo todo fácil, disfrutando de la vida que todos -como masas trabajadoras occidentales que somos- queremos vivir.

Por otro lado, hay un folclore oscuro que todos conocemos, pero parece que la gente progresista ha decidido negar: masas mestizas con armas pesadas, tráfico de drogas al interior de las favelas, bandas de niños de 10 años ladrones, etc. De hecho, es el mismo tipo de delito que vemos en las partes de las ciudades del Primer Mundo que han caído a los estándares del Tercer Mundo, como Harlem, East Houston o South Central.

Algunas personas prefieren culpar a la opción más sencilla: el capitalismo. Pero si nos acercamos a esta pregunta honestamente, no podemos decir que el capitalismo es totalmente inocente, pero tampoco podemos atribuir las desgracias brasileñas al capitalismo. Tampoco podemos explicar guetos americanos o las zonas de exclusión aérea de las ciudades europeas como resultado del capitalismo. El capitalismo puede ayudarles a autodestruirse, pero no es la causa de su decadencia.

Mirando detrás de la gran fachada erigida por los políticos y los analistas de los medios de comunicación, vemos otra historia. La Izquierda ha fallado. El multiculturalismo ha fracasado. La diversidad está marchando a una muerte dolorosa, mientras que, al culpar al Mundial de Fútbol, Occidente se culpa a sí mismo. La FIFA podrá ser corrupta, pero definitivamente no causó la pobreza brasileña.

Evidencias irrefutables son las deficientes políticas públicas hacia la pobreza, el asistencialismo, la sobrepoblación, la falta de control de la natalidad, ausencia de unidad (diversidad destruyendo la diversidad), comodidad alienante, la pereza y la psicología izquierdista.

No seas ingenuo: con o sin Copa del Mundo, los recursos económicos del capitalismo nunca se entregarán a los pobres. Esos recursos son los síntomas, pero el problema es cómo hemos organizado nuestra sociedad y las decisiones tomadas por la gente pobre y las ricas ONGs occidentales por igual, que evitan mirar las causas reales de la pobreza.

Publicado originalmente en Amerika.org como Leftist psychology under the (foot)ballbreaker.

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