Juan Pablo Vitali

Puede ser que haya muchas cosas que no entienda, dada mi particular situación. Vivo en el extremo Sur del mundo, en una ciudad de tipo europeo, Buenos Aires, enclavada en lo que llaman “El Tercer Mundo”, pero habitada en su inmensa mayoría por descendientes de europeos, aunque a nosotros también la inmigración nos va cambiando la cara.

Somos en definitiva descendientes de europeos, en un país sudamericano sujeto a la explotación del “Primer Mundo”, del cual Europa forma parte, pero sin que sus pueblos puedan tomar las grandes decisiones políticas, que son tomadas del otro lado del océano, en los Estados Unidos, aunque los europeos gocen de cierta bonanza económica, la que según parece va llegando a su fin.

El primer mundo es, en primer lugar, americano, aunque en este momento no se sepa bien si lo va a seguir siendo, porque eso no lo decide el pueblo norteamericano, tan ingenuo y por qué no decirlo: hasta hace poco tan patriota.

Por mi particular situación —decía— no entiendo ciertas cosas. Desde acá sólo veo pueblos sumergidos en la globalización, peleándose entre ellos por nimiedades, como si fueran ellas la única causa de sus males. Pero no es así.

No sé qué orgullo puede tener Europa en que la consideren del primer mundo, cuando ese primer mundo es el que la derrotó y la destruyó, y no el Tercer Mundo tan denostado y tan temido. Un Tercer Mundo que por otra parte, es hoy algo muy difícil de definir.

¿Es Brasil el Tercer Mundo? Un país que lidera un continente y que puede mover sus ejércitos más libremente en su propio territorio que cualquier país de Europa, el cual tendría que pedirle permiso a la OTAN. ¿Es la India el Tercer Mundo? La India…, con su cultura milenaria y sus bombas nucleares listas para ser disparadas.

Podemos hablar de pueblos y de culturas, pero hablar de Primer y Tercer Mundo es entrar en un juego con todo el mazo de cartas marcadas por el poder mundial.

El Primer y el Tercer Mundo, no son conceptos raciales ni culturales, como algunos con elemental criterio parecen querer entender. Tampoco el “Segundo Mundo” lo fue. Esa Rusia, que hasta hace poco parecía estar compuesta sólo por hordas asiáticas, y que hoy es considerada por algunos la vanguardia de la raza blanca, y espero que lo sea, porque los sudamericanos nos llevamos con ella muy bien, quizá por una cuestión de carácter.

El Primer, Segundo y Tercer Mundo son conceptos creados por el poder mundial para explotar y dividir a los pueblos. Hoy Europa es, para los Estados Unidos, lo que fue el gran jefe sioux Toro Sentado después de entrar en la reserva.

Nosotros, el “Tercer Mundo” de los sudamericanos, somos el sistema de alianzas natural para la recuperación de la independencia europea, tal como los hasta ayer asiáticos rusos, que al parecer eran arios bastante puros, y también el norte de África, Libia por ejemplo. Esto si Europa pudiera hacer sus propias alianzas, y no sólo las permitidas por el “Primer Mundo”. De ese modo, aún el problema del Islam se convertiría en un problema menor ante la presencia de un verdadero ejército europeo.

Europa se muere de primer mundo. Acaso haya que recordarle el título del libro inconcluso de uno de los últimos grandes europeos que se llamó Federico Nietzsche: “La transmutación de todos los valores”, transmutación aplicable a los valores con los que la Europa actual hace política.

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